Cuidado con fiarse de la primera semana buena de marzo. Basta una entrada de aire frío a mediados de mes para que los brotes recién abiertos de una higuera, una vid o un tomate plantado con demasiada prisa amanezcan negros y acuosos. El refranero peninsular lleva siglos avisando de ese carácter tornadizo —«marzo marcero»— y sigue siendo el mejor consejo de calendario que existe para el mes.

Lo que está en flor en marzo

El equinoccio de primavera cae el 20 de marzo (a veces el 19 o el 21) y a partir de ahí el día supera a la noche. Pero la floración de marzo no empieza entonces: viene arrastrada de febrero en la mitad sur y estalla justo ahora en el norte y el interior.

Flores de primavera abriendo en marzo en un jardín

Diente de león (Taraxacum officinale). Tapiza cunetas y praderas desde marzo y es una de las primeras fuentes serias de polen y néctar para abejas y abejorros recién salidos de la invernada. Antes de arrancarlo del césped conviene pensárselo: en marzo alimenta a los polinizadores cuando casi no hay otra cosa. Si molesta, se saca con azadilla de raíz larga, porque un trozo de raíz pivotante rebrota. Sus hojas tiernas se comen en ensalada, aunque no deben recogerse en bordes de carretera ni en zonas tratadas con herbicida.

Bergenia u «hortensia de invierno» (Bergenia crassifolia y B. cordifolia). No tiene parentesco alguno con las hortensias: es una saxifragácea de hoja gruesa y perenne que en invierno se tiñe de granate y que en marzo levanta panículas rosas o magentas. Vale para sombra seca bajo árboles, un sitio complicado donde poca cosa prospera. Le sientan mal el sol de mediodía en el sur y el encharcamiento.

Jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum). Flores amarillas sobre ramas verdes desnudas, de diciembre a marzo según zona; no huele, al contrario que el jazmín de verano. Aquí hay una regla de poda que decide la floración del año siguiente: florece sobre madera del año anterior, así que se poda justo al terminar la floración, en marzo o abril. Si se retrasa la poda a otoño o invierno, se corta la madera que llevaba las yemas de flor y la planta pasa un año en verde sin dar nada.

Geranio (Pelargonium spp.). La etiqueta del vivero dice «geranio» y la planta que hay en la maceta es un Pelargonium sudafricano: P. zonale el de mata, P. peltatum el de hoja de hiedra que cuelga de los balcones. El Geranium botánico es otro género, vivaz, rústico y de flor plana, que se planta en macizo y aguanta el invierno bajo cero sin protección. La diferencia importa a la hora de comprar: quien busque una vivaz que rebrote sola cada año y se lleve un Pelargonium, lo perderá en la primera helada del interior. Marzo es el mes en que los pelargonios rebrotan y en que empieza el ciclo del taladro del geranio (Cacyreus marshalli), la mariposa cuya oruga vacía los tallos por dentro: la vigilancia y los tratamientos empiezan ahora, no en junio cuando la planta ya está hueca.

Eléboro (Helleborus spp.: H. foetidus y H. viridis son silvestres en la Península, y H. orientalis es el de jardinería). Florece de enero a marzo a la sombra, con flores colgantes verdosas, blancas o vinosas. Es tóxico: contiene ranunculósidos que liberan protoanemonina, irritante fuerte de piel y mucosas, y en ingestión causa vómitos y alteraciones cardíacas. Se poda con guantes y no es planta para donde juegan niños pequeños. Truco de cultivo: cortar las hojas viejas a ras en enero deja las flores a la vista y elimina de paso las manchas foliares del hongo Microsphaeropsis.

Pieris (Pieris japonica). Arbusto de ericácea con racimos colgantes de campanillas blancas en marzo y brotes nuevos de un rojo encendido. Exige suelo ácido, con pH por debajo de 6, así que en las tierras calizas de medio país acaba clorótico salvo que se plante en macizo de tierra de brezo o en maceta grande. También es tóxico —contiene grayanotoxinas—, tanto la planta como la miel producida a partir de su néctar; en Asturias, Galicia o Cantabria, donde se cultiva bien, conviene tenerlo en cuenta si hay ganado cerca.

