Flores que la industria cosmética usa de verdad, y no de adorno en la etiqueta, hay pocas: la rosa, el azahar, la lavanda y el lavandín, la manzanilla, la caléndula, el jazmín y el ylang ylang. Todas las demás que ves en un envase suelen entrar como extracto en cantidad pequeña o como colorante. Las que sostienen una industria son esas, y cada una se procesa de una forma concreta para obtener un producto concreto.
Este artículo va de eso: qué flor da qué material, cómo se extrae y por qué unos productos cuestan cien veces más que otros. No vas a encontrar aquí para qué sirve cada una sobre la piel, porque eso es una afirmación que hay que demostrar y no una cosa que se cuente de pasada. Lo que sí es interesante, y bastante, es la química.
Qué se saca de cada flor
| Flor | Qué se obtiene | Cómo |
|---|---|---|
| Rosa (Rosa damascena, Rosa centifolia) | Aceite esencial, agua de rosas, absoluto | Destilación por arrastre de vapor y extracción con disolvente |
| Azahar (Citrus aurantium) | Neroli, agua de azahar, absoluto | Destilación y extracción |
| Lavanda y lavandín (Lavandula angustifolia, Lavandula x intermedia) | Aceite esencial | Destilación por arrastre de vapor |
| Manzanilla (Matricaria chamomilla, Chamaemelum nobile) | Aceite esencial, extracto | Destilación y extracción |
| Caléndula (Calendula officinalis) | Oleato, extracto | Maceración en aceite vegetal |
| Jazmín (Jasminum grandiflorum) | Absoluto | Extracción con disolvente |
| Ylang ylang (Cananga odorata) | Aceite esencial en fracciones | Destilación fraccionada |
Los tres métodos de extracción
La destilación por arrastre de vapor es el más común. Se pasa vapor de agua por la masa vegetal, el vapor arrastra los compuestos volátiles, la mezcla se condensa en un serpentín y al enfriarse se separa en dos fases: arriba el aceite esencial, que no se mezcla con el agua, y debajo el agua de la destilación. Esa agua no se tira: es el hidrolato o agua floral, y lleva disueltos los compuestos más solubles. El agua de rosas y el agua de azahar salen de ahí.
La maceración en aceite no es destilación ni extracción propiamente dicha: es una disolución. Los compuestos liposolubles de la flor pasan a un aceite vegetal por contacto, en frío durante semanas o con calor suave durante horas. El resultado es un oleato, que es aceite vegetal con algo de la flor dentro, no un aceite esencial. El de caléndula es el ejemplo de manual. Un oleato es muchísimo menos concentrado que un esencial, y eso no es un defecto: es una categoría distinta de producto.
La extracción con disolvente se usa cuando la flor no aguanta el vapor. El jazmín es el caso claro: el calor de la destilación destruye su aroma, así que se lava la flor con un disolvente volátil, se evapora y queda una pasta cérea llamada concreto, mezcla de aromáticos y de ceras de la flor. Ese concreto se lava después con alcohol, que disuelve lo aromático y deja las ceras fuera, y al evaporar el alcohol queda el absoluto. Es el producto más caro y el que huele más parecido a la flor viva.
Quedan dos métodos más. El enfleurage, que consistía en poner las flores sobre grasa fría hasta que la grasa se saturaba de aroma, ya no se usa industrialmente: era buenísimo y carísimo, y lo sustituyó el disolvente. Y la extracción con CO2 supercrítico, que es moderna: dióxido de carbono a presión alta se comporta como un disolvente, arrastra los compuestos y al bajar la presión se evapora del todo y no deja residuo. Es cara en equipo pero muy limpia.
Por qué el aceite de rosa cuesta lo que cuesta
Porque el rendimiento es ridículo. Hacen falta varias toneladas de pétalos de rosa para obtener un kilo de aceite esencial, y esos pétalos se recogen a mano, de madrugada, porque el contenido en aromáticos baja según avanza el día y sube la temperatura. La rosa se cosecha en unas pocas semanas al año y hay que destilarla en horas, no en días. Multiplica mano de obra, ventana estrecha de cosecha y rendimiento bajísimo y tienes el precio.
