La flor de la grevillea no se parece a ninguna otra flor de jardín, y hay un motivo botánico detrás: no tiene pétalos. Lo que ves como una araña, un cepillo de dientes o un plumero de colores es un conjunto de flores diminutas de las que sobresale un estilo largo y curvado, y ese estilo es el que dibuja toda la forma.
Ese es el interés real de este género australiano: cómo está construida su flor, por qué atrae pájaros en su tierra, cuántas cosas distintas caben bajo el mismo nombre (desde tapizantes de veinte centímetros hasta árboles enormes) y cuáles de ellas se ven de verdad en los jardines del litoral español. Para el cultivo detallado tienes grevillea.

Una proteácea, y eso lo explica casi todo
Grevillea es un género de la familia Proteaceae, la misma de la protea sudafricana, del banksia australiano y de la macadamia. Reúne del orden de varios cientos de especies, casi todas australianas, con unas pocas en Nueva Guinea, Nueva Caledonia y Sulawesi. El nombre viene de Charles Francis Greville, aristócrata británico aficionado a la botánica y uno de los fundadores de la sociedad que acabaría siendo la Royal Horticultural Society.
Las proteáceas son plantas de suelos antiguos, pobres y ácidos, y toda su biología está adaptada a eso. De ahí salen sus dos rarezas de jardinería: raíces especializadas para extraer nutrientes de suelos donde no hay casi nada, y una intolerancia al fósforo que convierte un abono universal corriente en un problema serio. Es el error más común con estas plantas.
Cómo está hecha esa flor
Cada flor individual de una grevillea es pequeña y tiene un perianto de cuatro piezas soldadas que forma un tubo. Al abrirse, ese tubo se enrolla hacia atrás y libera el estilo, que es largo, elástico y queda arqueado hacia fuera. La punta del estilo funciona como presentador de polen: el polen se deposita ahí antes de que la flor se abra, de manera que el animal que llega al néctar lo recoge del extremo del estilo y no de los estambres.
Multiplica eso por decenas de flores agrupadas en una misma inflorescencia y tienes las formas características del género:
- Las llamadas flores araña, con las flores dispuestas en corimbo y los estilos saliendo en todas direcciones.
- Las de cepillo de dientes, con el eje alargado y todos los estilos peinados hacia el mismo lado.
- Los racimos unilaterales y curvados, como los de Grevillea robusta, de color naranja dorado.
- Las inflorescencias cilíndricas y densas, parecidas a un cepillo de limpiar botellas.
Los colores van del rojo y el naranja al rosa, el amarillo, el crema y el verdoso. Y hay un rasgo muy práctico para el jardín: muchas especies florecen durante meses, y buena parte de ellas dan su mejor momento entre el otoño y la primavera, justo cuando el jardín mediterráneo está parado.
Una flor diseñada para pájaros
Esa estructura no es un capricho. En Australia, las grevilleas son polinizadas sobre todo por aves nectarívoras, los melífagos, que se posan en la inflorescencia y hunden el pico en el tubo. El néctar es abundante y a menudo visible, las inflorescencias son robustas y aguantan el peso de un pájaro, y los colores rojos y naranjas son los típicos de las flores ornitófilas.
En España no hay melífagos, así que ese sistema funciona a medias. Lo que sí ocurre es que una grevillea en flor en pleno invierno se convierte en una fuente de néctar poco común en esa época: atrae abejas, abejorros y otros insectos, y en jardines de costa se ven pájaros insectívoros rondándola. Como planta para fauna en el jardín seco, cumple.
Todo lo que cabe bajo el mismo nombre
Decir grevillea no dice gran cosa, porque el género abarca portes muy distintos y eso cambia por completo el uso en el jardín.
| Tipo | Cómo se usa |
|---|---|
| Tapizantes y rastreras | Cubrir taludes y bordes, en suelo drenado y sol |
| Arbustos pequeños y medianos | Macizo, seto informal, maceta grande |
| Arbustos grandes | Pantalla y fondo de jardín |
| Árboles | Sombra y alineación en clima cálido |
El caso extremo es Grevillea robusta, el roble sedoso australiano, que no tiene nada de roble: es un árbol de gran porte, de hoja muy dividida y aspecto de helecho, con esos racimos dorados unilaterales tan reconocibles. Se ha plantado como árbol de calle y de parque en Canarias, en Andalucía y en el litoral mediterráneo, y también se usó mucho en el trópico como sombra de cafetales. Es el que ves cuando alguien te dice que tiene una grevillea de diez metros.
En el extremo opuesto están los arbustos que se venden como planta de macizo. Los que más se ven en viveros españoles son los de hoja fina y acicular, tipo Grevillea rosmarinifolia y Grevillea juniperina, y los híbridos de flor grande en araña, que florecen casi todo el año en la costa.
Dónde funciona en España y dónde no
El factor que decide es el suelo, no el frío. Las grevilleas necesitan suelo ácido o al menos neutro y muy drenado. En los suelos calizos que dominan el este y el sur peninsular, y regadas con agua dura, se clorosan: la hoja amarillea entre los nervios y la planta se va apagando. En esas zonas, o maceta con sustrato adecuado o mejor otra planta.
Con ese condicionante, el litoral mediterráneo, el sur y Canarias son su territorio natural aquí, por clima. En el interior con heladas fuertes, la mayoría lo pasa mal, aunque algunas especies de montaña australiana son más rústicas de lo que se supone. En el norte atlántico el suelo suele ser ácido, que le va bien, pero el exceso de humedad en invierno le va mal.
Y el aviso que nunca sobra: nada de abono universal. El fósforo de un fertilizante corriente las intoxica. Eso, junto con el riego y la poda, está desarrollado en grevillea.
Dos cosas que se leen de ella y conviene matizar
La primera es la comestibilidad. Circula que las flores de grevillea se chupan por el néctar, y es verdad que hay uso tradicional documentado entre pueblos aborígenes australianos. Eso no la convierte en una planta alimentaria: varias especies contienen compuestos irritantes, no hay una identificación fiable a nivel de especie en un vivero y no existe ningún motivo para meterse una flor de jardín en la boca. Déjala en la planta.
La segunda es la piel. Se han descrito dermatitis alérgicas de contacto por manipular grevilleas, en especial Grevillea robusta, cuyos tejidos contienen compuestos de la familia de los resorcinoles, emparentados con los responsables de la alergia a la hiedra venenosa americana. No le pasa a todo el mundo ni con todas las especies, pero si vas a podar una grande, guantes y manga larga. El serrín de su madera también irrita.
No tiene propiedades medicinales que contar, ni hay declaraciones autorizadas al respecto. Es una planta ornamental, y como tal es excelente.
En resumen
La grevillea es una proteácea australiana cuya flor no tiene pétalos: lo que le da forma es un estilo largo con el polen presentado en la punta, una estructura pensada para que la polinicen pájaros. El género va de tapizantes a árboles de gran porte como el roble sedoso, y muchas de sus especies florecen en pleno invierno, que es cuando más se agradece.
En España encaja en el litoral mediterráneo, el sur y Canarias, siempre que el suelo sea ácido o neutro y esté bien drenado, porque en cal se clorosa. Guantes al podarla, ninguna flor a la boca y jamás un abono universal con fósforo.