Ninguna planta fabrica un pigmento llamado morado. Lo que llamamos así es una mezcla de antocianinas —los mismos compuestos que colorean la piel de la berenjena o el vino tinto— cuyo tono final depende del pH del jugo celular, de la temperatura durante la formación del capullo y de la cantidad de copigmentos que acompañen a la molécula. De ahí una consecuencia práctica que se nota en el jardín: la misma variedad puede salir violeta franco en un suelo y virar a magenta sucio en otro, y una ola de calor en plena apertura del botón aclara flores que el año anterior fueron oscuras.
Con eso en mente, aquí van las moradas que de verdad funcionan en un jardín peninsular, con lo que hay que saber de cada una para que dure más de una temporada.
Azafrán y sus imitaciones peligrosas
El azafrán de verdad es Crocus sativus: flor lila violácea de seis tépalos, tres estambres amarillos y tres estigmas rojos colgantes que son la especia. Florece a finales de octubre y primeros de noviembre, en Castilla-La Mancha y Aragón sobre todo, y lo hace antes de que las hojas terminen de desarrollarse. Los bulbos se plantan en julio o agosto, a unos 10-15 cm de profundidad, en suelo suelto y perfectamente drenado. Es una planta triploide estéril: no da semilla viable y solo se multiplica dividiendo cormos, motivo por el que su cultivo depende del trabajo manual y su precio es el que es.
Aquí hay un asunto de seguridad que conviene decir antes de seguir. Por los mismos prados y cunetas, y en el mismo mes, florece el Colchicum autumnale, el quitameriendas o cólquico, con flores rosa violáceas muy parecidas a simple vista. Contiene colchicina, un veneno sin antídoto práctico y con dosis tóxica muy próxima a la dosis mortal; ha causado intoxicaciones graves y muertes en personas que recolectaron flores o bulbos creyendo que era azafrán. La diferencia se ve en un segundo si se sabe mirar: el crocus tiene tres estambres, el cólquico tiene seis; el crocus lleva hojas finas acanaladas con una raya blanca central en el momento de florecer, y el cólquico florece completamente desnudo, con las hojas anchas que salieron en primavera ya secas. Regla sencilla y sin excepciones útiles: no se recolecta azafrán del campo. La especia solo sale de cultivos plantados a propósito.
Digitalis purpurea: bonita, alta y cardiotóxica
La dedalera merece el mismo aviso por delante. Digitalis purpurea es tóxica en todas sus partes —hojas, flores, semillas e incluso el agua del jarrón donde se pusieron— por sus glucósidos cardiotónicos, que alteran el ritmo del corazón. Las intoxicaciones domésticas suelen venir de confundir la roseta de hojas del primer año con consuelda o borraja para infusión, porque el parecido en esa fase es real. Si hay niños pequeños o animales que mordisquean, sitúala fuera de alcance o descártala; no hay preparación casera segura de esta planta.
Dicho eso, en el jardín es magnífica. Es bienal: el primer año hace roseta y el segundo levanta una espiga de 1,2 a 1,8 m con esas campanas moradas moteadas por dentro. Prefiere suelo ácido o neutro, fresco y con materia orgánica, y media sombra: en la cornisa cantábrica y en el noroeste crece silvestre y se comporta como si estuviera en casa, mientras que en el interior seco de Castilla o en el sureste hay que ponerla bajo árbol caducifolio y regarla. Se resiembra sola con generosidad si se deja madurar una espiga; si cortas todas las varas al terminar, en dos años te quedas sin dedaleras.
Lirios: dos plantas con el mismo nombre y necesidades opuestas
La etiqueta «lirio» cubre tres grupos de plantas con exigencias incompatibles, y quien compra uno pensando en otro lo pierde el primer verano. El Iris germanica, el lirio de barba o de rizoma, es la especie de los cementerios y los ribazos secos: aguanta sequía, calor y calizas, y necesita que el rizoma quede visible en la superficie, apenas asentado en el suelo, tomando el sol. Enterrarlo dos dedos o cubrirlo con acolchado es la forma más rápida de pudrirlo. Se divide entre julio y septiembre, cortando las hojas en abanico a un tercio de su altura.
