El 15 de mayo, día de San Isidro, funciona en buena parte de la meseta como frontera práctica de las heladas tardías: antes de esa fecha una noche despejada con el termómetro en 0 °C sigue siendo posible en Ávila, Soria o Teruel, y después el riesgo cae lo suficiente como para sacar al descubierto lo que estaba esperando bajo túnel. El refranero español lleva siglos apuntando esa misma frontera con otras palabras, y por eso los dichos de mayo tienen más contenido agronómico del que aparenta. Este artículo repasa qué florece, qué se siembra, qué se recoge y qué hay que hacer en el jardín durante el mes, y de paso traduce los refranes al calendario real de trabajo.

Lo que hay detrás de "hasta el cuarenta de mayo"

"Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo" no habla de moda, sino de riesgo de helada tardía. El cuarenta de mayo es el 9 de junio, y esa fecha coincide razonablemente bien con el final estadístico del periodo de heladas en las zonas altas del interior peninsular. En el litoral mediterráneo o en el valle del Guadalquivir el dicho sobra desde marzo; en la Serranía de Cuenca o en el norte de Burgos se queda incluso corto.

La versión corta, "en mayo no dejes el sayo", tiene el mismo fondo. Y hay una tercera pieza del mismo puzle: los llamados santos de hielo entre el 11 y el 15 de mayo (Mamerto, Pancracio, Servacio, Bonifacio e Isidro según la variante local). Es una tradición europea que señala una recaída de frío a mediados de mes. Meteorológicamente no es un fenómeno con base física demostrada —no existe una "singularidad" climática confirmada en esas fechas—, pero como recordatorio práctico de que mayo todavía muerde, sirve.

La consecuencia concreta para el hortelano: un tomate plantado el 20 de abril en Segovia y sorprendido por una helada de radiación el 6 de mayo se queda ennegrecido de un día para otro y hay que reponer la planta entera. Uno plantado el 18 de mayo alcanza a la primera planta en producción a mediados de julio, con quince días de retraso y ninguna baja. En clima continental frío, esperar sale más barato que adelantarse.

Flor blanca de acacia en plena floración de mayo

Agua de mayo: cierto para el cereal, discutible para el resto

"Agua de mayo, pan para todo el año" es probablemente el refrán más repetido del mes, y también el peor entendido. Nació en el secano cerealista castellano y se refiere al trigo y la cebada: en mayo el cereal está en encañado y espigado, y es justo entonces cuando el agua determina el peso del grano. Una primavera seca en mayo produce espigas asuradas, con granos pequeños y arrugados, aunque el invierno haya sido lluvioso. De ahí el "pan para todo el año".

Trasladado al huerto y al jardín, el mismo refrán se vuelve mucho menos halagüeño. Un mayo lluvioso en la cornisa cantábrica o en el norte de Extremadura significa mildiu en la patata y en el tomate, Botrytis cinerea en la fresa, moteado en el manzano y roya en el rosal. Y significa cerezas rajadas: cuando la fruta está en envero y llueve, la piel absorbe agua, se agrieta y la cosecha se pierde en tres días. Los cerezos del Jerte tienen ese calendario exacto.

Dos refranes más completan el cuadro y conviene leerlos juntos. "Mayo pardo, señal de buen año": cielo cubierto en mayo, con temperaturas moderadas y humedad, es lo que llena el grano. "Mayo hortelano, mucha paja y poco grano": si el mes es cálido y hay que regar como en pleno verano, la planta invierte en vegetación y la espiga se queda flaca. Y "abril lluvioso y mayo ventoso hacen a junio florido y hermoso", que reparte los papeles: agua en abril, viento y oreo en mayo para que la humedad no se convierta en hongo.

Qué florece en mayo

Mayo es el pico de floración del año en el clima mediterráneo continental. Estos son los protagonistas:

Rosales (Rosa spp.). La primera oleada, la más abundante y la de flores más grandes, se abre entre finales de abril y mediados de mayo según altitud. Los rosales de una sola floración —los antiguos gallica, damascena, alba y los rugosa— dan aquí todo lo que van a dar en el año.

Peonías (Paeonia lactiflora, P. officinalis). Dos o tres semanas escasas de flor, entre la primera quincena y mediados de mayo. Necesitan frío invernal, por lo que en la costa mediterránea cálida raramente cuajan.

