Un pensamiento plantado en octubre en un jardín de Burgos puede amanecer a −10 °C con la flor rígida y congelada, y a media mañana, cuando el sol la descongela, seguir intacta. Un tagete plantado a su lado, en cambio, se queda negro con la primera helada de noviembre y ya no se recupera. Las dos son plantas de temporada que se venden juntas en el mismo expositor del vivero, y esa diferencia de comportamiento es exactamente lo que hay que entender antes de comprar nada para el invierno.

Aguantar el frío no es una sola cosa. Hay plantas que sobreviven al invierno pero no florecen hasta marzo; hay plantas que florecen precisamente en frío y se estropean en cuanto aprieta el calor; y hay plantas que pierden la parte aérea con la primera helada pero conservan raíz, bulbo o tubérculo bajo tierra y vuelven solas. Confundir estas tres categorías es lo que hace que en diciembre haya arriates vacíos que podrían estar llenos de flor.

Qué significa exactamente que una flor resista el frío

El dato que se suele buscar es la temperatura mínima que tolera la planta, y es un dato útil, pero incompleto. Hay cuatro factores que modifican esa cifra en cualquier dirección:

La duración de la helada. No es lo mismo bajar a −4 °C durante dos horas antes del amanecer que quedarse en −4 °C treinta y seis horas seguidas, con el suelo helado y la planta incapaz de absorber agua. La segunda situación mata plantas que la primera no despeina. Por eso las mismas especies se comportan de manera distinta en Ávila y en Valencia aunque el termómetro marque lo mismo una noche concreta.

La aclimatación previa. Una planta que ha ido notando cómo bajan las temperaturas desde septiembre acumula azúcares en los tejidos y baja el punto de congelación de su savia. Ese mismo ejemplar sacado de un invernadero a 15 °C y plantado en el jardín un 20 de diciembre se hiela con −2 °C. Cuando compres planta de invierno, pregunta si ha estado al exterior; si venía de invernadero, déjala una semana en un lugar protegido pero fresco antes de plantarla definitivamente.

La maceta. Las raíces son bastante menos resistentes que la parte aérea: un pensamiento cuya flor aguanta −10 °C tiene raíces que empiezan a sufrir en torno a −5 °C. En pleno suelo eso da igual, porque la tierra es una inercia térmica enorme y a 15 cm de profundidad rara vez se hiela en la mayor parte de la Península. En una maceta de plástico de 20 cm expuesta al norte, el cepellón entero alcanza la temperatura del aire. Agrupa las macetas contra un muro, súbelas del suelo sobre unas tablas y, si la ola de frío es seria, envuelve el tiesto (no la planta) con un plástico de burbujas.

El drenaje. En invierno se pierden más plantas por asfixia radicular que por congelación. Una tierra pesada y encharcada en enero, con el sustrato saturado y sin evaporación, pudre el cuello de la planta en dos semanas. Si tu suelo es arcilloso, planta en caballón elevado o mezcla arena gruesa y compost antes de plantar. Y baja mucho el riego: en diciembre, con el suelo húmedo de lluvia, no se riega.

Pensamientos en flor durante el invierno

Las que florecen de verdad en pleno invierno

Este es el grupo interesante, porque no solo sobrevive: da color entre noviembre y marzo, que es cuando el jardín lo necesita.

Pensamientos y violas (Viola × wittrockiana y Viola cornuta). El caballo de batalla del invierno español. Plantados en octubre, florecen sin interrupción hasta que las temperaturas superan los 25 °C de forma sostenida, momento en el que se ahílan y hay que retirarlos. Toleran −10 °C y en zonas de interior he visto matas pasar por −12 °C con daño en las flores abiertas pero no en la planta. Las violas de flor pequeña (V. cornuta) aguantan más frío, más lluvia y más viento que los pensamientos de flor grande, cuyas corolas de ocho centímetros se destrozan con un aguacero. Si tu invierno es húmedo y ventoso, elige viola. Pinza las flores marchitas cada semana: si dejas que cuaje semilla, la planta reduce la floración drásticamente.

