Deja la lámpara del salón encendida hasta las once cada noche y tu kalanchoe no volverá a florecer, por mucho sol, abono y mimo que le pongas. Es una planta que cuenta las horas de oscuridad, y si esa cuenta no llega a un mínimo determinado durante varias semanas seguidas, sencillamente no forma botones. Todo lo demás en el cultivo del Kalanchoe blossfeldiana es fácil; esto es lo que decide si la maceta vuelve a dar color el año siguiente o se queda en un montón de hojas verdes.

Inflorescencia de Kalanchoe blossfeldiana en flor

Qué es y de dónde sale

Es una suculenta de la familia de las Crasuláceas, pariente cercana de las sedum, las echeverias y el árbol de jade. Su origen está en las tierras altas de Madagascar, en zonas de matorral rocoso con estación seca marcada. El epíteto blossfeldiana honra a Robert Blossfeld, el horticultor alemán que la introdujo en el comercio europeo a comienzos de los años treinta del siglo pasado.

La planta forma una mata compacta y ramificada de 30 a 45 cm en cultivo, con tallos que engrosan y se lignifican con la edad. Las hojas son opuestas, ovaladas, gruesas y brillantes, de un verde oscuro y con el margen festoneado, a menudo teñido de rojo cuando recibe mucha luz. Ese borde rojizo no es una carencia: es antocianina, una respuesta normal a la radiación intensa.

Las flores salen en corimbos densos por encima del follaje, con decenas de florecillas de cuatro pétalos y apenas un centímetro de diámetro. La forma silvestre es de un rojo escarlata; el cultivo ha producido naranja, amarillo, rosa, salmón, magenta y blanco. Cada inflorescencia dura entre seis y ocho semanas abierta, que es una barbaridad para una planta de interior, y de ahí viene su éxito comercial.

Cuidado con las mascotas: contiene glucósidos cardiacos

Conviene decirlo pronto. El género Kalanchoe contiene bufadienólidos, glucósidos con acción sobre el corazón similar a la de la digital. La concentración es más alta en las especies tipo Kalanchoe daigremontiana o K. pinnata, pero K. blossfeldiana también los tiene, sobre todo en flores y tallos.

En la práctica doméstica esto significa que un gato o un perro que mordisquee la planta puede vomitar, salivar en exceso y tener diarrea; con cantidades mayores hay riesgo de alteraciones del ritmo cardiaco. Si tu animal ha comido flores, llama al veterinario y llévale una hoja para identificarla. Coloca la maceta fuera de su alcance, en una repisa alta o en una habitación cerrada.

Añado un aviso sobre otra cosa que circula: por internet se atribuyen al kalanchoe propiedades curativas frente al cáncer y se difunden formas de tomarlo. No hay respaldo clínico para eso y la planta es cardiotóxica. No es una infusión inocua ni un remedio casero; trátala como planta ornamental y punto.

Por qué florece en otoño e invierno

Aquí está la clave botánica de la especie. El Kalanchoe blossfeldiana es una planta de día corto: induce la floración cuando la noche supera un umbral, en torno a las 13 o 14 horas de oscuridad continua, y necesita repetir ese ciclo durante unas seis semanas seguidas para que los botones cuajen.

En la Península, ese régimen se da de forma natural entre finales de octubre y enero. De ahí que sea una planta asociada al otoño y al invierno: prepara la flor cuando los días se acortan y la abre entre diciembre y marzo. Los ejemplares que compras en flor en cualquier época del año han pasado por invernaderos donde se manipula el fotoperiodo con pantallas opacas.

La palabra importante es continua. Un fogonazo de luz en mitad de la noche —una lámpara de pie, una farola frente a la ventana, la pantalla de la tele, la luz del pasillo al ir al baño— interrumpe el ciclo y reinicia la cuenta. Una planta situada en un salón que se ilumina hasta medianoche puede pasar años sin volver a florecer mientras crece con hojas impecables.

Si quieres provocar la floración, el método casero es sencillo: desde principios de octubre, mete la planta cada tarde en un armario, o tápala con una caja de cartón opaca, de las seis de la tarde a las ocho de la mañana, y sácala a plena luz durante el día. Seis semanas de esa rutina bastan para ver los botones. Después ya puedes devolverla a su sitio habitual y disfrutar de la flor sin más cuidados.

Luz, temperatura y ubicación

Luz abundante el resto del año: ventana orientada al este o al sur, o exterior en semisombra luminosa. Con poca luz los tallos se estiran, la distancia entre hojas se alarga y la planta pierde la forma compacta. En verano, tras un cristal orientado al sur, el efecto lupa puede quemar las hojas con manchas pardas secas; en esos meses conviene un visillo o retirarla medio metro del vidrio.

De temperatura, se mueve cómoda entre 15 y 25 °C. Por debajo de 10 °C se detiene y las hojas se manchan; no resiste la helada, a 0 °C se convierte en papilla en una sola noche. Al aire libre solo aguanta todo el año en el litoral mediterráneo cálido, en el sur de Andalucía y en Canarias. En el resto de España es planta de maceta que entra en casa a mediados de otoño.

Un matiz útil: para inducir flor le viene bien pasar esas semanas de días cortos a temperatura fresca, entre 15 y 18 °C. Una habitación poco caldeada funciona mejor que un salón a 23 °C.

Riego y sustrato: el punto donde se pierden

Es una suculenta con hojas cargadas de agua, y eso significa que aguanta la sequía y no aguanta el exceso. Riega por el método de empapar y secar: mojas bien todo el cepellón hasta que sale agua por el drenaje, y no vuelves a regar hasta que el sustrato está seco en profundidad, no solo en superficie. En verano suele salir cada siete o diez días; en invierno, cada dos o tres semanas es suficiente.

