El género Phlox reúne unas sesenta especies, todas norteamericanas salvo una siberiana, y de ellas apenas media docena llegan a los viveros españoles. Esa media docena, además, se comporta de maneras opuestas: hay Phlox que piden tierra fresca y sombra a mediodía, y hay Phlox que viven en una grieta de roca soleada sin que nadie los riegue. Comprar uno pensando en el otro condena la planta antes de meterla en el hoyo.
Pertenecen a la familia de las polemoniáceas, son plantas de flor sencilla —cinco pétalos soldados en un tubo estrecho, dispuestos en plato— y muchas de ellas huelen, sobre todo al atardecer. No son tóxicas ni para personas ni para perros y gatos, así que el género entero se puede plantar sin más consideración en un jardín con niños o animales.
Los dos grupos que hay que distinguir antes de comprar
La división práctica no es por color ni por tamaño de flor, sino por porte y por exigencia de agua.
Por un lado están los phlox altos de verano, con Phlox paniculata a la cabeza. Matas erguidas de 80 a 120 cm que florecen de julio a septiembre en panículas densas. Vienen de praderas húmedas y bordes de bosque del este de Estados Unidos, y ese origen manda: quieren suelo profundo, fértil y que no se seque nunca del todo.
Por otro lado están los phlox tapizantes de primavera, con Phlox subulata como representante habitual. Alfombras de 10 a 15 cm de alto que florecen de marzo a mayo cubriéndose por completo, hasta el punto de no verse la hoja. Vienen de laderas pedregosas y arenosas, y toleran la sequía y el suelo pobre mucho mejor de lo que su aspecto sugiere.
Un tercer grupo, menos frecuente, lo forman los phlox de sombra: Phlox divaricata y Phlox stolonifera, de 20 a 40 cm, floración azulada en abril y mayo, pensados para el pie de árboles caducos.
Dónde plantarlos en España
El frío no es el problema. Phlox paniculata y Phlox subulata aguantan sin daño por debajo de −20 °C, de modo que en cualquier punto de la Península sobra rusticidad. Lo que limita es el verano.
Un Phlox paniculata a pleno sol en el interior peninsular, con 38 °C y aire seco, se defolia por abajo, se llena de oídio y florece tres semanas en lugar de dos meses. La misma planta en la cornisa cantábrica, en la meseta norte con riego regular o en un jardín de montaña se convierte en una mata espectacular que dura décadas. En Andalucía, Murcia o el litoral mediterráneo hay que ponerlo donde reciba sol de mañana y sombra desde las dos de la tarde, con acolchado y riego contado, o directamente renunciar a él.
Phlox subulata juega en otra liga. Pleno sol, muro seco, rocalla, borde de escalera, coronación de talud: cuanto peor y más drenado sea el sitio, mejor se comporta. Lo que no perdona es el encharcamiento invernal en suelo arcilloso, que le pudre la base de la mata en dos inviernos.
Suelo, marco de plantación y trasplante
Para los altos: suelo profundo, con materia orgánica, pH entre 6 y 7. Antes de plantar conviene enterrar compost o estiércol maduro en los 25-30 cm superiores, porque después no se puede tocar la raíz sin molestar a la mata. El marco es de 45 a 50 cm entre plantas, y no por estética: la separación es la primera medida contra el oídio, porque permite que el aire circule entre los tallos.
Para los tapizantes: tierra suelta, arenosa o pedregosa, incluso ligeramente caliza, sin aportes de materia orgánica. En suelo rico crecen blandos, se ahuecan por el centro y florecen peor. Marco de 30 a 40 cm, que cierran en dos temporadas.
La plantación se hace en otoño, de octubre a noviembre, para que enraícen con la humedad del invierno, o a finales de invierno en zonas de heladas fuertes. Plantar en mayo con calor ya encima obliga a regar todo el verano una planta que aún no tiene raíz.