A esto se le suma lo que llena de verdad un marzo español: almendros y ciruelos ya pasados o en plena flor según la comarca, forsitia, narcisos, jacintos, tulipanes tempranos, camelias en el noroeste, magnolias, lilos abriendo a final de mes y romero, que en el sur lleva florido desde enero.

Qué sembrar y qué plantar este mes

Marzo es el mes de más trabajo de semillero del año, con una condición: distinguir lo que va bajo protección de lo que va directo a la tierra.

Hierbas aromáticas cultivadas en macetas al inicio de la primavera

Hortalizas. En semillero protegido —invernadero, cajonera, o una ventana orientada al sur— se siembran tomate, pimiento, berenjena y guindilla. Piden entre 20 y 25 °C para germinar bien; por debajo de 15 °C la semilla de pimiento puede tardar tres semanas o pudrirse. En siembra directa al aire libre van zanahoria, rábano, acelga, espinaca, cebolla, guisante y las primeras lechugas. La patata se planta en marzo en la mitad norte y ya en febrero en el sur, siempre con la tierra oreada: si la metes en barro se pudre el tubérculo.

Aquí está la trampa del mes. Un tomate sembrado en semillero a principios de marzo está listo para trasplante a finales de abril, no antes, y en zonas de interior el riesgo de helada tardía se prolonga hasta la segunda semana de mayo —los llamados «santos de hielo», entre el 11 y el 13 de mayo—. Sacar los plantones al exterior en cuanto hace una semana de sol es tirar el trabajo de dos meses.

Aromáticas. Perejil, cilantro, cebollino, orégano, tomillo y salvia se pueden sembrar ya, y romero, lavanda y salvia se multiplican fácil por esqueje semileñoso tomado ahora. La albahaca es la excepción: necesita 18-20 °C constantes y en marzo, al aire libre, se queda parada o se pudre; mejor esperar a abril, o sembrarla dentro de casa.

Flores. Se siembran en semillero zinnia, cosmos, tagete, alhelí, boca de dragón y clavelina. Y se plantan los bulbos y tubérculos de verano: dalias, gladiolos, lirios, nardos y begonias tuberosas, a partir de mediados de marzo en el litoral mediterráneo y andaluz y ya en abril en la meseta y el norte, cuando pase el riesgo de helada. Las dalias plantadas demasiado pronto en suelo frío y húmedo pudren el tubérculo antes de brotar.

Cuidados de marzo, por partes

Árboles y arbustos. El mes de plantar a raíz desnuda se está acabando: a partir de mediados de marzo, con la savia ya en movimiento, el arraigo empeora y conviene pasarse al contenedor. Es buen momento para el abonado de fondo con compost o estiércol maduro extendido bajo la copa y ligeramente incorporado, y para revisar tutores y ataduras que hayan quedado tirantes durante el invierno.

Poda. La regla de marzo es sencilla: se poda después de florecer, no antes. Forsitia, jazmín de invierno, lilo, celindo, corona de novia y weigela llevan las yemas de flor en la madera del año anterior; una tijera de marzo sobre ellas se lleva la floración entera. En cambio sí toca ahora la poda de los rosales —bajando a tres o cuatro yemas por rama en los de flor grande—, la de arbustos de floración estival como la hortensia paniculada, el hibisco de Siria o la Buddleja, y la limpieza de madera seca de cualquier cosa.

Los frutales de hueso —cerezo, melocotonero, ciruelo, albaricoquero— son caso aparte: se podan mejor a final de invierno avanzado o incluso en verde tras la cosecha, porque los cortes hechos en pleno frío y humedad cicatrizan mal y son la puerta de entrada de la gomosis y del chancro bacteriano (Pseudomonas syringae). Y una costumbre que conviene abandonar: sellar los cortes con masilla o pintura cicatrizante. Los ensayos de compartimentación de heridas en leñosas indican que ese sellado no acelera nada y, al retener humedad, puede favorecer la podredumbre bajo la capa. Corte limpio, en el ángulo correcto respetando el rodete, y la planta se encarga.