Prímulas (Primula vulgaris, Primula × polyantha, Primula acaulis en el argot comercial). Florecen de diciembre a abril y toleran en torno a −8 o −10 °C una vez asentadas. Su problema no es el frío, es el sol: son plantas de sotobosque y en una solana de Andalucía se queman en febrero. Colócalas a media sombra o bajo la copa de un árbol caduco, donde reciban luz de invierno pero queden protegidas en primavera. La Primula vulgaris silvestre, la de flor amarillo pálido, es perenne fiable y se naturaliza; los híbridos de colores chillones que se venden en maceta en enero suelen comportarse como anuales y se agotan al segundo año.

Alhelí (Erysimum cheiri, antes Cheiranthus cheiri). Bienal leñosa, muy rústica, que florece de febrero a mayo con un perfume denso a clavo que se nota a varios metros. Aguanta el frío, la sequía y los suelos pobres y calizos; lo que no aguanta es el riego abundante. Se siembra en verano para florecer al invierno siguiente.

Bellis (Bellis perennis). La margarita de pradera en versión de flor doble. Rústica hasta −12 °C, muy sufrida, ideal para bordes bajos y para mezclar con bulbos, porque tapa el suelo mientras los narcisos emergen.

Eléboros (Helleborus niger, Helleborus × hybridus). La flor de invierno por excelencia en zonas frías: abre entre diciembre y marzo, aguanta −15 °C sin inmutarse y vive décadas en el mismo sitio. Quiere sombra fresca, suelo con materia orgánica y algo de caliza. En verano andaluz o levantino sufre bastante; es planta para el norte, la meseta y zonas de montaña. Toda la planta es tóxica por ingestión, conviene saberlo si hay niños pequeños o perros que roan.

Ciclamen resistente (Cyclamen coum, Cyclamen hederifolium). Aquí hay que separar dos plantas que se llaman igual. El ciclamen de floristería (Cyclamen persicum) es de origen mediterráneo oriental y tolera helada ligera, pero por debajo de −3 o −4 °C se colapsa; es planta de interior fresco o de terraza en clima suave. C. coum y C. hederifolium, de flor mucho más pequeña, son especies de jardín que aguantan por debajo de −15 °C, se naturalizan bajo los árboles y florecen en enero y en otoño respectivamente. Si quieres ciclamen que dure años en el jardín, es una de estas dos y hay que pedirla por su nombre científico.

Brezos (Erica carnea, Calluna vulgaris). Erica carnea florece de diciembre a abril, tolera −20 °C y, a diferencia de casi todos los brezos, admite suelos con algo de cal. Es la opción cuando quieres masa de color de bajo mantenimiento en clima frío.

Bulbos: el frío no los daña, lo necesitan

Los bulbos de floración invernal y primaveral no toleran el frío: dependen de él. Tulipanes, jacintos, narcisos y crocus necesitan un periodo de varias semanas por debajo de 9 °C para que el embrión floral se desarrolle. Sin ese frío, la planta emite hojas y no flor.

Esto tiene una consecuencia práctica en el sur y en la costa mediterránea: los tulipanes plantados en Málaga o en Alicante suelen florecer mal el primer año y no repetir el segundo, porque el suelo no baja lo suficiente. La solución para los tulipanes es tratarlos como anuales y darles frío artificial, guardando los bulbos entre seis y ocho semanas en el cajón de las verduras de la nevera antes de plantarlos en diciembre. Ojo: nunca junto a manzanas o peras, porque el etileno que desprenden aborta el botón floral dentro del bulbo.

Los narcisos (Narcissus) son mucho más agradecidos y hay especies ibéricas adaptadas al clima seco que se naturalizan sin problema. Los crocus florecen en febrero atravesando la escarcha, y las campanillas de invierno (Galanthus nivalis) son probablemente la flor más resistente al frío que puedes plantar: abren con nieve en el suelo y aguantan por debajo de −20 °C. Plántalos en septiembre u octubre, a una profundidad de dos o tres veces la altura del bulbo, y no cortes las hojas después de la floración hasta que amarilleen solas: es cuando el bulbo recarga reservas para el año siguiente.

Vivaces que desaparecen y vuelven

Aquí entran las plantas que en invierno parecen muertas y no lo están. Cortarlas o arrancarlas por creerlas perdidas es un desperdicio muy común.

