El cáñamo y la marihuana son la misma planta, Cannabis sativa. No hay dos especies, y tampoco hay dos géneros: lo que separa a uno de otra es el contenido de tetrahidrocannabinol (THC) y el régimen legal que se aplica en consecuencia. Cáñamo es el nombre que recibe el cultivo agrícola autorizado, con THC por debajo del límite legal y sembrado con variedades inscritas en un catálogo oficial. Marihuana es el nombre que recibe la inflorescencia seca con THC alto, que la ley trata como estupefaciente.
Dicho de otro modo, la frontera no la traza un botánico, la traza un análisis de laboratorio y un boletín oficial. Eso no quiere decir que no haya diferencias reales entre unas plantas y otras: las hay, y son de porte, de manejo y de perfil químico, pero todas caben dentro de una sola especie y ninguna de ellas se ve a simple vista con fiabilidad.
Una sola especie, muchos nombres
Cannabis sativa L. pertenece a las canabáceas, la familia del lúpulo (Humulus lupulus), y es una planta anual, de hoja palmeada y flores poco vistosas. En su forma silvestre es dioica, con pies macho y pies hembra separados, y es de día corto: florece cuando las noches se alargan.
Los nombres sativa, indica y ruderalis, que en el lenguaje comercial se usan como si fueran especies distintas, corresponden a variantes o subespecies según el autor que consultes, y la taxonomía del género lleva discutiéndose más de dos siglos. Lo que no está en discusión es que no estamos ante centenares de especies, como se lee a veces. El género es pequeño, y las decenas de nombres que circulan por el mercado son cultivares y cruces, no taxones.

Qué es el cáñamo en términos legales
En la Unión Europea el cáñamo es un cultivo agrícola con reglas propias. Solo se puede sembrar con variedades inscritas en el catálogo común de variedades de especies de plantas agrícolas, y el contenido de THC tiene que quedar por debajo del límite fijado en la normativa agraria, que tras la última reforma de la política agraria común está en el 0,3 % sobre materia seca.
En España, además, el cultivo exige comunicación previa a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que es la autoridad competente en materia de estupefacientes. Hay un protocolo oficial de muestreo en campo y análisis de laboratorio para verificar el contenido, y una parcela que se pase del límite deja de estar amparada por el régimen agrícola. Es decir, el cáñamo no es una planta que se pueda poner en un huerto porque uno quiera probar.
Qué se llama marihuana
Marihuana es un término de uso, no de botánica. Designa las inflorescencias y hojas secas de plantas seleccionadas para producir THC en cantidad, que quedan bajo el régimen internacional de estupefacientes derivado del Convenio Único de 1961 y de la normativa española que lo aplica.
En el plano del cultivo particular, la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana tipifica como infracción grave el cultivo en lugares visibles al público, y sanciona igualmente el consumo y la tenencia en lugares públicos. Esa es la diferencia práctica que más importa a quien se pregunta por qué una planta se cultiva en miles de hectáreas y la otra no.
La diferencia química, con precisión
Las dos vías salen del mismo precursor. La planta fabrica ácido cannabigerólico y, según qué enzima predomine, lo convierte en ácido cannabidiólico (que al descarboxilar da CBD) o en ácido tetrahidrocannabinólico (que da THC). Eso lo decide la genética, no el riego ni el abonado ni la maceta.
De ahí los quimiotipos que se manejan en mejora vegetal: uno con predominio claro de THC, otro con predominio claro de CBD y otro intermedio que produce los dos en proporciones parecidas. El cáñamo industrial corresponde al tipo con predominio de CBD, y es importante entender que también tiene THC, solo que por debajo del umbral. La idea de que el cáñamo lleva CBD y la marihuana lleva THC, sin más, es una simplificación: las dos llevan los dos compuestos, en proporciones distintas.
Diferencias de porte y de manejo
Aquí sí hay diferencias visibles, pero vienen del objetivo del cultivo más que de la planta. El cáñamo para fibra se siembra muy denso, para que las plantas se estiren buscando la luz y den tallos largos, rectos y poco ramificados. El resultado es un cultivo que parece un cereal alto y que se cosecha con maquinaria agrícola.
El cáñamo para semilla se siembra más claro, y la planta ramifica más. Y el cultivo orientado a flor, sea de cáñamo para extracción o no, se planta a mucha distancia, con pies femeninos aislados para que no haya polinización y se desarrolle la inflorescencia. Son tres paisajes agrícolas distintos con la misma especie dentro.
Por eso no hay un truco para distinguir cáñamo de marihuana mirando una hoja, contando foliolos o fijándose en el color. Lo que decide es el análisis, y quien te diga lo contrario está vendiendo algo.

Usos que no se solapan
El cáñamo industrial es materia prima. Del tallo se saca fibra larga para cordelería y tejidos, estopa para usos más bastos, y cañamiza, la parte leñosa interior, que se emplea como cama para animales y como árido vegetal en morteros aislantes de construcción. También se usa en papel especial, en aislamiento en forma de paneles y fieltros, y en compuestos con plástico para piezas de interior de automoción.
Esa fibra tiene historia larga en España. El cáñamo abasteció durante siglos la cordelería y el velamen de la flota, y dejó comarcas especializadas, con Callosa de Segura, en la Vega Baja del Segura, como caso conocido de industria cordelera asociada al cultivo. La fibra sintética la desplazó en el siglo XX, y el interés actual viene por el lado de los materiales de construcción y del aislamiento.
La semilla, por su parte, se comercializa legalmente como alimento, pelada, en harina o prensada para obtener aceite, y no contiene cannabinoides en cantidades relevantes. El extracto de flor es otro asunto: los productos con cannabidiol se consideran nuevo alimento y necesitan autorización previa conforme al Reglamento (UE) 2015/2283, autorización que no existe, y por eso se venden rotulados como uso técnico o de colección.
La marihuana, en cambio, no tiene un uso industrial. Su uso es recreativo, y está sujeto al régimen sancionador que se ha descrito. En el terreno terapéutico lo que hay son especialidades farmacéuticas autorizadas que contienen cannabinoides, con receta médica, y eso no se parece a una planta en una maceta.
Lo que no diferencia a una de otra
No las diferencia el aspecto, ya se ha dicho. No las diferencia el olor, que depende de los terpenos y no del contenido de THC. No las diferencia la familia botánica ni el nombre científico. Y no las diferencia la presencia de CBD, porque lo llevan las dos.
Las diferencia un porcentaje, un catálogo de variedades y un trámite administrativo. Suena menos interesante que la versión que cuentan las tiendas, pero es la que permite entender la situación.
En resumen
Cáñamo y marihuana son Cannabis sativa, la misma especie anual de la familia del lúpulo. Lo que las separa es el contenido de THC y, a partir de ahí, dos regímenes legales incomparables: el cáñamo es un cultivo agrícola con variedad inscrita, límite de THC y comunicación previa a la AEMPS, y la marihuana está bajo el régimen de estupefacientes, con la Ley Orgánica 4/2015 sancionando el cultivo visible al público.
Si te interesa la planta por lo que da, el terreno con contenido es el del cáñamo: la fibra, la cañamiza, el aislamiento y la semilla alimentaria, con siglos de historia agrícola en España detrás. Y si lo que buscabas era saber cuál comprar, la pregunta no tiene respuesta útil en un sitio de plantas, porque la respuesta está en el catálogo de variedades y en la normativa, no en un consejo de jardinería.