Un sillón de exterior se compra mirando la foto y se juzga tres veranos después, cuando el tornillo se ha oxidado, la tela ha perdido el color por el lado que da al sur y el cojín tarda dos días en secarse después de una tormenta. Todo lo que decide si eso pasa o no está en el material y en el herraje, no en el diseño.

En España hay además una circunstancia que casi ningún catálogo tiene en cuenta: el mueble pasa cinco meses al sol duro y siete a la intemperie sin usarse. La radiación ultravioleta y los ciclos de mojado y secado hacen más daño que el uso.

El aluminio y el acero no envejecen igual

El aluminio forma una capa de óxido propia que lo protege, así que no se oxida aunque se raye. Es ligero, lo que va bien para mover el mueble y mal para el viento, y no pide más mantenimiento que limpiarlo. Es el material más agradecido para un balcón o una terraza expuesta.

El acero es más rígido y pesa, que es una ventaja frente a las rachas, pero solo está protegido mientras dure el recubrimiento. En cuanto una piedra o un arrastre levantan la pintura, el óxido empieza por ese punto y se extiende por debajo de la capa sana. El acero galvanizado aguanta mucho más que el simplemente pintado, y en zona de costa la diferencia es enorme porque el aerosol salino acelera todo.

Lo que conviene mirar antes de comprar no es el material declarado sino el espesor del tubo y el tipo de unión: un bastidor de pared fina remachado se abre por las uniones, uno soldado y con tornillería de acero inoxidable aguanta.

La madera y sus clases de uso

No todas las maderas valen fuera. La norma europea de durabilidad clasifica el uso en clases, y para un mueble de jardín que está a la intemperie sin contacto con el suelo hace falta clase 3; para lo que se entierra o se apoya en tierra permanentemente húmeda, clase 4.

Aguantan sin tratar la teca, el alerce, el cedro rojo, la robinia y el castaño, porque su propia madera es durable. No aguantan el pino, el abeto ni el haya, que necesitan tratamiento en autoclave, un proceso industrial que mete el protector a presión dentro de la madera y que no tiene nada que ver con dar una capa de barniz encima.

Sobre la teca hay que decir algo que angustia a mucha gente sin motivo: pierde el color miel y se vuelve gris plateado, y eso es solo la capa superficial oxidada por el sol. No afecta a la resistencia. Si gusta el tono original hay que aceitarla una o dos veces al año, y si no gusta el gris, basta con lijar muy fino cuando apetezca. Lo que no hay que hacer es barnizarla: el barniz sella, el agua que entra por cualquier junta no sale, y la madera se pudre debajo de una capa brillante.

La resina, el ratán sintético y el ultravioleta

El plástico y la resina son cómodos, ligeros y baratos, y su enemigo es la luz. La radiación ultravioleta rompe las cadenas del polímero, el material pierde flexibilidad y llega un momento en que no se agrieta poco a poco sino que revienta de golpe por una pata cuando alguien se sienta. Es el fallo típico de la silla de plástico que lleva cinco veranos fuera.

Los que llevan aditivo estabilizador a la luz duran bastante más, y el ratán sintético de buena calidad se hace sobre fibra de polietileno con ese tratamiento y sobre un bastidor de aluminio. El ratán barato es fibra sin proteger sobre acero pintado, y se distingue porque al doblar una fibra con la mano cruje.

El ratán natural, por cierto, es material de interior. Mojado y secado repetidamente se deshace.

La cojinería, que es donde falla casi todo

El bastidor suele sobrevivir al cojín. Lo que conviene mirar es lo siguiente.

  • La funda tiene que quitarse. Con cremallera y lavable. Una funda cosida al relleno no se puede limpiar y queda inservible con la primera mancha.
  • El relleno. La espuma de celda abierta absorbe agua como una esponja y tarda días en secar, y mientras tanto huele y cría moho. Las espumas de celda cerrada y las fibras de drenaje rápido están hechas para exterior y dejan pasar el agua.
  • El tejido. Las telas teñidas en masa, donde el pigmento va dentro de la fibra y no aplicado encima, mantienen el color muchísimo más. Es la diferencia entre un cojín que a los dos años sigue igual y otro que tiene dos tonos según la orientación.
  • El asiento de tela tensada de las tumbonas y de muchas sillas plegables no acumula agua, seca solo y es la solución más práctica para quien no quiere guardar nada.

El viento, que es lo que rompe los muebles

La mayoría de los destrozos de mobiliario de exterior no son por desgaste sino por una racha. Un sillón ligero con respaldo alto hace de vela, y en un ático o una terraza en altura sale despedido. Las sombrillas y los parasoles son todavía peor y conviene cerrarlos siempre al terminar, no solo cuando se espera viento.

Si el mueble es ligero y la terraza está expuesta, o se ancla, o se apila y se recoge, o se elige uno que pese. No hay una cuarta opción.

Guardarlo o no guardarlo

Un mueble de exterior de material adecuado puede pasar el invierno fuera; lo que no puede es pasarlo tapado y mojado. La funda de plástico sin ventilación es peor que nada, porque condensa por dentro y mantiene la humedad contra la madera y contra el metal durante meses.

Lo que funciona es sencillo: guardar los cojines en seco siempre, dejar el bastidor con ventilación, levantarlo unos centímetros del suelo para que no absorba humedad por las patas, y si se cubre, con funda transpirable y sin cerrar por abajo.

La medida y el sitio

Un error habitual es comprar el conjunto por la foto y descubrir que no queda paso. Un sillón de exterior es más profundo que uno de interior y pide sitio por detrás para separarlo. Alrededor de una mesa hacen falta unos sesenta centímetros por comensal de ancho y espacio suficiente detrás de la silla para levantarse sin chocar con la barandilla.

Y conviene pensar dónde da el sol a la hora en que se va a usar. Un sillón colocado mirando al oeste en una terraza sin sombra no se usa nunca en julio, por muy bien que quede.

En resumen

El aluminio no se oxida y pesa poco, el acero aguanta el viento pero se oxida en cuanto se raya, y la madera vale si es teca, alerce, cedro, robinia o castaño, o si es pino tratado en autoclave. La teca se pone gris y no pasa nada; lo que no se debe hacer es barnizarla. La resina y el ratán sintético duran lo que dure su protección frente al ultravioleta.

Del cojín, que la funda se quite y se lave y que el relleno seque rápido. Y de la terraza, que el mueble ligero y de respaldo alto vuela con una racha, así que o pesa, o se ancla, o se recoge. Lo demás, incluido el estilo, envejece mucho mejor que cualquiera de esas cosas.


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