Sembrado en marzo a 20 °C, el clavelón asoma en cinco o seis días y está en flor a primeros de junio. Pocas plantas de flor devuelven tanto en tan poco tiempo, y esa facilidad tiene un precio: se cultiva mal con frecuencia porque se le supone que aguanta cualquier cosa.

El nombre botánico correcto es Tagetes erecta L., de la familia de las asteráceas. En España se le llama clavelón, damasquino o clavel de moro; en México, cempasúchil o flor de muerto, y de allí procede: es originaria del centro y sur de México y de Guatemala, pese a que en inglés se la conozca como African marigold, un despiste comercial que arrastra siglos.

Flor doble y anaranjada del Tagetes erecta

Cómo es la planta y qué esperar de ella

Es una anual de ciclo rápido: nace, florece, semilla y muere en la misma temporada. No rebrota al año siguiente, aunque a veces siembra sola y aparecen plantas espontáneas en primavera.

El porte depende por completo del cultivar, y esto conviene mirarlo en el sobre antes de comprar. Las series enanas tipo Inca o Antigua se quedan en 25-35 cm y hacen una bola compacta; las series altas tipo Crackerjack, Kilimanjaro o las variedades de flor de corte llegan a 90-110 cm. Plantar una variedad de metro en un arriate de borde es condenarse a verla tumbada sobre el césped después del primer chaparrón de julio.

La flor no es una flor, sino un capítulo: decenas de flores diminutas apretadas en una cabezuela. En los cultivares dobles las lígulas se multiplican hasta formar un pompón esférico de 6 a 12 cm, en toda la gama del crema al naranja intenso. El follaje es pinnado, de un verde oscuro, y desprende al rozarlo un olor resinoso muy característico que gusta poco o nada; hay selecciones modernas con aroma atenuado si eso importa.

Florece de junio hasta la primera helada seria. En el interior peninsular eso significa finales de octubre o noviembre; en el litoral mediterráneo y en Canarias puede estirarse hasta diciembre. Una helada de -2 °C la deja negra en una noche.

Tres tagetes distintos que se venden en los mismos expositores

La etiqueta del vivero suele poner "clavel chino" o "damasquino" sin más, y detrás hay especies con comportamientos diferentes:

Tagetes erecta es la de flor grande, esférica y monocolor (amarillo, oro, naranja), con porte erguido y tallo grueso. Tagetes patula, el clavel francés o clavel de moro propiamente dicho, es más baja —20-40 cm—, más ramificada, y sus flores son pequeñas y a menudo bicolores, con el granate o el caoba entrando en el amarillo. Tagetes tenuifolia es la de hoja finísima y florecillas simples de dos centímetros, que forma matas espumosas y es la que mejor sabe si se piensa usar en cocina.

Hay una cuarta que aparece de vez en cuando y no tiene nada que ver en el uso: Tagetes lucida, el pericón o estragón mexicano, de hoja entera y sabor anisado, que se cultiva como aromática. Si lo que se busca es la mancha de color de un metro, la especie es erecta; si se busca borde bajo y compacto, es patula.

Siembra: el calendario manda

La semilla es un aquenio negro y alargado, con un penacho claro en un extremo. Germina con una facilidad casi impertinente, lo que la convierte en una planta excelente para empezar en semillero.

Semillero protegido: de mediados de febrero a finales de marzo, en bandeja con sustrato ligero, cubriendo la semilla con apenas 5 mm. A 18-22 °C nacen en cuatro a ocho días. Necesitan luz abundante desde el minuto uno: una plántula de clavelón en una repisa poco iluminada se estira hasta hacerse un hilo en cuatro días y ya no se recupera.

Trasplante al exterior: cuando tengan tres o cuatro hojas verdaderas y haya pasado el riesgo de helada. En la meseta eso es la segunda quincena de abril o incluso mayo; en la costa mediterránea, finales de marzo. El clavelón no tolera el frío ni de lejos: por debajo de 5 °C se para y las hojas cogen tonos violáceos.

Siembra directa: viable de abril a junio en casi toda España, y hasta julio en el sur si se quiere floración de otoño, a tiempo para el 1 de noviembre. Es la vía más cómoda si se dispone de terreno; solo hay que proteger la nascencia de babosas y caracoles, que devoran los cotiledones en una noche húmeda.

Un truco heredado del tomate y que aquí funciona igual: al trasplantar, enterrar el tallo un par de centímetros más de lo que venía. El clavelón emite raíces adventicias en la parte enterrada y sale una planta más anclada, algo que agradecen las variedades altas.

