Si buscas de qué flores se saca color para pintar, la primera respuesta útil es que casi ninguno de los colores vegetales que han durado siglos sale de un pétalo. Salen de una raíz (la rubia), de una hoja (el índigo y el pastel), del duramen de un tronco (el palo campeche), de la planta entera en flor (la gualda) o de tres estigmas secos (el azafrán). Y el rojo más famoso de todos, la cochinilla, ni siquiera es una planta: es un insecto que vive sobre la chumbera.
La segunda cosa que conviene saber antes de ponerte a hervir flores es que el color de un pétalo casi nunca se puede trasladar a una tela o a un papel. Los pigmentos que dan color a una flor son, en su mayoría, antocianinas solubles y poco estables, que se van con la luz y con el lavado en cuestión de semanas. Los tintes que han servido para teñir de verdad son otros compuestos, más estables, y están en otras partes de la planta.
Tinte y pigmento no son lo mismo
Esta distinción explica por qué un tinte no sirve directamente para pintar un cuadro. Un tinte es una sustancia soluble que se fija a una fibra, normalmente lana, seda, algodón o lino, y se queda dentro de ella. Un pigmento es un sólido insoluble, en polvo, que no se fija a nada por sí mismo y necesita un aglutinante (aceite, goma arábiga, cola, huevo) para quedarse sobre la tabla, el muro o el papel.
El puente entre los dos es una técnica antigua llamada laca: se precipita un tinte vegetal sobre un soporte mineral inerte, casi siempre un compuesto de aluminio, y así el tinte soluble se convierte en un polvo insoluble que ya es un pigmento. Las lacas de rubia y las lacas de palo campeche que aparecen en la pintura histórica se hacían así. Son también los colores que peor han envejecido en los museos, y por un motivo que veremos más abajo.
El amarillo, el más abundante y el que menos dura
El amarillo es el color vegetal más fácil de obtener, y por eso es el que más plantas tiene detrás. La gualda (Reseda luteola) es la clásica europea, una planta silvestre que crece en bordes de camino y terrenos removidos por buena parte de España; se usa la planta entera en flor y da un amarillo limpio y relativamente sólido. La retama de tintoreros (Genista tinctoria) se ha usado con el mismo fin en el norte peninsular, y la manzanilla amarilla de tintes (Anthemis tinctoria) da amarillos más cálidos.
El azafrán (Crocus sativus) es el caso aparte: sus estigmas secos tiñen un amarillo anaranjado precioso y son solubles en agua, pero cuesta lo que cuesta y el color se va con la luz. Históricamente se usó para teñir seda y para colorear alimentos, no para nada que tuviera que durar colgado en una pared. En La Mancha sigue siendo un cultivo vivo, aunque hoy su destino es la cocina.
El azul: índigo y pastel, la misma molécula
El azul vegetal es raro y valioso. Sale de dos plantas muy distintas que, sin embargo, producen el mismo compuesto, la indigotina: la Indigofera tinctoria y otras especies del género, tropicales, y el pastel o glasto (Isatis tinctoria), una crucífera europea que se cultivó en Europa durante siglos hasta que la importación del índigo asiático la arruinó.
El índigo no se comporta como los demás tintes. No es soluble en agua, así que no basta con hervir la hoja: hay que reducirlo en un baño sin oxígeno para volverlo soluble e incoloro, meter la fibra y dejar que el contacto con el aire lo vuelva a oxidar. Esa oxidación al aire es lo que hace que la tela salga verdosa del baño y se vuelva azul delante de ti en unos segundos. Es también el motivo de que el índigo no necesite mordiente y de que el vaquero destiña por roce: el tinte queda depositado en la superficie de la fibra, no combinado con ella.
El rojo: una raíz, un insecto y dos maderas
La rubia (Rubia tinctorum) es la fuente clásica del rojo vegetal en Europa. Se usa la raíz seca, que contiene alizarina, y con mordiente de alumbre da rojos y anaranjados de una solidez notable; hay tejidos teñidos con rubia que han llegado hasta nosotros con el color reconocible. Se cultivó en España y todavía se encuentra asilvestrada.
La cochinilla (Dactylopius coccus) es un insecto que se cría sobre paletas de chumbera y del que se obtiene el ácido carmínico, el rojo carmesí más intenso del repertorio histórico. Llegó de América y en el siglo XIX fue un cultivo importante en Canarias, sobre todo en Lanzarote y Gran Canaria, hasta que los colorantes sintéticos hundieron el mercado. Si te encuentras la cochinilla en una lista de flores tintóreas, la lista está mal.
