Surfinia no es una planta: es una marca. Concretamente, Surfinia® es una marca registrada de Suntory, la compañía japonesa que a finales de los años ochenta lanzó una serie de petunias colgantes obtenidas en su programa de mejora. Botánicamente, una surfinia es una petunia, del género Petunia y de la familia de las solanáceas, igual que la petunia de semilla del vivero de al lado. La diferencia no está en el nombre científico, está en cómo se ha obtenido la planta y en cómo se comporta después en la jardinera.
Qué es una petunia y qué es una surfinia
El género Petunia reúne una veintena de especies sudamericanas, de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil. Las petunias de jardín no son ninguna de esas especies puras: son Petunia × atkinsiana —el nombre que ha sustituido al antiguo Petunia × hybrida—, un híbrido complejo que arranca en el siglo XIX del cruce entre Petunia axillaris, blanca y perfumada de noche porque la poliniza una polilla, y Petunia integrifolia, violeta y visitada por abejas. Todo lo que se compra en bandeja de temporada procede de ese linaje.
Surfinia es una serie comercial dentro de ese mismo grupo. Suntory la introdujo en Europa hacia 1990 con una novedad real para la época: petunias de porte fuertemente colgante, muy vigorosas, de flor de tamaño medio y con una tolerancia a la lluvia que las grandifloras de entonces no tenían. Las plantas están protegidas por derechos de obtentor, se multiplican en viveros con licencia y se venden ya enraizadas en maceta, nunca en sobre de semillas.
Con el éxito llegaron las competidoras. Hoy conviven en el vivero español series de esqueje como Surfinia, Cascadias, Potunia o Tumbelina, y series colgantes de semilla como Wave o Easy Wave. Y en el mismo expositor aparece Calibrachoa, un género distinto aunque muy próximo, de flores mucho más pequeñas y numerosas, que se vende como «millón de campanas» y se cultiva de forma parecida pero con más problemas de hierro.
Esqueje frente a semilla: por qué importa
Una surfinia es un clon. Cada planta procede de un esqueje de una planta madre concreta, de modo que todos los ejemplares son genéticamente idénticos y reproducen exactamente el color, el porte y el vigor de la selección original.
Una petunia de semilla es un híbrido F1. Se obtiene cruzando cada año dos líneas parentales fijadas, y ese cruce da una descendencia uniforme y vigorosa. Uniforme en la primera generación: solo en la primera.
De ahí sale la respuesta a la pregunta habitual: por qué las semillas recogidas de una surfinia no dan surfinias. Un clon vigoroso es una planta altamente heterocigota, con las dos copias de muchos genes distintas entre sí. Al producir semilla, esa combinación se rompe y se reparte al azar entre los descendientes, que salen desiguales en color, en porte y en vigor, tirando casi siempre hacia flores más pequeñas y violáceas y hacia una mata más erguida, más parecida a los ancestros silvestres. Lo mismo ocurre con la semilla recogida de una petunia F1 de bandeja: la segunda generación segrega y pierde la homogeneidad. A eso se añade que varias de estas selecciones tienen fertilidad baja o nula, y que multiplicar por esqueje una variedad protegida para venderla está prohibido por el derecho de obtentor, aunque hacerlo para uso propio en el balcón no tenga trascendencia.
La consecuencia en la maceta es la que se ve a simple vista: una surfinia forma cascadas de 60 a 100 cm y una sola planta llena un cesto colgante de 30 cm; una petunia de semilla de tipo grandiflora hace una mata compacta de 30 o 40 cm que se derrama poco. El precio del clon es mayor precisamente porque cada planta ha pasado por un esqueje enraizado.
Los tipos de petunia de semilla
Merece la pena conocerlos porque se comportan de forma distinta ante el clima español.
Grandiflora. Flores muy grandes, de 8 a 13 cm, pocas por planta. Espectacular en maceta protegida y desastrosa a la intemperie: la corola grande se llena de agua con la lluvia, se apelmaza y se pudre, y el viento la desgarra. Para balcón cubierto.
Multiflora. Flores de 5 a 7 cm y muchas más por planta. Aguanta lluvia y viento bastante mejor y se recupera antes de un temporal. Es la opción sensata para jardinera exterior.
Milliflora. Flores de 2,5 a 4 cm, planta muy compacta. Series tipo 'Fantasy'. Útil en macetas pequeñas y bordes.
Colgantes de semilla. La serie Wave y sus derivadas fueron la respuesta a Surfinia desde el sobre de semilla: porte extendido, buena cobertura y precio menor, aunque con menos caída vertical que un clon Surfinia bien alimentado.
Hierro y clorosis: el problema español
La petunia y, aún más, la Calibrachoa absorben hierro con eficacia solo cuando el sustrato está en un rango de pH ácido, entre 5,5 y 6,2 aproximadamente. En buena parte de España el agua de riego es dura, con pH cercano a 8 y mucho bicarbonato, y a las pocas semanas de riegos ese bicarbonato ha subido el pH del sustrato. El hierro sigue estando ahí, pero pasa a formas que la raíz no puede tomar.
El síntoma es inconfundible: clorosis intervenal en las hojas jóvenes, es decir, el limbo amarillo o casi blanco con los nervios marcados en verde, siempre empezando por los brotes nuevos y no por las hojas viejas. La planta se para, florece menos y acaba con las puntas quemadas.
Se corrige y se previene actuando sobre las tres causas a la vez:
Quelato de hierro adecuado. Con pH alto, los quelatos de tipo EDTA o DTPA se desestabilizan y no sirven de mucho; el que mantiene el hierro disponible por encima de pH 7 es el Fe-EDDHA, el de color rojizo intenso. Se aplica disuelto en el riego a la dosis de etiqueta, y la mejoría se ve en el brote nuevo en una o dos semanas; las hojas ya amarillas no reverdecen.