Asteres (Symphyotrichum novi-belgii, Aster amellus, Aster dumosus). Florecen de septiembre a noviembre, justo cuando el jardín se apaga, y aguantan las primeras heladas con la flor abierta. Después la parte aérea se seca por completo y la mata rebrota de la cepa en marzo. Son rústicos hasta −20 °C. Divide la mata cada tres años en primavera: si no lo haces, el centro se apelmaza, se queda sin flor y aparecen problemas de oídio. Nota de nomenclatura: la mayoría de los asteres americanos de jardín ya no se llaman Aster botánicamente, pero en vivero los seguirás encontrando así.

Crisantemos (Chrysanthemum × morifolium). Los crisantemos de jardín son vivaces rústicas hasta −15 °C aproximadamente, con la matización de que la resistencia depende mucho del cultivar y de que el suelo drene. Florecen de octubre a diciembre porque son plantas de día corto: necesitan noches largas para inducir la floración, y por eso una farola o una luz de porche encendida toda la noche junto al arriate puede retrasarles la flor semanas. Los crisantemos que se venden en maceta para el 1 de noviembre, ya cargados de flor y forzados en invernadero, no están aclimatados; si los quieres pasar al jardín, hazlo cuando termine la floración y protégelos el primer invierno.

Anémonas de flor (Anemone coronaria). Se plantan los rizomas en otoño y florecen de febrero a abril en casi toda la Península. Toleran heladas moderadas; en la meseta conviene una manta de acolchado.

Anuales de invierno que se siembran antes de que llegue el frío

La caléndula (Calendula officinalis) sembrada en septiembre florece todo el invierno en clima mediterráneo y aguanta heladas ligeras, hasta unos −5 °C. El aliso de mar (Lobularia maritima) tapiza el suelo, florece con temperaturas bajas y se resiembra solo. El alelí de invierno (Matthiola incana) da espigas perfumadas de febrero a mayo. El boca de dragón (Antirrhinum majus), que se vende como anual de verano, es en realidad una vivaz de vida corta que en el sur de España pasa el invierno sin problema y florece antes que casi nadie en primavera. Y los nomeolvides (Myosotis sylvatica) sembrados en otoño hacen alfombra azul en marzo bajo los árboles.

Todas estas se siembran o se plantan en septiembre y octubre. Ese es el punto clave: una planta que enraíza en tierra todavía templada llega al invierno con sistema radicular hecho y lo pasa sin daños. La misma planta metida en tierra fría en diciembre no enraíza, se queda parada y muere de deshidratación, no de congelación, porque no puede absorber agua de un suelo helado.

Cuidado con estas: tienen fama de invernales y no la merecen

La dalia (Dahlia spp.). Aparece en muchas listas de flores para el frío y es justo lo contrario: procede de las tierras altas de México y su follaje se ennegrece con la primera helada, a 0 °C o −1 °C. Lo que sí puede pasar el invierno es el tubérculo bajo tierra, y solo donde el suelo no se hiele. En Levante, Andalucía y la costa se pueden dejar en su sitio con un buen acolchado de diez centímetros. En la meseta, en el interior de Castilla o en zonas de montaña hay que arrancar los tubérculos tras la primera helada, dejarlos secar unos días, limpiarlos de tierra y guardarlos en una caja con turba o serrín ligeramente húmedos, a entre 5 y 10 °C, en un lugar oscuro y aireado. Si los guardas totalmente secos se momifican; si los guardas húmedos y sin ventilación se pudren.

El tagete (Tagetes patula, Tagetes erecta). Anual de verano, mexicana y estrictamente sensible a la helada. Florece de mayo a octubre y muere con el primer frío serio. Es una planta excelente por otros motivos —florece sin parar, resiste el calor, y las raíces de Tagetes liberan tiofenos que reducen las poblaciones de nematodos del suelo, por lo que funciona bien intercalada en el huerto— pero no es una flor de invierno. Si la ves en el arriate en noviembre es porque el otoño viene suave, no porque resista.

Tagetes patula en flor

La gerbera y la poinsetia. Las dos se venden en pleno invierno y las dos son tropicales o subtropicales. La flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima) sufre daños por debajo de 12 °C: sacarla al balcón en diciembre para que "coja aire" la desfolia en cuarenta y ocho horas. Que una planta se venda en Navidad no dice nada sobre su rusticidad, solo sobre su calendario comercial.

