Si buscas qué nitrato es bueno para tus plantas, la respuesta corta es que el nitrato en sí es siempre el mismo: el ion NO3-, la forma en la que la raíz absorbe casi todo el nitrógeno que consume una planta. Lo que cambia de un abono a otro es el elemento que acompaña al nitrato, y por eso en las tiendas encuentras nitrato cálcico, nitrato potásico, nitrato magnésico y nitrato amónico. Elegir uno u otro es, en realidad, elegir si quieres aportar calcio, potasio, magnesio o más nitrógeno junto al nitrato.
La segunda cosa que conviene saber antes de comprar nada es que el nitrato es el nutriente más fácil de perder de todos. Se disuelve en el agua y se va con ella, hacia abajo, fuera del alcance de las raíces y camino del acuífero. Eso condiciona todo lo demás: cuándo abonar, cuánto y por qué es mejor repartir que dar una dosis grande de golpe.
Qué es un nitrato y por qué la planta lo toma así
El aire que rodea la planta es casi un 80% nitrógeno, pero en forma de gas (N2) no le sirve de nada. Solo lo aprovechan las plantas que viven en simbiosis con bacterias fijadoras, es decir, las leguminosas, con sus nódulos en la raíz. El resto depende del nitrógeno que haya en el suelo en forma mineral.
Ese nitrógeno mineral aparece por dos vías. Una es la materia orgánica: cuando el estiércol, el compost o los restos vegetales se descomponen, el nitrógeno orgánico se libera como amonio. La otra es el abono que añades tú. A partir del amonio, dos grupos de bacterias del suelo hacen el resto del trabajo en un proceso llamado nitrificación: primero el amonio pasa a nitrito y después el nitrito pasa a nitrato. Es un proceso biológico, así que depende de la temperatura y de que el suelo esté airado y húmedo. En invierno se ralentiza mucho, y en un suelo encharcado y sin oxígeno se para.
Por eso el nitrato es la forma que acaba predominando en un suelo de huerto o de jardín en temporada, y por eso la planta está adaptada a absorberlo por esa vía. Entra en la raíz disuelto en el agua y sube con la savia hasta la hoja, donde se reduce y se incorpora a los aminoácidos y a las proteínas.
Nitrato, amonio y urea: no son lo mismo
Los tres aportan nitrógeno, pero se comportan de forma distinta en el suelo, y ahí está la diferencia práctica.
| Forma | Disponibilidad | Cómo se pierde |
|---|---|---|
| Nitrato | Inmediata, la planta lo absorbe tal cual | Se lava con el agua de riego y de lluvia |
| Amonio | Se absorbe, pero buena parte se nitrifica antes | Se pierde menos por lavado y tiende a acidificar |
| Urea | Necesita hidrolizarse primero | Se volatiliza como amoniaco si queda en superficie |
El amonio lleva carga positiva, así que el complejo arcilloso-húmico del suelo lo retiene y queda menos expuesto al lavado. El inconveniente es que al nitrificarse acidifica, algo que en los suelos calizos del este y del sur de España no es un problema sino una ventaja, pero que en un suelo ácido del norte atlántico puede acabar pasándose. La urea necesita que la enzima ureasa la transforme, y si la dejas en la superficie de un suelo calizo y seco pierdes una parte en forma de gas antes de que llegue a la raíz: por eso la urea se entierra o se riega después de aplicarla.
Los nitratos que vas a encontrar y qué aporta cada uno
- Nitrato cálcico. Nitrógeno en forma de nitrato más calcio soluble. El calcio forma parte de la pared celular, y cuando falta aparecen problemas en los tejidos que crecen rápido y en el fruto. Es muy higroscópico: si el saco se queda abierto, absorbe la humedad del aire y se apelmaza.
- Nitrato potásico. Nitrógeno y potasio en el mismo abono, sin cloro y sin sulfato. Es el más usado en fertirrigación y en plantas en maceta, y encaja bien en la fase de floración y de engorde de fruto, cuando el consumo de potasio sube.
- Nitrato magnésico. Aporta magnesio, que es el átomo central de la molécula de clorofila. Interesa cuando hay carencia de magnesio confirmada, que se ve como un amarilleo entre los nervios de las hojas más viejas.
- Nitrato amónico. Mitad nitrato, mitad amonio, así que combina efecto rápido y algo más de permanencia. Ojo con la venta: el nitrato amónico con un 16% o más de nitrógeno procedente de nitrato amónico está restringido al público general por el Reglamento (UE) 2019/1148, sobre comercialización y utilización de precursores de explosivos.
- Nitrato de sodio, el llamado nitrato de Chile. Aporta nitrato, sí, pero el acompañante es sodio, que la planta no necesita y que en suelos salinos o con riego de agua dura acaba sumando al problema. Salvo cultivos muy concretos, hoy no hay motivo para elegirlo en un jardín.
