Tratar una orquídea como si fuera una planta de tiesto corriente es el origen de casi todos los fallos de cultivo, porque buena parte de las que se venden crecen en la naturaleza agarradas a la corteza de un árbol, con las raíces al aire. Dos preguntas ordenan el asunto: si la orquídea es epífita o terrestre, que decide el sustrato, y si crece en vertical o en horizontal, que decide la poda y el trasplante. Con esas dos claves, los géneros de cultivo dejan de ser una lista de nombres.

Orquídea en flor en interior

Qué tienen en común todas

Las orquídeas (familia Orchidaceae) forman una de las dos familias más numerosas de plantas con flor, con unas 28.000 especies aceptadas y muchísimos híbridos artificiales. Todas comparten una arquitectura floral muy reconocible: tres sépalos y tres pétalos, uno de los cuales está transformado en labelo, la pieza mayor y distinta que sirve de pista de aterrizaje al polinizador; y una columna o ginostemo, una estructura única que fusiona el estambre y el estigma en una sola pieza.

El polen no es polvo suelto: va empaquetado en polinias, masas compactas que el insecto se lleva pegadas de una sola vez. Y la semilla es diminuta, casi polvo, sin reservas nutritivas. Para germinar necesita infectarse con un hongo micorrícico que le suministre azúcares durante los primeros meses. Esta dependencia tiene una consecuencia directa que aparecerá más abajo: una orquídea silvestre arrancada del campo y llevada a una maceta no sobrevive, porque el hongo se queda en el suelo.

Epífita frente a terrestre: el sustrato

Una epífita vive sobre un árbol sin parasitarlo, usándolo como soporte. Sus raíces están al aire y adaptadas a ese medio: las cubre el velamen, una capa esponjosa de células muertas que absorbe agua de lluvia en segundos, la retiene un rato y permite el intercambio de gases el resto del tiempo. Ese velamen es también un indicador visual excelente: plateado o blanquecino cuando la raíz está seca, verde intenso cuando está empapada. Es el mejor medidor de riego que existe, y no cuesta nada.

La raíz de una epífita necesita aire tanto como agua. Metida en turba o en tierra de jardín se queda sin oxígeno y se pudre en semanas. Su sustrato correcto no es tierra: es corteza de pino de calibre medio, sola o mezclada con fibra de coco, carbón vegetal, perlita gruesa y algo de esfagno. Es un material que sostiene la planta y retiene humedad en la superficie, dejando huecos de aire entre pieza y pieza. Phalaenopsis, Cattleya, Dendrobium, Oncidium y Vanda son epífitas.

Una terrestre arraiga en el suelo, en humus forestal o entre rocas, y sus raíces toleran un medio más compacto y más húmedo de forma continua. Pide una mezcla más fina y retentiva: corteza pequeña, fibra, turba en pequeña proporción y arena. Paphiopedilum es terrestre o litófita, Cymbidium es semiterrestre, y todas las orquídeas ibéricas silvestres son terrestres.

Monopodial frente a simpodial: poda y trasplante

Es la segunda clave, y decide cómo se corta y cómo se cambia de maceta.

Una orquídea monopodial tiene un único punto de crecimiento en el ápice, del que va sacando hojas en dos filas opuestas mientras el tallo se alarga hacia arriba de forma indefinida. No tiene pseudobulbos, y las raíces salen del tallo a distintas alturas. Phalaenopsis, Vanda y la vainilla son monopodiales.

Implicaciones prácticas: nunca se corta el ápice, porque ahí está todo el crecimiento de la planta y no rebrota. No se divide en dos plantas; solo se multiplica por hijuelos (keikis) que aparecen en la vara floral o en la base, o por corte de la parte alta cuando el tallo ha ganado altura y tiene raíces propias. Al trasplantar, se mantiene el mismo diámetro de maceta y se planta un poco más honda para enterrar las raíces nuevas.

Una orquídea simpodial crece en horizontal sobre un rizoma. Cada temporada emite un brote nuevo desde la base del anterior; ese brote crece, madura, florece y detiene su crecimiento para siempre, y muchas veces engrosa formando un pseudobulbo, un órgano de reserva de agua y nutrientes. Cattleya, Dendrobium, Oncidium, Cymbidium y Paphiopedilum son simpodiales.

Implicaciones prácticas: la planta se divide cortando el rizoma en trozos que conserven al menos tres o cuatro pseudobulbos cada uno, porque las divisiones más pequeñas tardan años en recuperarse. No se eliminan los pseudobulbos viejos mientras sigan firmes y verdes, aunque ya no vayan a florecer: son la despensa. Y al trasplantar se coloca la parte vieja pegada al borde de la maceta, dejando todo el espacio libre por delante, en la dirección en que avanza el rizoma; una planta plantada en el centro se sale del tiesto en dos temporadas.

