Los muebles de jardín casi nunca se mueren de usarse. Se mueren de dos cosas: de no limpiarlos nunca y de guardarlos mojados. Un conjunto barato bien cuidado aguanta más que uno caro abandonado en un rincón, y el cuidado cabe en tres o cuatro tardes al año.

Aquí va qué hacer y cuándo, qué limpieza sirve y cuál estropea, la verdad sobre el aceite de teca y cómo se pasa el invierno sin que en marzo aparezca el moho. Sin productos milagro: agua, jabón, un cepillo y un sitio seco resuelven casi todo.

El calendario del año

Primavera. Saca, revisa y lava: apretar tornillería, mirar si hay puntos de óxido, comprobar que las patas siguen firmes y ver cómo han pasado el invierno mallas y cojines.

Verano. Poco: retirar lo que cae del arbolado (melaza de pulgón, resina de pino, fruto de morera) antes de que se seque, y cerrar la sombrilla al levantarte de la mesa.

Otoño. La tarde importante: limpieza a fondo, secado completo y a guardar o a tapar. Hacerlo en octubre y no en enero es la diferencia entre un mueble que dura y uno que se pica.

Invierno. Mirar la funda después de cada temporal. Una funda rota o desplazada hace más daño que no tenerla, porque retiene el agua justo encima del mueble.

La limpieza que sirve y la que estropea

Lo que funciona con todo: agua templada, jabón neutro o jabón potásico, cepillo de cerda blanda, enjuagado y secado al aire. Se cepilla en el sentido de la fibra en la madera y del trenzado en el ratán.

Lo que estropea, y se hace mucho:

  • La hidrolimpiadora sobre madera. Levanta la fibra, deja la superficie rugosa como una lija y desde ese momento el mueble se ensucia el doble. Sobre ratán sintético descose el trenzado, y descarna las juntas de mortero de una terraza.
  • La lejía sobre madera. Decolora a manchas y ataca la tornillería.
  • El estropajo o el cepillo de púas de acero sobre aluminio o inoxidable. Deja partículas de hierro incrustadas que se oxidan luego y manchan de puntos marrones un metal que no se oxidaba. Ahí, cepillo de fibra no metálica.
  • Los disolventes sobre plástico y resina: los empañan y los craquelan.

La teca y el aceite

Aquí va la parte que las tiendas no cuentan. La teca y las demás maderas duraderas se vuelven grises a la intemperie, y eso no es un problema. El gris es la capa exterior de fibra degradada por el ultravioleta, unas décimas de milímetro. Por debajo la madera está intacta y sigue igual de resistente a hongos e insectos. Un mueble de teca gris no está deteriorado: está gris.

El aceite de teca, entonces, es una decisión estética. Devuelve el tono miel y hay que repetirla cada temporada, porque el sol se lo lleva. Y tiene una contraindicación real: el aceite es materia orgánica, y en clima húmedo (norte atlántico, zonas de sombra, patios poco ventilados) puede favorecer la aparición de moho negro en superficie, unos puntos oscuros que luego cuesta quitar.

Así que hay dos caminos honestos. Uno: dejar que grisee y lavarla una vez al año con agua y jabón, que es lo que acaba haciendo la mayoría. Dos: si el tono te importa, limpiar en primavera y aplicar aceite o un protector específico, sabiendo que es un compromiso anual.

Lo que no se hace nunca es barnizar una madera dura al aire libre con un barniz que forme película. La película se cuartea con los ciclos de sol y humedad, el agua entra por debajo y se queda ahí, y quitarlo obliga a lijar el mueble entero. Para madera de exterior, productos de poro abierto (tipo lasur o aceite), nunca film.

Conjunto de ratán sintético con cojines en una terraza

Un conjunto de salón de exterior: los cojines son la parte que menos aguanta y la primera que hay que retirar cuando cambia el tiempo.

Pino tratado y maderas blandas

Si el mueble es de pino o abeto, viene tratado en autoclave y el protector está en la masa de la madera, no en la superficie. Aun así, todo corte o taladro que hayas hecho tú deja el interior a la vista y hay que pincelarlo.

Para el acabado, lasur de exterior, que deja respirar la madera y se refresca dando otra capa sin lijar hasta el fondo. Y una medida que vale más que cualquier producto: levantar las patas del suelo con unos tacos, para que la madera no chupe humedad por capilaridad, que es por donde empiezan a podrirse todos los muebles de madera blanda.

Metal

El aluminio no pide nada: lavado y listo. Las rozaduras no importan, porque se vuelve a proteger solo con su propio óxido, y una esquirla de lacado saltada es cuestión estética, no de corrosión.

El acero pintado y la forja son los que dan trabajo, y tienen una regla: en cuanto asome un punto de óxido, se actúa. Lijar hasta metal limpio, imprimación y pintura. Un punto de óxido de un mes se arregla en diez minutos; el mismo punto al final del verano siguiente se ha comido la chapa por debajo de la pintura en un palmo alrededor.

