Clasificar flores puede quedarse en ejercicio de erudición o servir para decidir dónde se planta cada cosa, cuándo se corta y por qué una mata desaparece en agosto. Los tres criterios que resuelven ese trabajo son el ciclo de vida, la estructura de la flor y el papel que la planta cumple en el jardín. Cada uno responde a una pregunta distinta, y los tres juntos explican casi todo lo que un cultivador necesita saber antes de comprar.

Variedad de flores de distintos tipos en un jardín

Por ciclo de vida: cuánto dura la planta

Este criterio contesta a la pregunta más práctica de todas: ¿cuántos años estará ahí y qué hay que hacer cada temporada?

Anuales. Germinan, crecen, florecen, fructifican y mueren dentro del mismo año. Toda la energía va a la semilla, y de ahí sale la consecuencia de manejo más rentable del jardín: si se retiran las flores marchitas antes de que cuajen, la planta interpreta que no ha cumplido su función y vuelve a florecer. Caléndula (Calendula officinalis), cosmos, zinnia, alhelí de verano, capuchina y amapola son anuales de verdad. Riegan mucho, abonan mucho y duran una temporada.

Hay que separar la anual botánica de la anual de catálogo. Petunia, geranio, boca de dragón (Antirrhinum majus), begonia e impatiens son plantas perennes en su clima de origen y se venden como anuales en España porque no soportan el invierno o porque el segundo año rinden peor. Sabiéndolo, en el litoral mediterráneo muchas de ellas se conservan varios años.

Bienales. Necesitan dos temporadas. El primer año forman una roseta de hojas y acumulan reservas; pasan el invierno, y ese frío —la vernalización— es lo que dispara la floración del segundo año, tras la cual mueren. Digital (Digitalis purpurea), clavel de poeta (Dianthus barbatus), lunaria, malva real y campánula de jardín (Campanula medium) se comportan así. La implicación práctica es doble: hay que sembrarlas en verano del año anterior para tener flor, y si se compran en primavera ya con roseta hecha, se está comprando el segundo año. Muchas resiembran solas y dan la impresión de ser perennes.

Vivaces herbáceas. Viven muchos años. La parte aérea se seca en invierno o se reduce a una roseta baja, y la planta rebrota de la cepa o del rizoma. Su ventaja es que se plantan una vez; su exigencia es la división cada tres o cuatro años, porque el centro de la mata envejece y se ahueca. Salvia, agapanto, hemerocalis, aquilegia, equinácea, penstemon y los Geranium vivaces entran aquí. La floración de una vivaz es más corta que la de una anual, así que el arriate se compone combinando épocas.

Bulbosas y demás geófitas. Guardan las reservas en un órgano subterráneo. Conviene distinguirlos porque se manejan distinto: bulbo de capas en tulipán y narciso, bulbo escamoso en azucena, cormo en gladiolo, crocus y freesia, tubérculo en dalia, ciclamen y begonia tuberosa, y rizoma en lirio e iris germánica.

La regla de oro de todas ellas es no cortar la hoja después de la floración hasta que amarillee sola, porque ese follaje es el que rellena el bulbo para el año siguiente. Y hay dos calendarios opuestos: las de floración primaveral —tulipán, narciso, jacinto, muscari— se plantan en otoño y necesitan frío invernal; las de floración estival —dalia, gladiolo, azucena, canna— se plantan en primavera y, salvo en zonas suaves, se desentierran en otoño. En el sur peninsular el tulipán degenera en dos o tres años porque el invierno no le da frío suficiente, y ahí es donde encajan mejor los narcisos y las bulbosas mediterráneas.

Por estructura floral: qué es exactamente una flor

Este criterio no sirve para regar, pero sirve para identificar plantas, para entender por qué unas producen semilla y otras no, y para saber qué se está cortando cuando se limpian flores pasadas.

