A mediados de julio, la jardinera de petunias que en mayo era una bola de flor suele haberse convertido en un manojo de tallos pelados con cuatro corolas en la punta. No está enferma ni le falta agua: es lo que hace una petunia cuando nadie la recorta. Ese recorte de verano, y un par de cosas más sobre el agua y el hierro, separan una temporada de cuatro meses de flor de una de seis semanas.
Qué planta es exactamente
La petunia de jardín es Petunia × atkinsiana, nombre que ha sustituido en la nomenclatura actual al clásico Petunia × hybrida. Es un híbrido, no una especie silvestre: nació en los viveros europeos del siglo XIX cruzando Petunia axillaris, blanca y perfumada de noche, con Petunia integrifolia, de flor pequeña y violeta. Ambas proceden del sur de Brasil, Uruguay y el noreste de Argentina.
Pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y el tabaco. De hecho el nombre del género viene de petun, la palabra guaraní para el tabaco. Ese parentesco tiene consecuencias prácticas que se pasan por alto y que verás más abajo, en el apartado de enfermedades.
Los tipos que encontrarás y en qué se diferencian
Grandiflora. Flores enormes, de 8 a 12 centímetros, pocas por planta. Espectaculares y frágiles: una tormenta de verano las deja hechas papel mojado y ya no se recuperan. Van mejor bajo alero o en balcón cubierto.
Multiflora. Flores de 5 a 7 centímetros, muchísimas más, y aguantan la lluvia y el viento sin deshacerse. Para un macizo o una jardinera expuesta son mejor elección que las grandiflora, aunque en la foto del vivero impresionen menos.
Milliflora. Flor de 2,5 a 4 centímetros y porte muy compacto. Ideal para jardineras pequeñas y bordes.
Colgantes y tapizantes. Aquí hay dos historias distintas. Las series tipo Wave se obtienen de semilla y cualquiera puede sembrarlas. Las surfinias no: Surfinia es una marca registrada de Suntory, y esas plantas son clones que solo se multiplican por esqueje. Como son variedades protegidas por derechos de obtentor, esquejarlas para venderlas está prohibido; para tu propio balcón, ningún problema.
Calibrachoa. Comparte estante en el vivero, tiene la misma forma de flor y a menudo la etiqueta dice «minipetunia», pero es un género aparte. La flor no pasa de tres centímetros, la planta cuelga más y, sobre todo, es bastante más exigente con el pH: en agua caliza amarillea antes y con más ganas que una petunia. Si compras una y la riegas igual que al resto de la jardinera, la verás clorótica en tres semanas. También existen las Petchoa, híbridos entre ambos géneros que combinan el vigor de la petunia con el porte de la calibrachoa.
Cuándo y dónde plantarlas en España
Se plantan cuando ha pasado el riesgo de helada: marzo en el litoral mediterráneo y en el sur, abril en la mayor parte de la Península, mediados o finales de mayo en la meseta norte y zonas de montaña. Plantar en marzo en Burgos o en Ávila para adelantarse no adelanta nada: una noche de −2 °C se lleva por delante toda la bandeja.
Sol directo, y cuanto más mejor: a partir de seis horas diarias florecen bien; con cuatro producen la mitad y se estiran buscando luz. La única excepción razonable es el sol de tarde de julio y agosto en el interior peninsular, donde una sombra ligera a partir de las cinco les alarga la vida a las flores.
En suelo, a 25-30 centímetros entre plantas. En maceta, cuenta con tres o cuatro litros de sustrato por planta como mínimo. Una jardinera de balcón de 60 centímetros admite tres petunias, no cinco: apretadas compiten por agua, se ventilan mal y aparece el moho gris al primer día húmedo.
Riego: dónde se echa el agua importa
La petunia bebe mucho, sobre todo en maceta colgante, donde el cepellón se seca por todas las caras. En julio en Madrid o en Murcia, una cesta colgante puede necesitar riego diario y, en plena ola de calor, dos veces al día. En suelo la cosa se relaja: dos o tres riegos por semana.
El detalle que cambia el resultado es dónde cae el agua. Riega al pie, no por encima. Las corolas mojadas de forma repetida se pudren, se pegan unas a otras y sobre esos pétalos muertos se instala Botrytis cinerea, el moho gris, que después salta a los tallos sanos. Un aspersor de césped apuntando a una jardinera de grandifloras acaba con ella en dos semanas de tiempo húmedo.
