Aprietas una cabezuela seca de caléndula entre los dedos y se deshace sola: los aquenios curvos caen a la tierra y ahí termina la recolección. Ese punto exacto, el día o los dos días que van desde que la semilla madura hasta que la planta la suelta, es todo el margen que hay. Caléndula, cosmos, alhelí y azulejo son cuatro anuales fáciles de multiplicar en cualquier jardín peninsular, y cada una avisa de forma distinta.
Antes de recolectar: qué semilla saldrá igual y cuál no
La semilla que guardas repite la planta madre solo si esa planta era de variedad estable y no la cruzó el polen de otra. Dos cosas rompen esa cadena.
Los híbridos F1. Si el sobre decía F1, la descendencia se segrega: obtendrás plantas más bajas, más altas, de color distinto y en general más pobres que la madre. No es un fracaso tuyo, es genética. Para guardar semilla busca variedades de polinización abierta, que en estas cuatro especies son casi todas las que se venden.
El cruce entre variedades vecinas. Caléndula, cosmos y azulejo son polinizadas por insectos y se cruzan entre variedades de la misma especie sin ningún problema. Si tienes un cosmos 'Sensation' rosa a tres metros de un 'Purity' blanco, la semilla de ambos dará una mezcla al año siguiente. Para mantener una variedad pura hay que separarlas unos cuantos metros con algo que estorbe el vuelo, o directamente cultivar una sola variedad de cada especie por temporada. Si lo que quieres es una pradera alegre y variada, el cruce no es un problema: es el método.
Y una precaución de campo: recolecta siempre en día seco y a media mañana, cuando el rocío ya se ha ido. La semilla guardada con humedad se enmohece dentro del sobre y no te enteras hasta la siembra.
Caléndula (Calendula officinalis)
Es la más agradecida de las cuatro. La flor se marchita, los pétalos caen y el receptáculo se abre en una corona de aquenios apretados, curvados como garras o gusanos, que pasan de verde a beige claro y luego a pardo. El momento de cortar es cuando el conjunto está seco y pajizo pero todavía sujeto: si al rozarlo se desgrana entero, ya vas tarde y habrás perdido la mitad.
Aquí hay un detalle que casi no se cuenta y que sirve de verdad. La caléndula produce tres tipos de aquenio distintos en la misma cabezuela: unos grandes y muy arqueados con espinas en el dorso en la fila exterior, otros con forma de barquito o anillo en la posición intermedia, y otros más pequeños y enroscados en el centro. Se llama heterocarpia, y es una estrategia de la planta para repartir riesgos en el tiempo y en el espacio. Para el jardinero la consecuencia práctica es que los aquenios grandes y curvados del borde germinan antes y con más fuerza, mientras que los del centro dan plántulas más flojas. Si tienes de sobra, quédate con los exteriores.
Corta la cabezuela entera con dos dedos de tallo y déjala terminar de secar tres o cuatro días sobre papel, en sombra ventilada, antes de desgranar. La semilla limpia se conserva bien dos o tres años, aunque el porcentaje de nascencia baja notablemente a partir del tercero.
Siembra directa: en el interior peninsular, de febrero a abril; en el litoral mediterráneo y en el sur, mejor en septiembre y octubre, porque la caléndula pasa el invierno sin daño y florece desde febrero, mucho antes y mejor que la sembrada en primavera. Germina en 7 a 14 días a unos 15-20 °C y quiere la semilla enterrada un centímetro, porque necesita oscuridad para nacer. Se resiembra sola sin ayuda; en muchos huertos aparece año tras año sin que nadie la siembre.
Cosmos (Cosmos bipinnatus y C. sulphureus)
El cosmos suelta la semilla con muchísima facilidad, así que hay que estar encima. Cuando la flor se pasa, la cabezuela se cierra en un manojo de aquenios negros, largos, finos y rematados en un pico corto, parecidos a agujas de pino oscuras. Están listos cuando pasan de verde a marrón oscuro o negro y el conjunto se abre en estrella. Basta un golpe de viento o un roce para que se dispersen.
