Lo que distingue a un narciso de cualquier otra flor de bulbo es una pieza concreta: la corona, ese tubo o esa copa que sale del centro de la flor, por delante de los pétalos. Que sea larga como una trompeta, corta como una tacita o reducida a un anillo diminuto con borde rojo es lo que separa a unos narcisos de otros, y es el criterio con el que están clasificados todos los que se venden. Entender esa pieza es entender el género entero.

Y hay un segundo dato que conviene saber antes de comprar el primer ramo: el narciso no se mezcla con otras flores en el mismo jarrón. Su tallo suelta una savia mucilaginosa que tapona los vasos de las demás y las marchita en un día. Tiene solución, y está más abajo. Antes de nada, el aviso que vale para todo el género: todas las partes del narciso son tóxicas, muy especialmente el bulbo, por sus alcaloides, entre ellos la licorina. Hay intoxicaciones documentadas por confundir un bulbo de narciso con una cebolla y el escapo tierno con una cebolleta. Es tóxico también para perros y gatos, y la savia provoca dermatitis a quien manipula bulbos a granel.

narciso Los seis tepalos blancos forman el perianto; la copa naranja del centro es la corona. Son dos estructuras distintas y pueden tener colores distintos.

La flor, pieza a pieza

Un narciso no tiene pétalos y sépalos diferenciados: tiene seis tepalos. La palabra se usa cuando las piezas de las dos envueltas florales son iguales entre sí, como pasa aquí y como pasa en los tulipanes. Esos seis tepalos forman el perianto, y pueden estar extendidos en plano, ligeramente echados hacia atrás o completamente reflejos, doblados hacia el tallo.

Delante del perianto está la corona o parafisto, una estructura tubular que no corresponde ni a los pétalos ni a los estambres y que es exclusiva de este género dentro de su familia. Puede ser más larga que los tepalos (entonces hablamos de trompeta), de longitud intermedia, o un simple reborde plano de pocos milímetros.

Dentro de la corona van los seis estambres, en dos series y a distinta altura, y el estilo. El ovario es ínfero, es decir, queda por debajo de la flor, en ese ensanchamiento verde que se ve justo detrás de los tepalos y que mucha gente confunde con un capullo. Entre el ovario y la flor hay un tubo estrecho, el tubo del perianto, que es donde se acumula el néctar y que explica por qué a los narcisos van mariposas y polillas de trompa larga.

La flor sale de un escapo, un tallo hueco y sin hojas que nace directamente del bulbo. Antes de abrir va envuelta en una membrana seca y papirácea llamada espata, que se rompe por un lado y queda colgando como un pergamino. Según la especie, el escapo lleva una sola flor o un ramillete de varias.

El bulbo, que es una yema con despensa

El bulbo del narciso es un bulbo tunicado, del mismo tipo que el de la cebolla: un tallo comprimidísimo en forma de disco (la placa basal, de donde salen las raíces) sobre el que se apilan capas carnosas que son bases de hoja engrosadas y llenas de reservas, todo protegido por unas túnicas externas secas y marrones.

Dentro, ya formada, está la flor del año siguiente. Eso es lo importante y lo que explica la regla que rige el cultivo entero: la flor de la primavera que viene se fabrica con lo que la hoja de esta primavera consiga acumular. Por eso el error clásico, segar o atar las hojas nada más caer la flor porque quedan feas, condena la floración del año próximo. La hoja tiene que secarse sola y amarillear en la planta.

El bulbo se multiplica por sí solo. En la axila de las escamas se forman bulbillos que acaban separándose, lo que hace que una mata vaya cerrándose hasta quedar apretada. Cuando eso ocurre, la mata da mucha hoja y poca flor, y toca dividirla con el bulbo ya en reposo.

Los grupos: cómo se ordenan los narcisos

Los narcisos de jardín están clasificados en divisiones, y ese es el dato que aparece en la etiqueta o en el catálogo. El criterio principal es la relación entre la longitud de la corona y la de los tepalos, más el número de flores por escapo y la especie de la que deriva el cultivar. Los que más te vas a encontrar:

