Si has llegado buscando cómo se hace en casa un jabón con pétalos, un aceite de caléndula o un agua de rosas, lo primero que conviene entender es qué estás fabricando de verdad. Un preparado artesanal con flores es una de estas cuatro cosas: una infusión o destilado en agua, una maceración en aceite, un jabón obtenido por saponificación, o una mezcla seca de pétalos triturados. Cada una se comporta de forma distinta y cada una se estropea de forma distinta.

Y lo segundo, que es lo que casi nadie te cuenta: aquí no vas a leer que una flor hidrate, regenere, calme ni rejuvenezca nada. No lo vas a leer porque para afirmar eso de un producto cosmético hay que poder demostrarlo, y porque lo interesante y lo útil de hacerlo en casa está en otro sitio: en saber qué se contamina, qué se enrancia, qué no se aplica puro y qué no se pone al sol. Eso es lo que hay abajo.

preparados artesanales envasados

Los cuatro preparados básicos

El agua floral o hidrolato es el agua que queda después de destilar una flor por arrastre de vapor. No es una infusión, aunque se venda con el mismo aspecto: es un subproducto de la destilación que arrastra una parte muy pequeña de los compuestos volátiles. Es agua, con todo lo que eso implica.

El oleato es una maceración: flores secas dentro de un aceite vegetal, en frío durante semanas o en calor suave durante horas, y después colado. El de caléndula es el clásico. Aquí no hay agua, así que el problema no son las bacterias sino la oxidación.

El jabón no es una mezcla, es una reacción química. Una grasa más un álcali (sosa cáustica para jabón sólido, potasa para jabón blando) dan jabón y glicerina. La flor entra como adorno o como infusión en la fase acuosa, y sobrevive poco: a pH alcalino los pétalos de color se oscurecen y acaban marrones en cuestión de días.

Y la mezcla seca, pétalos molidos con arcilla o con avena, que es el único de los cuatro que no lleva agua libre y por eso es el más estable, siempre que se guarde seco de verdad.

Por qué un preparado con agua se contamina en días

Cualquier cosa que lleve agua es un medio de cultivo. Una crema casera, un hidrolato abierto, un gel con infusión de manzanilla: todo eso tiene agua libre, nutrientes y una temperatura agradable, y si le metes el dedo cada mañana le estás inoculando flora de la piel. La contaminación no se ve ni se huele hasta que está muy avanzada, y el moho visible es el final del proceso, no el principio.

Lo que la industria hace para evitarlo es poner un sistema conservante y comprobar que funciona con un ensayo de eficacia. En casa no se hace ninguna de las dos cosas. Por eso el planteamiento sensato para un preparado acuoso casero es hacer cantidades muy pequeñas, guardarlo en frío, no meter los dedos y tirarlo pronto. No es exageración: es que no tienes forma de saber en qué estado está.

Conviene además deshacer dos confusiones habituales. La vitamina E es un antioxidante, no un conservante: protege la grasa de enranciarse y no hace nada contra las bacterias. Y un chorrito de alcohol tampoco conserva: para que el alcohol proteja una fórmula tiene que estar en proporciones altas, y a esa concentración ya no es un chorrito.

El oleato y el enranciamiento

El aceite macerado no cría bacterias, pero se oxida. Se nota en el olor, que pasa de neutro a una especie de aroma a pintura vieja o a cera rancia, y ese cambio no se arregla. Se retrasa con tres cosas: aceite fresco de partida, frasco de vidrio topacio bien lleno (el aire del hueco es lo que oxida) y sitio oscuro y fresco.

El fallo más frecuente del oleato casero es otro, y es de bulto: macerar flores frescas. La flor fresca lleva agua, esa agua se queda en el fondo del frasco y ahí sí crece de todo, incluido lo que no quieres ni nombrar. Las flores para macerar van secas, y secas quiere decir que crujen, no que lleven dos días al aire.

Aceites esenciales: nunca puros sobre la piel

Un aceite esencial no es un aceite graso, es una mezcla concentrada de compuestos volátiles, y una gota lleva el material de muchísima planta. Aplicado puro sobre la piel puede provocar irritación y sensibilización, y la sensibilización es el problema serio: una vez que tu sistema inmunitario reacciona a un componente, reacciona ya siempre, y a concentraciones cada vez menores. No se revierte.

