El almendro (Prunus dulcis) es el primer frutal que florece en España, y lo hace con el invierno todavía puesto: según la zona y la variedad, entre enero y marzo, con el grueso en febrero. Florece además antes de echar la hoja, sobre la madera desnuda, y eso es justo lo que hace que un almendral en flor se vea de lejos como una nube blanca o rosada.

No es una rareza ni un capricho del árbol: es una estrategia con una ventaja y un riesgo enormes. La ventaja es adelantarse a todo el mundo. El riesgo es que una helada de febrero se lleve la cosecha entera en una noche. Aquí va el fenómeno por dentro, cuándo ocurre en cada sitio y dónde se ve sin molestar a nadie.

floración del almendro

Por qué florece antes que ningún otro frutal

Las flores que ves en febrero no se formaron en febrero. Las yemas de flor se diferenciaron el verano anterior y pasaron el otoño y el invierno hechas, dormidas dentro de su escama. Lo único que hacen al final del invierno es hincharse y abrir.

Lo que mantiene esas yemas cerradas es un mecanismo de seguridad llamado dormancia, que impide que broten con cuatro días buenos de noviembre. Para salir de esa dormancia, la yema necesita acumular frío, lo que en fruticultura se llama horas de frío: un tiempo de temperaturas bajas, sin llegar a helada, que le sirve al árbol de reloj interno. Cuando lleva acumulado el frío que su especie le pide, el mecanismo se desbloquea y a partir de ahí solo le hace falta calor para abrir.

La clave del almendro es que su exigencia de frío es de las más bajas entre los frutales de clima templado. Cumple su cuota pronto, y en cuanto llegan unos días templados de enero, abre. El manzano, el peral o el cerezo, que piden mucho más frío, siguen esperando en marzo.

Qué le hace un invierno suave

Aquí está la parte que más se nota últimamente y la que menos se cuenta. Un invierno demasiado suave no adelanta la floración: la desordena.

Si el árbol no acumula bien el frío que necesita, la salida de la dormancia se vuelve irregular. Entonces la floración se alarga y se escalona: unas ramas abren, otras esperan, y el árbol puede pasar semanas con flores en estados distintos en lugar de florecer de golpe. Eso complica la polinización, porque las variedades que necesitan polen de otro árbol tienen que coincidir en el tiempo con su polinizador, y complica la cosecha, porque los frutos no maduran a la vez.

El efecto contrario también existe: un enero templado detrás de un diciembre frío dispara una floración muy temprana y, con ella, el riesgo de que la helada de febrero la pille en el peor momento.

El calendario, de sur a norte y de costa a interior

No hay una fecha única, y quien la dé está inventando. Lo que sí hay son tendencias claras:

  • Enero. Las zonas más cálidas y bajas del litoral mediterráneo y del sur, y las variedades de floración temprana. En Mallorca y en la costa de Málaga y Alicante es normal ver flor desde finales de enero.
  • Febrero. El mes grande en casi toda España. Es cuando florece el grueso del almendral del Levante, Andalucía y Baleares.
  • Marzo. El interior alto y frío (Aragón, Castilla-La Mancha, zonas de altitud de Granada y Almería) y las variedades de floración tardía, que se han plantado mucho precisamente para escapar de las heladas.

Dentro de la misma comarca hay diferencias de días entre la solana y la umbría, y entre el fondo del valle y la ladera. El fondo del valle es donde se acumula el aire frío por la noche, así que florece algo más tarde y, paradójicamente, es donde más hiela.

Cómo es la flor por dentro

El almendro es una rosácea, y su flor tiene la estructura clásica de la familia: cinco pétalos, cinco sépalos, muchos estambres alrededor y un solo pistilo en el centro. Nace solitaria o en pareja, directamente sobre ramillos cortos y sobre madera de años anteriores.

El color va del blanco puro al rosa intenso, y depende de la variedad, no del suelo. Esto conviene decirlo porque circula la idea contraria por contagio del caso de las hortensias, donde el pH sí cambia el color. En el almendro no: un árbol de flor rosa la dará rosa en suelo calizo y en suelo ácido. Lo que sí cambia con el tiempo es el tono dentro de una misma flor, que suele abrir más rosada y aclararse a medida que envejece.

Cuando la flor está fecundada, los pétalos caen en pocos días y el suelo del almendral queda cubierto. Esa alfombra es la señal de que la floración ha terminado y empieza la parte delicada.

