Una planta de larga floración no es la que da más flores de golpe, sino la que las va reponiendo. La distinción parece de matiz y no lo es: decide qué compras, dónde lo pones y, sobre todo, qué tienes que hacer para que siga floreciendo en septiembre igual que en mayo.

Un macizo de peonías da un espectáculo de diez días al año. Un macizo de salvias arbustivas da flor desde marzo hasta las primeras heladas. Ambos son bonitos; solo uno resuelve el problema de tener jardín con color durante media vida del año. Este artículo va del segundo grupo: qué plantas florecen de verdad muchos meses en clima español, por qué lo hacen y qué las obliga a parar antes de tiempo.

Por qué unas plantas florecen dos semanas y otras seis meses

Detrás de la diferencia hay tres mecanismos que conviene conocer, porque explican casi todos los fallos de manejo.

Floración determinada frente a indeterminada. Una peonía, un lirio o un tulipán forman en la yema un número fijo de flores durante el reposo del año anterior. Cuando se abren, se acabó: ni el mejor abono del mundo saca una flor más. Una salvia, una petunia o un rosal remontante, en cambio, forman botones nuevos continuamente en los brotes que van creciendo. Toda la floración larga sale de este segundo grupo. De ahí que lo que funciona con unas plantas —podar, recortar, alimentar— no tenga ningún efecto en las otras.

La semilla apaga la flor. Una planta florece para producir semilla. En cuanto lo consigue en cantidad suficiente, cambia de programa hormonal y deja de invertir en flores nuevas. Por eso quitar las flores marchitas antes de que cuajen —lo que se llama despunte o deadheading— no es solo cuestión de limpieza: es la orden de seguir. Y por eso los cultivares estériles florecen más tiempo que sus versiones fértiles, sin ningún esfuerzo por parte del jardinero. El geranio vivaz 'Rozanne' florece de junio a noviembre precisamente porque no forma semilla viable; sus parientes fértiles paran en julio.

El fotoperiodo manda en algunas y no en otras. Hay especies que solo florecen con días largos y otras con días cortos. Las que florecen medio año son, casi siempre, especies de día neutro: les da igual la duración del día y responden solo a la temperatura y al vigor del brote. Es un rasgo que no viene en la etiqueta pero que se nota al segundo año.

Hay un cuarto factor, y es el que menos se dice en los viveros: florecer mucho tiempo desgasta. Varias de las mejores plantas de larga floración son vivaces de vida corta que se agotan en tres o cuatro años. Es un trato razonable, pero conviene saberlo para reponer a tiempo en vez de pensar que las has matado tú.

Vivaces que aguantan de verdad medio año

Salvias arbustivas (Salvia microphylla, S. greggii y sus híbridos). La columna vertebral de cualquier jardín mediterráneo de larga floración. En el litoral florecen de marzo a diciembre casi sin parar; en el interior, de mayo a las primeras heladas. Rústicas hasta unos -8 °C según cultivar, indiferentes a la sequía una vez arraigadas, y muy visitadas por abejas y colibríes de la noche. Piden un recorte fuerte a finales de invierno, dejando unos 15-20 cm de mata, y un repaso a media temporada si se abren por el centro. Si dejas de podarlas, en tres años tienes un esqueleto leñoso con cuatro flores arriba.

Salvia rusa (Salvia yangii, antes Perovskia atriplicifolia). Julio a octubre de nube azul lavanda sobre tallos blanquecinos, con una resistencia al calor seco y al suelo pobre que pocas cosas igualan. Se corta a ras a finales de invierno.

Erysimum 'Bowles's Mauve'. Florece prácticamente los doce meses en clima suave, y no es exageración. El pago es que vive tres años y luego se muere entera y de golpe. La forma de tenerla siempre es clavar esquejes en primavera, que enraízan sin esfuerzo, y tener el relevo listo antes de que la madre se vaya.

Gaura (Oenothera lindheimeri, antes Gaura lindheimeri). De mayo a noviembre, con esas mariposas blancas o rosas que se mueven con el aire. Quiere sol y drenaje; en suelo pesado y húmedo en invierno no pasa del segundo año. También de vida corta, también fácil de renovar.

Nepeta × faassenii. Primera ola en mayo-junio, y aquí está la maniobra: recórtala a un tercio en cuanto se apague, en lugar de dejarla espigada. Rebrota compacta y da una segunda floración en agosto-septiembre casi igual de buena. La misma técnica funciona con Salvia nemorosa, con las achileas y con los geranios vivaces de mata.