Los géneros de cultivo

Phalaenopsis

La orquídea mariposa, epífita del sudeste asiático, monopodial, y la que se vende en todas partes por su facilidad y su floración de meses. Luz filtrada, ventana orientada al este o a un metro de una ventana sur; sin sol directo del mediodía, que le quema la hoja. Temperatura entre 18 y 28 ºC, sin bajar de 15 ºC. Riego cada 7 a 10 días, según velamen, empapando por inmersión de quince minutos o dejando correr agua templada por el sustrato hasta que salga por abajo; después hay que escurrir bien y no dejar agua en el cubremacetas.

El punto que decide la refloración es térmico: necesita un salto térmico nocturno de 5 a 8 ºC durante dos o tres semanas en otoño, con noches en torno a 16-18 ºC, para inducir la vara. En un piso a 22 ºC constantes, la planta vive pero no vuelve a florecer. Sacarla a una galería fresca en octubre resuelve el problema.

La vara agotada se puede cortar por encima del segundo o tercer nudo si sigue verde, y la planta suele ramificar desde ahí; si está seca y parda, se corta a ras de la base.

Cattleya

Epífita americana, simpodial, con pseudobulbos gruesos rematados por una o dos hojas coriáceas y una espata de la que sale la flor, grande y perfumada. Es exigente en luz: bastante más que la Phalaenopsis, hasta el punto de que la hoja correcta es de un verde claro amarillento, no verde oscuro. Entre 20 y 30 ºC de día y 15 a 18 ºC de noche.

Pide un ciclo marcado de seco y mojado: se riega abundantemente y se deja secar casi por completo antes de volver a regar, y en el reposo posterior a la maduración del pseudobulbo se espacia aún más. Sustrato de corteza gruesa, maceta pequeña en relación con la planta.

Dendrobium

Un género enorme, y ahí está el equívoco: bajo la misma etiqueta se venden plantas con necesidades opuestas. Conviene distinguir dos grupos.

Los del tipo nobile tienen cañas altas, pierden la hoja en invierno y necesitan un reposo invernal frío y seco —entre 10 y 13 ºC, sin riego y sin abono, durante seis u ocho semanas— para formar flores a lo largo de la caña. Si se les riega ese invierno, en lugar de flores producen keikis, hijuelos vegetativos en los nudos. Es la explicación de casi todos los Dendrobium que «no vuelven a florecer».

Los del tipo phalaenopsis, derivados de Dendrobium bigibbum, son de hoja persistente, cálidos todo el año, sin reposo marcado, y florecen en varas desde el ápice de la caña. Se cultivan como una Phalaenopsis con más luz.

Oncidium y su alianza

Incluye Oncidium, Odontoglossum, Miltonia, Brassia y sus híbridos, con floraciones en panícula de muchas flores pequeñas; el híbrido 'Sharry Baby' huele a chocolate. Pseudobulbos aplanados y delgados, raíces finas y numerosas.

Esa raíz fina tiene dos consecuencias: se seca antes que la de una Cattleya, de modo que pide riego más frecuente y humedad ambiental alta; y es sensible a la acumulación de sales, que se manifiesta como puntas de hoja quemadas y negras. Con agua de grifo dura conviene lavar el sustrato con agua abundante cada mes o dos. Luz intermedia, temperaturas frescas a intermedias; los Odontoglossum puros necesitan verano fresco y sufren en el interior peninsular.

Cymbidium

Simpodial, semiterrestre, planta grande de hojas acintadas y varas de flores cerosas que duran dos meses cortadas. Su exigencia es el frío: para inducir flor necesita pasar el final del verano y el otoño al aire libre, en semisombra, con noches entre 8 y 12 ºC y una diferencia clara entre el día y la noche. Es la orquídea que mejor funciona en un patio o una terraza española: se saca en junio bajo un árbol o una malla de sombreo y se entra en noviembre, antes de las heladas. Sustrato más pesado y retentivo que el de una epífita, riego abundante en crecimiento y maceta ajustada. Hay tipos estándar, de gran porte, y miniaturas más tolerantes al calor.

Paphiopedilum

La orquídea zapatilla: el labelo forma un saco que actúa como trampa temporal para el polinizador, que sale por un pasillo estrecho llevándose las polinias. Es simpodial pero no tiene pseudobulbo, y eso manda sobre todo lo demás: al no tener reservas, no debe secarse nunca del todo. Riego regular, sustrato fino y retentivo, luz baja como la de una Phalaenopsis.

