Una cesta colgante de 20 centímetros de diámetro, llena de petunias y colocada al sol de julio en Madrid, se queda sin agua útil antes de que termine el día. Ese dato explica buena parte de los fracasos con plantas colgantes: no se mueren por falta de conocimientos botánicos, se mueren porque el volumen de sustrato es ridículo para la superficie de hoja que tienen que sostener y porque están expuestas al aire por los cuatro costados. Todo lo que viene a continuación gira alrededor de ese problema.

Macetas colgantes con plantas en flor

Qué es realmente una planta colgante

Bajo esa etiqueta comercial caben cosas muy distintas. Hay especies de porte rastrero que en el suelo tapizan y en una maceta elevada caen por su propio peso (Lobularia maritima, Sanvitalia procumbens, Dichondra argentea); hay trepadoras que sin tutor se convierten en colgantes (Tropaeolum majus, Thunbergia alata, Epipremnum aureum); hay plantas de tallos flexibles y decumbentes como la gitanilla (Pelargonium peltatum); y hay epífitas que en su hábitat crecen colgando de las ramas de los árboles, que es el caso de Rhipsalis, Hoya, Schlumbergera o Ceropegia woodii.

La distinción no es académica. Las epífitas están adaptadas a un sustrato pobre, aireado y que se seca entre riegos, y se pudren en una mezcla que a una petunia le vendría perfecta. Las anuales de flor, en cambio, tienen un consumo de agua y de abono que las epífitas no soportarían. Meterlas en la misma cesta, cosa que se hace mucho en las composiciones de garden center, condena a una de las dos.

Elegir especie según luz y clima

Para pleno sol y calor, con exposición sur u oeste, funcionan la gitanilla (Pelargonium peltatum), la surfinia y demás petunias colgantes (Petunia × hybrida), la calibrachoa, Bidens ferulifolia, Scaevola aemula, Lantana montevidensis, Verbena de porte rastrero, Portulaca grandiflora y las crasas colgantes tipo Delosperma, Lampranthus o Aptenia cordifolia. Si el balcón recibe sol brutal de tarde en el interior peninsular, las tres últimas y la lantana son las que menos disgustos dan.

En semisombra, que en España es la exposición más agradecida para casi cualquier planta de flor, van bien las fucsias colgantes (Fuchsia × hybrida), las begonias pendulantes (Begonia boliviensis y las de tubérculo colgante), Impatiens walleriana, Lobelia erinus de porte pendular, Plectranthus, Helichrysum petiolare, Nemesia y Diascia. Ojo con la lobelia y la nemesia: son plantas de clima fresco que se agotan en cuanto se pasan varias noches por encima de 20 °C, así que en la mitad sur son cultivos de marzo a junio y poco más.

Para interior o patios muy sombreados, el potos (Epipremnum aureum), la cinta (Chlorophytum comosum), Tradescantia zebrina, Hoya carnosa, Ceropegia woodii, Curio rowleyanus (el collar de perlas), Rhipsalis baccifera, Asparagus densiflorus 'Sprengeri', el helecho Nephrolepis exaltata y Aeschynanthus. Sombra no significa oscuridad: incluso el potos necesita luz suficiente para leer un libro sin encender la lámpara, y en penumbra pierde el jaspeado y alarga los entrenudos.

El recipiente decide el resultado

Si hay una sola recomendación que cambie las cosas, es esta: use el recipiente más grande que la estructura aguante. Para una composición de anuales de flor al sol, el mínimo razonable son 28-30 centímetros de diámetro y unos 10-12 litros de sustrato. Por debajo de eso, en pleno verano, hará falta regar dos veces al día y aun así las plantas vivirán en estrés permanente, florecerán menos y atraerán araña roja.

El material también manda. Las cestas de alambre forradas con fibra de coco son bonitas y transpiran por toda la superficie, lo que en un verano peninsular significa que se secan a una velocidad difícil de seguir; si las usa, forre el interior con un plástico perforado solo en el fondo. Las macetas colgantes de plástico con depósito de agua son mucho más indulgentes y permiten espaciar el riego, sobre todo si va a faltar unos días. El barro sin esmaltar es el que más pierde por evaporación.

Y un punto que se ignora casi siempre: el peso. Una maceta de 30 centímetros recién regada pesa entre 10 y 15 kilos, y con viento tira más. El gancho debe ir anclado a un elemento estructural (una viga, un forjado, un taco químico en fábrica maciza), nunca a un ladrillo hueco con un taco de plástico de 6 milímetros. En balcones expuestos, compense además el balanceo con un pequeño cable de seguridad. Una maceta que se cae desde un tercero es un asunto serio.

Sustrato y drenaje

La mezcla que mejor se comporta para colgantes de flor es un sustrato de turba con un 20-30 % de fibra de coco y un 10-15 % de perlita. La fibra de coco aporta algo que a la turba le falta: si se seca del todo, se rehidrata sin problema. La turba pura, en cambio, se vuelve hidrófoba al secarse, se encoge, se despega de las paredes y a partir de ese momento el agua de riego se escurre por el hueco lateral y sale por abajo sin mojar el cepellón. Ese es el fallo que hace pensar que la planta «se ha regado» cuando en realidad lleva días de sed.

Para epífitas y crasas, cambie la fórmula: corteza de pino fina, fibra de coco, perlita y muy poca turba, buscando una mezcla que drene en segundos.

Aproveche para desmontar un mito persistente: la capa de gravilla en el fondo de la maceta no mejora el drenaje, lo empeora. Por un efecto de discontinuidad de texturas, el agua no pasa del sustrato fino al material grueso hasta que la capa inferior de sustrato está saturada, de modo que la gravilla lo único que hace es subir la zona encharcada y robar volumen útil. Lo que sí funciona son agujeros de drenaje suficientes y un sustrato bien aireado.