Coreopsis verticillata 'Moonbeam' y Achillea 'Moonshine': junio a septiembre, poco riego, y ambas mejor en suelo pobre que en suelo rico.

Hemerocallis remontantes. Cada flor dura un día —de ahí el nombre—, pero los cultivares remontantes tipo 'Stella de Oro' o 'Happy Returns' vuelven a emitir escapos florales tras la primera tanda y encadenan de mayo a octubre. Los hemerocallis clásicos, no: dan tres semanas y se acabó. La etiqueta debe decir reblooming o remontante.

Verbena bonariensis y Agastache: de junio a las heladas, ambas magníficas para insectos. La verbena se resiembra sola con entusiasmo, lo que puede ser una virtud o una molestia según el jardín.

Geranio vivaz 'Rozanne'. Ya citado: junio a noviembre por esterilidad. Es de las pocas de esta lista que acepta media sombra sin perder demasiado.

Arbustos: color largo sin replantar cada año

Un arbusto de floración larga rinde más que un macizo de anuales, porque el trabajo se hace una vez.

Rosales remontantes. Un rosal moderno de tipo paisajista o un floribunda sano dan tres olas de flor de abril a noviembre en casi toda España. La diferencia entre uno que florece dos meses y otro que florece siete no suele estar en la variedad sino en si se corta la flor pasada y si se riega en el bache de agosto. Cultivares de comportamiento probado y sanidad decente: 'Iceberg', los rosales de arbusto tipo 'The Fairy', y las series paisajistas de flor sencilla. Los rosales de una sola floración —muchos antiguos y muchos trepadores clásicos— no entran en esta categoría por definición: florecen una vez y punto, y podarlos en invierno es perder la flor.

Abelia × grandiflora. De junio a octubre, hoja semipersistente que broncea en invierno, tolerancia a la sequía, a la caliza y a la contaminación urbana. Un arbusto sin drama que hace su trabajo diez años seguidos.

Lagerstroemia indica, el árbol de Júpiter. Julio a septiembre, justo en el hueco en que el jardín español está más apagado. Florece sobre madera del año, así que se poda a finales de invierno; ahora bien, el desmoche brutal que se ve en muchas calles no es poda, es mutilación, y produce ramas frágiles y verticilos deformes. Aclarar y acortar, no decapitar. Necesita sol pleno: a media sombra florece poco y coge oídio.

Hibiscus syriacus, el altea. Julio a octubre, rústico de verdad (aguanta bien las heladas del interior peninsular, al contrario que el hibisco de China), caducifolio y poco exigente.

Plumbago auriculata. De mayo a noviembre en el litoral, con ese azul cielo que casi ninguna planta da. Se hiela por debajo de -3 o -4 °C pero rebrota de cepa si el frío es puntual. Recorte fuerte al final del invierno.

Lantana camara. Floración interminable con calor, resistencia total a la sequía y a la sal. Dos avisos honestos: sus frutos verdes son tóxicos si se ingieren, y en zonas cálidas del litoral y en Canarias se comporta como invasora, así que conviene usar cultivares compactos y estériles y no tirar restos de poda al campo.

Buganvilla (Bougainvillea). Meses de color en clima cálido, con una particularidad que confunde a quien la riega mucho: florece cuando pasa un poco de sed. Riego abundante y suelo rico dan una planta enorme, verde y sin brácteas. Menos agua y sol directo dan color.

Anuales y de temporada que llegan hasta el final

No todas las anuales duran. Estas sí:

Calibrachoa y las petunias colgantes de serie moderna: abril a octubre en jardinera, siempre que se abone cada dos semanas. Son plantas de consumo alto; en sustrato agotado dejan de florecer en julio y se quedan con los tallos pelados y flor solo en la punta.

Bidens ferulifolia: más resistente al calor que la calibrachoa y sin necesidad de despuntar flores. Aguanta de mayo a noviembre en el sur.

Catharanthus roseus (la mal llamada vinca de verano): la campeona del calor extremo. Julio y agosto de interior peninsular, a 40 °C, siguiendo en flor. Odia el frío y el exceso de agua: no la plantes antes de mayo ni la riegues a diario.

Tagetes, zinnias y cosmos: de siembra directa, baratas y muy largas si se cortan las flores pasadas religiosamente. En cuanto un cosmos cuaja semilla, se para.

Impatiens, con una advertencia concreta: el mildiu del impatiens (Plasmopara obducens) ha arrasado los cultivos de Impatiens walleriana en Europa desde hace más de una década. La planta parece sana, y de un día para otro suelta todas las hojas y queda un palo verde. Si quieres floración larga en sombra, tira de Impatiens de Nueva Guinea o de las series resistentes seleccionadas frente a ese hongo, y no replantes en la misma tierra donde se te haya venido abajo una tanda.