Siembra y multiplicación
Aquí hay un malentendido que conviene deshacer. Los Phlox paniculata de jardín son variedades seleccionadas —'David' blanco, 'Blue Paradise' azul violeta, 'Starfire' rojo— y no se reproducen fieles por semilla. La mata siembra sola alrededor, los hijos nacen con flor malva sucia y más vigor que la madre, y al cabo de cuatro o cinco años parece que el phlox blanco "cambió de color". No cambió: lo sustituyó su propia descendencia. La solución es cortar las panículas en cuanto se marchitan, que además alarga la floración.
Los métodos que sí funcionan:
División de mata. El sistema normal para los altos. Se hace en octubre o a la salida del invierno, cada tres o cuatro años, cuando el centro empieza a despoblarse. Se desentierra, se separan trozos con tres o cuatro yemas y se replanta descartando la parte central envejecida.
Esquejes de raíz. Poco conocido y muy útil en Phlox paniculata. En pleno invierno se toman trozos de raíz gruesa de 5 cm, se colocan tumbados sobre sustrato arenoso, se cubren con un centímetro y se dejan en cajonera fría. Brotan en primavera. Tiene una ventaja añadida: la anguílula del tallo, de la que hablo más abajo, vive en tallos y hojas pero no en la raíz, así que este método permite recuperar limpia una variedad infestada.
Esquejes de brote basal. En abril, cuando los brotes nuevos miden 8-10 cm, se cortan a ras y se plantan en sustrato húmedo bajo sombra. Enraízan en tres o cuatro semanas.
Semilla. Reservada a las especies puras y sobre todo a Phlox drummondii, el phlox anual tejano que se vende en sobre. Este se siembra en semillero en febrero-marzo a 18 °C, o directamente en el terreno en marzo, y florece de junio a septiembre. Su semilla germina mejor en oscuridad, así que se cubre bien. Las especies perennes, en cambio, necesitan pasar frío: entre cuatro y seis semanas a 4 °C en la nevera, dentro de sustrato húmedo, antes de subirlas a temperatura de germinación.
Riego, abonado y las podas que cambian la mata
El riego de Phlox paniculata tiene una regla que vale por todas las demás: se riega al pie, nunca por encima de la hoja. Mojar el follaje al atardecer en julio es sembrar oídio. Un goteo o una regadera aplicada al suelo, en riegos abundantes y espaciados, mantiene la mata sin fomentar el hongo. Un acolchado de 5 cm de corteza o compost reduce a la mitad la frecuencia de riego y evita el estrés hídrico, que es precisamente lo que abre la puerta al oídio.
Los tapizantes solo se riegan el primer verano, mientras enraízan. A partir del segundo año se defienden solos salvo en sequía extrema.
De abonado, poco: un aporte de compost en superficie a finales de invierno basta para los altos. Los nitrogenados en verano alargan los tallos, los ablandan y multiplican los problemas de hongos.
Dos podas merecen la pena. La primera es un aclareo de tallos en abril: cuando la mata de paniculata saca quince o veinte brotes, se eliminan a ras los más débiles y se dejan cinco o siete. Se pierden panículas pequeñas y se ganan panículas grandes, y sobre todo entra aire en el interior de la mata. La segunda es el despunte de finales de mayo: cortar un tercio de la altura a la mitad de los tallos retrasa esa parte de la floración dos o tres semanas y evita que la mata quede desgarbada, con lo que se alarga el conjunto hasta bien entrado septiembre.
En los tapizantes, en cambio, la poda es una sola y se hace justo después de florecer: se rebaja la alfombra un tercio con tijera de setos. Sin ese repaso anual la mata se ahueca por el centro y acaba siendo un anillo de flor alrededor de un calvero de tallos secos.