Abono con nitrógeno amoniacal. Los fertilizantes que aportan parte del nitrógeno en forma amoniacal o ureica acidifican ligeramente el sustrato, mientras que los nítricos lo alcalinizan. Los abonos específicos para petunia y plantas acidófilas están formulados con eso en cuenta e incorporan micronutrientes.
Agua. Mezclar agua de lluvia con la del grifo, o acidificar ligeramente el agua de riego, mantiene el sustrato en rango. Y conviene un sustrato de partida ácido, con turba rubia, no una tierra de jardín caliza.
Riego, sol y pinzado
Sol. Un mínimo de seis horas de sol directo. Con menos, la planta se ahíla, alarga los entrenudos y da la mitad de flor. Una surfinia en un balcón norte no funciona.
Riego. Es una planta de consumo alto. En pleno verano, una jardinera al sol se riega a diario y a veces dos veces al día. La petunia no tolera secarse del todo: se marchita en cuestión de horas y, aunque se recupere al regar, tira los botones florales y se queda parada una semana. Tampoco tolera el encharcamiento, que le provoca podredumbre de raíz. La solución está en el volumen: de cinco a ocho litros de sustrato por planta como mínimo, porque una maceta pequeña obliga a un riego imposible de sostener y concentra sales.
Abonado. Semanal durante toda la temporada, con un abono para plantas de flor con micronutrientes. Una petunia mal alimentada se reconoce en las hojas bajas amarillentas de forma uniforme —eso es nitrógeno, no hierro— y en la floración escasa.
Pinzado. Al plantar, despuntar los brotes por encima del tercer o cuarto par de hojas para forzar ramificación desde la base. A mitad de verano, hacia julio, los tallos se quedan pelados por el centro y toda la flor se concentra en las puntas; entonces conviene rebajar la planta un tercio, abonar y regar bien. En dos o tres semanas rebrota con mata nueva y llega en forma hasta octubre. Las surfinias responden a este rebaje mejor que las grandifloras de semilla.
Limpieza de flores. Las series colgantes modernas son en gran medida autolimpiantes: la flor pasada se desprende sola. Las grandifloras de semilla no, y además cuajan cápsulas de semilla que frenan la floración, así que hay que retirar la flor marchita entera, con el pedúnculo y el ovario, no solo la corola.
Invernada. La petunia es técnicamente perenne y se cultiva como anual. En el litoral mediterráneo y en Canarias puede pasar el invierno fuera y rebrotar en marzo, aunque llega deslucida; en el interior y el norte muere con la primera helada.
La Tuta y el minador
El daño en hoja de la petunia en verano procede de dos insectos que hacen galerías y que conviene distinguir, porque no se manejan igual.
Tuta absoluta, la polilla del tomate. Es una polilla sudamericana que llegó a España por Castellón en 2006 y se extendió con rapidez. Ataca a solanáceas, y la petunia lo es: funciona como planta reservorio, lo que la convierte en mala vecina de un huerto de tomates en la misma terraza. La larva excava minas anchas e irregulares, en forma de mancha traslúcida que después se vuelve parda y seca, y en ataques fuertes perfora también tallos tiernos y botones florales, dentro de los cuales se ven excrementos negros. Cuatro o más generaciones al año, con el pico en verano.
Minadores del género Liriomyza. Son moscas diminutas cuyas larvas hacen galerías serpenteantes y estrechas, de trazado sinuoso, que se van ensanchando conforme la larva crece y dejan una línea oscura de excrementos en el centro. El adulto además pica la hoja para alimentarse, dejando punteados blanquecinos. El daño es sobre todo estético salvo en infestaciones muy fuertes.
El manejo comparte casi todo. Revisar las plantas al comprarlas y semanalmente entre mayo y octubre. Retirar y eliminar en bolsa cerrada las hojas minadas en cuanto aparecen, sin dejarlas en la jardinera ni compostarlas, que es la medida más eficaz en balcón. Colocar trampas cromáticas amarillas adhesivas, que capturan adultos de minador y sirven de aviso temprano. Para Tuta, tratamientos con Bacillus thuringiensis var. kurstaki al atardecer sobre larvas jóvenes, repetidos cada siete o diez días, y trampas de feromona si hay huerto cerca. Y no colocar petunias junto a tomateras. Si se recurre a un insecticida, debe estar registrado para jardinería doméstica y aplicarse siguiendo la etiqueta.
Aparte de estos dos, la petunia recibe pulgón en los brotes tiernos, mosca blanca por el envés, trips —que además transmiten el virus del bronceado del tomate— y podredumbre de flores por Botrytis en otoño húmedo, que se controla dando aireación y no mojando la flor al regar.
En resumen
Surfinia es una marca registrada de Suntory que designa una serie de petunias colgantes multiplicadas por esqueje, no una especie ni un género: botánicamente es una Petunia × atkinsiana como cualquier otra. Al ser un clon, mantiene intactos el vigor y el color de la planta madre y produce cascadas largas, mientras que una petunia F1 de semilla da una mata más compacta y más barata; ni una ni otra se reproducen fieles a partir de semilla recogida en casa, porque la combinación genética se rompe en la descendencia. En cultivo, las tres claves son el sol directo, un volumen de sustrato generoso con riego diario en verano y un abonado semanal, y la vigilancia del pH: con agua caliza aparece clorosis férrica en las hojas jóvenes, que se corrige con quelato Fe-EDDHA y abono de nitrógeno amoniacal. El rebaje de un tercio a mitad de verano devuelve la floración hasta el otoño, y el control de Tuta absoluta y del minador se resuelve sobre todo retirando hojas afectadas a tiempo.