Si miras un balcón español en junio o un macizo de rotonda en agosto, lo que ves es en buena parte flora americana. La dalia, el girasol, la damasquina de flor naranja, las petunias del jardinera, la calibrachoa colgante, la equinácea del arriate de secano: ninguna de esas plantas creció nunca de forma silvestre en Europa. Llegaron después de 1492, y varias de ellas fueron descritas y bautizadas aquí, en Madrid, con material enviado desde México.
Esta página repasa lo que América aportó al jardín de aquí, con las fotos de la colección y, cuando toca, con la corrección del nombre. Porque hay confusiones curiosas: una de las fotos etiquetadas como petunia no es una petunia, y una de las flores archivadas como americana es una planta de nuestras propias dunas.
La dalia, bautizada en Madrid
La dalia es el caso más español de una flor americana. El género Dahlia es mexicano y centroamericano, y sus especies silvestres tienen flor simple, nada que ver con las bolas compactas de hoy. Los pueblos del altiplano mexicano ya las cultivaban antes de la conquista.
El nombre se puso en el Real Jardín Botánico de Madrid. Antonio José Cavanilles describió y bautizó el género a partir del material enviado desde Nueva España por Vicente Cervantes, y lo dedicó al botánico sueco Anders Dahl. De Madrid salió hacia el resto de Europa, donde los horticultores del siglo XIX cruzaron, seleccionaron y llenaron el catálogo de formas que hoy se clasifican por tipo de flor.

Dalia de tipo pompón. Las lígulas enrolladas hacia dentro y la flor esférica son el resultado de dos siglos de selección hortícola, no una forma silvestre.

Dalia decorativa bicolor. El dibujo blanco de la punta solo se mantiene multiplicando por tubérculo, no por semilla.
Y la dalia también da árboles, o casi. Dahlia imperialis, la dalia arbórea, levanta cañas leñosas de varios metros y florece a final de otoño, cuando los días ya son cortos. En España solo cuaja donde las primeras heladas llegan tarde, porque una noche de hielo en noviembre se lleva la floración entera antes de que abra.

Dahlia imperialis, la dalia arbórea, florece en cañas de varios metros a final de otoño, con flor simple rosada muy distinta de las dalias de jardín.

El nombre Dahlia pinnata se arrastra en los catálogos para el conjunto de las dalias de jardín, que es en realidad un enredo de híbridos.
El girasol, de las llanuras del norte a los campos de Castilla
Helianthus annuus se domesticó en el este de Norteamérica mucho antes de que llegara ningún europeo, y se cultivaba por la semilla. Vino a Europa por España en el siglo XVI, y durante mucho tiempo fue aquí una curiosidad de jardín: la planta alta del huerto, la que se enseñaba a los niños.
El salto a cultivo industrial no ocurrió aquí sino en Rusia, donde en el siglo XIX se seleccionaron las variedades de capítulo grande y semilla rica en aceite. De esa selección vienen los nombres comerciales que todavía se leen en los sobres, del tipo "gigante ruso". Hoy el girasol es un cultivo extensivo de secano en media España, y una de las plantas americanas que más ha cambiado nuestro paisaje agrícola.
El detalle que todo el mundo pregunta: los girasoles jóvenes sí siguen al sol, girando de este a oeste durante el día y volviendo de noche. Cuando el capítulo se abre del todo el movimiento se detiene y la flor queda mirando al este, fija. En un girasolar en flor, todas las cabezas apuntan al mismo sitio.

Girasol ornamental de flor doble. Al rellenarse el disco de lígulas queda una bola vistosa, pero el polen y el néctar accesibles a los insectos se reducen mucho respecto a un girasol de flor simple.
La damasquina, y el lío de nombres que trae
Las flores naranjas y amarillas de la foto siguiente son un Tagetes, género mexicano y centroamericano. En español se llaman damasquina, clavel moruno, clavel chino o clavel turco, y ninguno de esos nombres tiene sentido geográfico: son de la época en que en Europa cualquier novedad vistosa se atribuía a Oriente, con lo que una planta traída de México acabó de "turca" para siempre.

Damasquina (Tagetes). Pese a nombres como clavel turco o clavel moruno, el género es americano y nada tiene que ver con los claveles, que son Dianthus.
La especie de flor grande y porte alto, Tagetes erecta, es el cempasúchil con el que se cubren las tumbas y los altares en el Día de Muertos mexicano, uno de los usos rituales de una flor mejor documentados del mundo. La de porte bajo y flor más pequeña, Tagetes patula, es la que se vende aquí por bandejas para bordes y jardineras.
En el huerto, el tagetes se intercala como cultivo frente a nematodos del suelo. Es una práctica agronómica real, no un truco inmediato: depende de la especie, de la densidad y de tenerla una temporada en el terreno.
Petunias, calibrachoas y una que no es petunia
El género Petunia es sudamericano, de Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay. La petunia de jardinera no es una especie silvestre sino Petunia x hybrida, un híbrido hortícola que desciende sobre todo de Petunia axillaris, de flor blanca y nocturna, y de Petunia integrifolia, de flor violeta. Los nombres que se leen en los viveros, del tipo surfinia o potunia, son series comerciales y no especies.