De las maderas salen los violetas y los negros. El palo campeche (Haematoxylum campechianum) da, según el mordiente, morados, azules oscuros y un negro que fue el negro de los tintoreros durante siglos; con sales de hierro vira a negro y con alumbre a violeta. Es un color poco sólido a la luz, y los tejidos históricos teñidos con él suelen haber virado a un pardo apagado. El palo brasil (género Paubrasilia y afines) daba rojos igual de vistosos y de fugaces.
Qué parte se usa de cada planta
| Fuente | Parte que se usa | Color |
|---|---|---|
| Gualda (Reseda luteola) | Planta entera en flor | Amarillo |
| Pastel (Isatis tinctoria) | Hoja fresca | Azul |
| Índigo (Indigofera spp.) | Hoja | Azul |
| Rubia (Rubia tinctorum) | Raíz seca | Rojo y anaranjado |
| Palo campeche (Haematoxylum campechianum) | Duramen del tronco | Violeta y negro |
| Azafrán (Crocus sativus) | Estigmas secos | Amarillo anaranjado |
| Cochinilla (insecto sobre chumbera) | Hembras secas | Carmesí |
Por qué casi todo pide mordiente
Un mordiente es una sal metálica que se fija a la fibra y actúa de puente entre la fibra y el tinte. Sin él, la mayoría de los tintes vegetales se van en el primer lavado. El mordiente no solo fija: cambia el color final, y por eso una misma cocción de rubia puede dar rojo con alumbre y pardo violáceo con hierro.
El mordiente tradicional y razonable es el alumbre. Los recetarios antiguos también usan sales de cromo, de estaño y de cobre, que tiñen muy bien y son problemáticas: son tóxicas, contaminan el agua de vertido y no tienen sitio en la cocina de nadie. Aquí no vamos a dar recetas con ellas. Si te metes en esto, hazlo con alumbre, con ollas dedicadas que no vuelvan a usarse para comida y con ventilación.
La fibra también manda. La lana y la seda son proteínas y aceptan el tinte con facilidad. El algodón y el lino son celulosa y agarran mucho peor, así que se preparan antes con taninos (de agallas de roble, de zumaque, de granada) que dan a la fibra los puntos de agarre que le faltan. Es la razón de que una prueba casera salga estupenda en un ovillo de lana y decepcionante en una camiseta.
Por qué el tinte vegetal destiñe
La luz ultravioleta rompe poco a poco la molécula responsable del color. Esa resistencia se llama solidez a la luz y varía muchísimo de un tinte a otro: la rubia y el índigo son de los más sólidos, los amarillos de flavonoides están en la zona media y los rojos de palo brasil, los morados de campeche y casi todo lo que se saque de un pétalo están abajo del todo.
Eso explica dos cosas. Una, que los museos tengan los textiles antiguos en salas oscuras y con luz muy baja. Y otra, que los experimentos caseros con pétalos de hibisco, amapola, pensamiento o malva den un color precioso en el cuenco y una mancha parda tres semanas después en la ventana. Para papel, cuaderno artístico o impresión botánica sirve; para algo que deba seguir igual dentro de diez años, no.
Qué puedes cultivar o encontrar aquí
Si quieres probar, tienes material cerca. La gualda es silvestre y común en terrenos removidos de buena parte de la península. El pastel se cultiva sin problema en clima fresco. La rubia se siembra y se recolecta la raíz a partir del segundo o tercer año, que es lo que hace falta para que engorde. Y en el huerto, la cebolla de piel seca, las cáscaras de granada y las hojas de nogal dan pardos y amarillos con muy poco esfuerzo.
Dos advertencias antes de salir al campo con una bolsa. No se recolecta en espacios protegidos ni se arranca una planta entera cuando basta con una parte, y hay especies con protección autonómica que conviene comprobar antes en la normativa de tu comunidad. Y la identificación tiene que ser segura: muchas plantas tintóreas se parecen a otras que no lo son, y algunas de esas otras son tóxicas al manipularlas.
En resumen
Los colores vegetales que han servido para teñir y para pintar salen sobre todo de raíces, hojas y maderas, no de pétalos: gualda para el amarillo, pastel e índigo para el azul, rubia para el rojo, campeche para el violeta y el negro, azafrán para el amarillo anaranjado, y la cochinilla, que es un insecto, para el carmesí. Cada uno pide su procedimiento, y el índigo no se parece a ninguno de los demás porque necesita un baño de reducción y no un simple hervido.
Y si te llevas una sola idea, que sea la del mordiente y la de la luz. Sin mordiente el color se va con el agua, y con sol directo se va igualmente aunque esté bien fijado. El tinte vegetal es un material vivo, bonito y cambiante, con el que se trabaja sabiendo que va a evolucionar, no un sustituto exacto de un tubo de acrílico.