  • Trompeta. Una flor por escapo y corona tan larga o más que los tepalos. Son los narcisos amarillos grandes de toda la vida, derivados de Narcissus pseudonarcissus.
  • Corona grande y corona pequeña. Una flor por escapo, con la corona de longitud intermedia o claramente corta. Es donde cae la mayoría de los cultivares bicolores.
  • Dobles. Flores con tepalos o coronas multiplicados. Pesan y se vencen con la lluvia.
  • Triandrus. Varias flores colgantes por escapo, con los tepalos echados hacia atrás. Derivan de Narcissus triandrus, que es un endemismo ibérico.
  • Cyclamineus. Tepalos completamente reflejos, como las orejas de un conejo, y corona larga y estrecha. Vienen de Narcissus cyclamineus, del noroeste peninsular.
  • Jonquilla. Varias flores pequeñas y muy perfumadas, con hojas estrechas casi juncoides. De ahí el nombre de junquillo.
  • Tazetta. Ramilletes de muchas flores pequeñas en un solo escapo. Muy mediterráneos y muy tempranos.
  • Poeticus. Tepalos blancos y una corona minúscula con el borde rojo. Los más tardíos y los más perfumados.
  • Especies silvestres e híbridos entre ellas, que forman un grupo aparte, junto con otro para los de corona hendida.

La península ibérica es uno de los centros de diversidad del género: aquí hay especies que no crecen en ningún otro sitio del mundo. Por eso los narcisos silvestres no se recolectan del campo. Están protegidos por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, y varias especies y subespecies figuran además en los catálogos autonómicos de especies amenazadas, cada comunidad con su grado. Los bulbos se compran a productor.

Narcissus triandrus Narcissus triandrus: varias flores colgantes por escapo y tepalos reflejos. Es el modelo del grupo triandrus.

Por qué huelen unos y otros no

El perfume no está repartido por igual. Los grupos jonquilla, tazetta y poeticus son intensamente aromáticos; los trompeta grandes de jardín, en general, apenas huelen. La razón es la polinización: las especies de flor estrecha y tubo largo dependen de insectos de trompa larga y han invertido en aroma, mientras que la selección hortícola de los grandes amarillos ha ido a por tamaño y color. Es el mismo fenómeno que ha dejado sin olor a muchas rosas modernas.

Ese aroma es, además, un producto industrial. Del Narcissus poeticus se obtiene el llamado absoluto de narciso, un material de perfumería que se extrae por disolvente y que se usa en cantidades pequeñísimas por lo intenso que es.

El narciso en jarrón: el detalle que arruina el ramo

Aquí está el dato práctico que casi nadie conoce. Cuando cortas el escapo de un narciso, el corte suelta un mucílago viscoso. En un jarrón compartido, ese mucílago se deposita en los vasos conductores de los tallos vecinos y los tapona: tulipanes, anémonas o ranúnculos se vencen al cabo de pocas horas con el tallo lleno de agua fresca que no llega a la flor.

La forma de resolverlo es sencilla y está en el manual de cualquier florista:

  • Corta los narcisos y déjalos solos, en un recipiente con agua, unas horas, mejor una noche entera, hasta que dejen de exudar.
  • No los vuelvas a cortar después. Un corte nuevo reabre la exudación y hay que volver a empezar.
  • Pasado ese tiempo, ya puedes montarlos con el resto del ramo.

Si lo que quieres es un ramo solo de narcisos, no hay que hacer nada de esto. Y otro detalle del corte: el escapo del narciso se corta, no se arranca, y conviene cortarlo lo más abajo posible pero sin llevarse hojas, que son las que tienen que seguir trabajando en la planta.

narcisos Un ramo solo de narcisos no da ningún problema. La precaución es únicamente para mezclarlos con otras flores.

De dónde viene el nombre

El nombre del género arrastra el mito griego de Narciso, el joven que se enamoró de su reflejo en el agua y que, según la versión de Ovidio, quedó convertido en la flor que crecía en la orilla. De ahí procede la asociación cultural entre la planta y el ensimismamiento, que es una convención literaria de tradición grecolatina y no una propiedad de la planta. En el lenguaje de las flores victoriano se le dieron después otros significados, y en el norte de Europa quedó ligado al final del invierno simplemente porque es de las primeras flores que aparecen.

En resumen

El narciso se reconoce por su corona, la copa o trompeta que sale del centro de la flor por delante de seis tepalos iguales, y todo el orden hortícola del género se construye sobre el tamaño de esa corona y el número de flores por escapo. El bulbo es tunicado y guarda ya formada la flor del año siguiente, lo que explica la única regla que de verdad importa en su cultivo: dejar que la hoja se seque sola.

Y dos advertencias que van juntas. Es un género tóxico en todas sus partes, sobre todo en el bulbo, y también para perros y gatos, así que los bulbos no se guardan cerca de la despensa ni al alcance de nadie. Y en jarrón hay que darle unas horas a solas en agua antes de mezclarlo, porque si no se lleva por delante al resto del ramo.


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