La hoja indica la temperatura que quiere: las de hoja jaspeada en tonos verdes son de clima cálido, y las de hoja lisa verde suelen ser de montaña y prefieren fresco. Cada brote da una sola flor y después deja de crecer, cediendo el turno al siguiente.

Las orquídeas silvestres del campo español

Orquídea silvestre terrestre en el campo

En la península ibérica y Baleares crecen alrededor de un centenar de especies de orquídeas terrestres, muchas de ellas en pastos calizos, encinares aclarados y cunetas que nadie mira. Son plantas pequeñas, con tubérculos subterráneos y reposo estival, que florecen entre febrero y junio según altitud.

El género Ophrys es el más llamativo por su sistema de polinización: la flor imita el cuerpo y el olor de la hembra de una abeja o avispa solitaria, y el macho intenta copular con ella y se marcha con las polinias pegadas a la cabeza. Ophrys speculum, O. apifera, O. lutea, O. fusca y O. tenthredinifera son frecuentes en la mitad sur. A ellas se suman Orchis italica y O. purpurea, Anacamptis pyramidalis y A. papilionacea, las Serapias de labelo alargado, Himantoglossum hircinum con su labelo retorcido de palmo, y en sotobosque Cephalanthera, Epipactis y Limodorum abortivum, esta última sin apenas clorofila y dependiente por completo del hongo.

Sobre estas plantas la recomendación es de una pieza: no se arrancan ni se trasplantan. Toda la familia Orchidaceae está incluida en el convenio CITES, muchas especies están protegidas por normativa autonómica, y al margen de la legalidad el intento fracasa siempre, porque el tubérculo depende del hongo micorrícico del suelo de origen. Lo que sí puede hacerse es favorecerlas donde ya están: no segar el pasto hasta que hayan fructificado, a partir de junio, y no abonar esas zonas, porque la fertilidad alta favorece a las gramíneas y las desplaza.

Por qué se mueren en casa

Las causas reales, por orden de frecuencia, son dos, y ninguna es la falta de agua.

Exceso de agua y falta de aire en la raíz. Riego con calendario fijo en lugar de mirar el velamen; agua estancada en el cubremacetas o en la corona de la planta, entre las hojas, que provoca podredumbre del ápice y mata una Phalaenopsis en pocos días; y macetas sin drenaje. Una raíz sana es firme y blanca o verde; una pasada de riego está blanda, marrón y hueca, y se deshace entre los dedos. Se riega de mañana, para que la corona se seque antes de la noche.

Sustrato agotado. Es la causa silenciosa. La corteza de pino se descompone en 18 a 24 meses: pierde estructura, se compacta, se convierte en un material fino que retiene agua como una turba y elimina los huecos de aire. La planta, que hasta entonces iba bien, empieza a perder raíces sin que cambie nada en el cuidado. La consecuencia es que hay que trasplantar cada dos años aunque la planta parezca sana, preferiblemente justo después de la floración y cuando arrancan las raíces nuevas. Al hacerlo se retira todo el sustrato viejo y se recortan solo las raíces muertas.

Por detrás quedan tres causas menores. La acumulación de sales del agua dura y del abono, que quema las puntas de las raíces y de las hojas y se corrige lavando el sustrato con agua abundante y de baja mineralización cada cuatro o seis semanas. La falta de luz, que no mata pero impide florecer, reconocible por una hoja verde oscuro, blanda y alargada. Y el abonado excesivo: la pauta que funciona es diluido y frecuente, en torno a un cuarto de la dosis de etiqueta, en cada riego o cada dos durante el crecimiento, suspendido en reposo.

Conviene descartar también dos costumbres extendidas y contraproducentes: regar con cubitos de hielo, que enfría la raíz muy por debajo de su rango, y cortar las raíces aéreas que asoman fuera de la maceta, que están vivas y trabajando.

En resumen

La orquídea epífita —Phalaenopsis, Cattleya, Dendrobium, Oncidium— necesita corteza y aire en la raíz, nunca tierra, y su velamen indica cuándo regar. La terrestre o semiterrestre —Paphiopedilum, Cymbidium— admite un sustrato más fino y húmedo, y Paphiopedilum, sin pseudobulbo, no debe secarse. Las monopodiales no se dividen ni se despuntan; las simpodiales se dividen por el rizoma dejando tres o cuatro pseudobulbos y se plantan pegadas al borde de la maceta, mirando hacia donde avanza el rizoma. Casi todas las que fallan en casa lo hacen por exceso de riego o por un sustrato descompuesto que lleva más de dos años en la maceta, no por sed. Y las orquídeas silvestres del campo español se miran y se fotografían: fuera de su suelo y de su hongo no hay cultivo posible.


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