De las plantas que se han usado en el pelo durante siglos, hay una que hace algo comprobable: la henna, que tiñe. Las demás pertenecen a la historia de la cosmética y a la etnobotánica, y eso ya es bastante interesante por sí mismo. Lo que no se puede hacer es lo que hace la mayoría de las listas de internet, que es afirmar que una planta fortalece el cabello, frena la caída o hace crecer el pelo.
No es una cuestión de opinión. Un producto cosmético solo puede atribuirse efectos que estén demostrados, según el Reglamento (CE) 1223/2009 de productos cosméticos y los criterios comunes de las declaraciones del Reglamento (UE) 655/2013; y si se vende como alimento o complemento, cualquier efecto sobre la salud necesita una declaración autorizada conforme al Reglamento (CE) 1924/2006, que para estas plantas no existe. Así que este artículo cuenta qué plantas se han usado en el cabello, desde cuándo, cuáles tiñen de verdad y dónde están los riesgos reales, que también los hay.
Hojas machacadas en mortero. Esta es la forma en la que la cosmética tradicional trabajaba la planta antes de que existieran los extractos industriales.
La henna, el único tinte vegetal de verdad
La henna se obtiene de la hoja seca y molida de Lawsonia inermis, un arbusto del norte de África, Oriente Medio y el subcontinente indio. Es, con diferencia, la planta con más historia documentada sobre el pelo humano: se ha encontrado en restos del Egipto antiguo, aparece en la cosmética del mundo islámico medieval y sigue viva como práctica ritual en el mehndi del sur de Asia.
Funciona porque su hoja contiene lawsona, una molécula que se libera al amasar el polvo con un medio ligeramente ácido y que se fija a la queratina, la proteína del pelo y de la uña. No cubre el pelo con una capa: se une a él. Sus consecuencias prácticas son las siguientes:
- Da tonos naranja, cobre y rojizo, según el color de partida. No hay henna que aclare: sobre pelo oscuro el resultado es un reflejo, no un cambio de color.
- Es muy permanente. No se va lavando como un tinte de tono sobre tono, y hay que esperar a que crezca el pelo.
- Interacciona mal con los tintes de oxidación. Aplicar un tinte químico sobre pelo con henna, o al contrario, puede dar colores imprevisibles. Es el motivo por el que en peluquería preguntan si te has puesto henna.
Dos aclaraciones de nombre que se confunden siempre. La llamada henna neutra no es henna: suele ser Cassia obovata, que tiñe muy poco o nada. Y la henna negra no existe como planta: cuando el resultado es un negro azulado, la mezcla lleva índigo (Indigofera tinctoria), que se aplica normalmente en un segundo paso sobre la henna.
El aviso serio: la henna negra con PPD
Este es el único punto de este artículo donde hay un riesgo grave y bien documentado, y por eso va aparte.
Con el nombre de henna negra se venden también preparados y tatuajes temporales de calle que llevan parafenilendiamina (PPD), un colorante de oxidación. La PPD está autorizada en tintes capilares en concentraciones limitadas y en condiciones muy concretas, pero no está autorizada para aplicarla directamente sobre la piel. En esos tatuajes temporales aparece en concentraciones altas y en contacto prolongado, y provoca dermatitis alérgica de contacto grave, con ampollas, cicatrices y despigmentación que pueden reproducir el dibujo durante años.
Lo peor no es la reacción inmediata, sino la sensibilización permanente: quien se sensibiliza a la PPD queda con una alergia de por vida que después salta con los tintes de pelo normales y, en algunos casos, con sustancias químicamente emparentadas. Hay avisos sanitarios publicados en España y en el resto de Europa sobre estos tatuajes, en especial en zonas turísticas de verano, y afectan sobre todo a niños y adolescentes. Una henna auténtica es de color pardo verdoso, tiñe naranja y tarda horas; un producto que promete negro intenso en veinte minutos no es henna.
La manzanilla y el aclarado que no aclara
El enjuague de manzanilla (Matricaria chamomilla, la manzanilla común, y también Chamaemelum nobile) es un remedio doméstico europeo de larga tradición para dar reflejos dorados al pelo claro.
Lo que ocurre, y conviene decirlo con precisión, es que los flavonoides amarillos de la flor, con la apigenina a la cabeza, depositan un tono cálido muy tenue sobre el pelo. Es un tinte débil, acumulativo y solo visible sobre cabello rubio o muy claro. No es un aclarado: la manzanilla no decolora nada, porque decolorar exige oxidar la melanina y eso lo hace el peróxido, no una infusión. Sobre pelo castaño u oscuro el efecto es imperceptible.