La helada tardía, que es lo que decide la cosecha

La flor abierta aguanta algo de frío, pero cada vez menos a medida que avanza. La yema hinchada es más resistente que la flor abierta, y la flor abierta es más resistente que el frutito recién cuajado. Es decir, el momento de mayor riesgo llega justo después de la floración, cuando el fruto acaba de formarse y todavía es un botón verde.

Una helada en ese punto mata el ovario, y sin ovario no hay almendra. El árbol no se muere ni se resiente para el año siguiente, pero esa campaña se ha perdido. Por eso una comarca puede tener el mejor espectáculo de flor de la década y ni una almendra en septiembre.

Cómo se elige la variedad y la parcela para esquivar eso, con las variedades españolas de floración tardía, está contado en la ficha del almendro.

Las abejas llegan antes que la primavera

La floración del almendro no es solo un paisaje: es el primer gran comedor del año para los insectos. En una época en la que casi no hay nada abierto en el campo, un almendral en flor es una fuente enorme de néctar y de polen, y ahí se ve a las abejas trabajando en cuanto el sol calienta a media mañana.

La relación es de ida y vuelta, porque el almendro depende de los insectos para cuajar. Muchas variedades tradicionales son autoincompatibles, es decir, no cuajan con su propio polen y necesitan el de otra variedad compatible traído por un insecto. El viento aquí no sirve de mucho. Por eso es habitual que los apicultores lleven colmenas a los almendrales durante la floración, de forma parecida a como se hace en otros cultivos.

De ahí sale la regla que más importa si tienes almendros: no se trata en floración. La gestión integrada de plagas que establece el Real Decreto 1311/2012 pone por delante la prevención y los medios no químicos, y en cualquier caso las aplicaciones se evitan con el árbol en flor y en las horas de vuelo de los polinizadores. Un tratamiento en plena flor puede costar la propia cosecha, además del daño a las abejas.

Dónde se ve en España

El almendro en flor se ha convertido en un reclamo turístico real, con sus rutas y sus fines de semana de atascos. Los sitios que más gente mueve:

  • Mallorca. Es el caso más conocido, con los almendrales del Pla y de la Serra de Tramuntana floreciendo desde finales de enero. La isla tiene una tradición almendrera muy antigua y el paisaje de árbol disperso en bancales es parte del atractivo.
  • La Axarquía, en Málaga. Almendro de secano en ladera, mezclado con olivo y con el mar de fondo. Floración muy temprana.
  • Madrid capital. El parque de la Quinta de los Molinos tiene un almendral urbano que florece en febrero y se llena de gente. Es la forma más fácil de verlo sin salir de la ciudad.
  • Interior de Alicante, Murcia, Granada y Almería. Comarcas de secano con almendral extenso, donde el espectáculo es de superficie más que de mirador.

Y un aviso para evitar la confusión más repetida: el Valle del Jerte es cerezo, no almendro. Aquello florece más tarde, entre finales de marzo y abril, y es otra especie y otro paisaje. Mezclar las dos cosas y presentarse en el Jerte en febrero buscando almendros es un viaje perdido.

Cómo se visita un almendral

Es obvio y hace falta decirlo: un almendral es una finca de cultivo, no un parque. Quien vive de eso está mirando esas flores con otra cara.

No se entra en fincas cerradas ni se pisa el ruedo del árbol, que es donde está la raíz fina y donde el suelo se compacta. No se cortan ramas en flor, porque cada rama cortada son almendras que no se recogen. No se aparca en los caminos de servicio ni se bloquea el paso de maquinaria. Las flores se fotografían desde el camino, que además es desde donde se ve el conjunto, que es lo bonito.

En resumen

El almendro florece antes que ningún otro frutal porque necesita muy pocas horas de frío para salir de la dormancia, y abre sobre madera desnuda, sin hoja. En España eso ocurre entre enero y marzo, con el grueso en febrero, antes en la costa y en el sur y más tarde en el interior alto. El color de la flor depende de la variedad y no del suelo.

El riesgo va incorporado: la helada tardía hace más daño justo después de la floración, con el fruto recién cuajado, y puede llevarse una cosecha entera sin dañar al árbol. Y si tienes almendros, la regla que no se salta es no tratar con el árbol en flor, porque de esas abejas depende que haya almendra.


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