El solsticio cae el 20 o el 21 de junio y trae consigo el día más largo del año: unas quince horas de sol en la cornisa cantábrica y alrededor de catorce y media en Andalucía. Esa cantidad de luz, sumada a un suelo que ya está caliente, dispara el crecimiento del jardín y, al mismo tiempo, marca el momento en que el agua empieza a mandar sobre todo lo demás. Los refranes castellanos de junio giran justamente alrededor de esas dos cosas: la siega del cereal y la lluvia que llega cuando ya no hace falta.
Qué está en flor en un jardín peninsular de junio
Junio es el mes en que las vivaces de verano toman el relevo de los bulbos de primavera. Estas son las que más peso tienen en un jardín español y lo que conviene saber de cada una.
Agapanto (Agapanthus africanus, A. praecox y sus híbridos, de la subfamilia Agapantoideae). Umbelas azules o blancas sobre escapos de 60 a 100 cm. Es planta de costa: aguanta el salitre, prospera en el litoral atlántico y mediterráneo y florece mejor cuando está algo apretada en la maceta o en un rodal denso. Trasplantarlo cada año es la forma más segura de quedarse sin flor. En el interior de Castilla o en Aragón, las variedades de hoja perenne se hielan por debajo de unos -5 °C; ahí van mejor las caducas del grupo Headbourne, que pierden la hoja y rebrotan.
Boca de dragón (Antirrhinum majus). Se comporta como vivaz de vida corta en clima suave y como anual en zonas frías. En junio está en pleno pico si se sembró en otoño o se plantó en marzo. Cortar la espiga en cuanto se pasan las flores de abajo alarga la floración semanas; dejarla granar la termina de golpe. Su enemigo real es la roya (Puccinia antirrhini), que aparece con noches húmedas y riego mojando la hoja: pústulas marrones en el envés y defoliación rápida.
Crocosmia (Crocosmia × crocosmiiflora, la antigua montbretia). Cormos que florecen de finales de junio a agosto en espigas arqueadas naranjas o rojas. Se naturaliza con facilidad en el norte húmedo, hasta el punto de volverse invasora en cunetas gallegas y asturianas; conviene no tirar los cormos sobrantes al monte ni al compost sin destruirlos.
Dedalera (Digitalis purpurea). Aquí hace falta un aviso claro antes que nada: toda la planta es tóxica, hojas, flores, semillas y raíz, por su contenido en glucósidos cardiotónicos (digitoxina, digoxina y afines). Alteran el ritmo del corazón y una ingestión accidental es una urgencia médica, también en perros, gatos y ganado. La confusión seria se da cuando alguien recoge sus hojas basales creyendo que son de consuelda o de borraja; la dedalera tiene hoja acanalada, muy rugosa y de nervadura marcada, y crece en suelos ácidos de la mitad norte y de sierra. No es planta para recolectar ni para infusiones de ninguna clase. En el jardín no da problemas si se planta sabiendo lo que es y se lavan las manos tras manipularla; su papel es de bienal, así que hay que sembrarla un año para tener espigas al siguiente.
Gazania (Gazania rigens). Sudafricana, de flor tipo margarita en amarillos, naranjas y bicolores. Cierra los capítulos al atardecer y con el cielo cubierto, cosa que despista a quien la compra pensando que está mustia. Es la planta de junio para el peor rincón que tengas: suelo pobre, arena, pleno sol, poco riego. En tierra rica y con agua abundante crece frondosa y da la mitad de flor.
Lobelia (Lobelia erinus). Alfombra azul intenso, malva o blanca en jardineras y bordes. Es de clima fresco: en Bilbao o Santiago llega tranquila a septiembre, mientras que en Sevilla o Murcia se quema en cuanto se encadenan días de 35 °C. Trasquilarla a la mitad cuando se afea a mediados de julio suele provocar un segundo brote de flor en otoño si el verano no ha sido brutal.
Flox de verano (Phlox paniculata). Panículas perfumadas de 80 a 120 cm que abren entre finales de junio y agosto. Necesita suelo fresco y profundo, así que en secano mediterráneo sufre. El oídio es su plaga fija: se evita más con espaciado y aclareo de tallos —dejar cinco o seis por mata y quitar el resto en mayo— que con fungicidas.
Lo que todavía se puede sembrar y plantar
Junio no es mes de semilleros delicados, pero sí de siembra directa en suelo caliente, que es justo lo que muchas especies piden.
En la huerta van bien por siembra directa las judías de mata baja y de enrame, el calabacín, el pepino, el maíz dulce, la remolacha, la acelga, la zanahoria y las lechugas de verano resistentes a subirse a flor (tipo batavia o romana de verano; las mantecosas se espigan en cuanto pasan de 25 °C). Se trasplantan puerros, coles de otoño y los últimos plantones de tomate, pimiento y berenjena si vives en la mitad norte. El melón y la sandía admiten trasplante en la primera quincena; a partir de ahí el ciclo se queda corto salvo en el sur.
En flor anual, la siembra directa funciona con girasol, zinnia, cosmos, tagete, capuchina y albahaca de acompañamiento. Todas germinan en cuatro o cinco días con el suelo a 20-25 °C, y ese arranque rápido las hace más agradecidas ahora que en marzo.
Y hay una siembra que se pasa por alto porque no da resultado hasta el año siguiente: las bienales. Dedalera, alhelí, campanilla de las torres (Campanula medium), pensamiento y nomeolvides se siembran entre junio y julio en semillero a media sombra, se trasplantan en septiembre y florecen la primavera siguiente. Quien las siembra en marzo esperando flor ese mismo año se queda con una roseta de hojas y nada más.