En el otro extremo está el lavandín, que es un híbrido entre la lavanda fina y el espliego. Es más grande, produce muchísima más biomasa, se cosecha a máquina y su rendimiento en aceite es varias veces el de la lavanda fina. Por eso el aceite de lavanda de precio bajo casi siempre es lavandín, y por eso el perfil de olor de uno y otro no es el mismo: el lavandín lleva más alcanfor y resulta más áspero.
Qué se cultiva en España
Más de lo que parece. La comarca de la Alcarria, en Guadalajara, tiene una superficie considerable de lavandín y lavanda, con Brihuega como centro conocido, y de ahí sale aceite esencial destilado en la propia zona. Hay cultivo también en Albacete, en Cuenca y en Teruel. Es un cultivo que encaja bien en secano de interior, con inviernos fríos y veranos secos, y que ha crecido en los últimos años.
El azahar tiene otra historia. El naranjo amargo del Levante y de Murcia da la flor de la que sale el agua de azahar, que en España es antes un producto de confitería y de repostería que un producto de perfumería, aunque el neroli de perfumería sale de la misma flor. Aquí se recoge cuando florece el naranjo, entre finales de invierno y primavera según el año y la zona, y ese olor ocupa pueblos enteros durante unos días.
Y hay un producto español clásico que no es una flor pero que vive en el mismo sector: el ládano de la jara pringosa (Cistus ladanifer), una resina que se extrae de las hojas y ramillas en las jarales de Extremadura y del suroeste, y que se usa como fijador en perfumería. Si alguna vez has olido una jara al sol en agosto, ya sabes a qué huele.
Natural no significa suave
Merece la pena decirlo porque la publicidad empuja en la dirección contraria. Varios de los componentes que aparecen de forma natural en estos extractos están en la lista de alérgenos de declaración obligatoria del Reglamento (CE) 1223/2009: linalol y acetato de linalilo en la lavanda, geraniol y citronelol en la rosa, limoneno en los cítricos, eugenol en el clavo. Se declaran en la etiqueta precisamente porque son causa conocida de dermatitis de contacto en personas sensibilizadas.
Y hay un caso concreto de riesgo bien documentado: los aceites esenciales obtenidos por presión de la corteza de cítricos llevan furocumarinas, que son fotosensibilizantes. Aplicados sobre la piel y expuestos después al sol producen quemaduras y manchas que tardan meses en desaparecer. Por eso el bergapteno está restringido en la normativa cosmética europea.
Lo que la etiqueta puede y no puede decir
Que un cosmético lleve rosa no autoriza a decir de él cualquier cosa. El Reglamento (UE) 655/2013 establece los criterios comunes que toda reivindicación de un producto cosmético tiene que cumplir en la Unión Europea, y el primero es la veracidad con apoyo experimental: si se afirma un efecto, hay que poder demostrarlo con pruebas adecuadas. Los demás criterios son honradez, equidad y que el consumidor pueda tomar una decisión con conocimiento de causa.
Por eso aquí no hay una lista de para qué sirve cada flor. Lo que sí es cierto y comprobable es lo otro: que la rosa da agua floral y absoluto, que el jazmín no aguanta el vapor, que el lavandín rinde más que la lavanda fina, y que la caléndula se trabaja en aceite y no en alambique.
En resumen
Las flores que sostienen la cosmética y la perfumería son un puñado, y cada una tiene su método: destilación por arrastre de vapor para lavanda, rosa y azahar, maceración en aceite para la caléndula, extracción con disolvente para el jazmín y todo lo que el calor estropea. El precio de cada producto lo explica el rendimiento y el modo de cosecha, no el envase.
España produce más materia prima de la que se supone, con el lavandín de la Alcarria y el azahar del Levante como ejemplos claros. Y conviene tener presente que natural no es sinónimo de inofensivo: varios componentes de estos extractos figuran como alérgenos de declaración obligatoria en el Reglamento (CE) 1223/2009, y los esenciales de cítricos manchan la piel si te da el sol después.