Petunia de serie colgante, una selección de Petunia x hybrida para cesta y balconera.
La calibrachoa, la de flores en miniatura que llena las cestas colgantes, se vendió durante años como "minipetunia". Es un género aparte, también sudamericano, que la botánica separó de Petunia al ver que no coincidían ni el número de cromosomas ni otros caracteres. Los híbridos de jardín se etiquetan como Calibrachoa x hybrida.

Calibrachoa. Flor de la misma forma que la petunia pero mucho más pequeña, y un género distinto pese al apodo comercial de minipetunia.
Y ahora la foto mal etiquetada. Lo que en el original figuraba como "petunia mexicana" no es una petunia: es una Ruellia, de la familia de las acantáceas, con hoja estrecha y alargada, tallos rojizos y flores violetas en embudo que duran un día. El nombre popular de petunia mexicana se le aplica a Ruellia simplex, americana también, pero de otra familia y de otro comportamiento: se siembra sola y rebrota de rizoma, hasta el punto de que en zonas cálidas se ha vuelto difícil de sacar de donde se ha metido. Conviene saberlo antes de plantarla.

Esto no es una petunia: es una Ruellia (acantáceas), la planta que se vende con el nombre popular de petunia mexicana. Flores de un día, hoja estrecha y tallos rojizos.
La pradera americana en el arriate
Equináceas y rudbeckias vienen del mismo paisaje: las praderas del centro y el este de Norteamérica. Son compuestas de flor simple, con un disco central abultado y lígulas alrededor, y se han convertido en el esqueleto de los jardines de gramíneas y vivaces de secano que se hacen hoy en toda Europa.

Equinácea. El cono central está erizado de brácteolas rígidas, de donde viene el nombre del género (echinos, erizo en griego).

Rudbeckia. Se distingue de la equinácea por las lígulas amarillas y por el cono blando y oscuro, sin pinchos.
En el interior y en el litoral mediterráneo son plantas cómodas: aguantan el sol directo, toleran la caliza y piden poca agua una vez establecidas. Donde sufren es en terreno compacto que se encharca en invierno.
Del trópico americano: bulbosas y orquídeas
De las costas cálidas de América vienen los Hymenocallis, bulbosas de la familia del narciso con flores blancas de tépalos estrechísimos, que en España solo aguantan al aire libre en el sur y en el litoral templado. Como en todas las amarilidáceas, el bulbo contiene alcaloides y es tóxico por ingestión, también para perros y gatos.

Hymenocallis, del trópico americano. Los tépalos finísimos que salen de la corona blanca le han dado el apodo de lirio araña.
De América tropical y andina viene Epidendrum, uno de los géneros de orquídeas más grandes que existen. Las que se ven en jardines de clima suave son los híbridos de tallo en caña, que florecen en ramilletes apretados durante meses.

Orquídea del género Epidendrum, neotropical. Flores pequeñas, labelo dividido en flecos y tallos en caña que se apoyan en la vegetación.
Y también hay un rosal silvestre norteamericano. El género Rosa es del hemisferio norte en su conjunto, pero unas cuantas especies son americanas.

Rosal silvestre norteamericano: cinco pétalos, estambres a la vista y hoja de dientes marcados.
Una de estas flores no es americana
El lirio de mar, Pancratium maritimum, entró en esta galería por parecido y no por origen. Es una bulbosa de las dunas mediterráneas y atlánticas, nuestra de toda la vida, que florece en la arena a final de verano y abre de noche: blanca, muy olorosa al atardecer y polinizada por mariposas nocturnas de trompa larga.

Lirio de mar (Pancratium maritimum), de las dunas mediterráneas. No es americana: se confunde con los Hymenocallis porque ambas son amarilidáceas de flor blanca y tépalos estrechos.
La confusión tiene su lógica, porque Pancratium y Hymenocallis son géneros próximos de la misma familia, uno mediterráneo y otro americano. Lo que no tiene lógica es arrancarla de la duna: vive en un hábitat frágil y escaso, se multiplica despacio y su sitio es la arena donde está.
En resumen
Buena parte de lo que damos por jardín de siempre es americano y reciente: la dalia, bautizada en el Real Jardín Botánico de Madrid; el girasol, que pasó de planta de huerto a cultivo de secano; la damasquina y su colección de nombres equivocados; las petunias y calibrachoas de cualquier balconera; y las equináceas y rudbeckias de pradera de los arriates de vivaces.
El repaso también enseña lo fácil que es equivocar una etiqueta. En esta colección había una acantácea vendida como petunia y una bulbosa de nuestras dunas archivada como americana. Mirar la familia botánica y no el apodo del vivero es la forma más rápida de saber qué tienes plantado y qué le va a hacer falta.