Vacía siempre el plato. El agua estancada bajo la maceta mantiene las raíces sin oxígeno y en pocos días aparece la podredumbre de cuello: la base del tallo se ennegrece, se ablanda, y toda la mata se viene abajo de golpe cuando ya no hay nada que salvar. Cuando eso ocurre, la planta madre no se recupera; lo único aprovechable son los esquejes de la parte alta si todavía están firmes.

Un truco para no equivocarse: aprieta una hoja entre los dedos. Si está turgente y dura, no toca regar aunque el sustrato esté seco. Si cede ligeramente y se nota flexible, sí.

El sustrato tiene que drenar rápido. Sirve una mezcla comercial para cactus y suculentas, o turba con un 30-40 % de perlita o arena gruesa de río. La tierra universal sola retiene demasiado y es lo que convierte un riego normal en un riego excesivo. Maceta con agujeros, obligatoriamente, y mejor de barro que de plástico si tiendes a regar de más.

Abonado

Poco y flojo. Un fertilizante para cactus y suculentas, o uno de floración con poco nitrógeno y bastante potasio, cada tres o cuatro semanas de primavera a principios de otoño, siempre a la mitad de la dosis que indique el envase. Durante la floración puedes seguir abonando; en pleno invierno y con la planta parada, no.

El nitrógeno de más produce hojas grandes, blandas y verdes, muy vistosas, y ninguna flor. Si tu kalanchoe está espléndido de follaje y no florece, revisa dos cosas antes que nada: las horas de oscuridad y el abono que le estás dando.

Poda y multiplicación

Cuando las flores se marchitan, corta los tallos florales por la base, justo por encima del primer par de hojas. Eso evita que la planta gaste en semillas y estimula brotes laterales. Si la mata ha quedado desgarbada, recórtala a un tercio de su altura; rebrota sin problema desde la madera vieja.

Multiplicar es trivial y merece la pena, porque los ejemplares viejos pierden compacidad. Corta un esqueje apical de 8-10 cm, quita las hojas inferiores, deja cicatrizar el corte dos o tres días al aire —este paso evita que se pudra— y plántalo en sustrato arenoso apenas húmedo. Enraiza en dos o tres semanas a 20-22 °C. También arraigan hojas sueltas puestas sobre sustrato, aunque tardan más. La mejor época es de primavera a principios de verano.

El kalanchoe de tienda crece distinto al año siguiente

Esto sorprende a quien conserva la planta y no entiende qué ha pasado. Los kalanchoes de producción comercial se cultivan con reguladores del crecimiento que acortan los entrenudos y consiguen esa mata baja, redonda y densísima que ves en el punto de venta. El efecto se agota en unos meses.

Al segundo año, sin ese tratamiento, la misma planta produce tallos más largos, hojas más separadas y un porte bastante más abierto. No has hecho nada mal ni le falta luz necesariamente: estás viendo cómo crece la especie de verdad. La solución estética es podar con frecuencia y renovar la planta cada dos o tres años a partir de esquejes propios.

Plagas y problemas frecuentes

Cochinilla algodonosa (Planococcus citri): borra blanca en las axilas de las hojas y en el envés. Con pocas, basta pasar un bastoncillo mojado en alcohol de 70º; en infestaciones mayores, jabón potásico o aceite de parafina, repitiendo a los diez días.

Pulgón en brotes tiernos y botones florales, sobre todo en primavera y con la planta en el exterior. Se quita con jabón potásico.

Oídio: polvillo blanco en la superficie de las hojas, favorecido por aire estancado y cambios bruscos de temperatura. Mejora ventilando y separando las macetas.

Botritis sobre flores marchitas que se quedan en la planta, con moho gris. Retira las flores pasadas a mano y no mojes el follaje al regar.

Y dos síntomas fisiológicos que se confunden con enfermedad: hojas amarillas y blandas casi siempre son exceso de agua, mientras que hojas arrugadas y finas apuntan a sequía prolongada o a raíces ya dañadas por una podredumbre anterior. Antes de tratar nada, saca el cepellón de la maceta y mira las raíces: sanas son blancas y firmes; podridas, marrones y con olor.

Calandiva y otras variedades dobles

Si has visto un kalanchoe cuyas flores parecen rosas en miniatura, con muchos pétalos superpuestos en lugar de cuatro, tienes delante un Calandiva. No es una especie aparte por mucho que la etiqueta lo sugiera: es un grupo de cultivares de Kalanchoe blossfeldiana surgido de una mutación seleccionada a finales de los años noventa, cuyas flores llevan alrededor de treinta y dos pétalos.

Su cultivo es idéntico al de la forma sencilla: mismo riego, mismo sustrato, misma necesidad de días cortos para florecer. Las diferencias son estéticas y de duración: la flor doble aguanta abierta algo más, hasta ocho o diez semanas, y la planta tiende a ser un poco más lenta. Existen además series dobles con nombres comerciales propios y una gama de colores prácticamente igual.

Kalanchoe blossfeldiana variedad Calandiva de flor doble

En resumen

El Kalanchoe blossfeldiana es una suculenta malgache de interior, de floración larga entre el otoño y la primavera, con una exigencia particular: necesita unas seis semanas con trece o catorce horas de oscuridad ininterrumpida para formar botones, y cualquier luz nocturna anula el proceso. Dale mucha luz durante el día, temperaturas de 15 a 25 °C, sustrato de suculentas que drene y riegos espaciados, vaciando siempre el plato. Abona flojo y con poco nitrógeno. Poda tras la flor y renuévala por esquejes cada dos o tres años, porque el porte compacto de tienda se pierde cuando pasa el efecto de los reguladores de crecimiento. Y recuerda que contiene glucósidos cardiacos: fuera del alcance de perros y gatos, y sin usos internos de ningún tipo.


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