Una flor completa tiene cuatro verticilos, de fuera adentro: cáliz (sépalos), corola (pétalos), androceo (estambres) y gineceo (pistilo). Cuando falta alguno, la flor es incompleta. Si tiene los dos sexos es hermafrodita; si no, es unisexual, y entonces la planta puede ser monoica, con flores masculinas y femeninas en el mismo pie —calabacín, maíz, avellano—, o dioica, con pies separados —kiwi, acebo, sauce, muérdago—. Ahí está el motivo por el que un acebo o un kiwi comprado suelto nunca da fruto: hace falta un pie macho cerca.

Simetría

La flor actinomorfa es radial, con las piezas iguales dispuestas en rueda: rosa, tulipán, amapola, manzano. Suele ser accesible a muchos polinizadores distintos. La flor zigomorfa es bilateral, con un solo plano de simetría: orquídea, guisante de olor, salvia, boca de dragón, gladiolo. Esa forma responde a un polinizador concreto, con un tamaño y un comportamiento determinados, y explica que algunas de estas plantas cuajen mal fuera de su área de origen.

El número de piezas: monocotiledóneas y eudicotiledóneas

Diferencia entre monocotiledóneas y dicotiledóneas

Contar piezas es un atajo de identificación que funciona en el campo. Las monocotiledóneas tienen las flores en múltiplos de tres —tulipán, lirio, orquídea, narciso—, hoja de nervadura paralela y raíz fasciculada. Las eudicotiledóneas las tienen en múltiplos de cuatro o cinco —rosa, geranio, crucíferas con cuatro pétalos en cruz—, hoja con nervadura reticulada y raíz pivotante. Ante una flor desconocida, contar pétalos y mirar los nervios de la hoja reduce la búsqueda a la mitad en dos segundos.

Flor simple y flor doble

Una flor doble no es una flor con más pétalos por casualidad: es una flor en la que los estambres, y a veces los carpelos, se han transformado en pétalos. Eso tiene tres consecuencias directas. Produce poco polen o ninguno, con lo que aporta mucho menos a abejas y sírfidos que la variedad simple. Con frecuencia es estéril y no da semilla, así que se multiplica por esqueje o división. Y acumula agua entre los pétalos apretados, de modo que en clima lluvioso se apelmaza y se pudre antes que la simple. Para un jardín pensado para polinizadores, la flor simple es la elección; para maceta en zona seca, la doble luce más tiempo.

Lo que llamamos flor y no lo es

Buena parte de las «flores» más conocidas son en realidad conjuntos de flores o piezas que no son pétalos. Distinguirlo cambia la forma de podarlas y de recoger semilla.

El capítulo de las compuestas. Lo que parece una margarita es una inflorescencia: decenas o cientos de flores diminutas apretadas sobre un receptáculo plano. Las del borde son flores liguladas, cada una con su pétalo alargado —lo que se llama pétalo de la margarita es una flor entera—; las del centro son flores flosculosas, tubulares, y son las que producen semilla. Un capítulo de girasol reúne entre mil y dos mil flores individuales. Ocurre lo mismo en margarita, dalia, crisantemo, caléndula, zinnia, aster y diente de león. Por eso una dalia «doble» es un capítulo en el que casi todas las flores centrales se han vuelto liguladas, y por eso al limpiar flores pasadas de un cosmos se corta un capítulo entero, no una flor.

La espata de las aráceas. En cala (Zantedeschia aethiopica), anturio y Spathiphyllum, la pieza blanca o roja de aspecto de pétalo es una espata, una bráctea grande que envuelve al espádice, la columna central en la que se agrupan las flores verdaderas, minúsculas y sin pétalos. La espata dura semanas porque es tejido foliar, no corola. Si el espádice se pone marrón y desprende polvo amarillo, la planta simplemente está en polen.

Las brácteas de la buganvilla. Las hojas de papel moradas, magentas o naranjas de Bougainvillea son brácteas. Las flores están dentro y son tres tubitos blancos o crema. Como las brácteas son hojas modificadas, aguantan meses, y de ahí la floración aparentemente eterna de una buganvilla. El mismo mecanismo explica la flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima), en la que lo rojo son brácteas y la flor verdadera es un ciatio verdoso del centro, y también la hortensia, donde las «flores» grandes del borde son sépalos de flores estériles.