Traducido a decisiones: si el suelo ya tiene potasio de sobra, no hace falta insistir con nitrato potásico. Si lo que buscas es solo un empujón de nitrógeno, cualquiera de los nitratos lo da. Y si el suelo está bien de todo, no abones.
Lo que ningún artículo de abono cuenta: el nitrato se lava
El nitrato lleva carga negativa, igual que las partículas de arcilla y de humus, así que el suelo no lo retiene: se queda en el agua que circula entre los poros. Cuando llueve fuerte o riegas de más, ese agua baja y el nitrato baja con ella. Primero por debajo de la zona de raíces, donde ya no sirve, y después hasta el agua subterránea.
No es un detalle teórico. La contaminación por nitratos del agua subterránea es un problema real en buena parte de España, con acuíferos afectados en zonas de regadío intensivo, y está regulado desde hace décadas: la Directiva 91/676/CEE, conocida como Directiva de Nitratos, obliga a los estados a identificar las aguas afectadas y a declarar zonas vulnerables, y en España son las comunidades autónomas las que las declaran y aprueban los programas de actuación que limitan cuánto y cuándo se puede aportar nitrógeno. En agua de consumo el límite es de 50 mg/l de nitrato.
Esto afecta al que abona un huerto pequeño mucho menos que a una explotación de regadío, pero la lógica es la misma y la consecuencia práctica también: el nitrato que se lava no lo aprovecha tu planta y sí acaba donde no debe.
De ahí sale lo que hay que hacer
Nada de dosis en gramos, porque la dosis correcta es la de la etiqueta del envase y depende de la riqueza del producto, del cultivo y del suelo. Lo que sí se puede decir es cómo repartirla.
- Poco y muchas veces antes que mucho de una vez. Con nitratos, una aportación grande de golpe es una invitación a que la mitad se pierda con el primer riego largo.
- No abones justo antes de una lluvia fuerte ni antes de un riego copioso. En otoño, con el terreno a punto de recibir semanas de agua, aportar nitrato es tirarlo.
- Acompasa el abonado al crecimiento. En el clima mediterráneo eso significa aportar en el arranque de primavera y durante el cultivo, y aflojar cuando la planta se para por el calor de julio y agosto o por el frío del invierno. Una planta parada no absorbe.
- En maceta, el sustrato retiene todavía menos que el suelo y cada riego que sale por el agujero se lleva abono. Ahí el abonado líquido diluido y frecuente tiene sentido de verdad.
- No dejes el suelo desnudo fuera de temporada. Una cubierta vegetal o un abono verde toma el nitrato que queda libre y lo devuelve al ciclo al incorporarlo, en vez de dejar que se lave.
- Cuenta la materia orgánica. El compost y el estiércol maduro liberan nitrógeno poco a poco, al ritmo de las bacterias, y ese goteo se ajusta mejor a la planta que cualquier sal soluble. Si abonas con materia orgánica, resta esa aportación antes de añadir nitratos.
Cuándo falta nitrógeno y cuándo sobra
La carencia se ve como un amarilleo general que empieza por las hojas más viejas y de abajo, con crecimiento corto y hojas pequeñas. El nitrógeno es móvil dentro de la planta, así que la planta lo retira de las hojas antiguas para dárselo a las nuevas, y por eso el síntoma aparece por abajo. No lo confundas con la clorosis férrica de los suelos calizos, que amarillea las hojas nuevas y deja los nervios verdes.
El exceso es más traicionero porque a primera vista parece buena señal: mucha hoja, verde muy oscuro, brotes largos y blandos. Esa vegetación tierna atrae al pulgón, aguanta peor el hongo y a menudo florece y cuaja menos, porque la planta está invirtiendo en hoja. En maceta, además, el exceso de sales quema las puntas de las raíces. Y en hortalizas de hoja hay un motivo más: la espinaca, la lechuga y la rúcula acumulan nitrato en la hoja, y de hecho el Reglamento (CE) 1881/2006 fija contenidos máximos de nitrato para estos productos.
En resumen
Todos los nitratos que se venden aportan el mismo nitrato, así que la pregunta útil no es cuál es mejor sino qué más quieres aportar con él: calcio con el nitrato cálcico, potasio con el potásico, magnesio con el magnésico, más nitrógeno con el amónico. El nitrato de sodio no tiene ventaja en un jardín, y el nitrato amónico de alta riqueza tiene la venta restringida al público general.
Y lo que de verdad marca la diferencia no es la marca del saco, sino el manejo. El nitrato es muy soluble, el suelo no lo sujeta y se va con el agua hasta el acuífero, con una regulación detrás que viene de la Directiva de Nitratos. Abona poco y repartido, hazlo cuando la planta esté creciendo, no antes de una tormenta ni de un riego largo, mantén el suelo cubierto fuera de temporada y sigue siempre la dosis de la etiqueta.