Al mismo tiempo, no soportan tener los pies en agua. El plato con agua permanente bajo la maceta lleva a la asfixia radicular y a Pythium: la planta se marchita como si tuviera sed, riegas más, y así se acelera el final. Ante una petunia mustia con el sustrato húmedo, la respuesta es dejar de regar y comprobar el drenaje, nunca añadir agua.
Sustrato y, sobre todo, hierro
Sustrato ligero y drenante, a base de turba con un 20-30 % de perlita, o un sustrato universal de calidad al que se le añade perlita. El pH que le va bien está entre 5,5 y 6,5.
El problema clásico en gran parte de España es el agua del grifo: dura, con bicarbonatos y con un pH de 7,5 o más. Riego tras riego, ese agua va subiendo el pH del sustrato hasta que el hierro deja de ser asimilable aunque esté físicamente presente. El síntoma es inconfundible: las hojas nuevas amarillean y las nervaduras se quedan verdes, dibujando una retícula. Las viejas siguen verdes.
Eso no se arregla con más abono. Se arregla con quelato de hierro EDDHA, el único que se mantiene estable a pH alto —los quelatos EDTA, más baratos, no sirven de nada en suelo calizo—, y se previene alternando con agua de lluvia o bajando ligeramente el pH del agua de riego. Las petunias colgantes y las calibrachoas son las primeras en manifestarlo.
Abonado
Una planta que florece sin parar de abril a octubre consume mucho. En maceta, abono líquido para plantas de flor cada siete o diez días desde que arranca la floración; en suelo, cada quince días, o abono de liberación lenta en la plantación reforzado con líquido desde julio.
Interesan fórmulas con más potasio que nitrógeno y con micronutrientes incluidos. El exceso de nitrógeno produce una planta grande, verde y blanda, con hojas hermosas, pocas flores y mucha más facilidad para el pulgón.
El pinzado y el recorte de julio
Dos operaciones, y las dos son las que deciden el aspecto de la jardinera.
La primera, al plantar: pinza la punta de cada tallo cuando la planta tenga 10 o 12 centímetros. Pierdes una semana de floración y ganas cuatro o cinco tallos donde había uno.
La segunda, a mitad de temporada. Las petunias tienen crecimiento indeterminado: alargan los tallos y van dejando atrás la parte vieja, que se queda desnuda. Cuando veas que los tallos pasan de 30-40 centímetros con hojas solo en el extremo, córtalos a la mitad, riega y abona. Se ve horrible durante diez días y vuelve a estar cuajada de flor en dos o tres semanas. Si te da apuro cortarlo todo de golpe, hazlo en dos tandas separadas por una semana, la mitad de los tallos cada vez.
Aparte, retira las flores marchitas con el cáliz y el pedúnculo, no solo la corola seca. Si dejas el cáliz, la planta forma cápsula de semilla y frena la floración; y esos restos húmedos son la puerta de entrada de la botritis. Algunas variedades modernas son autolimpiantes y se ahorra el trabajo, pero las grandifloras clásicas no.
Multiplicación
Semilla. De enero a marzo, en semillero protegido a 20-24 °C. La semilla es polvo fino y germina con luz: se esparce sobre el sustrato húmedo y no se cubre. Enterrarla es garantía de que no nazca. Emerge en 7-14 días y florece unas diez o doce semanas después de la siembra. Existe semilla peletizada, más cara y muchísimo más fácil de dosificar.
Esqueje. Los tipos colgantes y de flor doble se multiplican así, y de hecho muchos son estériles. Esquejes apicales de 8-10 centímetros sin flor, en primavera o a finales de verano, quitando las hojas inferiores y plantando en perlita o en turba con arena. Enraízan en dos o tres semanas.
Plagas
Pulgón. Colonias verdes o negras en los brotes tiernos y en los botones florales, con melaza pegajosa y después negrilla. El jabón potásico repetido cada cinco días resuelve los focos si mojas bien el envés.
Araña roja (Tetranychus urticae). Aparece con calor seco y balcones a resguardo de la lluvia. Punteado amarillo fino en el haz, telillas en el envés. Sube la humedad, pulveriza el envés con agua y usa aceite de neem si progresa.
