Ni es una violeta ni viene de los Alpes. La planta que se vende en noviembre con ese nombre es Cyclamen persicum, una primulácea del Mediterráneo oriental —Turquía, Siria, Líbano, Israel, Chipre y las islas griegas— que crece con las lluvias de invierno y se seca en verano. Toda la dificultad de conservarla año tras año viene de ahí: llevamos a casa una planta de calendario invertido y la tratamos como si fuera una planta de interior normal.

Un apunte antes de seguir, porque conviene tenerlo claro desde el principio: el tubérculo del ciclamen es tóxico. Contiene saponinas (ciclamina) que irritan el tubo digestivo y, en cantidad, provocan vómitos, diarrea y alteraciones cardiacas. La parte peligrosa es el tubérculo, no tanto la hoja, y el riesgo real en casa son los perros que escarban en la maceta y los niños pequeños. Si un animal mordisquea el tubérculo, al veterinario. Si hay gatos o perros roedores en casa, la maceta va en alto.

El calendario invertido

En su tierra de origen, Cyclamen persicum brota en octubre con las primeras lluvias, mantiene las hojas todo el invierno, florece de enero a abril, madura semilla y en mayo pierde la parte aérea. Pasa el verano seco y caluroso como un tubérculo dormido bajo unas rocas. Los híbridos de floristería conservan ese ritmo intacto.

De ahí salen dos consecuencias que lo explican casi todo:

Es una planta de invierno, no de verano. Su temporada de lucimiento coincide con la calefacción encendida, que es justo lo que no soporta.

Amarillear en abril no es una enfermedad. Es el final normal del ciclo. Un ciclamen que pierde las hojas en primavera está haciendo lo que le toca, y tirarlo a la basura en ese momento es tirar una planta sana.

Cyclamen persicum en flor, conocido como violeta de los Alpes

Frío: el cuidado que más pesa

La horquilla ideal está entre 12 y 16 ºC de día y unos 8-10 ºC de noche. Aguanta bajar a 5 ºC sin daño y tolera roces con el cero, aunque no la helada franca. Por arriba, la cosa se estropea deprisa: por encima de 18-20 ºC sostenidos deja de abrir botones, los que ya están formados se abortan sin llegar a subir, las flores duran la mitad y las hojas empiezan a amarillear desde el borde.

Un ciclamen colocado en el salón, a dos metros del radiador, entrega tres semanas de flor y se apaga. El mismo ejemplar en una galería sin calefacción, en un porche cubierto, en un alféizar orientado al norte o al este, o en el rellano fresco de la escalera, florece de noviembre a marzo sin parar. En la costa mediterránea y atlántica, con inviernos suaves, se puede tener directamente fuera, resguardado de la lluvia directa y del sol de mediodía. En el interior —Castilla, Aragón, Navarra— hay que meterlo cuando anuncien heladas.

Luz: mucha y clara, pero sin sol directo de mediodía a través del cristal, que en un día despejado de enero calienta la hoja más de lo que parece. Una ventana orientada al norte con buena luz es un sitio excelente.

El riego, que es donde se pierden

El tubérculo del Cyclamen persicum emite hojas y flores desde una corona apretada en su cara superior. Si el agua se queda ahí, entre los peciolos, la corona se pudre —Botrytis primero, bacterias después— y la planta se viene abajo en cuatro o cinco días, empezando por un olor agrio y unos peciolos que se doblan blandos. No hay tratamiento una vez que la podredumbre entra en la corona.

Por eso el riego se hace por inmersión o por el plato: se llena el platillo con agua a temperatura ambiente, se deja que el sustrato la absorba durante 15 o 20 minutos y se vacía lo que sobre. Nunca se deja el plato con agua permanente. Si prefieres regar por arriba, hazlo con un regadero de pitorro fino apoyado en el borde del tiesto, dirigiendo el chorro al sustrato y jamás al centro de la planta.

Frecuencia: cuando la superficie del sustrato se seque al tacto y el tiesto pese notablemente menos. En una habitación fresca eso puede ser cada cinco o seis días; junto a un radiador, cada dos, lo cual ya es una señal de que la planta está en el sitio equivocado. Tampoco lo pulverices: mojar las flores las mancha y favorece el moho gris.

Y una pista útil: un ciclamen con las hojas caídas y flácidas puede estar sediento o encharcado, y el aspecto es casi idéntico. Antes de regar, mete el dedo dos centímetros en el sustrato. Si está húmedo, el problema es el contrario y añadir agua remata la planta.

Limpieza de flores y hojas

Las flores pasadas y las hojas amarillas no se cortan con tijera. Se arrancan con un giro seco, agarrando el peciolo lo más abajo posible y tirando hacia arriba con un cuarto de vuelta: el pedúnculo sale entero del tubérculo. Un tocón cortado se queda ahí, se reblandece y se convierte en la puerta de entrada de la Botrytis hacia la corona.

Hazlo cada pocos días. Retirar las flores marchitas también mantiene la planta produciendo botones nuevos en lugar de gastarse en formar semilla.

Abonado

Durante la floración, un abono líquido para plantas de flor bajo en nitrógeno y alto en potasio, a la mitad de la dosis que indique el envase, cada 15 días, siempre con el sustrato ya húmedo. El exceso de nitrógeno da hojas grandes, tiernas y apiñadas, pocos botones y un tejido blando que las plagas agradecen.

En cuanto la planta empiece a amarillear en primavera, se suspende el abonado por completo.

Cómo pasar el verano

Aquí está el punto que decide si tienes un ciclamen anual o un ciclamen de muchos años. Hay dos maneras de gestionarlo y las dos funcionan; la primera es la que sale bien en la mayor parte de España.