Lirios de jardín (Iris germanica). Floración de finales de abril a mayo, muy resistente a la sequía. Si un lirio no florece, casi siempre es porque el rizoma está enterrado: debe quedar visible en superficie.

Glicina (Wisteria sinensis). Abre a finales de abril y llega a mayo en zonas frías. Es una trepadora que rompe canalones y levanta tejas si se planta pegada a la casa; conviene darle estructura propia.

Falsa acacia (Robinia pseudoacacia). Los racimos blancos y perfumados de mayo son el aviso de que empieza la mielada de acacia. Es un árbol de crecimiento rápido y raíz agresiva, incluido en el catálogo español de especies exóticas invasoras: bonita en flor, problemática como árbol de jardín pequeño.

Azahar (Citrus × sinensis, Citrus × aurantium). En Levante y Andalucía el grueso de la floración es de abril, pero el naranjo amargo alarga hasta primeros de mayo.

Lilo (Syringa vulgaris), celindo (Philadelphus coronarius), viburno (Viburnum opulus) y weigela cubren el bloque de arbustos perfumados de primavera. Todos comparten una regla de poda que se explica más abajo.

Aromáticas y flor silvestre. Lavandín y espliego (Lavandula angustifolia, L. × intermedia) empiezan a finales de mayo; la jara pringosa (Cistus ladanifer) tapiza el monte mediterráneo; la amapola (Papaver rhoeas) llena linderos y barbechos.

Al final de mes entran ya en escena las plantas de verano: adelfa (Nerium oleander), buganvilla, hibisco, dalias tempranas, begonias de flor (Begonia semperflorens, hoy Begonia cucullata) y los petunias, tagetes y salvias que se compran de temporada.

Siembras y plantaciones de mayo

Mayo es el mes de plantación de la huerta de verano en casi toda España, y el último con margen para sembrar directamente muchas especies de ciclo largo.

De trasplante: tomate, pimiento, berenjena, pepino, calabacín, calabaza, melón y sandía. Los planteles se enterrarán en tierra bien mullida; el tomate admite y agradece que se entierre parte del tallo, porque emite raíces adventicias a lo largo de él y ancla mejor. Pimiento y berenjena, no: plantados demasiado profundos se pudre el cuello.

De siembra directa: judía de mata baja y de enrame, maíz dulce, remolacha, zanahoria, acelga, borraja, albahaca, perejil, rabanito, lechuga de verano (variedades tipo batavia o Iceberg, que espigan menos con calor) y las últimas siembras de escarola. La judía no soporta el suelo frío: por debajo de 12 °C germina mal y la semilla se pudre.

Flor: girasol, cosmos, zinnia, tagete, capuchina, ipomea y alhelí de verano se siembran directamente. Los tubérculos de dalia y los bulbos de gladiolo se plantan de abril a mayo; escalonando los gladiolos cada dos semanas se obtiene flor de julio a septiembre.

Un aviso sobre lo que no se hace en mayo: no es mes para plantar árboles ni arbustos a raíz desnuda. Esa ventana se cierra en marzo. Un ejemplar en contenedor sí puede plantarse, pero arrancará con el verano encima y dependerá del riego durante todo su primer año.

Huerto en mayo con cultivos de temporada

Lo que se recoge

Mayo tiene cosecha propia, aunque quede eclipsada por la siembra. Se recogen habas y guisantes —los primeros en grano tierno, los segundos en su mejor punto—, ajos tiernos, cebolletas, alcachofas de última tanda, espárragos, lechugas, acelgas, espinacas antes de que espiguen y las primeras patatas tempranas en el sur.

En fruta: fresa y fresón en pleno, níspero (Eriobotrya japonica), cereza y picota a partir de la segunda quincena, y albaricoque temprano en Murcia y Valencia al final del mes.

Sobre el espárrago hay una fecha que sí conviene respetar: la recolección se corta por San Juan, el 24 de junio. Seguir cortando turiones más allá agota la corona y la esparraguera rinde menos al año siguiente. Un espárrago bien llevado dura diez o quince años; uno explotado sin descanso, cuatro.

Trabajos de mayo en el jardín

Podar los arbustos que acaban de florecer. Lilo, celindo, forsitia, weigela, kerria y las glicinas florecen sobre madera del año anterior. Se podan justo después de la flor, en mayo o junio, nunca en invierno. Podar la forsitia en febrero significa quedarse sin la flor amarilla de marzo: se han cortado justo las yemas que iban a abrir.

