Del cáñamo se aprovecha casi todo, y la lista de derivados no tiene nada de esotérico: fibra del líber del tallo, cañamiza de la parte leñosa interior, y semilla, que da grano y aceite. Todo lo demás (cuerda, tejido, papel, paneles de aislamiento, morteros aligerados, piezas de plástico reforzado, lecho para animales) sale de una de esas tres cosas. Esta página va de eso, de materiales, y no de salud.
Conviene aclararlo porque este tema suele venir mezclado con reclamos. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para el cannabidiol ni para los extractos de cannabis, así que aquí no vas a leer que el cáñamo cure nada. Lo que sí tiene es una utilidad industrial larga y comprobable, y una historia en España que empieza en los arsenales y en las cordelerías.
De qué parte de la planta sale cada cosa
El tallo del cáñamo tiene dos materiales muy distintos, y separarlos es el primer paso de todo lo demás. Por fuera, en el líber, están las fibras largas, tenaces y poco elásticas. Por dentro queda un tejido leñoso que al romperse da astillas ligeras, la cañamiza, también llamada agramiza. En peso, la cañamiza suele ser la fracción mayor del tallo, lo que explica por qué los usos que la aprovechan pesan tanto en la cuenta económica del cultivo.
Aparte del tallo está la semilla, que en realidad es un aquenio, y de ella salen el grano pelado y el aceite de prensado. Y queda un cuarto flujo, el de las inflorescencias y las hojas, que es justo el que arrastra toda la complicación legal y del que esta página no se ocupa.
La fibra: del tallo al hilo
Sacar la fibra del tallo es un proceso de varios pasos con nombres propios que siguen vivos en el castellano. Primero el enriado, que consiste en dejar que la humedad y los microorganismos degraden las pectinas que pegan la fibra a la leña; se hacía en balsas o extendiendo los tallos en el campo. Después el agramado y el espadado, que quiebran la parte leñosa y la desprenden a golpes, y por último el rastrillado, que peina y separa la fibra larga de la corta.
De ese peinado salen dos calidades. La fibra larga y fina va a hilatura y a tejido. La corta y enredada es la estopa, que durante siglos se usó para calafatear cascos y hoy sigue teniendo empleo en fontanería tradicional para sellar roscas y como relleno. El cañamazo, ese tejido abierto y rígido que dio nombre al soporte del bordado, es otro heredero directo de la fibra basta.
Como fibra textil, el cáñamo es resistente y poco elástico, con buen comportamiento en mojado, lo que la hizo insustituible en cabos, redes y velamen antes de las sintéticas. En ropa da un tejido fresco y de tacto algo rústico que se suaviza con el uso y los lavados, parecido en carácter al lino, que es su competidor histórico en Europa.
Papel y no tejidos
La fibra de cáñamo da una pasta de fibra larga, y eso produce papeles finos con buena resistencia al desgarro. Es la razón por la que se ha usado en papeles técnicos y de gramaje muy bajo, donde la fibra corta de la madera no aguanta. La misma cualidad la hace útil en no tejidos: fieltros, geotextiles para contención de taludes y mantas de acolchado que se degradan en el terreno.
Cañamiza: cama, acolchado y construcción
La cañamiza es ligera, porosa y muy absorbente, y ese perfil la coloca en tres usos claros. Como lecho para animales, sobre todo en caballerizas y en pequeños mamíferos, porque absorbe bien y hace poco polvo. Como acolchado de jardín, donde cubre el suelo, frena la nascencia de hierbas y reduce la evaporación; eso sí, se compacta y se descompone antes que una corteza de pino, así que hay que reponerlo con más frecuencia.
Y como árido vegetal en construcción. Mezclada con un conglomerante de cal se obtiene un material aligerado que se conoce como hormigón de cáñamo, y que no es un hormigón estructural: se usa como relleno y como aislamiento entre un entramado que es el que aguanta la carga. Su interés está en el aislamiento y en la regulación de la humedad del muro, y su límite está justo ahí, en que no sustituye a la estructura.
Aislamiento térmico y acústico
Con fibra corta se fabrican paneles y mantas semirrígidas para aislar cubiertas, tabiques y suelos. Compiten con la lana de oveja, la fibra de madera y la celulosa insuflada dentro del grupo de los aislantes de origen vegetal o animal. Su ventaja frente a un aislante de célula cerrada es que son permeables al vapor, lo que ayuda a que un muro seque, y su punto débil es el precio y el espesor que hay que poner para igualar prestaciones.
Dos cosas que conviene comprobar antes de comprar cualquier aislante de este grupo: la reacción al fuego declarada en el marcado y el tratamiento frente a hongos e insectos, porque son materiales orgánicos. El dato válido es el de la ficha técnica del producto, no la media del material.
Plásticos reforzados y otros usos técnicos
La fibra de cáñamo se usa como refuerzo en composites con matriz plástica, sobre todo en piezas de interior de automoción: paneles de puerta, bandejas y guarnecidos. El motivo es de peso, no de ecología: una fibra vegetal rebaja el peso de la pieza respecto a la fibra de vidrio y reduce la astilla en caso de rotura. Fuera de ahí hay usos menores en materiales de moldeo y en refuerzos de placas.
Semilla, aceite y cosmética
La semilla de cáñamo pelada y el aceite de semilla de cáñamo se comercializan legalmente como alimento en España, y eso se puede decir sin más. Lo que no se puede es atribuirles propiedades: las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables están reguladas y solo se permiten las autorizadas. El aceite de primera presión es delicado y se enrancia con el calor, así que su uso en cocina es en frío.
En cosmética la situación es distinta a la de los alimentos. El cannabidiol sí se admite en productos cosméticos dentro del marco del Reglamento (CE) 1223/2009, siempre que no proceda de extracto o tintura de cannabis en el sentido de las convenciones internacionales sobre estupefacientes. Que se admita en la formulación no significa que se le puedan atribuir efectos: un cosmético no trata dolencias, y cualquier afirmación de ese tipo lo sacaría de su propia categoría legal.
Qué hace falta para cultivarlo
El cáñamo industrial es un cultivo agrícola regulado. Solo se puede sembrar con variedades inscritas en el catálogo común de variedades de especies de plantas agrícolas de la Unión Europea, con contenido de THC por debajo del límite legal, y con comunicación previa a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Además, la fibra y la cañamiza solo tienen salida si hay una planta de desfibrado a distancia razonable: es un material voluminoso y el transporte se come el margen enseguida.
En resumen
El cáñamo da tres materiales y de ellos sale todo lo demás: fibra del líber para hilo, cuerda, estopa, papel de fibra larga y no tejidos; cañamiza de la parte leñosa para lecho animal, acolchado y morteros aligerados de cal; y semilla para grano pelado y aceite. En construcción su papel es de relleno y aislamiento permeable al vapor, nunca estructural, y en plásticos entra como refuerzo para aligerar piezas.
Es un tema industrial y agrícola, y ahí se sostiene solo. En cambio, las propiedades saludables que suelen acompañar a este cultivo no están autorizadas en la Unión Europea, los alimentos con cannabidiol siguen pendientes de autorización como nuevo alimento conforme al Reglamento (UE) 2015/2283, y el cultivo exige variedad inscrita y comunicación previa a la AEMPS.