El manejo del agua y del calor
El riego de junio se decide por la hora y por la profundidad, no por la frecuencia. Regar poco y todos los días crea un cepellón superficial que se cuece en el primer golpe de calor de julio. Es preferible aplicar más volumen cada tres o cuatro días y comprobar con el dedo o con una varilla que el agua ha bajado quince o veinte centímetros. En jardineras la regla se invierte, porque el volumen de sustrato es pequeño: ahí sí toca a diario, y en pleno agosto dos veces.
La hora buena es la primera de la mañana. De madrugada la evaporación es mínima y la hoja se seca en cuanto sale el sol, lo que corta el ciclo de los hongos. Regar al atardecer también ahorra agua, pero deja el follaje mojado toda la noche y es lo que dispara la roya del antirrino y el mildiu del rosal.
Merece la pena desmontar una idea muy repetida: que las gotas de agua sobre las hojas actúan como lupa y queman el tejido si riegas a mediodía. Los estudios de óptica sobre este asunto muestran que en hojas lisas la gota no llega a concentrar el foco sobre la superficie foliar, y no hay quemadura. En hojas muy pelosas, donde la gota queda suspendida sobre los tricomas, el efecto sí puede darse, pero es un caso marginal. El motivo real para no regar a las tres de la tarde es otro y más prosaico: se evapora una parte notable del agua antes de infiltrarse y la planta está en cierre estomático, así que aprovecha mal lo que le llegue.
Acolchar es la medida que más rinde este mes. Cinco centímetros de paja, corteza, restos de siega secos o incluso grava en zona mediterránea bajan varios grados la temperatura del suelo, reducen la evaporación y frenan la hierba adventicia. Se aplica con el suelo ya regado, no sobre tierra seca, y sin arrimarlo al cuello de los tallos.
Del abonado, prudencia. Aportar nitrógeno con la planta en estrés hídrico y a 38 °C provoca brotes tiernos que se marchitan y atraen pulgón. Mejor un abono equilibrado o rico en potasio, aplicado sobre suelo húmedo y en las horas frescas. Si el jardín es de secano mediterráneo consolidado, junio es mes de no abonar nada.
Otras faenas del mes: retirar flores pasadas de rosales, dalias, cosmos y petunias para que sigan emitiendo; pinzar los crisantemos y las salvias por última vez a mediados de mes; vigilar la araña roja, que aparece con calor seco y se detecta antes por el punteado amarillo del haz que por la telaraña; y subir la altura de corte del césped a seis o siete centímetros, porque una hierba corta calienta la raíz y obliga a regar el doble.
Refranes de junio y qué hay de cierto en ellos
El refranero de junio es agrícola de cabo a rabo y responde a un calendario de cereal de secano, viña y olivar.
«En junio, hoz en puño.» El más directo. La cebada y el trigo de secano peninsular maduran entre finales de mayo y finales de junio según altitud, y ahí empezaba la siega.
«Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.» Este tiene fundamento agronómico sólido. Alrededor del 24 de junio la vid está en cuaje y el cereal en grano lechoso o ya seco. Una tormenta en ese momento favorece el mildiu y la botritis en el racimo recién formado, lo que se traduce en menos uva, y al cereal ya no le sirve de nada porque ha dejado de llenar grano; encima puede encamarlo y complicar la siega. La lluvia buena era la de abril y mayo.
«Junio claro y fresquito, para todos es bendito.» Cielo despejado para que grane el cereal y noches frescas para que la planta no gaste en respiración lo que ganó de día. Es una descripción bastante exacta de un buen mes de junio continental.
«El que en junio no trilla, en invierno no pilla.» Y su pariente «junio, julio y agosto, ni dama ni mosto»: meses de trabajo sin descanso ni fiestas.
«Por San Juan la sardina moja el pan.» Coincide con el momento en que la sardina alcanza su máximo contenido graso en el Cantábrico y el Atlántico, que es exactamente lo que celebran las sardinadas de esas fechas.
«En junio, la hoz en el puño; en julio, la trilla; y en agosto, la parva.» Y para la despensa, «junio, junete, cava tu huerto y coge tu ramillete».
Conviene leerlos con la geografía en la mano. Un refranero nacido en la meseta describe un junio de secano cerealista; en la costa cantábrica el mismo mes es húmedo y la siega llega más tarde, y en el sureste árido casi nada de esto encaja. Cuando dos refranes se contradicen, casi siempre es porque proceden de comarcas distintas, no porque uno esté equivocado.
En resumen
Junio arranca el verano del jardín con agapantos, antirrinos, crocosmias, gazanias, lobelias y flox en flor, y con la dedalera cerrando su ciclo bienal —una planta que se disfruta mirando y no tocando, porque sus glucósidos cardiotónicos la hacen tóxica entera—. Es buen momento para sembrar en directo judía, calabacín, zinnia o girasol sobre suelo ya caliente, y para poner en el semillero las bienales que darán flor en la primavera siguiente. El trabajo de fondo del mes es el agua: riegos profundos y espaciados a primera hora, acolchado de cinco centímetros y contención con el abonado nitrogenado. Los refranes —desde el «hoz en puño» hasta el «agua de por San Juan quita vino y no da pan»— resumen un junio de secano castellano donde el cielo despejado valía más que la lluvia, y siguen siendo una buena guía si se leen sabiendo de qué comarca vienen.