Ninguna planta es un tranquilizante que puedas plantar en una maceta. Conviene decirlo de entrada, porque este tema está lleno de listas que prometen calma y las venden como si fuera un efecto comprobado. Lo que sí existe son dos cosas distintas, y separarlas es la única manera de no contar cuentos: una tradición documentada, con nombres concretos (tila, melisa, lavanda, valeriana, pasiflora, manzanilla) y varios siglos de historia detrás, y una literatura científica sobre la jardinería como actividad, que es otra cosa y va de estar en un espacio verde y de cuidar plantas, no de la planta en sí.

Así que aquí no vas a encontrar preparaciones, ni cantidades, ni recomendaciones de consumo. Vas a encontrar qué plantas son, de dónde viene su fama, cómo se cultivan en España y qué dice la investigación sobre el hecho de tener y cuidar un jardín, con sus límites incluidos.

Lo que no se puede afirmar, y por qué

En la Unión Europea, lo que se puede decir sobre un alimento o un ingrediente en cuanto a salud está regulado por el Reglamento (CE) 1924/2006 de declaraciones nutricionales y de propiedades saludables. Solo se pueden usar las declaraciones autorizadas, y en el caso de estas plantas no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas. Que un envase o una web afirme que una planta reduce el estrés o la ansiedad no significa que eso esté aprobado: significa que lo está afirmando por su cuenta.

Y hay una segunda razón, más simple: el estrés y la ansiedad son motivos para hablar con un médico o un farmacéutico, no con una web de jardinería. Aquí podemos contarte qué es una melisa y cómo cultivarla, no qué tomar.

Las plantas de la tradición, una por una

Estas seis son las que aparecen siempre en las listas. Lo que sigue es lo que son como plantas, de dónde sale su reputación y cómo se comportan en un jardín español.

Tilo (Tilia). La tila no es una hierba: es la inflorescencia de un árbol grande, normalmente Tilia platyphyllos o Tilia cordata, que florece a principios de verano con un perfume que se nota a distancia. Su fama de bebida tranquilizadora está recogida en los herbarios europeos desde hace siglos, y el nombre popular del árbol en España viene de esa infusión. Como planta de jardín hay que tomarse en serio su tamaño: un tilo adulto es un árbol de sombra de gran porte, de parques y paseos del norte y del interior húmedo, y no le cabe a nadie en un patio. En el litoral seco sufre.

Melisa (Melissa officinalis). Labiada de origen mediterráneo oriental, herbácea, con hoja que huele intensamente a limón al frotarla. El nombre viene del griego para abeja, porque las atrae, y su presencia en los huertos monásticos medievales está documentada. En el jardín es fácil y agradecida, se extiende por rizoma y se la puede tener a raya en maceta. En España pide media sombra en verano: a pleno sol de julio en el sur se agosta.

Lavanda (Lavandula). Aquí hay que distinguir especies, porque en España coinciden varias y no piden lo mismo. Lavandula angustifolia, la lavanda de flor espigada y perfume fino, va bien en zonas frescas, de interior y de altitud, y es la que se cultiva en los campos de Guadalajara y Cuenca. Lavandula latifolia, el espliego, es la más rústica en suelo calizo. Y el cantueso (Lavandula stoechas), el de la flor con penacho de brácteas, tiene una exigencia que sorprende a mucha gente: prefiere suelo ácido, y en las calizas del este y del sur se queda clorótico. Todas ellas necesitan sol, drenaje y muy poca agua. La fama del perfume de lavanda no necesita presentación, pero perfume es lo que es.

Valeriana (Valeriana officinalis). Vivaz de prados húmedos y orillas, propia del tercio norte peninsular y de las montañas, con tallos altos y una inflorescencia blanca o rosada. Lo característico es la raíz, cuyo olor, muy fuerte y poco agradable, es el que le ha dado nombre en toda la farmacopea europea desde la Edad Media. Dato práctico y comprobable: a los gatos les atrae, como la hierba gatera, y una valeriana plantada en un jardín con gatos suele acabar revolcada.

Pasiflora (Passiflora). Este es el caso con más confusión de nombres. La especie a la que se refiere la tradición es Passiflora incarnata, una trepadora del sureste de Norteamérica. La que hay plantada en la mayoría de los jardines y vallas de España es Passiflora caerulea, sudamericana, de flor azulada y muy vigorosa. Y la del fruto de la pasión comestible es una tercera, Passiflora edulis. Se parecen en la flor, que es de las más raras del reino vegetal, y no son intercambiables en nada más.

Manzanilla. Otro nombre que cubre dos plantas distintas. La manzanilla común (Matricaria chamomilla) es una anual de campos y ribazos, de las que se siembran solas en un bancal removido. La manzanilla romana (Chamaemelum nobile) es perenne, rastrera y aromática al pisarla, y sirve incluso como cubierta en un rincón poco transitado. Las dos llevan siglos en los huertos españoles y las dos son de cultivo sencillo, a pleno sol y en suelo pobre.

