"Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes." No hay refrán español que describa mejor un fenómeno meteorológico real: la gota fría del Mediterráneo, esa masa de aire frío en altura que se descuelga sobre un mar todavía a 26 °C y descarga en unas horas lo que en esa comarca cae en medio año. O eso, o un mes seco que remata el estiaje del verano. Para el jardín, esa doble cara marca todo lo que hay que hacer en septiembre: aprovechar la bajada de la evapotranspiración, preparar el suelo para las siembras de otoño y no quedarse con las macetas anegadas si llega el diluvio.

Qué está en flor en septiembre

Septiembre no es un mes de transición floral tan pobre como se supone. Muchas plantas de verano dan aquí su mejor momento, porque las noches ya son frescas y la flor dura más abierta.

Mandevilla

La Mandevilla (antes Dipladenia, y aún así etiquetada en muchos viveros) es una trepadora de la familia de las apocináceas que florece de mayo a octubre sin apenas pausa. En septiembre está en pleno rendimiento y agradece que se le quite la flor pasada. Aguanta bien la sequía puntual y mal el encharcamiento.

Dos datos prácticos que ahorran disgustos. El primero: no es rústica. Por debajo de 5 °C se hiela y en la mitad norte peninsular hay que entrarla o tratarla como planta anual. El segundo: como toda apocinácea, su látex blanco es irritante para piel y mucosas y tóxico si se ingiere; conviene podarla con guantes y mantenerla fuera del alcance de niños pequeños y de perros con costumbre de morder tallos.

Begonia semperflorens

La begonia de flor pequeña que se vende en bandejas para arriates y jardineras es Begonia cucullata, nombre actual de lo que se sigue llamando Begonia semperflorens. Florece de forma continua desde mayo, y septiembre suele ser su mejor mes: el calor extremo de julio y agosto le quema los bordes de la hoja, y con temperaturas de 22-26 °C recupera y vuelve a cuajar flor.

Quiere media sombra en el sur y sol directo solo en el norte. El riego debe ser regular pero sin plato de agua debajo: el cuello es carnoso y se pudre con facilidad.

Salvias azules

Compre una maceta etiquetada como "salvia azul" y puede llevarse a casa dos plantas que no se parecen ni en porte ni en comportamiento. Salvia farinacea es la de espigas azul violáceo compactas, tratada casi siempre como anual de temporada, resistente al calor y de floración de junio a las primeras heladas. Salvia guaranitica es una mata mucho mayor, de un metro y medio, con flores azul cobalto tubulares que en septiembre atraen abejorros a todas horas; rebrota de cepa en climas suaves y desaparece en inviernos duros.

A ambas les sienta bien un recorte a mediados de verano: se corta un tercio de la mata en julio y en septiembre están cubiertas de flor nueva en lugar de espigadas y desgarbadas.

Lantana

Lantana camara florece de mayo a noviembre en el litoral y es de lo más agradecido que se puede plantar en un jardín seco de la costa mediterránea. Ahora bien, hay dos cosas que hay que decir antes de recomendarla.

Es una especie exótica invasora en España, incluida en el catálogo nacional para las islas Canarias, donde su comercio y plantación están restringidos. En zonas costeras cálidas de la Península se naturaliza con facilidad a partir de semillas dispersadas por pájaros. Y sus frutos —bayas verdes que viran a negro— son tóxicos: contienen triterpenos (lantadenos) que provocan cuadros hepáticos y fotosensibilización en ganado, y las bayas inmaduras son la parte peligrosa para niños y animales domésticos. Con esto sobre la mesa, cada uno decide; pero conviene decidirlo sabiéndolo, y en Canarias directamente hay que buscar otra cosa.

Lantana camara en flor a finales de verano

Y el resto del elenco

Septiembre reparte flor además entre las dalias, que aquí dan su tanda más larga; los cosmos, rudbeckias y equináceas del arriate de vivaces; el sedum de otoño (Hylotelephium spectabile, antes Sedum spectabile), cuyas cabezuelas rosadas se cargan de abejas; los ásteres (Symphyotrichum spp.), que abren a final de mes; el plumbago (Plumbago auriculata) y la lavanda de mar en la costa; el hibisco de Siria (Hibiscus syriacus), y las hortensias (Hydrangea macrophylla), cuyas inflorescencias viran a tonos verdosos y cobrizos en septiembre. Ese viraje no es una enfermedad: es el envejecimiento normal de la flor, y son precisamente esas cabezas las que mejor secan para interior.