Romero, ortiga y compañía: tradición, y hay que llamarla así
El romero (Salvia rosmarinus, que hasta hace poco se llamaba Rosmarinus officinalis) y la ortiga (Urtica dioica) son las dos plantas que más aparecen en los recetarios domésticos españoles de cuidado del pelo, en forma de cocimiento para el último enjuague. La ortiga tiene además un lugar propio en la etnobotánica peninsular, con usos textiles, forrajeros y alimentarios documentados.
Que una planta se haya usado mucho y durante mucho tiempo dice algo sobre la cultura material y nada sobre su eficacia. Ni el romero ni la ortiga tienen efectos autorizados en este terreno, y no se puede afirmar que actúen sobre la caída del pelo. La alopecia androgénica, que es la causa más frecuente de pérdida de pelo, tiene tratamientos con evidencia y con sus indicaciones y efectos adversos, y eso lo valora un médico. Un cocimiento de romero no compite con eso ni lo sustituye.
La misma regla vale para la caléndula, la lavanda y la salvia en este contexto: uso tradicional documentado, sin efecto que se pueda afirmar.
Las plantas que lavaban antes del champú
Esta parte de la historia es la más olvidada y la más concreta. Antes de los detergentes sintéticos, se lavaba con plantas ricas en saponinas, unos compuestos que hacen espuma en agua y arrastran la grasa:
- La jabonera o hierba jabonera (Saponaria officinalis), europea y presente en España, se usó para lavar lana, seda y tejidos delicados, y también el pelo. Sigue empleándose en restauración de textiles antiguos por ser suave con la fibra. Es tóxica por ingestión: sus saponinas irritan el tubo digestivo y son hemolíticas.
- El reetha o nuez de jabón (Sapindus) y el shikakai (Senegalia rugata, antes Acacia concinna), del subcontinente indio, se usan allí para lavar el pelo desde hace siglos.
- La ceniza y la arcilla, que no son plantas pero completan el cuadro: el ghassoul marroquí es arcilla, y la lejía de ceniza de leña fue el jabón de medio mundo.
La corteza de nuez y la cáscara verde del nogal (Juglans regia) merecen su línea: contienen juglona, que mancha de pardo intenso y se ha usado como tinte para pelo y para madera. Tiñe también la piel y la ropa, y no se quita con agua. Es el mismo compuesto que hace que bajo un nogal no crezca casi nada.
El aloe y otros dos avisos
El gel de Aloe vera es uno de los ingredientes más extendidos de la cosmética capilar, y está ahí desde hace décadas. Sin atribuirle efectos, sí hay dos cosas que decir sobre la planta:
- Entre la piel de la hoja y el gel transparente hay un látex amarillo con aloína, que es un laxante potente y un irritante. Si cortas una hoja en casa, ese jugo es lo que hay que dejar escurrir y retirar.
- El Aloe vera es tóxico para perros y gatos si lo mordisquean. Es una planta de interior muy común y conviene saberlo.
Y el aviso final, que aplica a todo lo anterior: los aceites esenciales no se aplican puros sobre el cuero cabelludo. Son concentrados de compuestos volátiles, están entre las causas frecuentes de dermatitis de contacto y sensibilización, y varios, con el de árbol de té a la cabeza, son tóxicos para perros y gatos. Por ingestión son tóxicos también para las personas, y con unos pocos mililitros, así que se guardan fuera del alcance de los niños.
En resumen
De todas las plantas asociadas al cuidado del pelo, la que tiene un efecto real y comprobable es la henna, Lawsonia inermis, porque su lawsona se une a la queratina y tiñe de naranja o cobre de forma permanente, sin aclarar nunca y con interacciones imprevisibles con los tintes de oxidación. La manzanilla deposita un tono dorado muy tenue sobre pelo claro y no decolora. El romero, la ortiga, la caléndula o la salvia son uso tradicional documentado, y la tradición no es una prueba de eficacia ni sustituye a un tratamiento médico.
Lo que sí conviene llevarse de aquí son los riesgos, que son concretos: la llamada henna negra con parafenilendiamina provoca dermatitis graves y sensibilización de por vida, y no es henna; la jabonera es tóxica por ingestión; el látex amarillo del aloe es irritante y laxante y la planta es tóxica para perros y gatos; y los aceites esenciales no van puros sobre la piel y son peligrosos para los animales de casa. La parte bonita del asunto es la histórica: la jabonera lavando lana, el shikakai, la cáscara de nuez tiñendo pardo y el mehndi con siglos de continuidad.