Así que en un preparado casero los esenciales van diluidos en una base grasa, en proporciones bajas, y nunca cerca de los ojos ni de las mucosas. Y hay dos grupos que merecen mención aparte. Los esenciales de cítricos obtenidos por presión de la corteza (bergamota sobre todo, y también limón, lima y naranja amarga) contienen furocumarinas, que son fotosensibilizantes: aplicadas sobre la piel y expuestas después al sol dan reacciones de quemadura y manchas oscuras que tardan meses en irse. Es un fenómeno documentado, tiene nombre propio en dermatología y por eso el bergapteno está restringido en la normativa cosmética europea. Si usas cítricos en algo que se queda en la piel, no salgas al sol con ello.

El otro grupo son los alérgenos de declaración obligatoria. El Reglamento (CE) 1223/2009 sobre productos cosméticos obliga a declarar en la etiqueta una lista de componentes de fragancia cuando superan cierto umbral, muy bajo en productos que quedan sobre la piel y algo mayor en los de aclarado. Linalol, limoneno, geraniol, citral, eugenol y cinamal están entre ellos, y aparecen de forma natural en la lavanda, la rosa, el azahar y los cítricos. Que sean naturales no los hace inocuos: están en esa lista precisamente porque son causa conocida de dermatitis de contacto.

Hacerlo para ti y venderlo no son lo mismo

Esta es la parte que más gente se salta. Un cosmético que se pone en el mercado en la Unión Europea, aunque sea un jabón artesanal de un puesto de mercadillo o de una tienda en línea pequeña, está sujeto al Reglamento (CE) 1223/2009. Eso significa, como mínimo, que hay una persona responsable identificada, un expediente de información del producto, un informe de seguridad firmado por alguien cualificado, una notificación previa del producto antes de comercializarlo, y un etiquetado con la lista de ingredientes en nomenclatura INCI, el lote y la duración mínima o el periodo tras la apertura.

Lo que haces en tu cocina para ti y para tu casa no entra en ese marco. Pero la frontera está en venderlo o regalarlo fuera del ámbito privado, no en el tamaño del lote ni en lo artesanal que sea. Y hay algo más: a partir del momento en que lo vendes, tampoco puedes atribuirle efectos que no puedas respaldar, porque el Reglamento (UE) 655/2013 fija los criterios comunes que deben cumplir las reivindicaciones de un cosmético, y el primero es la veracidad con apoyo experimental.

Cómo trabajar con cabeza

Si vas a hacerlo, unas cuantas costumbres cambian mucho el resultado. Trabaja limpio: frascos y utensilios lavados y bien secos, y mejor si los has hervido o pasado por alcohol y dejado secar. Etiqueta todo con lo que lleva y la fecha del día que lo hiciste, porque a las tres semanas ya no te acuerdas. Haz cantidades pequeñas, de las que se acaban en poco tiempo. Guarda en vidrio oscuro y en sitio fresco.

Prueba siempre en una zona pequeña antes de usar algo nuevo por primera vez, y espera un par de días. Usa flores que sepas de dónde vienen y que no hayan recibido tratamiento fitosanitario: las flores de floristería no se cultivan para eso y no tienen ningún control pensado para un uso sobre la piel. Y si notas picor, rojez o escozor, se retira y se lava, sin darle más vueltas.

Con el jabón, aparte: la sosa cáustica es corrosiva y quema. Se trabaja con guantes y gafas, se añade siempre la sosa sobre el agua y nunca al revés, la mezcla se calienta mucho sola, y se hace con ventilación y sin niños ni animales alrededor. Es la única de estas cuatro preparaciones que puede mandarte a urgencias por un descuido de dos segundos.

En resumen

Un preparado artesanal con flores es química doméstica sencilla, y la parte que de verdad conviene dominar no es la receta sino la conservación: lo que lleva agua se contamina en días y no se ve, lo que lleva aceite se enrancia, y los aceites esenciales no se aplican puros y menos aún los de cítricos antes de tomar el sol.

Y si la idea es vender lo que haces, cambia el juego: el Reglamento (CE) 1223/2009 exige persona responsable, informe de seguridad, notificación y etiquetado completo, y el Reglamento (UE) 655/2013 impide atribuir al producto efectos que no puedas demostrar. Para uso propio, cantidades pequeñas, frascos limpios, fecha en la etiqueta y sentido común.


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