Aparecen también los geófitos de otoño: ciclamen de hoja de hiedra (Cyclamen hederifolium), que florece antes de sacar hoja, y Amaryllis belladonna, la "azucena de otoño" que emerge desnuda del suelo seco. Y un aviso: el quitameriendas o cólquico (Colchicum autumnale) también florece ahora y es una planta muy tóxica en todas sus partes por la colchicina que contiene; no tiene antídoto práctico y se ha confundido en el campo con el ajo silvestre. Si se planta en jardín, mejor lejos de la zona de huerto y de donde jueguen niños.

El huerto en septiembre

Es un mes de dos velocidades: se está recogiendo lo del verano mientras se prepara lo del invierno, y ambas cosas compiten por el mismo espacio.

Se recoge: los últimos tomates —los que queden en la mata cuando bajen las noches de 12 °C ya no maduran bien y conviene recogerlos pintones—, pimientos, berenjenas, judías, calabacines, calabazas de invierno, melones y sandías tardías. En fruta, la vendimia en casi toda España, los higos de segunda cosecha, las primeras granadas, membrillos, manzanas de otoño, moras y el almendrón.

Se siembra o se planta: espinaca, acelga, canónigo, rúcula, rabanito, lechuga de invierno, escarola, nabo, zanahoria de otoño y perejil van a siembra directa. De trasplante entran coles, brócoli, coliflor, lombarda, puerro y apio; la fresa se planta ahora o en octubre para cosechar en primavera. Las habas se pueden sembrar a partir de finales de mes en el sur, y en la meseta mejor esperar a octubre.

El ajo, en cambio, no es de septiembre. Su siembra va de finales de octubre a diciembre según zona: puesto en septiembre, con la tierra todavía caliente, brota antes de tiempo y llega al invierno con demasiada hoja.

Se prepara el suelo. Septiembre es el momento de incorporar el compost o el estiércol bien hecho a las tablas que van a descansar. También de sembrar abono verde —veza, avena, centeno o una mezcla— en el bancal que se quede libre: en dos meses hace masa, protege el suelo de la erosión por las lluvias de otoño y se siega e incorpora en febrero. Un suelo desnudo durante todo el invierno pierde estructura y nitratos con cada tormenta.

Cosecha de huerto a finales de verano

El riego cambia, pero no de golpe

La demanda de agua de una planta depende sobre todo de la radiación, la temperatura y la humedad. En septiembre los tres factores caen: el día pierde alrededor de hora y media de luz respecto a junio, el sol está más bajo y las noches refrescan. La evapotranspiración de referencia puede quedarse en la mitad de la de julio en el interior peninsular.

La traducción práctica es reducir la frecuencia del riego, no la cantidad de cada riego. Si en agosto se regaba el arriate cada dos días, en septiembre cada cuatro o cinco, pero con el mismo volumen: hay que seguir mojando el bulbo de raíces entero. Recortar el tiempo de goteo y mantener la frecuencia diaria produce el efecto contrario al buscado, raíces cada vez más superficiales.

Dos cautelas propias del mes. La primera, el rocío: las noches húmedas de septiembre favorecen oídio, mildiu y botritis, así que el riego pasa a primera hora de la mañana y nunca por aspersión al atardecer. La segunda, las tormentas: después de 60 litros en una tarde no hay que regar nada durante días, y conviene retirar los platos de las macetas. Una planta mediterránea en maceta —romero, lavanda, salvia— sobrevive a la sequía y muere en una semana con el cepellón encharcado.

Si hay programador de riego, septiembre es el mes de revisarlo. Un sistema que siga funcionando con la programación de agosto hasta noviembre se lleva por delante buena parte del arriate y una factura de agua notable.

Plantas de interior: el mes de la revisión

Lo que ha pasado el verano en la terraza tiene que volver a entrar antes de que las noches bajen de 12-15 °C, umbral que en la mitad norte se cruza a finales de septiembre. Ficus, potos, monstera, esparragueras y cintas se resienten mucho antes de que llegue el frío de verdad.

Antes de meterlas, revisión de plagas obligatoria, y con la hoja del revés. La cochinilla algodonosa se esconde en las axilas, la araña roja teje en el envés y se detecta por el punteado amarillento de la hoja, y los mosquitos del sustrato salen en cuanto se mueve la maceta. Una planta con cochinilla que entra en casa en septiembre contagia al resto de la colección antes de Navidad, porque la calefacción crea el ambiente cálido y seco que las plagas necesitan.