La solución de campo es sencilla: ata una bolsa de papel —nunca de plástico, que condensa— sobre las cabezuelas más maduras y déjala una semana. Recoges lo que la planta suelte sin tener que acertar el día. Si prefieres cortar a mano, hazlo cada dos o tres días durante todo septiembre; la planta va escalonando la maduración y así recoges de las mejores flores.
Descarta los aquenios claros, planos o blandos: son semillas vanas, sin embrión, y no germinarán. Los buenos son firmes, oscuros y con peso. Conservan bien tres años.
Ojo con una diferencia de especie que confunde a la hora de sembrar: el Cosmos bipinnatus es el alto de flor plana blanca, rosa o carmín, con hoja finísima muy dividida; el Cosmos sulphureus es más bajo, de flor naranja o amarilla intensa, hoja más ancha y semilla algo más corta y espinosa. No se cruzan entre sí, así que puedes tener los dos juntos y guardar semilla de ambos sin mezclar linajes. Lo que sí se cruzan son las variedades dentro de cada especie.
La siembra va después de las últimas heladas, de abril a mayo, apenas cubierta con medio centímetro de tierra. Germina en 7 a 10 días con calor. Un aviso que ahorra decepciones: el cosmos florece más y mejor en suelo pobre y sin abonar. Con estiércol o abono nitrogenado se dispara a metro y medio de hoja espectacular y da cuatro flores contadas.
Alhelí: dos plantas con el mismo nombre
Cuando alguien dice alhelí puede estar hablando de dos crucíferas distintas. Matthiola incana es el alhelí de jardín o encarnado, de hoja gris aterciopelada, espigas densas de flores blancas, malvas o rosas y perfume dulce muy fuerte al atardecer. Erysimum cheiri, antes llamado Cheiranthus cheiri, es el alhelí amarillo o de muro, de hoja verde estrecha y flores amarillas o anaranjadas, el que crece en las grietas de las tapias viejas. Los dos dan silicuas, los dos se recolectan igual, pero no son la misma planta ni se cruzan entre sí.
El fruto es una silicua larga y estrecha, de cinco a diez centímetros, que se forma de abajo arriba en la espiga. Recolecta cuando la vaina está seca y de color paja, pero antes de que se abra en dos valvas por sí sola. Al abrirla verás una hilera de semillas planas, pardas y con un reborde membranoso fino, como un ala. Corta la espiga entera con las silicuas, métela en bolsa de papel y termina el secado dentro; abrirán solas y la semilla quedará en el fondo.
Con el alhelí de jardín hay una particularidad que conviene saber: las flores dobles son estériles. Los estambres se han convertido en pétalos y esas plantas no producen semilla. Toda la semilla que recojas vendrá de las plantas de flor simple, y de ella saldrá una mezcla de simples y dobles. En las series comerciales llamadas seleccionables las plántulas de flor doble se distinguen en el semillero por tener cotiledones más grandes y un verde más pálido cuando se cultivan unos días en frío, en torno a 10 °C; ese es el truco de los viveros para descartar las simples. En casa lo normal es aceptar la mezcla y quedarse con las que gusten.
Una advertencia concreta sobre el alhelí amarillo: Erysimum cheiri contiene cardenólidos —glucósidos cardiotónicos del mismo grupo que los de la digital— en toda la planta y de forma especialmente concentrada en la semilla. No es comestible, no debe usarse en infusión ni en preparados caseros y conviene mantener la semilla recolectada lejos de niños y animales. Etiqueta el sobre con claridad si guardas semillas de flor y de huerto en la misma caja; una semilla plana y parda se parece bastante a otra semilla plana y parda.
La siembra se hace de mayo a julio para plantar en otoño y florecer en primavera, que es su ciclo natural: Matthiola incana se comporta como bienal o anual de invierno, y en el litoral y el sur peninsular pasa el invierno sin problema. Necesita luz para germinar, así que se siembra en superficie o apenas cubierta.
