Lo que llamas flor de lavanda no es una flor. Es una espiga, una inflorescencia que agrupa decenas de flores diminutas sobre un mismo tallo, y entender cómo está construida explica casi todo lo demás: por qué el aroma sale al frotarla y no al olerla de lejos, por qué la espiga seca sigue oliendo meses después, por qué se desgrana si la cortas tarde y por qué en un jarrón aguanta poco.
La lavanda es un género de la familia de las labiadas, Lavandula, con varias especies que se venden mezcladas bajo el mismo nombre comercial y que se distinguen precisamente por la forma de la espiga. Si sabes mirarla, reconoces la planta en el vivero sin leer la etiqueta.
Cómo está hecha la espiga
Sobre un tallo cuadrangular, rasgo típico de las labiadas, se levanta un escapo que remata en la espiga. Las flores no se reparten de una en una: van agrupadas en grupos apretados, los verticilastros, que se disponen en pisos a lo largo del eje. Cada flor es pequeña, tubular y bilabiada, con dos labios desiguales, y está sujeta por un cáliz también tubular.
Ese cáliz es la pieza clave y casi nadie repara en ella. La corola, que es la parte coloreada, se marchita y se cae pronto. El cáliz queda, conserva el color y, sobre todo, conserva el aroma. Cuando compras lavanda seca y la aprietas entre los dedos, lo que tienes en la mano son cálices, no pétalos.
Entre las flores hay brácteas, hojas modificadas que en algunas especies son papiráceas y discretas y en otras se convierten en el adorno principal. En el cantueso, el penacho morado de la punta de la espiga son brácteas estériles, no flores: la parte que de verdad florece está por debajo, es oscura y pasa desapercibida.
De dónde sale el aroma
El aceite esencial no está en los pétalos. Se acumula en tricomas glandulares, unas glándulas microscópicas repartidas por el cáliz, las brácteas y las hojas, que se rompen al rozarlas y liberan el contenido. Por eso la lavanda huele poco a distancia y muchísimo cuando pasas la mano por encima, y por eso un saquito de lavanda que ya no huele vuelve a oler si lo aprietas: estás abriendo glándulas intactas.
El calor y el sol favorecen esa liberación, así que la mata huele más a mediodía y en las horas cálidas de la tarde que a primera hora. Y la planta cultivada en secano, a pleno sol y en suelo pobre concentra más aceite que la regada y abonada, que crece más grande y huele menos. Es un buen resumen de cómo tratarla.
Cuatro espigas, cuatro plantas
| Especie | Nombre común | Cómo es la espiga |
|---|---|---|
| Lavandula angustifolia | Lavanda fina | Corta y compacta, sobre un tallo simple, sin penacho. La de perfumería. |
| Lavandula latifolia | Espliego, alhucema | Tallo ramificado que remata en tres espigas. Aroma más alcanforado. |
| Lavandula x intermedia | Lavandín | Espigas largas sobre tallos altos y ramificados. Es el híbrido de las dos anteriores. |
| Lavandula stoechas | Cantueso | Espiga corta y oscura rematada por un penacho de brácteas moradas, como orejas. |
El lavandín es estéril y no da semilla viable, así que solo se multiplica por esqueje. Es el que llena los campos morados de Brihuega, en Guadalajara, que se siegan en julio. El cantueso, en cambio, es una planta silvestre habitual en buena parte de España, y a diferencia de las otras tres vive en suelos ácidos y no tolera la caliza. El cultivo de las cuatro está en lavanda: las cuatro especies y cómo cultivarlas y la plantación, en cómo plantar lavanda.
Cuándo florece en España
No hay una fecha única, pero sí un orden que se cumple. El cantueso abre el primero, en plena primavera, y en el sur y el litoral se adelanta bastante. Después entra la lavanda fina, a finales de primavera y principios de verano. El lavandín viene detrás, en pleno verano, y es el que se recolecta en los campos de cultivo. El espliego cierra la serie, ya con calor fuerte.