Oídio y anguílula: los dos problemas reales
El oídio (polvo blanco harinoso sobre la hoja, que amarillea y cae) es la enfermedad que define el cultivo de Phlox paniculata en clima cálido. Se controla con manejo antes que con producto: separación amplia, aclareo de tallos, riego al suelo, acolchado para que no pase sed y retirada de la hoja caída en otoño, donde inverna el hongo. Y con genética: 'David' es la variedad de referencia por su resistencia, y Phlox maculata —de panícula cilíndrica, más estrecha— resiste bastante mejor que paniculata. Si el jardín está en zona de veranos húmedos y calurosos, elegir variedad resistente ahorra todos los tratamientos del mundo.
La anguílula del tallo (Ditylenchus dipsaci) es menos conocida y más grave. Los síntomas son inconfundibles: tallos engrosados y quebradizos, hojas superiores estrechadas hasta parecer hilos, brotes deformes. No hay tratamiento doméstico. La mata afectada se arranca y se retira, no se composta, y en ese sitio no se replanta phlox durante varios años. La única forma de salvar la variedad es la multiplicación por esqueje de raíz descrita antes.
De plagas menores, arañuela roja en veranos secos sobre los altos, y babosas y caracoles sobre los brotes tiernos de primavera en clima húmedo.
Las especies que vas a encontrar
Phlox paniculata
El phlox de flor de toda la vida en bordura mixta. Vivaz de 80-120 cm, tallo erguido, hoja lanceolada opuesta, panícula terminal de 15-20 cm con decenas de flores de 2-3 cm. Floración de julio a septiembre, y perfume real al anochecer, que atrae esfinges crepusculares. Colores del blanco al carmín pasando por lila, rosa y violeta, muchos con ojo contrastado. Es la especie exigente en agua y la sensible al oídio. Vive muchos años si se divide cada tres o cuatro.
Phlox subulata
Llamado phlox musgoso por su hoja diminuta, aguda y persistente, que forma un cojín verde todo el año. De 10-15 cm de altura y hasta 50-60 cm de diámetro por mata. Florece de marzo a mayo en rosa, lila, blanco o azul pálido, y durante tres o cuatro semanas la flor tapa la hoja por completo. Es la especie para rocalla, muro de piedra seca, jardinera colgante y borde de camino, y la que tolera el sol duro y la cal. Su único requisito innegociable es el drenaje.
Phlox bifida
Especie de tapiz más fino y menos vigoroso que subulata, reconocible al instante por el pétalo: cada uno está hendido en dos lóbulos profundos, lo que da a la flor un aspecto de estrella recortada. Color azul lavanda o blanco, floración en abril. Procede de suelos arenosos y rocosos del centro de Estados Unidos y es la más exigente en drenaje del trío: en tierra pesada o con riego de verano se pierde. Se cultiva bien en artesa de piedra o en jardín de gravas, y es planta de coleccionista más que de bordura.
Otras que compensa conocer
Phlox drummondii, anual de 20-40 cm, es la manera barata de tener phlox en un año a partir de sobre de semilla; funciona bien en macetero y en clima seco, donde las perennes altas sufren. Phlox stolonifera y Phlox divaricata son las opciones para sombra fresca bajo caducos, con floración azul en abril. Phlox maculata, ya citada, es la alternativa sensata a paniculata allí donde el oídio castiga.
En resumen
Elige primero el grupo y después el color. Phlox paniculata es una vivaz de bordura para jardines con agua y verano templado; en el interior seco necesita sombra de tarde, acolchado y variedad resistente al oídio como 'David'. Phlox subulata y Phlox bifida son plantas de rocalla que piden sol, tierra pobre y drenaje, y se estropean con la generosidad: ni abono ni riego de más.
Planta en otoño, separa 45-50 cm los altos, riega siempre al suelo y nunca sobre la hoja, aclara los tallos en abril y corta las flores marchitas para que la mata no se siembre sola y pierda el color de la variedad. Divide cada tres o cuatro años, rebaja los tapizantes con tijera en cuanto acaben de florecer y vigila los tallos deformes con hoja afilada: si aparecen, es anguílula y la mata se arranca. Con esas rutinas, un phlox bien situado dura en el jardín más que quien lo plantó.