Las semillas del altramuz de jardín no se comen. Conviene decirlo en la primera línea, porque el nombre invita a confusión: la mata de espigas azules, rosas y amarillas que se planta en bordura pertenece al mismo género que el chocho del aperitivo, produce legumbres parecidas y, sin embargo, sus semillas crudas contienen alcaloides quinolizidínicos —lupanina, esparteína— en cantidad suficiente para provocar una intoxicación con visión borrosa, sequedad de boca, taquicardia y confusión. El altramuz que se vende salado en salmuera ha pasado por un proceso industrial de desamargado, o procede de variedades seleccionadas por su bajo contenido en alcaloides. La planta ornamental del jardín no ha pasado por nada de eso.

Con eso claro, el género Lupinus es uno de los mejores recursos que existen para una bordura de primavera, y además fija nitrógeno en el suelo mientras florece.

Qué planta es exactamente

Lupinus agrupa a más de doscientas especies de la familia de las leguminosas, repartidas entre el Mediterráneo y, sobre todo, América. Todas comparten la hoja palmeada inconfundible, con cinco a diecisiete foliolos dispuestos en rueda desde el extremo del pecíolo, y la inflorescencia en espiga vertical de flores amariposadas que se abren de abajo hacia arriba durante varias semanas.

Bajo tierra desarrollan una raíz pivotante profunda, capaz de bajar más de un metro, y nódulos radiculares donde viven bacterias del género Bradyrhizobium que fijan nitrógeno atmosférico. Estos dos rasgos condicionan todo el cultivo: la raíz explica por qué el trasplante sale mal, y los nódulos explican por qué abonar con nitrógeno es contraproducente.

En España conviven tres realidades distintas bajo el mismo nombre común. Está el altramuz de cultivo, sembrado como forraje, abono verde o para consumo humano. Está el altramuz silvestre, que aparece solo en suelos ácidos y arenosos del oeste y suroeste peninsular. Y está el lupino ornamental, híbrido de jardín, que es el que se compra en maceta en primavera.

Espigas de flores de lupino en un jardín

Las especies que importan

Lupinus polyphyllus y los híbridos Russell

Vivaz norteamericana de 90 a 150 cm, con espigas densas de 30-40 cm. De ella derivan los híbridos Russell, seleccionados en Inglaterra a principios del siglo XX, que son los lupinos de jardín en toda su gama de colores: bicolores rojo y crema, amarillos, azules, rosas y blancos. Florecen en mayo y junio. Son vivaces de vida corta: tres o cuatro años en clima fresco, y con frecuencia dos en el interior cálido español, donde se comportan casi como bienales.

Lupinus arboreus

El lupino arbustivo, originario de California. Forma una mata leñosa de 1,5 m que se cubre de espigas amarillas y perfumadas entre abril y junio. Aguanta arena, viento y salinidad como ningún otro del género, lo que lo hace muy útil en jardín costero atlántico. También es efímero: cinco o seis años y se agota. En algunas zonas costeras se ha naturalizado y desplaza a la flora local, así que conviene no sembrarlo cerca de dunas o espacios protegidos.

Lupinus albus, angustifolius y luteus

El trío agrícola. Lupinus albus es el altramuz blanco, el de semilla grande y plana que llega al aperitivo. Lupinus angustifolius, de flor azul y foliolos estrechos, es la especie más sembrada como abono verde y forraje. Lupinus luteus, de flor amarilla y aromática, se da en los arenales ácidos del suroeste. Los tres son anuales y ninguno tiene el porte ornamental de los híbridos, aunque una parcela de angustifolius en flor en abril es un espectáculo por derecho propio.

Lupinus micranthus y otros silvestres

Especie mediterránea anual, de porte modesto —30 a 50 cm— y flores azules pequeñas, frecuente en pastos y cunetas de suelo silíceo. Junto con Lupinus hispanicus forma parte de la flora ibérica y no se cultiva, pero explica dónde prospera el género: donde no hay caliza.