Marco de plantación: 20-25 cm entre plantas en las enanas, 35-40 cm en las de porte alto. Apretarlas más no da más flor; da más humedad estancada entre el follaje y, con ella, botritis en las cabezuelas.

Sol, suelo y la trampa del abono

Sol directo, seis horas como mínimo, y mejor ocho. A media sombra la planta se ahíla, los entrenudos se alargan y la floración se reduce a la mitad. No es una planta que se pueda colocar "donde sobra sitio".

El suelo le importa poco mientras drene. Tolera desde arenoso a franco, con pH entre 6 y 7,5, y aguanta los suelos calizos que abundan en buena parte de la Península. Lo que no perdona es el encharcamiento: en terreno pesado y húmedo aparecen podredumbres de cuello por Phytophthora o Fusarium y la planta se marchita de golpe con el sustrato mojado, cuadro que se confunde con falta de riego y se agrava regando más.

Y aquí está el fallo que estropea la floración: abonar con un fertilizante rico en nitrógeno. Un clavelón bien alimentado de nitrógeno produce una mata magnífica de hoja verde oscura, tallos blandos y cuatro flores contadas, y las variedades altas acaban dobladas por su propio peso. En suelo de jardín razonable no necesita abonado ninguno. En maceta, un abono de floración con más potasio que nitrógeno cada quince días desde que aparecen los primeros botones es de sobra.

Riego y limpieza de flores

Riego regular mientras se establece y luego moderado: es una planta con cierta tolerancia a la sequía una vez arraigada, pero un estrés hídrico fuerte en plena floración provoca aborto de botones y caída de flores.

Regar siempre al pie, nunca por encima. El pompón de un cultivar doble retiene el agua como una esponja y, si además cae la tarde con humedad, Botrytis cinerea convierte la cabezuela en una masa parda en dos días. La misma razón desaconseja los aspersores de césped apuntando a un arriate de clavelones.

Quitar las flores pasadas es lo que mantiene la floración desde junio hasta las heladas. En cuanto la planta forma semilla, deja de emitir botones nuevos: es su ciclo anual cumpliéndose. Cortar la cabezuela marchita por debajo, hasta el primer par de hojas, en lugar de arrancar solo los pétalos secos, mantiene la mata limpia y sin focos de podredumbre.

En las variedades altas conviene pinzar el ápice cuando la planta tiene 15-20 cm. Se retrasa la primera flor unos días y a cambio ramifica, se sostiene mejor y produce muchas más cabezuelas. Para flor de corte se hace lo contrario: no se pinza, se deja el tallo principal y se obtiene una flor grande y de tallo largo.

En maceta, en balcón y la cuestión del interior

En contenedor va bien siempre que la maceta dé la talla: 18-20 cm de diámetro para una variedad enana, 25-30 cm y unos 5 litros para una alta, con drenaje generoso. En maceta el sustrato se seca deprisa en julio y agosto y hay que revisar el riego a diario en las horas de más calor.

Conviene decirlo claro: el clavelón no es una planta de interior. Es una anual de pleno sol y en un salón, incluso junto a una ventana, no reúne la luz que necesita; se ahíla, suelta las hojas de abajo, abre dos flores desvaídas y en pocas semanas se llena de araña roja por el aire seco de la calefacción. Lo que sí tiene sentido bajo techo es el semillero —invernadero, galería acristalada, ventana orientada al sur en febrero y marzo— y el paso de la flor cortada al jarrón, donde aguanta una semana larga si se cambia el agua cada dos días y se retiran las hojas sumergidas, que son las que la pudren y le dan ese olor tan poco agradable.

Macizo de clavelones en tonos amarillos y anaranjados

Plagas, enfermedades y qué hay de cierto en lo de los nematodos

La plaga seria del verano español es la araña roja (Tetranychus urticae). El calor seco y la planta polvorienta junto a un muro sur son las condiciones perfectas: primero un punteado amarillento en el haz, luego telarañas finas en las axilas. Se combate mojando el envés de las hojas a primera hora y evitando el estrés hídrico.

Los trips deforman los botones y dejan las flores con manchas plateadas. Aquí hay un detalle que importa a quien tenga huerta al lado: los tagetes son hospedadores del virus del bronceado del tomate (TSWV), que los trips transmiten. Un macizo de clavelones pegado al tomatal puede funcionar como reservorio, así que mejor separarlos unos metros.