Otros ajustes del mes: reducir el abonado progresivamente hasta suspenderlo en octubre —la planta entra en parada y el fertilizante no consumido saliniza el sustrato—, acercar las macetas a la ventana para compensar la pérdida de luz, y espaciar el riego, porque el sustrato tarda ahora el doble en secarse.

Y un apunte de calendario para quien quiera flor de pascua (Euphorbia pulcherrima) en diciembre: la inducción floral necesita noches largas ininterrumpidas, unas catorce horas de oscuridad total durante seis u ocho semanas. Eso significa empezar a finales de septiembre o primeros de octubre. Un simple destello de la luz del pasillo a medianoche rompe el proceso y la planta se queda verde.

Césped y jardín ornamental

Para el césped de gramíneas de estación fría —festuca alta, ray-grass, poa— septiembre es el mejor mes del año, mejor incluso que la primavera. El suelo conserva el calor del verano, con lo que la semilla germina en una semana, y las lluvias de otoño hacen buena parte del trabajo de riego. Es el momento de escarificar, airear, resembrar los calvos y dar el abonado de otoño, más rico en potasio que en nitrógeno para endurecer la planta de cara al invierno.

En el arriate, septiembre y octubre son la ventana ideal para plantar árboles y arbustos en contenedor y para dividir vivaces: la planta echa raíz durante el otoño templado y llega al verano siguiente con el sistema radicular hecho. Plantar en marzo obliga a regar mucho más el primer año.

Los bulbos de primavera —narcisos, tulipanes, muscari, jacintos, alliums— se compran ahora, y ahí hay un matiz que se pasa por alto: se compran en septiembre, pero solo los narcisos y los muscari conviene plantarlos ya. Los tulipanes van mejor en noviembre, cuando el suelo se ha enfriado; puestos en septiembre en un suelo aún templado brotan pronto y son más propensos a la podredumbre por Fusarium.

Los refranes de septiembre y su lectura agrícola

"Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes." Describe con precisión el régimen mediterráneo de otoño: o estiaje prolongado o precipitaciones torrenciales concentradas. Ambas cosas, en el mismo mes y a veces en el mismo año.

"Por San Miguel, los higos son miel." San Miguel es el 29 de septiembre y coincide con la segunda cosecha de la higuera, la de los higos propiamente dichos, más pequeños y dulces que las brevas de junio. La brevera da dos cosechas al año porque la primera se forma sobre madera del año anterior.

"Por San Mateo, vendimia arreo." El 21 de septiembre marca tradicionalmente el grueso de la vendimia en la meseta. Hoy se adelanta bastante en muchas denominaciones, porque el calentamiento hace que la uva alcance grado alcohólico antes de tener la madurez fenólica que busca el enólogo.

"En septiembre, el que tenga que sembrar, que empiece a arar." El otoño es la estación de preparación del suelo, no la de la siembra del cereal, que se hace más tarde. Es la misma lógica que aplica al huerto: se labra y se enmienda en septiembre, se siembra en octubre.

"Septiembre lluvioso, año provechoso." Aquí el refrán se refiere a la lluvia que refresca el suelo y permite la nascencia de los pastos y el arranque del ciclo agrícola de otoño. Conviene distinguirla de la tormenta torrencial, que compacta la superficie, arrastra el suelo fértil y no infiltra prácticamente nada.

"Agosto y septiembre no duran siempre." Aviso de previsión: hay que conservar y almacenar mientras hay abundancia. En el huerto casero se traduce en secar hierbas aromáticas, congelar tomate en salsa y guardar las calabazas de invierno en sitio seco y ventilado, donde aguantan meses.

Y una advertencia general sobre el refranero: es una excelente memoria de calendarios agrícolas y una herramienta pésima de predicción meteorológica. Cuando el refrán dice en qué fecha está la higuera, acierta. Cuando pretende deducir el invierno a partir de las nubes de septiembre, no hay nada detrás.

En resumen

Septiembre mantiene en flor mandevilla, begonias, salvias, lantanas, dalias y sedums, y añade los geófitos de otoño; en el huerto se recoge lo último del verano mientras entran las siembras de hoja y las coles; y es el mejor mes del año para resembrar césped, plantar arbustos y dividir vivaces, porque la raíz trabaja con el suelo todavía caliente.

Las tres cosas que marcan la diferencia son ajustar el riego bajando la frecuencia sin recortar el volumen, revisar plagas antes de meter en casa las plantas que han veraneado fuera, y no dejar el suelo del huerto desnudo ante las lluvias de otoño. Y si se planta lantana en la costa, hacerlo sabiendo que es invasora y que sus bayas verdes son tóxicas; en Canarias, buscar directamente otra alternativa.


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