Lupinus mutabilis

El tarwi o chocho andino, cultivado en Perú, Bolivia y Ecuador por una semilla con más del 40 % de proteína. Se ve poco en España salvo en colecciones y ensayos, y su semilla, como la de los demás, es amarga y requiere desamargado antes de cualquier consumo.

La cal del suelo decide el resultado

Aquí se pierden las plantas compradas en el garden. Lupinus es un género calcífugo: en suelo con caliza activa, con pH por encima de 7,2 o 7,5, la planta no puede absorber el hierro, las hojas nuevas salen amarillas con los nervios verdes, la mata se para y muere en una o dos temporadas. Media España tiene suelos calizos. Regar con agua dura empeora el cuadro incluso en tierra ácida.

La consecuencia práctica es simple: si tu terreno es calizo, no plantes lupinos en el suelo. Cultívalos en maceta grande y profunda —30 cm de diámetro mínimo, 40 de altura— con sustrato para plantas acidófilas, o en bancal elevado con mezcla propia. Corregir una tierra caliza con quelatos año tras año es pelear una batalla perdida.

Donde el suelo ya es ácido o neutro y arenoso —Galicia, buena parte del oeste peninsular, sierras de granito, litoral atlántico—, se plantan directamente y agradecen que no se les toque.

Ubicación

Pleno sol en el norte y en zonas de montaña. En el centro y el sur, sol de mañana y sombra desde primera hora de la tarde: el lupino soporta el frío mucho mejor que el calor, y por encima de 30 °C sostenidos deja de florecer y empieza a decaer. Aguanta bien el viento gracias a la raíz profunda, aunque las espigas de los híbridos altos se tumban con tormenta y agradecen un tutor discreto.

Tierra

Suelta, profunda, arenosa o franco-arenosa, con drenaje real y pH entre 5,5 y 6,8. El encharcamiento invernal pudre la raíz pivotante y no hay vuelta atrás. La materia orgánica se aporta con moderación y bien madura: un exceso de compost fresco produce hoja blanda y espigas cortas.

Sembrar y plantar sin matar la raíz

La semilla tiene la cubierta dura e impermeable. Sin un tratamiento previo, la germinación es lenta y desigual. Lo eficaz es dejarla en remojo en agua templada durante 24 horas, hasta que se hinche visiblemente; las que floten al día siguiente casi siempre están vacías y se descartan. Alternativamente se raspa un lateral de la semilla con una lima o papel de lija fino, evitando la zona clara del hilo.

Épocas de siembra: septiembre y octubre en clima suave, para que la planta se instale con las lluvias de otoño y florezca fuerte en primavera; o febrero y marzo en zonas de heladas duras. La germinación llega en diez a veinte días con temperaturas de 15 a 20 °C.

Y aquí el detalle que arruina más plantaciones que ninguna plaga: el lupino se siembra donde va a vivir. La raíz pivotante se estropea al trasplantar y la planta nunca se recupera del todo. Si hay que hacer semillero, se usan root trainers, tubetes forestales o vasos de 15 cm de profundidad, uno o dos granos por recipiente, y se planta cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas, sin deshacer el cepellón. Comprar en vivero una mata grande y ya florida en abril, con la raíz enrollada en el fondo de la maceta, es comprar una flor de temporada, no una planta perenne.

Marco de plantación: 40-50 cm entre matas para los híbridos altos, 25-30 cm para las especies anuales sembradas en grupo.

Riego, abonado y el error del nitrógeno

Riego moderado y espaciado. Durante la instalación y la floración, agua suficiente para que el sustrato no llegue a secarse del todo; en verano, después de florecer, se reduce mucho. La planta prefiere quedarse algo seca que estar constantemente húmeda. Si el agua del grifo es dura, mejor agua de lluvia, sobre todo en maceta, donde la cal se acumula riego tras riego.