La tornillería se aprieta una vez al año, y cuando un tornillo se da de sí o se oxida se sustituye por uno de acero inoxidable. Un mueble que cojea casi siempre solo tiene un tornillo flojo.

Ratán sintético, mallas y tejidos

El ratán sintético se lava con agua, jabón y cepillo, insistiendo en el trenzado, donde se acumula el polvo. Después, secar al aire y no dejarlo cubierto mojado. Si aparece una hebra rota, atiéndela pronto: a partir de la primera, el trenzado se va abriendo.

Las mallas tensadas de tumbonas y sillas aguantan muy bien y pierden tensión con los años, lo que solo molesta si el asiento acaba tocando el bastidor. Lo que falla antes es la costura, porque el hilo se degrada al sol antes que la malla: si ves un hilo deshilachado, cóselo antes de que se abra entero.

Cojines y colchonetas

Son lo que menos dura y también lo que menos se cuida. Dos reglas y se acabó el problema: no duermen fuera y no se guardan mojados.

Si se han mojado, se secan de canto y a la sombra, no aplastados en el suelo ni al sol directo. Un cojín guardado húmedo desarrolla moho en la espuma, y ese olor no se va lavando la funda: la espuma está colonizada por dentro. Por eso conviene la funda con cremallera, para sacar la espuma y secarla aparte.

Un arcón de exterior junto a la mesa es la solución que de verdad se usa: si hay que cruzar el jardín para guardar los cojines, no se guardan.

Sillones de mimbre natural con cojines sobre el césped

Cojines en el césped y mimbre natural sobre hierba húmeda. Bonito en la foto y la manera más rápida de estropear los dos.

Las fundas, que se usan mal

Una funda estanca es un invernadero: el sol la calienta, el agua que había debajo se evapora y condensa en la cara interior, y el mueble pasa el invierno mojado y sin ventilación. De ahí salen el moho, el olor y las manchas.

La funda que funciona es transpirable y con ventilaciones, no llega apretada hasta el suelo y va bien sujeta con sus cintas, porque una funda que ondea con el viento actúa como una lija sobre el lacado y la madera. Y se pone con el mueble ya seco, no recién lavado.

La invernada: lo único que no se perdona es guardarlo mojado

Antes de guardar, limpia y espera a que esté seco de verdad, incluidos huecos de perfil, uniones y bajos de pata. Un perfil hueco con agua dentro se oxida por dentro todo el invierno.

Puede quedarse fuera, tapado o no: aluminio, hormigón y piedra, madera de durabilidad natural, y resina si es de calidad y está a la sombra. Tiene que entrar bajo cubierto: los cojines, las sombrillas (cerradas y secas, de pie y nunca enrolladas húmedas), los tableros de cristal, el mimbre natural y cualquier textil grueso.

Dentro del cobertizo, los muebles van separados del suelo y no pegados a un muro frío, que es donde condensa. Y mejor un local ventilado que un arcón hermético: el aire que se mueve es lo que impide el moho.

Un último aviso de helada, que se olvida cada año: vacía el agua de las bases de sombrilla rellenables, de los platos de maceta y de las fuentes. El agua se congela, aumenta de volumen y raja la base o el vaso.

Cuánto de todo esto te aplica depende de dónde vivas. En el litoral mediterráneo se quedan fuera casi siempre y el trabajo es lavar el salitre y proteger del sol. En el interior peninsular y en el norte, la invernada bajo cubierto es lo que marca la diferencia entre cinco y quince años de vida.

Conjunto de exterior de fibra blanca sobre césped

Los acabados claros disimulan el polvo y no se calientan tanto al sol, pero marcan cualquier mancha de melaza o de resina.

Mimbre natural y fibras vegetales

Si tus muebles son de mimbre, rota, bambú o fibra vegetal, no son muebles de intemperie aunque se vendan para el jardín. Mojados se manchan, se deforman al secar, crían moho y se aflojan las ataduras. Su sitio es un porche cubierto o una galería.

Sillones de bambú con colchonetas bajo una sombrilla

Bambú y colchonetas gruesas. Un conjunto así vive bajo techo y sale al jardín las horas que se usa.

En resumen

Tres tardes al año y dos reglas. Las tardes: revisar y lavar en primavera, limpiar a fondo y guardar en otoño, y mirar la funda después de cada temporal. Las reglas: nunca guardar un mueble mojado y nunca dejar los cojines fuera. Con eso solo, la vida útil de un conjunto se dobla.

Lo demás es saber qué pide cada material: la teca puede grisear tranquilamente y el aceite es opcional, el aluminio solo quiere agua y jabón, la forja quiere que ataques el punto de óxido el día que aparece, y la madera blanda quiere las patas levantadas del suelo. El detalle de cómo se comporta cada uno a la intemperie está en materiales de mobiliario de jardín.


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