Césped. El primer corte del año se da con la cuchilla alta, quitando como mucho un tercio de la altura de la hoja; rebajar de golpe una pradera que ha crecido todo el invierno la deja amarilla y abierta a la invasión de adventicias. El escarificado, si hace falta por acumulación de fieltro, se hace cuando el suelo alcance unos 8-10 °C y con el césped ya creciendo, para que se recupere; escarificar en frío deja calvas durante meses. Después llega la resiembra de las zonas ralas y el abonado de primavera, más rico en nitrógeno pero repartido, no de una tacada.

Riego. En marzo la evapotranspiración todavía es baja y el suelo suele conservar la reserva del invierno. Volver a los ritmos de verano en cuanto sale el sol satura el suelo y asfixia las raíces justo cuando están arrancando. Se comprueba metiendo el dedo cinco centímetros: si hay humedad, no se riega. Los sistemas automáticos por programador son los que más daño hacen ahora, porque siguen con la pauta que se dejó y nadie la revisa.

Los refranes de marzo

«Marzo ventoso y abril lluvioso sacan a mayo florido y hermoso.» El más conocido, y con una lógica agronómica atrás. El viento de marzo orea el suelo tras el invierno, permite que se pueda entrar a labrar y a sembrar, y ayuda a la polinización anemófila de gramíneas y de árboles como el chopo, el fresno o el olivo. La lluvia de abril llega cuando el cereal está en pleno encañado y necesita agua de verdad. Si ese orden se cumple, mayo florece.

«Cuando marzo mayea, mayo marcea.» Un marzo anormalmente cálido suele pagarse con un mayo revuelto y frío. No es una ley meteorológica, pero describe bien la variabilidad de las primaveras peninsulares, y funciona como aviso práctico: no adelantes las plantaciones sensibles porque marzo se haya puesto benévolo.

«Marzo marcero, por la mañana rostro de perro y por la tarde valiente mancebo.» Retrata la oscilación térmica diaria del mes, que en la meseta puede pasar de 2 °C de madrugada a 20 °C a media tarde. Esa amplitud es la que hace daño a los brotes tiernos.

«En marzo, la veleta ni dos horas está quieta.» Y en la misma línea, «marzo, marcero, ni sin capa ni sin sombrero».

«Ni marzo sin flores, ni juventud sin amores.» El refrán florido del mes, sin más carga agrícola que la constatación de que la primavera ya está.

«Poda tardío y siembra temprano; si erraste un año, acertarás cuatro.» Consejo de riesgo repartido perfectamente aplicable a la poda de vid, que en el interior se retrasa a propósito hasta marzo para atrasar la brotación y esquivar las heladas de abril.

Y luego están los refranes que se contradicen entre sí: «marzo pardo, señal de buen año» frente a «agua de marzo, peor que las manchas en el paño». No es que uno mienta. El primero viene del secano cerealista, donde un marzo nublado y con agua asegura la cosecha; el segundo, de comarcas de huerta, frutal temprano o viña, donde la lluvia de marzo estropea la floración y arruina el cuaje. Antes de aplicar un refrán conviene saber de qué paisaje salió.

En resumen

Marzo abre la primavera con bergenias, jazmín de invierno, eléboros, pieris, los primeros pelargonios y el diente de león alimentando a los polinizadores que salen de la invernada; entre ellos, eléboro y pieris son tóxicos y se manejan con guantes y criterio. Es el mes fuerte de semillero —tomate, pimiento y berenjena bajo protección, zanahoria, guisante y lechuga en directo— con el freno puesto: el trasplante al exterior no llega hasta finales de abril o mediados de mayo según zona. En cuanto a labores, poda de rosales y de arbustos de flor estival sí, tijera sobre forsitia o jazmín de invierno hasta que terminen de florecer no, corte de césped alto, riego contenido y nada de masilla cicatrizante. Y el refranero, leído con la comarca en la cabeza, resume todo el mes en una idea: marzo es tornadizo, así que no le creas la primera semana buena.


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