El abonado es el capítulo donde se equivoca la intención. Al ser leguminosa, el lupino fabrica su propio nitrógeno. Añadir abono nitrogenado —o purín, o gallinaza fresca— produce una mata frondosa de hoja enorme, tallos blandos que se tumban y pocas espigas. Lo que sí agradece es potasio y fósforo en primavera, en dosis modestas, con un abono de floración bajo en nitrógeno. En maceta, un aporte cada tres semanas durante la floración; en suelo, uno solo al arrancar la primavera.

Si es la primera vez que se siembran lupinos en una parcela, puede compensar inocular la semilla con Bradyrhizobium específico del género, que se vende para siembras agrícolas: sin la bacteria adecuada en el suelo, los nódulos no se forman y la fijación no ocurre.

Poda y prolongación de la mata

Cortar la espiga en cuanto empieza a marchitarse por arriba, antes de que cuaje la legumbre, tiene dos efectos: la planta no gasta energía en semilla y con frecuencia emite una segunda floración en agosto o septiembre, más corta pero limpia. Además evita la siembra espontánea, que en los híbridos Russell degenera el color: los hijos salen azules y violetas, más vigorosos que sus padres, y en tres años ocupan el sitio del rojo o el bicolor que compraste.

En otoño, cuando la parte aérea se seca, se corta a ras de suelo. Si quieres guardar semilla de una especie pura, se deja madurar la legumbre hasta que ennegrezca y se recoge antes de que se abra sola, cosa que hace de golpe y proyectando el grano a varios metros.

Plagas y enfermedades

Babosas y caracoles son el enemigo número uno de las plántulas. Un brote recién emergido desaparece en una noche y no rebrota. En siembra de otoño y en primavera húmeda hay que protegerlas desde el primer día.

Pulgón del lupino (Macrosiphum albifrons): un pulgón gris ceniciento, notablemente grande, que se instala en la espiga y el ápice en colonias densas. No es un pulgón cualquiera; llega a debilitar la mata hasta secarla y transmite virus. Se controla revisando los brotes en abril y actuando pronto con jabón potásico, antes de que la colonia cubra la espiga.

Oídio en verano, sobre todo en plantas estresadas por calor y falta de aire. Se previene con separación entre matas y riego al pie.

Antracnosis (Colletotrichum lupini): la enfermedad seria del género. Provoca lesiones hundidas y una torsión característica del tallo, que se dobla en gancho, y puede acabar con una siembra entera. Se transmite por la semilla, así que en cultivo agrícola se usa semilla certificada; en jardín, no guardar simiente de plantas que hayan mostrado tallos retorcidos con manchas.

Podredumbre de raíz por exceso de agua o suelo pesado. Sin síntoma previo: la planta se marchita entera en pocos días. Es un problema de drenaje, no de tratamiento.

Rusticidad

Los híbridos de Lupinus polyphyllus resisten sin daño hasta −20 °C, y las especies anuales mediterráneas soportan heladas moderadas de −5 a −8 °C ya nacidas. En España el frío nunca es el factor limitante: lo son la cal, el encharcamiento y el calor de julio.

Lupinus albus, el altramuz blanco de cultivo

Para qué sirve, además de para mirarla

Ornamental

Es su uso principal en jardín. La espiga vertical aporta línea ascendente en una bordura donde casi todo es redondeado, y combina bien con rosales, digitales, amapolas orientales y gramíneas. Como florece en mayo y junio y luego se apaga, conviene plantarla intercalada con vivaces de floración estival que ocupen su hueco.

Abono verde y forraje

Aquí el altramuz es de primera categoría. Lupinus angustifolius o albus sembrados en otoño y segados e incorporados al suelo en plena floración, antes de que cuaje la semilla, aportan materia orgánica y una cantidad apreciable de nitrógeno fijado, además de romper suelos compactados con su raíz. Es una de las pocas leguminosas de abono verde que funciona bien en terrenos ácidos y arenosos donde el trébol o la veza rinden poco. El grano y la paja se han usado tradicionalmente como pienso, con la precaución de emplear variedades dulces: el altramuz amargo causa intoxicaciones en ganado, y los rastrojos húmedos pueden desarrollar el hongo Diaporthe toxica, responsable de la lupinosis en ovino.