Babosas y caracoles se ceban con las plántulas recién trasplantadas. Alternaria tagetica produce manchas foliares oscuras en primaveras lluviosas, y el damping-off del semillero (Pythium, Rhizoctonia) se evita sembrando en sustrato limpio, sin exceso de agua y con aire circulando.

Sobre la fama nematicida hay que ser preciso, porque la creencia popular se ha simplificado hasta volverse inútil. Es cierto que las raíces de Tagetes liberan tiofenos, en particular α-tertienilo, tóxicos para nematodos agalladores del género Meloidogyne y para Pratylenchus. Lo que no es cierto es que plantar cuatro clavelones alrededor de los tomates proteja al tomate. El efecto documentado se obtiene cultivando el tagete como cultivo de cobertera denso, en todo el terreno y durante dos o tres meses, antes de plantar el cultivo sensible; funciona porque durante ese tiempo el nematodo no encuentra huésped y además recibe los exudados radiculares. Además, la especie más ensayada para esto es T. patula —con selecciones concretas como 'Single Gold'— más que T. erecta, y no todas las especies de nematodo responden igual. Como planta compañera suelta, el clavelón aporta color y flores para los polinizadores; como desinfectante del suelo, exige hacerlo bien o no hacerlo.

Algo parecido pasa con la mosca blanca: hay ensayos en invernadero que muestran repelencia de los volátiles de T. erecta frente a Bemisia tabaci, con resultados razonables en espacio cerrado. Al aire libre, con el volumen de aire moviéndose, esperar lo mismo es esperar de más.

Para qué se usa además de para adornar

Cempasúchil. En México es la flor del Día de Muertos: se cultivan miles de hectáreas para que estén en flor el 1 y el 2 de noviembre, y con sus pétalos se marcan los caminos hasta las ofrendas. En España coincide con Todos los Santos y, de hecho, el clavelón ha sido tradicionalmente flor de cementerio en buena parte del país por esa misma época de floración.

Fuente industrial de luteína. Los pétalos de T. erecta son la materia prima principal del mundo para extraer luteína y zeaxantina, xantofilas que se emplean como colorante alimentario (E-161b) y en complementos para la salud ocular. También se añade harina de pétalo a los piensos de gallinas ponedoras para intensificar el color de la yema y de la piel del pollo. Perú, México, India y China concentran esa producción.

Flor cortada y flor comestible. Los cultivares altos dan tallos excelentes para jarrón. En cocina, los pétalos se usan sobre todo como colorante y adorno; el sabor de T. erecta es amargo y resinoso, y para comer de verdad son mejores T. tenuifolia o T. patula. Solo pétalos, nunca el centro verde de la cabezuela, y únicamente de plantas de cultivo propio sin tratamientos: las plantas de flor de vivero llegan tratadas con fitosanitarios no autorizados en alimentación.

Precauciones

Los mismos tiofenos que actúan sobre los nematodos son fototóxicos: en personas sensibles, el contacto del jugo de la planta con la piel seguido de exposición al sol puede provocar dermatitis. Podar y arrancar con guantes es suficiente precaución para quien haya notado picor alguna vez.

Para perros y gatos, el género Tagetes se considera de toxicidad baja: si el animal come cantidad, lo esperable es irritación digestiva —babeo, vómito, diarrea— y, por contacto, irritación cutánea. No es una planta peligrosa, pero tampoco un aperitivo.

Una última nota de nomenclatura: el género se escribe Tagetes, con ese final, tanto en singular como en plural, aunque en castellano se haya popularizado "tagete" para una planta suelta.

En resumen

El clavelón (Tagetes erecta) es una anual mexicana de siembra fácil y floración larguísima, de junio a las primeras heladas, siempre que se le den sol directo abundante, suelo drenante y poco nitrógeno. Se siembra en semillero de febrero a marzo o directamente de abril a junio, se trasplanta enterrando algo el tallo, se pinza si es una variedad alta y se le retiran las flores pasadas para que no pare de emitir botones.

Se riega al pie para no pudrir las cabezuelas dobles, se vigila la araña roja en pleno verano y se mantiene a cierta distancia del tomatal por el asunto de los trips y el virus del bronceado. No es planta de interior por mucho que la vendan en maceta decorativa. Y su fama contra los nematodos es real pero condicionada: sirve como cultivo de cobertera en todo el terreno durante meses, no como cuatro pies de adorno junto a las hortalizas.


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