Dos advertencias que sí son reales

Los aceites esenciales concentrados son tóxicos por ingestión, y varios lo son también para gatos y perros, que además los absorben por la piel y no los metabolizan como nosotros. Un frasco de esencia de lavanda o de árbol del té no es una versión más cómoda de la planta: es un producto concentrado que hay que guardar como se guarda un producto de limpieza, fuera del alcance de niños y animales.

No se recolecta por parecido. Las confusiones de campo existen y algunas son graves: hojas de dedalera (Digitalis purpurea), que es muy tóxica, tomadas por borraja o por consuelda, es el ejemplo clásico en el norte de España. Si no sabes identificar una planta con seguridad, no la recojas, y menos para llevártela a la cocina.

Lo que sí se ha medido: la jardinería, no la planta

Aquí cambia el terreno. Existe un cuerpo de investigación razonable sobre dos cosas relacionadas pero distintas: la exposición a espacios verdes (estudios de población que comparan salud percibida o indicadores de salud mental según la cantidad de verde del entorno) y la jardinería como actividad, incluida la llamada terapia hortícola en entornos sanitarios y en residencias.

Lo honesto es decir tres cosas sobre esa literatura. Primera: los resultados apuntan en la dirección que uno esperaría, y hay bastante consistencia en que la actividad y el entorno verde se asocian a mejor estado de ánimo declarado. Segunda: los efectos son modestos, y no equiparables a un tratamiento. Tercera: la calidad metodológica es limitada por razones inevitables, porque en un estudio de jardinería no se puede cegar a nadie (sabes perfectamente si estás plantando o no), las muestras suelen ser pequeñas y buena parte de las medidas son cuestionarios autoinformados.

Y hay un punto que casi nunca se dice: lo que esos estudios miden es la actividad y el entorno, no la especie. Ninguno demuestra que una lavanda haga algo que no haga un boj. Si la jardinería aporta algo, lo aporta el rato de fuera, el movimiento, la atención puesta en una tarea concreta y el ver crecer lo que has plantado.

Cómo se traduce eso al jardín, en la práctica

De ahí salen unas cuantas decisiones que sí son de jardinería.

  • Planta lo que puedas mantener. Es el consejo que más vale de todos. Un jardín que pide más trabajo del que tienes se convierte en una lista de tareas pendientes, y ahí el efecto es el contrario del que se busca.
  • Pon las aromáticas donde se roce. Las labiadas mediterráneas (lavanda, romero, tomillo, salvia, melisa) sueltan aroma al tocarlas, no en la distancia. Al borde de un camino o de un banco, a la altura de la mano, valen mucho más que en el fondo de un macizo.
  • Reserva un sitio para sentarse con sombra en verano. Un jardín mediterráneo sin sombra en agosto no se usa.
  • Elige especies adaptadas al clima y al suelo. En el este y el sur, con suelos calizos y verano largo, la paleta mediterránea de bajo riego se mantiene casi sola. En el norte atlántico la lista es otra.
  • Que haya algo que hacer cada semana, pero poco. Un riego, un repaso de flores marchitas, una siembra. La rutina es la parte que la gente describe como agradable.

Y tres cosas que se repiten y no son ciertas

Que las plantas de interior purifican el aire de la casa. Viene de experimentos en cámaras cerradas pequeñas de los años ochenta, y no se sostiene al extrapolarlo a una habitación real: la ventilación mueve muchísimo más aire que el que puede procesar un puñado de macetas. Tener plantas en casa está muy bien por lo que está bien, no como sistema de filtrado.

Que el aloe vera protege de la radiación del móvil. No hay nada detrás de esa afirmación.

Que hay plantas que oxigenan el dormitorio de noche. De noche la fotosíntesis se para y la planta respira, igual que tú, y las cantidades en juego son irrelevantes en los dos sentidos.

En resumen

Tila, melisa, lavanda, valeriana, pasiflora y manzanilla son plantas con una tradición europea documentada de siglos y con un interés real en el jardín, cada una con sus exigencias de clima y de suelo. Esa tradición es historia y etnobotánica, no es una propiedad demostrada, y en la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para ellas conforme al Reglamento (CE) 1924/2006. Cualquier asunto de salud se consulta con un profesional sanitario.

Lo que sí se ha estudiado, con resultados modestos y limitaciones metodológicas evidentes, es la jardinería como actividad y la presencia de espacios verdes. Y eso apunta a lo mismo que sabe cualquiera que tenga un jardín: importa que sea un jardín que puedas mantener, con sombra donde sentarse y con aromáticas al alcance de la mano. La especie concreta es lo de menos.


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