Surfinia no es una especie ni una variedad botánica. Es una marca registrada de una serie de petunias, y funciona igual que la marca de un coche: identifica a quién pertenece esa gama, no a qué planta estás mirando. Lo mismo pasa con potunia y con el resto de nombres terminados en cosas raras que ves en las etiquetas de plástico del vivero.
Debajo de esa marca hay petunias híbridas seleccionadas y registradas por una empresa obtentora, con derechos de propiedad sobre la variedad. Eso tiene consecuencias prácticas para ti: no las vas a encontrar en sobre de semillas, no se reproducen fieles por semilla, y multiplicarlas para vender es ilegal. Aquí va qué significa cada cosa y qué cambia en el cuidado.
Porte colgante y vigoroso: la mata cae por el borde de la maceta y sigue creciendo toda la temporada.
Marca, variedad y denominación: tres nombres para la misma planta
Una petunia de serie comercial arrastra tres nombres distintos y conviene no confundirlos.
- El nombre de la serie, que es una marca registrada del obtentor y agrupa varias variedades con un comportamiento parecido. Es lo que va en grande en la etiqueta.
- El nombre del color, que suele ser descriptivo y también comercial.
- La denominación varietal, que es el nombre oficial con el que la variedad está registrada. Suele ser un código con letras y números que no dice nada y que aparece en letra pequeña, o directamente no aparece.
Esto explica una cosa que desconcierta mucho: dos plantas con la misma marca en la etiqueta pueden ser variedades distintas, y la misma variedad puede venderse con marcas distintas en países distintos. La marca es de quien la comercializa; la variedad es de quien la obtuvo.
Por qué no hay semillas
Estas petunias son híbridos seleccionados por características muy concretas (vigor, porte, tamaño de flor, resistencia al agua), y esas características no se heredan limpias. Si siembras la semilla que produzca tu planta, te salen petunias, sí, pero no esa petunia: la descendencia se reparte los caracteres y sale de todo.
Por eso se multiplican por esqueje, que es un clon exacto de la planta madre. Todas las plantas de una variedad en un vivero descienden vegetativamente de un mismo individuo. Eso es también lo que hace que el material sea caro: hay que mantener plantas madre, hay que enraizar esquejes uno a uno, y hay que pagar un canon por cada planta producida.
Los derechos de obtentor, en corto
Obtener una variedad nueva lleva años de cruces y de selección, y la ley reconoce a quien lo hace un derecho parecido al de una patente, aunque con su régimen propio. En la Unión Europea lo regula el Reglamento (CE) 2100/94, de protección comunitaria de las obtenciones vegetales, y en España la Ley 3/2000, de régimen jurídico de la protección de las obtenciones vegetales.
Lo que el titular controla es, entre otras cosas, la producción y la multiplicación del material vegetal de la variedad. Por eso muchas etiquetas llevan las siglas PBR o una mención expresa de que está prohibida la propagación.
Y ahora el matiz honesto, porque se cuenta mal en los dos sentidos. El propio Reglamento (CE) 2100/94 excluye del alcance del derecho los actos realizados en privado y con fines no comerciales. Si cortas un esqueje de tu surfinia en agosto para tener una planta el año que viene en tu terraza, estás dentro de esa excepción. Lo que no puedes hacer es multiplicarla para venderla, para intercambiarla en un mercadillo o para regalarla en cantidad, ni usar la marca en nada de eso. Ahí ya no hay excepción que valga.
Surfinia y potunia: dos portes distintos
Más allá del papeleo, las dos series que dan nombre a estas fichas describen dos comportamientos que sí te interesan al comprar.
La de tipo surfinia es colgante y muy vigorosa. Produce tallos largos que caen por el borde del recipiente y siguen alargándose toda la temporada. Está pensada para cestas colgantes, para jardineras altas y para tapar un balcón desde arriba. Su virtud y su problema son lo mismo: crece mucho.
La de tipo potunia es compacta y de porte redondeado. Hace una mata densa, más baja que ancha, que no se desmadra. Es la elección para una maceta de tamaño normal, para una jardinera de ventana o para el borde de un macizo, donde una colgante se comería a las vecinas.
La etiqueta rígida de plástico con nombre de serie es la pista de que estás ante una planta multiplicada por esqueje y con derechos de obtentor.
El error de siempre: maceta pequeña
Una colgante vigorosa en una maceta pequeña no funciona, y es lo que más se ve. Toda esa masa de tallos y flores sale de un cepellón que, si es pequeño, se queda sin agua a media tarde de un día de julio en el este peninsular. La planta se descuelga, pierde las flores abiertas y tarda días en recuperarse, si es que se recupera.
Así que la regla es al revés de lo que parece: cuanto más vigorosa la serie, más litros de sustrato, no menos. Y el sustrato tiene que retener agua y a la vez drenar, lo que se consigue con una mezcla con materia orgánica y algo de material que dé aire. Un recipiente con reserva de agua ayuda de verdad en este caso concreto.
Del abonado, lo mismo: una planta que produce esa cantidad de biomasa agota el sustrato deprisa. Con abono líquido durante toda la floración, y atento al hierro, porque con las aguas calizas del este y del sur la petunia amarillea entre los nervios con facilidad. Ese problema está contado con detalle en la ficha de la petunia.
El pinzado y el corte de mitad de temporada
Las dos cosas que mejoran una petunia de serie son manuales y gratis.
El pinzado al principio: cuando la planta es joven, cortar la punta de los tallos hace que brote por varios sitios y que la mata cierre en vez de salir con cuatro colgajos largos y pelados por arriba.
El corte de julio o agosto: llegado el pico del verano, los tallos se han alargado y solo tienen flor en la punta, con la base desnuda. Un recorte generalizado, quitando una parte buena del largo, es feo durante un par de semanas y devuelve una planta llena para el final del verano y el otoño. Hazlo con la planta bien regada y con abono después, no en plena ola de calor.
Después del verano
La petunia es en realidad una vivaz de origen sudamericano, pero aquí se trata como planta de temporada porque el frío la acaba. En el litoral mediterráneo y en el sur puede pasar el invierno si no hiela y seguir el año siguiente, aunque llega deslucida. En el interior, con heladas, no pasa.
Si te gusta una en concreto y quieres conservarla, la vía es el esqueje a finales de verano, guardado en un sitio protegido y luminoso. Para tu casa, y sin venderlo ni regalarlo en cantidad, que es justo lo que decíamos más arriba.
Y ojo con lo que compras: puede no ser una petunia
En los mismos expositores y con etiquetas igual de comerciales se venden calibrachoas, que son otro género de la misma familia. Se distinguen a simple vista: flor mucho más pequeña, de dos a tres centímetros, y mata más densa y menuda. Si te llevas una creyendo que es una petunia colgante grande, te va a parecer que ha salido enana. Lo tienes comparado en la ficha de la calibrachoa.
En resumen
Surfinia y potunia son nombres de marca de series de petunia multiplicadas por esqueje, no especies ni cultivares botánicos. Llevan detrás derechos de obtentor amparados por el Reglamento (CE) 2100/94 y por la Ley 3/2000, y por eso no se venden en semilla y su propagación para vender está prohibida, con la excepción de lo que hagas en privado y sin fines comerciales.
En el cuidado, lo que de verdad distingue a una serie de otra es el porte. Una colgante vigorosa pide recipiente grande, mucha agua y abono continuo, y agradece un recorte a mitad de temporada. Una compacta va bien en una maceta normal y no se desmadra. Elige por eso, no por lo que ponga en la etiqueta.