Trips. Diminutos, dejan las flores con manchas plateadas y deformes. Importan menos por el daño directo que por lo que transmiten: el virus del bronceado del tomate (TSWV), para el que no hay cura.
Orugas. Helicoverpa armigera y Spodoptera perforan los botones florales desde dentro. La señal previa son unos granitos negros de excremento sobre las hojas antes de que se vea ningún agujero. Bacillus thuringiensis funciona bien mientras las larvas son pequeñas; una vez metidas en el capullo, ya no las alcanza nada aplicado por fuera.
Caracoles y babosas. Se ceban en las plantas recién trasplantadas, sobre todo en primavera húmeda.
Enfermedades, y el asunto del tomate
Moho gris (Botrytis cinerea): pelusa gris sobre flores marchitas y tallos, tras días de humedad. Se controla retirando flores muertas, aclarando la plantación y regando al pie.
Oídio: polvo blanco sobre las hojas al final del verano, cuando los días son cálidos y las noches frescas. Molesta más de lo que daña.
Podredumbre de cuello y raíz (Phytophthora, Pythium, Rhizoctonia): base del tallo oscura y blanda, planta que se cae. No tiene arreglo; se previene con drenaje y sin encharcar.
Y aquí llega la consecuencia de ser solanácea. La petunia comparte virus con el tomate, el pimiento y la berenjena: TSWV, mosaico del tabaco, mosaico del pepino. Una jardinera de petunias junto al huerto de tomateras funciona como reservorio en las dos direcciones. Los síntomas son hojas moteadas o abolladas, mosaicos amarillos y plantas que se quedan enanas, y no existe tratamiento: se arranca la planta y se tira a la basura, no al compost. Si fumas, lávate las manos antes de manipularlas, porque el virus del mosaico del tabaco sobrevive en la picadura.
Toxicidad y fama medicinal
El parentesco con la belladona y el beleño suena inquietante, pero la petunia no figura entre las plantas ornamentales tóxicas: los centros de referencia veterinarios la clasifican como no tóxica para perros y gatos. Un animal que se coma unas hojas puede tener una molestia digestiva pasajera, como con casi cualquier planta, nada más. Eso no la convierte en comestible ni justifica dejar que la mordisqueen.
Sobre usos medicinales, conviene ser claro: la petunia de jardín es un híbrido hortícola creado hace menos de dos siglos y no tiene tradición medicinal propia ni respaldo en ensayos clínicos para ningún uso. Algunas especies silvestres sudamericanas del género aparecen citadas en etnobotánica local, pero eso no se traslada a la planta del balcón. Cualquier preparado casero con ella carece de fundamento; para un problema de salud, el médico o el farmacéutico.
Otra idea que circula: que las petunias ahuyentan mosquitos o pulgones de las plantas vecinas. No hay evidencia de ese efecto repelente. Plántalas porque florecen mucho, no como insecticida.
Después del verano
Botánicamente son perennes en su lugar de origen, pero aquí se cultivan como planta de temporada, y con razón. Una helada las liquida. En la costa mediterránea y en Canarias pueden pasar el invierno vivas, aunque salen de él lignificadas, ralas y con menos flor que una planta nueva de vivero.
Lo práctico es tirarlas en otoño y renovar el sustrato de la jardinera en primavera. Si quieres conservar un color concreto que no vuelvas a encontrar, saca esquejes en septiembre, enraízalos y mantén las plantitas en interior luminoso por encima de 8-10 °C hasta abril.
En resumen
La petunia (Petunia × atkinsiana) es una solanácea sudamericana de origen híbrido que en España florece de abril o mayo hasta las primeras heladas, no todo el año. Quiere seis horas largas de sol, sustrato drenante y ligeramente ácido, riego frecuente al pie —nunca sobre las flores— y abonado semanal con más potasio que nitrógeno. El amarilleo con nervios verdes es clorosis férrica por agua caliza y se corrige con quelato EDDHA. Pinza al plantar y recorta los tallos a la mitad a mediados de julio: es lo que devuelve la mata a plena floración en agosto. Elige multiflora si el sitio recibe lluvia y viento, y reserva las grandiflora para lugares protegidos. No la plantes pegada a las tomateras, porque comparten virus, y trátala como planta anual: renovar cada primavera da mejor resultado que intentar salvarla.