El Iris versicolor y su pariente europeo Iris pseudacorus son justo lo contrario: iris de ribera, que quieren el pie en tierra encharcada o directamente en el borde de un estanque. Plantar un versicolor en un arriate seco es condenarlo a languidecer un par de veranos. Y hay un tercer grupo, los Iris bulbosos tipo holandés o reticulata, que se plantan en otoño como cualquier bulbo y desaparecen en verano.
Buganvilla: el morado que no está en la flor
Lo que da color en la Bougainvillea no son pétalos sino brácteas, hojas modificadas de textura de papel. La flor verdadera es el tubito blanco cremoso que asoma en el centro de cada trío de brácteas, y apenas se ve. Esto tiene su utilidad: las brácteas duran semanas porque no son órganos reproductores efímeros, y por eso la planta parece florida durante meses.
Es una trepadora de clima suave. Por debajo de -2 °C ya se le queman las puntas y una helada de -4 °C mantenida la mata hasta el tronco. En la costa mediterránea, en el sur y en Canarias vive en el suelo sin problema; en Madrid o el valle del Ebro solo sobrevive contra un muro orientado al sur y con protección invernal, y en el norte húmedo es planta de maceta que entra bajo techo. Florece sobre la madera del año, así que la poda se hace al final del invierno o justo después de una oleada de flor. Y un detalle contraintuitivo: el exceso de riego y de abono nitrogenado la vuelve una masa de hojas verdes sin color. Un ligero estrés hídrico y un abono rico en fósforo y potasio la hacen florecer.
Lavanda: elegir bien la especie te ahorra replantar
Las tres lavandas del vivero no son intercambiables. Lavandula angustifolia, la fina o de Inglaterra, es la más rústica —aguanta bien por debajo de -12 °C—, la de aroma más limpio y la que quiere suelo calizo o neutro. Lavandula stoechas, el cantueso de las orejitas moradas, es al revés: propia de suelos ácidos y silíceos, se clorosa en cuanto ve cal y es bastante más sensible al frío. Lavandula × intermedia, el lavandín, es el híbrido grande y vigoroso de los campos de perfumería, estéril y de mata muy voluminosa.
El punto crítico en todas es la poda. Se recorta un tercio de la mata tras la floración, siempre sobre madera con hojas verdes. Si cortas en la parte leñosa desnuda de la base, esa rama no rebrota nunca: la lavanda no tiene yemas latentes ahí. Una mata a la que no se recorta cada año se abre por el centro a los cuatro o cinco años y ya no hay arreglo. Lo otro que la mata es el drenaje: no muere de frío, muere de agua parada en invierno.
Petunias, osteospermum y compañía de temporada
Las Petunia híbridas y las surfinias colgantes dan el morado más intenso y barato del balcón, pero son solanáceas glotonas: en maceta agotan el sustrato en seis u ocho semanas y luego se estiran, palidecen y florecen en las puntas. Necesitan abono líquido cada riego o cada dos riegos durante toda la temporada. En zonas de agua muy caliza amarillean entre nervios por bloqueo del hierro; se corrige con quelato de hierro y regando por la mañana. Se pinzan las puntas al plantar para que ramifiquen.
Con la dimorfoteca hay un lío de nombres que conviene resolver. La margarita africana perenne de mata leñosa que se ve en rotondas y taludes de toda la costa es Osteospermum ecklonis, hoy reclasificada por muchos autores como Dimorphotheca ecklonis; la Dimorphotheca sinuata clásica es una anual naranja de ciclo corto. Si compras planta en maceta con flor lila de centro azul metálico, tienes la perenne: aguanta sequía, quiere sol pleno y sus flores se cierran de noche y los días nublados, cosa que asusta al comprador primerizo y es comportamiento normal. Vive tres o cuatro años y luego se aconseja renovarla por esqueje.
Liatris spicata, la espiga que se abre al revés
Casi todas las inflorescencias en espiga abren de abajo arriba. La Liatris spicata hace lo contrario: empieza por el extremo superior y va bajando, lo que le da ese aspecto de plumero morado a medio encender durante semanas de julio a septiembre. Se planta en primavera, a partir de cormos, en sol directo y suelo suelto. Tolera muy bien el verano seco y muy mal el invierno encharcado; en terrenos arcillosos conviene levantarla en un caballón o plantarla sobre una cama de grava. Es imán de abejas y mariposas y aguanta cortada en jarrón más de una semana.