Arbustos que florecen entre diciembre y febrero

Si buscas estructura y no solo flor de temporada, hay leñosas que resuelven el invierno con muy poco mantenimiento:

El jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) cubre muros con flor amarilla de diciembre a marzo sobre ramas desnudas, y aguanta −15 °C. El hamamelis (Hamamelis × intermedia) abre flores como hebras naranjas o amarillas en enero, con perfume, y es rústico hasta −20 °C, aunque necesita suelo ácido y frescor: en clima seco y calizo no prospera. La madreselva de invierno (Lonicera fragrantissima) da flores discretas y muy perfumadas entre diciembre y febrero. Las camelias (Camellia japonica, Camellia sasanqua) florecen de noviembre a marzo y toleran −10 °C, pero exigen suelo ácido, sombra y humedad ambiental: son planta de la cornisa cantábrica y de Galicia, y en el interior seco dan disgustos. El viburno de invierno (Viburnum tinus), el durillo mediterráneo, florece de noviembre a abril, aguanta la sequía, la caliza y la poda, y es probablemente el arbusto de flor invernal más fácil que se puede plantar en España.

Cómo proteger lo que ya tienes plantado

Acolcha el suelo, no la planta. Cinco a diez centímetros de corteza de pino, paja o compost sobre la superficie amortiguan la oscilación térmica de las raíces y evitan que el suelo se levante con los ciclos de hielo y deshielo, que es lo que descalza las plantas jóvenes. Deja libre el cuello de la planta: si amontonas acolchado contra el tallo, retienes humedad ahí y aparece podredumbre.

No abones en otoño con nitrógeno. El nitrógeno provoca brotación tierna y esa brotación es lo primero que se hiela. Si abonas en septiembre, hazlo con un producto rico en potasio, que endurece los tejidos.

No podes antes del invierno. Podar en octubre estimula brotes nuevos que llegan sin madurar a la primera helada. Salvo en los arbustos de flor de verano, la poda se hace a finales de invierno, cuando ya ha pasado el grueso del frío pero antes de que arranque la vegetación.

La manta térmica, con criterio. El velo de invernada (17-30 g/m²) protege dos o tres grados y deja pasar luz y aire. Se pone la víspera de la helada anunciada y se retira en cuanto suben las temperaturas. El plástico transparente hace lo contrario de lo que se espera: donde toca la hoja, la quema por condensación y congelación, y de día convierte el conjunto en un horno.

Riega la víspera de una helada seca. Contraintuitivo pero cierto: un suelo húmedo acumula más calor durante el día y lo libera de noche, y las raíces hidratadas resisten mejor la desecación por viento helado. Riega a mediodía, nunca al atardecer, y solo si el suelo está seco.

Calendario práctico

Septiembre. Siembra caléndula, alhelí, nomeolvides y aliso. Divide vivaces si el verano ha sido suave.

Octubre. Planta bulbos de narciso, crocus, galanthus y jacinto. Coloca pensamientos, violas, bellis y prímulas: es el mes clave, porque enraízan antes del frío.

Noviembre. Planta tulipanes (más tarde que el resto, para evitar problemas fúngicos). Arranca dalias en zonas frías. Acolcha.

Diciembre a febrero. Riego mínimo. Retira flores marchitas de pensamientos y prímulas. Vigila caracoles y babosas, que en inviernos húmedos siguen activos y arrasan las prímulas recién plantadas.

Finales de febrero y marzo. Poda de arbustos, división de asteres y crisantemos, primer abonado de la temporada.

En resumen

Para tener flor entre noviembre y marzo en la mayor parte de España, la combinación que funciona es pensamientos y violas como color de fondo, prímulas a media sombra, bulbos plantados en octubre para el relevo de febrero y marzo, y uno o dos arbustos de flor invernal —viburno, jazmín de invierno— que den estructura sin trabajo. En clima frío y húmedo, añade eléboros y Erica carnea; en clima mediterráneo seco, caléndula y alhelí.

Planta en octubre, no en enero: la diferencia entre una planta que pasa el invierno y otra que se pierde suele estar en si tuvo tiempo de enraizar. Cuida el drenaje más que la temperatura, porque en invierno el agua estancada mata más que la escarcha. Y no des por rústica una planta solo porque la veas en el vivero en diciembre: la dalia, el tagete y la flor de Pascua comparten expositor con los pensamientos y no comparten en absoluto su tolerancia al frío.


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