Azulejo (Centaurea cyanus)
Aciano, azulejo, escobilla: la flor azul del trigal, hoy rara en los campos por los herbicidas y frecuente en los jardines. La semilla se forma dentro de la cabezuela, que al madurar se seca hasta quedar del color de la paja y se abre por arriba. Dentro encontrarás aquenios de unos cuatro milímetros, grisáceos o crema, brillantes, coronados por un penacho corto de pelos rígidos que hace de paracaídas rudimentario.
El punto de recolección se reconoce fácil: la cabezuela deja de estar verde en la base y empieza a abrirse por la punta como un pincel. Si esperas a que el vilano asome del todo, el viento ya se ha llevado parte. Corta las cabezuelas con unos centímetros de tallo y sécalas boca abajo en manojo dentro de una bolsa de papel, o desgránalas a mano sobre un plato hondo. Los aquenios salen limpios frotando suavemente entre las palmas y soplando el vilano y los restos de brácteas.
Guarda solo los aquenios llenos y firmes, que en el aciano son fáciles de separar por peso: si soplas suave sobre el plato, la paja y las semillas vanas salen volando y las buenas se quedan. Duran unos tres años en buenas condiciones.
Aquí la época de siembra marca la diferencia de verdad. Sembrado en otoño, de septiembre a noviembre, el azulejo hace roseta, pasa el invierno y florece en abril y mayo con tallos altos y muchísima flor. Sembrado en primavera florece más tarde, más bajo y se agosta con el primer golpe de calor de junio. En casi toda la Península la siembra otoñal es netamente superior. Se siembra a voleo directamente en su sitio y se cubre a un centímetro, porque no le gusta el trasplante: la raíz pivotante se resiente y la planta queda coja. Y como la caléndula, se resiembra sola si dejas dos o tres cabezuelas sin recolectar.
Secado, limpieza y conservación
Lo que mata la semilla guardada es la humedad y el calor, en ese orden. Una regla práctica que usan los bancos de semillas caseros: la suma de la humedad relativa en porcentaje y la temperatura en grados centígrados debe quedar por debajo de 55 aproximadamente. Un armario a 18 °C y 35 % de humedad cumple; un cajón de la cocina en agosto, no.
Termina el secado en interior, sobre papel o en bandejas, en sombra y con aire, entre siete y diez días. Nada de horno, nada de sol directo y nada de radiador: por encima de 35 °C el embrión se daña. Limpia lo que puedas de restos vegetales, porque la paja retiene humedad y es donde empieza el moho.
Guarda en sobres de papel o cajitas de cartón, nunca en bolsa hermética de plástico si no estás seguro de que la semilla está completamente seca. Etiqueta con especie, variedad, color y año de recolección; en marzo no vas a acordarte. Si quieres conservar más allá de tres años, un tarro de cristal con cierre y un sobrecito de gel de sílice dentro del frigorífico funciona bien, sacándolo a temperatura ambiente antes de abrirlo para que no condense sobre la semilla fría.
Y un gesto que ahorra un semillero entero: en enero, cuenta veinte semillas, ponlas entre dos hojas de papel de cocina húmedo dentro de un táper y déjalas en un sitio templado. En dos semanas sabrás cuántas germinan de veinte y podrás ajustar la densidad de siembra en lugar de descubrir en abril que el lote estaba muerto.
En resumen
Las cuatro se recolectan en el punto en que el fruto está seco y pajizo pero todavía cerrado. La caléndula avisa con la corona de aquenios curvos y sus semillas exteriores son las mejores; el cosmos se desgrana al menor roce y conviene embolsarlo en la planta; el alhelí se recoge con la silicua entera antes de que abra, sabiendo que la semilla solo la dan las flores simples; el azulejo se corta cuando la cabezuela se abre como un pincel. Guarda semilla de variedades de polinización abierta, no de híbridos F1, en sobre de papel, seco, fresco y etiquetado con el año. En el calendario peninsular, caléndula y azulejo van sembrados en otoño y el cosmos después de las heladas. Y con el alhelí amarillo, Erysimum cheiri, recuerda que la semilla contiene cardenólidos: se guarda para sembrar, no para nada más.