Sobre ese orden mandan la altitud y la latitud: en sierra y en el norte todo se retrasa semanas respecto al litoral mediterráneo. Muchas matas, si se les retira la espiga gastada, dan una segunda floración más floja en otoño.
Cortada y seca, que es como se usa
La lavanda es una de las pocas flores que se compran directamente para secar, y ahí tiene reglas propias.
El momento de corte manda sobre el resultado: la espiga se corta cuando la parte baja de las florecillas ya ha abierto y el resto sigue en botón. Si esperas a que estén todas abiertas, la corola se cae y el manojo se desgrana en cuanto lo manipulas, que es justo lo que le pasa a casi todo el mundo.
El color se pierde con la luz. Secada al sol o guardada en un sitio claro, la espiga se vuelve parda en pocas semanas; secada en oscuridad y bien ventilada, conserva el morado mucho más tiempo. Es la misma razón por la que un ramo seco colocado junto a una ventana con sol directo se apaga y otro idéntico en un pasillo se mantiene.
En jarrón con agua dura poco, porque es una planta leñosa y de secano y no está hecha para eso. Tiene más sentido tratarla como flor seca desde el principio. Y en el saquito de armario, cuando deja de oler, lo que hay que hacer no es tirarlo sino frotarlo entre las manos.
El nombre, el color y el significado
El nombre del género procede del latín lavare, lavar, por el uso de la planta para perfumar la ropa y el agua del baño. Ese uso doméstico es real y está documentado desde antiguo en toda la cuenca mediterránea, y es también el origen del nombre del color: en castellano llamamos lavanda a un violeta claro porque así son las espigas, aunque los cultivares van del azul violáceo al rosa y al blanco.
En cuanto al simbolismo, conviene contarlo como lo que es. En los manuales del lenguaje de las flores del siglo XIX, la lavanda aparece con significados que ni siquiera coinciden entre un libro y otro: en unos representa devoción y en otros desconfianza. Es una convención cultural de salón, con su fecha y su contexto, no una propiedad de la planta. Contarla está bien; presentarla como si la flor hiciera algo, no.
Lo que decide que la mata dure
Aunque este artículo va de la flor, hay tres cosas que condicionan si llegas a tener flor:
- Suelo pobre, seco y con drenaje. La lavanda muere de riego y de tierra rica mucho más a menudo que de sequía o de frío. En terreno arcilloso se planta en alto.
- Sol pleno. A media sombra se estira, florece poco y se apelmaza.
- Poda anual sin entrar en madera vieja. No rebrota del leño desnudo. Cortando siempre por zona con hojas, la mata se mantiene compacta muchos años.
Y un dato que casi compensa por sí solo plantarla: en floración es de las mejores plantas melíferas que puedes tener, y se llena de abejas, abejorros y mariposas durante semanas.
Avisos
La lavanda no es una hortaliza ni una planta para consumir a discreción. El aceite esencial es tóxico por ingestión, no se toma ni se aplica puro sobre la piel, y es tóxico para perros y gatos, que además son mucho más sensibles a los aceites esenciales que nosotros: nada de difusores ni de aplicar aceite sobre el animal. Aquí no se le atribuye ninguna propiedad medicinal, cosmética ni dietética, porque no es lo que corresponde a una ficha de jardinería.
En resumen
La flor de la lavanda es una espiga formada por grupos de florecillas tubulares sujetas por un cáliz que persiste cuando la corola ya se ha caído. Ese cáliz es el que guarda el color y el aroma, y el aceite esencial está en glándulas microscópicas del cáliz, las brácteas y las hojas, que se rompen al rozar. De ahí que huela al tocarla y que el saquito seco reviva cuando lo aprietas.
La forma de la espiga distingue las cuatro lavandas que se venden aquí: fina, espliego, lavandín y cantueso, este último reconocible por su penacho de brácteas y el único calcífugo del grupo. Florecen en ese orden entre la primavera y pleno verano, se cortan con la mitad baja abierta para que no se desgranen y se secan en oscuridad para que no pierdan el morado. El significado que le atribuyen los manuales del siglo XIX es cultura, no un efecto de la planta, y el aceite esencial es tóxico por ingestión y para perros y gatos.