Bulbos y raíces de temporada larga

Dalias: de julio a la primera helada, y con corte de flor semanal se estiran hasta noviembre en buena parte del país. Son de las pocas plantas de tubérculo con floración realmente prolongada. Cuanto más se corta, más florecen.

Cannas: junio a octubre, con la ventaja de que aguantan suelo húmedo y hasta encharcado, algo raro entre las plantas de flor. Necesitan sol y bastante abono.

Los demás bulbos clásicos —narcisos, tulipanes, jacintos, lirios— son de floración determinada y corta. Sirven para dar un momento, no una temporada, y está bien que así sea.

Lo que corta la floración antes de tiempo

Dejar cuajar la semilla. Ya explicado, pero es el factor uno. En una petunia, un cosmos o una caléndula la diferencia entre despuntar o no despuntar son dos meses de flor.

Abonar con demasiado nitrógeno. El nitrógeno construye hoja y tallo. Un abono de césped aplicado a un macizo de flor da una mata verde, exuberante y estéril. Desde la formación de botones conviene un abono con más potasio y fósforo relativos, y en jardinera, aplicaciones pequeñas y frecuentes en vez de un atracón mensual.

El bache de agosto. Muchas plantas de larga floración no paran en agosto porque hayan terminado: paran porque han pasado sed en la semana de los 38 grados y han abortado los botones. Cuando se recuperan, tardan tres semanas en volver a producir. Un riego generoso y menos frecuente, temprano por la mañana, y un acolchado de cinco centímetros mantienen el ritmo. El acolchado hace más por la floración de septiembre que cualquier fertilizante.

Podar en el momento equivocado. Regla práctica: lo que florece en invierno y primavera temprana (forsitia, jazmines de invierno, lilos, rosales de una sola floración) lo hace sobre madera del año anterior y se poda después de florecer. Lo que florece en verano y otoño (lagerstroemia, altea, buddleja, salvias, rosales remontantes) lo hace sobre brotes del año y se poda a finales de invierno. Podar en enero un arbusto de floración primaveral es cortar la cosecha de flor que ya estaba formada.

Media sombra vendida como sol. La mayor parte de las plantas de esta lista quiere seis horas largas de sol directo. Con tres horas no se mueren: florecen la tercera parte, se estiran y cogen oídio. Si tu zona es de sombra, la lista se reduce mucho —hydrangea, impatiens resistentes, begonias, geranios vivaces, hostas por follaje— y conviene aceptarlo en vez de pelearse con ello cada temporada.

La otra solución: encadenar en vez de estirar

Hay un enfoque distinto que a menudo da mejor resultado que buscar la planta milagrosa. En vez de una especie que florezca ocho meses, plantar tres que se releven en el mismo metro cuadrado.

Un ejemplo que funciona en clima mediterráneo, en un arriate soleado de dos metros: bulbos de narciso tazetta y fresias por debajo, para febrero-abril; nepeta y salvia nemorosa por delante, para mayo-junio; salvia arbustiva y gaura de fondo, para junio-octubre; y dos dalias detrás, para el tramo de agosto a noviembre. El arriate no está nunca vacío y ninguna planta tiene que hacer un esfuerzo imposible.

La ventaja añadida es de resiliencia: si un año el oídio se lleva las salvias o una helada tardía pilla a las dalias, quedan las otras dos capas. Un macizo monoespecífico de larga floración es espectacular hasta el día en que se enferma.

En resumen

La floración larga sale de plantas de floración indeterminada, que forman botones nuevos continuamente, y se apaga en cuanto la planta consigue semilla. Quitar la flor marchita es, en la práctica, lo que separa dos meses de color de cinco.

La base fiable en España: salvias arbustivas, erysimum, gaura, nepeta recortada a media temporada, geranio 'Rozanne' y hemerocallis remontantes entre las vivaces; abelia, lagerstroemia, altea, plumbago y rosales remontantes entre los arbustos; calibrachoa, bidens y catharanthus para jardinera; y dalias para el tramo final del año.

Cuenta con que varias de las mejores —erysimum, gaura— son vivaces de vida corta que se agotan en tres o cuatro años: no es un fallo tuyo, es el precio de florecer sin parar, y se resuelve con esquejes de reposición.

Y antes de comprar nada más, revisa las tres cosas que cortan la floración: nitrógeno de más, sed en la ola de calor de agosto y poda en la estación equivocada. Corregidas esas, las plantas que ya tienes suelen dar bastante más de lo que estaban dando.


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