Entutorar y despuntar el tomate. La caña o el hilo se colocan al plantar, no cuando la planta ya se tumba. En variedades de crecimiento indeterminado se van eliminando los brotes axilares (los "chupones") con la mano, cuando miden dos o tres centímetros y todavía se desprenden limpiamente. Hacerlo con tijera sin desinfectar entre plantas es la vía habitual de contagio de virus.

Acolchar. Cinco centímetros de paja, restos de siega secos o corteza sobre la tierra húmeda reducen a la mitad la evaporación y mantienen el suelo cuatro o cinco grados más fresco en julio. Mayo es el momento: se acolcha con la tierra todavía cargada de agua de primavera, no en agosto sobre un suelo ya reseco.

Vigilar el pulgón. Aparece en los brotes tiernos de rosal, habas y frutales. Un chorro de agua a presión tumba las colonias pequeñas; el jabón potásico funciona por contacto y hay que mojar el envés de la hoja. Antes de tratar, conviene mirar si hay ya mariquitas o larvas de sírfido trabajando: si las hay, cualquier insecticida las mata a ellas y deja el pulgón sin freno.

Prevenir el oídio del rosal. El polvo blanco de las hojas jóvenes aparece con noches frescas y días cálidos, típico de mayo. Se controla mejor con aire que con producto: aclarar el centro del arbusto, no mojar el follaje y regar por la mañana.

Segar más alto. A partir de mayo el césped se corta a 5-6 cm en lugar de a 3. La hoja más larga sombrea el suelo, reduce el riego necesario y frena la germinación de la hierba de verano. Y nunca se retira más de un tercio de la altura en un solo corte.

Regar bien, no mucho. Un riego profundo cada tres o cuatro días crea raíces hondas; un riego somero diario crea raíces superficiales que sufren en cuanto llega la primera ola de calor. La hora también cuenta: primera hora de la mañana, con el suelo fresco, es lo que menos se pierde por evaporación y lo que menos hongos favorece.

Otros refranes de mayo y lo que enseñan

"Quien no siembra en mayo, no siega en agosto." Se refiere a los cultivos de ciclo estival: judía, maíz, calabaza. Sembrar en junio significa que la floración cae en pleno golpe de calor, cuando el polen del tomate y de la judía se vuelve inviable por encima de 35 °C y las flores caen sin cuajar.

"En mayo, a segar el prado." El corte de la hierba para heno se hace cuando la gramínea está en espigado, no cuando ya ha granado: después baja mucho el valor nutritivo.

"Mayo frío, mucho trigo." Complementa a "mayo pardo": temperaturas moderadas alargan el llenado del grano, mientras que un golpe de calor en mayo lo interrumpe de golpe. Es el fenómeno que los agrónomos llaman asurado.

"Por mayo, con la rosa, y por agosto, con la olla." Dicho gastronómico, pero con calendario correcto: mayo es el mes de la rosa, agosto el del tomate y el pimiento.

"Mayo pardo, junio claro." Refranes de este tipo, que predicen un mes a partir del anterior, no tienen ninguna base meteorológica. El refranero es una buena memoria colectiva de calendarios agrícolas y una pésima herramienta de predicción. La distinción importa: cuando el refrán describe lo que la planta hace en una fecha, suele acertar; cuando pretende adivinar el tiempo que viene, es puro juego.

En resumen

Mayo concentra la floración más densa del año —rosales, peonías, lirios, glicinas, acacia, lilo— y a la vez es el mes en que se planta prácticamente toda la huerta de verano. El refranero acierta cuando marca fechas: el sayo y los santos de hielo recuerdan que en el interior peninsular hay riesgo de helada hasta mediados de mes, y el agua de mayo llena el grano del cereal de secano. Acierta menos si se lee como pronóstico o si se aplica sin matices al jardín: esa misma lluvia trae mildiu, botritis y cerezas rajadas.

Las tres decisiones que más rendimiento dan en mayo son sencillas: esperar a que pase el riesgo de helada antes de trasplantar solanáceas, podar los arbustos de primavera justo después de florecer y acolchar mientras la tierra todavía está húmeda. Con eso hecho, el jardín llega a julio en condiciones de resistirlo.


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