Al género Rosa le falta un gen. No uno cualquiera: el que codifica la enzima flavonoide 3',5'-hidroxilasa, el paso obligatorio para fabricar delfinidina, que es el pigmento de fondo de casi todas las flores azules del jardín. Sin esa enzima, la ruta de los antocianos en el pétalo de rosa termina siempre en cianidina y pelargonidina, es decir, en rojos, rosas y anaranjados. Por eso dos siglos de cruzamientos han dado violetas, malvas y lilas grisáceos, pero ni una sola rosa azul.

Rosas de tono azulado en un ramo

La química que cierra la puerta

Los antocianos que colorean un pétalo se construyen sobre tres esqueletos básicos. La pelargonidina da naranjas y rojos coral; la cianidina, rojos y rosas; la delfinidina, malvas, violetas y —en las condiciones adecuadas— azules. Las petunias, los delphiniums, las violas y las hortensias tienen la enzima que introduce el tercer hidroxilo en el anillo B y llegan a delfinidina sin problema. La rosa, el clavel y el crisantemo, no.

Y aquí conviene deshacer un malentendido cómodo: tener delfinidina no basta para ser azul. El color final de un antociano depende del pH de la vacuola donde se acumula, de la presencia de copigmentos (flavonas, flavonoles, ácidos hidroxicinámicos) que se apilan sobre la molécula y desplazan su absorción, y a veces de iones metálicos que forman complejos estables. El aciano (Centaurea cyanus) consigue su azul con un complejo entre antocianos, flavonas, hierro, magnesio y calcio. La Commelina communis emplea un edificio molecular de seis antocianos, seis flavonas y dos átomos de magnesio. El pétalo de rosa, en cambio, tiene un pH vacuolar en torno a 4,5, francamente ácido, y ese medio empuja cualquier antociano hacia el rojo. Meter delfinidina en una rosa sin tocar nada más produce, previsiblemente, una rosa malva.

Applause: lo que Suntory consiguió de verdad

La japonesa Suntory, con la australiana Florigene, trabajó el problema desde los años noventa. La estrategia final combinó tres cosas: introducir el gen de la flavonoide 3',5'-hidroxilasa procedente del pensamiento (Viola), silenciar mediante ARN de interferencia la dihidroflavonol 4-reductasa propia de la rosa —la que desviaba el flujo hacia cianidina— y aportar la dihidroflavonol 4-reductasa de Iris, que sí acepta el precursor de la delfinidina.

Funcionó en lo bioquímico: los pétalos acumulan cerca del cien por cien de sus antocianos en forma de delfinidina, algo que ninguna rosa convencional hace. En lo visual, el resultado se llamó Applause, salió a la venta en Japón en 2009 a un precio de varios miles de yenes por tallo y es, honestamente, malva lavanda. Bonita, distinta de cualquier rosa clásica, y azul solo si uno la mira con mucha voluntad. La propia empresa nunca prometió el azul de un aciano.

Después han llegado aproximaciones distintas. En el crisantemo se logró en 2017 un azul mucho más creíble añadiendo dos glucosiltransferasas —de campánula y de Clitoria ternatea— que decoran el antociano con azúcares en posiciones que favorecen la copigmentación. Y en rosa se han ensayado rutas que no pasan por los antocianos, como la producción de pigmentos bacterianos de tipo indigoidina dentro del pétalo; los tonos obtenidos son mucho más azules, pero de momento hablamos de pétalos tratados en laboratorio, no de una planta estable que se pueda cultivar y propagar.

En Europa no la vas a plantar

Merece la pena tenerlo claro antes de buscar en un catálogo. Los ornamentales modificados genéticamente entran en la Unión Europea por la Directiva 2001/18 y necesitan autorización expresa, distinta para cultivo y para comercialización de flor cortada. La única ornamental transgénica que ha pasado ese filtro ha sido el clavel azul de Florigene, autorizado como flor cortada importada, no como planta para cultivar. Ninguna rosa modificada genéticamente tiene autorización en la UE. Lo que vayas a encontrar en un vivero español con etiqueta azul es otra cosa.