Culinario

La semilla desamargada industrialmente se consume en salmuera y se emplea como harina rica en proteína en panadería y en productos sin gluten. Dos advertencias que corresponden a un artículo de jardinería: la primera, que el desamargado no es una operación doméstica fiable y no debe improvisarse con semilla de jardín; hay casos documentados de intoxicación por lupanina tras remojos insuficientes. La segunda, que el altramuz es un alérgeno de declaración obligatoria en la Unión Europea, con reacciones que pueden ser graves y con reactividad cruzada frecuente en personas alérgicas al cacahuete. Quien tenga esa alergia debe leer etiquetas de harinas y panes.

Uso medicinal: tradición y evidencia

La tradición popular ha atribuido a la semilla de altramuz propiedades hipoglucemiantes y ha usado emplastos y cataplasmas sobre la piel; también se ha empleado la esparteína, alcaloide presente en el género, como fármaco antiarrítmico y oxitócico en el pasado. Eso es lo que dice la tradición.

Lo que dice la evidencia es más corto. La investigación sobre proteínas del altramuz —en particular la gamma-conglutina— y sobre el efecto de la fibra y la proteína de lupino en la glucemia y el perfil lipídico se encuentra mayoritariamente en estudios preclínicos y en ensayos pequeños con resultados modestos. No hay base para sustituir ningún tratamiento antidiabético ni hipolipemiante por altramuz, ni en semilla ni en harina ni en preparados. Quien tome antidiabéticos debe saber además que un consumo elevado de proteína de lupino podría sumarse al efecto del fármaco, y consultarlo. Nada de esto justifica preparar remedios caseros con la semilla amarga del jardín, que es precisamente la que concentra los alcaloides. Para cualquier duda sobre suplementos o interacciones, la consulta es al médico o al farmacéutico.

Precaución con niños y animales

Toda la planta ornamental, y sobre todo la semilla verde y madura, es tóxica para perros y para el ganado. Las vainas resultan llamativas y están al alcance. Si hay perro que roa lo que encuentra o niños pequeños, merece la pena cortar las espigas en cuanto se marchitan y no dejar que fructifiquen.

Dónde conseguir las plantas

Para híbridos Russell, sobre de semilla en cualquier casa de semillas de jardín: sale más barato, la planta enraíza sin trasplante y se elige la mezcla de colores. Los viveros venden matas en maceta en marzo y abril, pero conviene elegir ejemplares jóvenes y pequeños, no los más florecidos, y comprobar que la raíz no esté enrollada en el fondo.

Para abono verde o siembra extensiva, la semilla de Lupinus angustifolius y albus se compra a granel en cooperativas y casas de semilla agrícola, mucho más barata por kilo y a menudo con la opción de inoculante.

En resumen

El lupino es una vivaz de flor espectacular con dos exigencias innegociables: suelo ácido o neutro y buen drenaje. Si tu tierra es caliza, cultívalo en maceta profunda con sustrato de acidófilas y riega con agua de lluvia; no hay atajo. Siembra la semilla remojada 24 horas en su sitio definitivo, en otoño o a finales de invierno, porque la raíz pivotante no perdona el trasplante tardío.

No lo abones con nitrógeno: se lo fabrica solo y el aporte extra le cuesta las flores. Protégelo de babosas al nacer y del pulgón gris del lupino en abril. Corta las espigas marchitas antes de que semillen, y así consigues rebrote de flor y evitas que la descendencia azul se coma los colores de la variedad.

Y la advertencia que abría el artículo, repetida para cerrarlo: las semillas de la planta del jardín no son el altramuz del aperitivo. Contienen alcaloides amargos, el desamargado es un proceso industrial, y la legumbre madura debe quedar fuera del alcance de niños, perros y ganado.


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