Inflorescencias con nombre. Vale la pena reconocer la umbela de las apiáceas —hinojo, zanahoria, Ammi majus—, la espiga de gramíneas y salvias, el racimo de la glicinia y el altramuz, el corimbo del espino albar y la panícula de la hortensia paniculada. Sirve para dos cosas: identificar la familia y saber si la floración avanza de abajo arriba, como en un racimo de gladiolo o de digital, que es donde tiene sentido cortar la vara cuando se ha abierto un tercio.

Por uso en el jardín

Es la clasificación menos botánica y la más útil a la hora de comprar, porque agrupa plantas por el hueco que rellenan.

Macizo de temporada: anuales de floración masiva y corta que se cambian dos veces al año, en primavera y otoño. Petunia, tagetes, alegría de la casa, pensamiento y prímula en la tanda fría.

Borde vivaz: la estructura permanente. Se compone escalonando floraciones y jugando con la altura y con el porte de la mata, no solo con el color.

Tapizantes y cobertura: plantas de porte bajo y crecimiento lateral que cubren el suelo, ahogan las adventicias y reducen la evaporación. Geranium macrorrhizum, Vinca, Cerastium, Lampranthus, tomillo.

Trepadoras y muros: glicinia, jazmín, madreselva, bignonia, rosal trepador. Aportan flor en vertical, que es donde suele faltar.

Flor cortada: plantas de tallo largo y firme y buena vida en jarrón. Dalia, gladiolo, lisianthus, zinnia, Ammi, rosa de jardín. Se cortan de madrugada y se pasan a agua inmediatamente.

Para polinizadores: flor simple, floración escalonada de febrero a noviembre y presencia de compuestas, labiadas y umbelíferas, que son las tres familias que más insectos concentran.

Aromáticas y de flor útil: lavanda, romero, salvia, tomillo, borraja. Doble función y bajo consumo de agua.

Un apunte sobre plantas tóxicas

Varias de las flores más comunes en jardines españoles contienen principios activos peligrosos, y conviene saberlo desde el principio, sin dramatizar. La adelfa (Nerium oleander) es tóxica en todas sus partes, incluida el agua del jarrón y el humo si se queman los restos de poda. La digital (Digitalis purpurea) contiene heterósidos cardiotónicos. El acónito (Aconitum napellus) es de las más peligrosas de la flora ibérica. Los tubérculos de Zantedeschia, los bulbos de narciso y las hojas de dieffenbachia contienen oxalato cálcico, que irrita boca y garganta. Las euforbias sueltan un látex blanco irritante para piel y ojos.

Con eso basta: guantes al podar, no dejar restos ni bulbos al alcance de niños o animales, lavarse las manos después. Varias de estas plantas tienen fama medicinal en la tradición popular; la evidencia moderna ha aislado de algunas de ellas principios que hoy son fármacos, pero eso no legitima ningún uso casero, porque la diferencia entre dosis útil y dosis tóxica es estrecha. Cualquier duda sobre uso terapéutico va al médico o al farmacéutico, y cualquier ingestión accidental, al Instituto Nacional de Toxicología o a urgencias.

En resumen

El ciclo dice cuánto dura la planta y qué trabajo pide cada año: la anual pide resiembra y despunte, la bienal pide sembrar con un año de antelación, la vivaz pide división cada tres o cuatro años y la bulbosa pide respetar la hoja hasta que amarillee. La estructura floral sirve para identificar —contando piezas en tres o en cinco— y para anticipar comportamientos: la flor zigomorfa depende de un polinizador concreto, la doble da poco polen y poca semilla, y buena parte de lo que llamamos flor es un capítulo, una espata o un conjunto de brácteas. La clasificación por uso es la que ordena la compra, agrupando las plantas por el hueco que van a llenar. Con los tres criterios en la cabeza, elegir deja de ser cuestión de color de la etiqueta.


Contenidos relacionados