Reposo seco (recomendada). Cuando en marzo o abril las hojas empiecen a amarillear en masa, ve espaciando los riegos y deja de abonar. Retira las hojas secas con el giro habitual. Cuando ya no quede nada verde, deja de regar del todo y coloca la maceta tumbada de lado o de pie, sin agua, en un sitio fresco, oscuro y ventilado: un trastero, el fondo de un armario, un rincón del garaje, bajo un arbusto en sombra profunda. El tubérculo se queda en su tierra seca todo el verano. Ojo con dejarlo a la intemperie donde le caiga una tormenta de agosto: el tubérculo dormido y mojado se pudre.

Cultivo continuo. En clima fresco y con un lugar sombreado y aireado, se puede mantener la planta con hojas todo el verano regando muy poco. Da una floración más temprana, pero exige temperaturas que en el interior peninsular no se dan en julio. Si vives en la cornisa cantábrica o en zona de montaña, es viable.

El despertar: trasplante de finales de agosto

Entre finales de agosto y mediados de septiembre, saca el tubérculo. Debe estar firme al apretarlo; si cede o suena hueco, se ha perdido. Retira la tierra vieja y trasplántalo a un sustrato nuevo: turba o fibra de coco con un 30 % de perlita o arena gruesa, ligeramente ácido, muy drenante. Vale también un sustrato universal de calidad aligerado con perlita.

Dos detalles que deciden la temporada:

El tubérculo va medio fuera. Su tercio superior, con la corona, tiene que quedar por encima del nivel del sustrato. Enterrado del todo, el agua de riego se acumula en la corona y lo pudre. Y ojo con la orientación: la cara cóncava, con las yemas, va hacia arriba; la convexa, de donde salen las raíces, hacia abajo.

Maceta justa. Un tiesto con dos o tres centímetros de holgura alrededor del tubérculo, no más. En maceta grande el sustrato tarda en secarse y la planta echa hoja en lugar de flor.

Después del trasplante, un riego moderado por el plato y a un sitio fresco y sombreado. Cuando aparezcan las primeras hojas, empieza a dar luz y retoma el riego normal. La floración llegará entre noviembre y enero.

Tubérculo y hojas marmoreadas de la violeta de los Alpes en maceta

Plagas y enfermedades reales

Botrytis (moho gris). Pelusa gris sobre flores y peciolos en ambiente cerrado y húmedo. Se combate con ventilación, retirando de inmediato todo el tejido afectado y no mojando la planta por encima.

Podredumbre de la corona y del tubérculo. Consecuencia casi siempre del riego mal hecho o del tubérculo enterrado. Irreversible.

Ácaro del ciclamen (Phytonemus pallidus). Invisible a simple vista. Las hojas nuevas salen encogidas, engrosadas, con el borde enrollado hacia abajo, y los botones se deforman o no abren. Es difícil de tratar en casa; lo razonable es descartar la planta antes de que contamine a las vecinas, sobre todo si tienes violetas africanas o begonias cerca.

Trips. Manchas plateadas y punteado oscuro en pétalos y hojas. Jabón potásico repetido y trampas azules.

Larvas de otiorrinco. Gusanos blancos con cabeza parda que se comen el tubérculo por dentro. Se descubren al trasplantar. Si aparecen, sustrato nuevo y revisión del tubérculo.

Al comprarlo, mira debajo de las hojas

La planta que interesa no es la que está más florida en el expositor, sino la que tiene muchos botones cortos escondidos bajo el follaje, hojas firmes y bien marmoreadas y un sustrato ni empapado ni reseco. Un ejemplar en plena explosión de flor, y encima expuesto en una superficie calefactada, ya ha gastado buena parte de su temporada.

Al llegar a casa, retira el envoltorio de celofán o el macetero decorativo sin agujeros: los dos convierten el riego en un encharcamiento permanente. Y no lo pongas nada más entrar junto al radiador para "que se aclimate".

Los ciclámenes que sí viven en el jardín

Si lo que buscas es un ciclamen para plantar fuera y olvidarte, Cyclamen persicum no es la especie: no resiste heladas serias. Sus parientes rústicos sí, y son plantas excelentes para el jardín peninsular:

Cyclamen hederifolium florece en rosa a finales de verano y en otoño, antes de sacar la hoja, aguanta bien por debajo de -10 ºC y se naturaliza bajo árboles caducos, donde acaba formando manchas grandes. Cyclamen coum hace lo propio en pleno invierno, de enero a marzo, con hojas redondeadas y flores más pequeñas y compactas. Cyclamen repandum florece en primavera y agradece algo más de humedad. Y el que de verdad crece en los Alpes, el que justificaría el nombre popular, es Cyclamen purpurascens, de floración estival y perfume intenso, más exigente en frescor.

Compra siempre tubérculos de producción en vivero, con etiqueta que lo indique: el expolio de poblaciones silvestres de ciclamen es un problema real y las especies están protegidas por el convenio CITES.

En resumen

La violeta de los Alpes de floristería es Cyclamen persicum, una planta mediterránea de ciclo invernal cuyo tubérculo es tóxico si se ingiere. Vive muchos años si se respeta su calendario: fresco (12-16 ºC) y muy luminoso durante la floración, lejos de radiadores; riego por el plato de 15-20 minutos sin mojar nunca la corona; abono bajo en nitrógeno y alto en potasio cada quince días mientras florece; flores y hojas viejas arrancadas de un giro, nunca cortadas. Cuando amarillea en primavera no está muriendo, está durmiendo: se seca el riego, se guarda el tiesto fresco y oscuro todo el verano y a finales de agosto se trasplanta a sustrato nuevo dejando el tercio superior del tubérculo por encima de la tierra. Con eso vuelve a florecer cada invierno. Y para el jardín a la intemperie, la elección son C. hederifolium y C. coum, no esta.


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