Nomeolvides y otras moradas de sombra
Myosotis sylvatica es bienal o vivaz de vida corta, de 20-30 cm, con esa nube de florecillas azul violáceo de ojo amarillo entre marzo y mayo. Su gracia es que se siembra sola año tras año en cuanto encuentra un rincón fresco y de media sombra; combina especialmente bien plantada encima de tulipanes, porque tapa el hueco cuando el bulbo se marchita. Su problema es el oídio, un polvillo blanco que la ataca cuando pasa sed en primavera tardía: se previene regando y no amontonando las matas.
Rosas moradas: hasta dónde llega el color
El género Rosa carece del gen que produce delfinidina, el pigmento responsable del azul verdadero. Por pura bioquímica, el tope del género es el malva, el lila y el violeta cárdeno: si en un catálogo aparece una rosa color añil, la foto está retocada o la flor teñida en agua con colorante, y esa planta llegará a casa floreciendo malva. Dentro de lo que sí existe hay ejemplares excelentes: 'Rhapsody in Blue', arbustiva de flores semidobles violeta que grisean al abrirse; 'Cardinal de Richelieu', una gallica antigua de púrpura profundo y una única floración generosa en mayo; o 'Reine des Violettes', híbrido perpetuo perfumado.
Un aviso de cultivo específico de estos tonos: el sol fuerte de julio decolora las rosas moradas mucho más deprisa que las rojas o blancas, porque las antocianinas se degradan con la radiación y el calor. Colocadas donde reciban sol de mañana y sombra desde las tres de la tarde conservan el color el doble de tiempo y la flor dura más días abierta.
Cómo combinarlas sin que el arriate se apague
El morado es un color que retrocede visualmente: a distancia se funde con el verde del fondo y desaparece. En un arriate largo, un macizo solo de moradas se ve como una mancha oscura y sin forma desde el otro extremo del jardín. Funciona mucho mejor apoyado en tres cosas: amarillos y naranjas, que son su complementario y lo hacen vibrar; blancos y plateados —Stachys byzantina, Artemisia, gaura— que lo iluminan; y un contraste de forma, mezclando espigas verticales (liatris, lavanda, salvia, dedalera) con flores redondas y planas (osteospermum, petunia).
Para tener morado casi todo el año en un jardín de clima mediterráneo: iris y nomeolvides en primavera, lavanda y liatris en verano, salvias y buganvilla hasta las primeras frías, y azafrán en octubre.
Errores que se pagan en flor
Regar la lavanda como si fuera un geranio. Un riego frecuente en agosto, con el sustrato sin secar entre uno y otro, provoca podredumbre de cuello y la mata se viene abajo entera en cuestión de días, con las hojas todavía verdes.
Enterrar el rizoma del iris. Al año siguiente no hay flor, solo hoja, y al segundo hay un rizoma blando que huele mal.
Abonar la buganvilla con un fertilizante universal rico en nitrógeno. Sale una trepadora exuberante, verde y sin una sola bráctea de color.
Cortar todas las varas de la dedalera al acabar. Como es bienal, se elimina la única fuente de semilla y la población se extingue sola.
Comprar cormos de floración otoñal en primavera. El azafrán se planta en pleno verano; si lo pones en marzo, ese año no florece.
En resumen
El morado del jardín es cuestión de antocianinas, y por eso su intensidad varía con el suelo, el calor y la exposición. Antes de elegir, dos advertencias reales: no se recolecta azafrán silvestre —el cólquico se le parece y es mortal— y la dedalera es tóxica entera, agua del jarrón incluida. A partir de ahí, la elección es de clima. En costa mediterránea y sur, buganvilla, osteospermum y lavandín; en el norte húmedo y suelos ácidos, dedalera, nomeolvides y cantueso; en interior frío y seco, iris de rizoma, liatris y lavanda fina. Se plantan según su calendario —el azafrán en verano, la liatris en primavera, los iris de rizoma a final de verano— y se podan según su hábito: la lavanda nunca sobre madera vieja, la buganvilla sobre brotes del año. Y en el diseño, mezcla el morado con amarillos y con verticales, o desde lejos no se verá.