Las rosas azules del escaparate son rosas blancas

Los ramos de un azul eléctrico que aparecen en San Valentín salen de una rosa blanca —variedades tipo 'Avalanche' o 'Vendela'— tratada de una de estas dos formas. La primera es la tinción por absorción: se corta el tallo en fresco y se deja beber una disolución de colorante alimentario, que sube por el xilema y se deposita en los nervios del pétalo. Se reconoce porque el color es más intenso en las venas y en el borde, y porque el envés queda desigual. La segunda es directamente pintura en aerosol, que deja una capa mate sobre la superficie del pétalo, tapa la textura y se percibe al tacto.

Ninguna de las dos es un engaño si se dice, y la normativa de etiquetado exige indicar que la flor está teñida. El problema aparece cuando alguien compra el ramo pensando que existe una planta que da eso. No existe. Además, la flor teñida por absorción suele durar algo menos en jarrón: el colorante y los conservantes compiten en la misma disolución y el tallo ha pasado por un proceso extra.

Reproducirlo en casa es sencillo y da buen resultado escolar: rosa blanca recién comprada, corte en bisel bajo el agua, tallo corto y un vaso con agua y colorante alimentario azul en concentración generosa. En unas horas se ven las venas teñidas. Con tinta de bolígrafo o tintes textiles no funciona igual: obstruyen los vasos y la flor se marchita antes de colorearse.

Rosales malva que sí puedes cultivar en España

Si lo que buscas es el tono, la mejoría clásica ha llegado bastante lejos por la vía de la cianidina con pH bajo y copigmentos. Vale la pena conocer unos cuantos:

'Rhapsody in Blue' (Cowlishaw, 2002) es probablemente la más azulada del grupo, con flores semidobles de un morado que se va aclarando a gris azulado, arbusto vigoroso de metro y medio y buena sanidad. 'Blue for You' (2006) tiene un lila más limpio y florece de forma muy continua. 'Mainzer Fastnacht', vendida casi siempre como 'Blue Moon' (Tantau, 1964), es un híbrido de té lavanda plateado con perfume notable, aunque de sanidad justa. 'Charles de Gaulle' aporta un malva más rosado y muy buen aroma. Y entre los trepadores antiguos, 'Veilchenblau' (1909), un rambler sin espinas cuyos ramos de florecillas pasan del morado al violeta grisáceo.

El cultivo de este grupo tiene una particularidad que conviene anticipar: el pigmento malva se degrada con la radiación intensa. En Sevilla, Murcia o el interior de Castilla, una 'Blue Moon' a pleno sol de julio pierde el tono en dos días y queda gris sucio. Plantada con sol de mañana y sombra a partir de las dos de la tarde, mantiene el color mucho más tiempo. Es lo contrario de lo que suele recomendarse para rosales, y por eso hay que decirlo.

Lo demás es cultivo de rosal normal, con dos avisos. Varios de los cultivares lavanda arrastran genética de híbrido de té sensible al oídio y a la mancha negra, así que hay que darles aire: marco amplio, poda que abra el centro y riego por goteo al pie, nunca mojando la hoja al atardecer. Y el abonado con exceso de nitrógeno en primavera dispara brotes tiernos que el pulgón encuentra en una semana; con un abono equilibrado en febrero y otro tras la primera floración va sobrado.

En resumen

La rosa no fabrica delfinidina porque le falta la enzima que la produce, y aunque se le implante el gen —cosa ya hecha— el pH ácido de su pétalo y la falta de copigmentos adecuados devuelven un malva lavanda, que es exactamente lo que es la variedad Applause. En la Unión Europea no hay ninguna rosa transgénica autorizada, de modo que las azules del escaparate son rosas blancas teñidas por absorción o pintadas. Para tener el tono en el jardín, la vía realista son cultivares como 'Rhapsody in Blue', 'Blue for You' o 'Veilchenblau', a los que conviene dar sombra en las horas centrales del verano peninsular si se quiere que el color aguante.


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