Riego, el punto crítico

Riegue hasta que salga agua por los agujeros, alrededor de un 10 % del volumen aplicado. Los riegos cortos y frecuentes acumulan sales en el cepellón y solo mojan los primeros centímetros. En verano, riegue a primera hora de la mañana; si hay que dar un segundo riego, mejor al anochecer que a mediodía.

La frecuencia depende del tamaño de la maceta y de la exposición, pero como orden de magnitud: en abril y mayo, cada dos o tres días; de finales de junio a agosto, a diario en el litoral y una o dos veces al día en el interior; en otoño, cada tres o cuatro días. Las de interior, mucho menos: el potos y la cinta prefieren secarse en superficie entre riegos, y la Ceropegia o el collar de perlas necesitan que el sustrato se seque casi por completo.

Si el cepellón ya se ha encogido y separado de las paredes, no insista con la regadera: sumerja la maceta entera en un cubo de agua durante quince o veinte minutos, hasta que dejen de salir burbujas, escurra y vuelva a colgarla. Es la única forma de recuperar un sustrato hidrófobo.

Abonado, pinzado y mantenimiento de la floración

Un riego abundante que drena es un riego que lava nutrientes. Por eso las colgantes de flor necesitan abonado constante y no puntual. Dos estrategias válidas: fertilizante de liberación lenta mezclado en el sustrato al plantar, en la dosis que indique el fabricante y renovado a los tres o cuatro meses, o abono líquido para plantas de flor cada siete o diez días en el agua de riego durante toda la temporada. Cualquiera de las dos, no las dos a la vez sin ajustar dosis.

En buena parte de España el agua del grifo es dura y alcalina, con pH en torno a 7,5-8. Las petunias, calibrachoas y surfinias son sensibles a eso y responden con clorosis férrica: hojas nuevas amarillas con los nervios todavía verdes. La corrección es quelato de hierro (busque el EDDHA, que es el que aguanta pH alto) y, si el problema es recurrente, acidificar ligeramente el agua de riego.

Pinzar es lo que convierte una planta en una cascada. Al plantar, corte los extremos de los tallos por encima de un par de hojas; repita a las dos o tres semanas. Cada pinzado despierta las yemas laterales y multiplica los puntos de floración. Hacia mediados de julio, cuando las petunias empiezan a quedarse con los tallos pelados y la flor solo en las puntas, corte toda la planta a un tercio, abone y riegue: en dos o tres semanas rebrota y da una segunda temporada hasta octubre. Es una poda que impone al hacerla, y es justo lo que salva la maceta.

Quite las flores marchitas de las petunias y las fucsias, que gastan energía en formar semilla. Las calibrachoas y muchas surfinias modernas se limpian solas y no lo necesitan. Y gire la maceta un cuarto de vuelta cada semana o dos, o acabará con toda la masa vegetal volcada hacia la luz y el lado de la pared desnudo.

Plagas y problemas frecuentes

La plaga número uno de las colgantes en verano es la araña roja (Tetranychus urticae): calor, aire seco y hojas que nunca reciben lluvia son sus condiciones ideales. Se detecta por un punteado amarillento fino en el haz y, con lupa, por las telarañas en el envés. Ayuda mucho pulverizar agua sobre el envés al atardecer los días de mucho calor, y tratar con jabón potásico o aceite de verano en cuanto aparezca.

En gitanillas y geranios, vigile el taladro del geranio (Cacyreus marshalli), esa mariposa pequeña de color pardo cuyas orugas perforan los tallos por dentro: la planta se dobla de golpe y al cortar el tallo se ven la galería y los excrementos. Hay que cortar y destruir los tallos afectados en cuanto se vean agujeros, sin esperar.

Los pulgones atacan brotes tiernos en primavera, la mosca blanca se instala en fucsias y verbenas, y en otoño húmedo aparece Botrytis cinerea sobre flores marchitas mal retiradas. Y un problema que no es plaga: si las hojas nuevas salen pequeñas y pálidas y el agua atraviesa la maceta en segundos, la planta se ha quedado sin sustrato disponible y toca trasplante o corte de raíces, no más abono.

Invierno y multiplicación

Muchas colgantes de flor se cultivan aquí como anuales aunque no lo sean. La gitanilla, la lantana, el Plectranthus y el Helichrysum aguantan bien el invierno en el litoral mediterráneo y en el sur; en el interior, con heladas por debajo de -3 o -4 °C, hay que entrarlas a un porche fresco y luminoso, reducir el riego al mínimo y no abonar hasta marzo.

Antes de que llegue el frío, en agosto o septiembre, tome esquejes de 8-10 centímetros de gitanilla, lantana, plectranthus o helichrysum, quite las hojas inferiores y enraícelos en una mezcla de turba y perlita a la sombra. Es la manera de tener plantel gratis para la primavera siguiente. La cinta se multiplica separando los hijuelos que cuelgan de sus estolones, y el potos y la tradescantia enraízan en un vaso de agua en un par de semanas, aunque conviene pasarlos a tierra pronto: las raíces formadas en agua son frágiles y se adaptan mal si se retrasa el trasplante.

En resumen

Cultivar plantas colgantes con éxito depende menos de la especie elegida que del volumen de sustrato, del anclaje y de la disciplina de riego y abonado. Elija macetas grandes, de 28-30 centímetros para arriba en composiciones de sol, con sustrato que se rehidrate bien y sin gravilla en el fondo; ancle el gancho a algo sólido, porque una maceta regada pesa más de diez kilos; riegue hasta que drene y en verano hágalo a primera hora; abone de forma continuada y corrija la clorosis férrica con quelato EDDHA si el agua es dura; pince al plantar y recorte a un tercio en julio para forzar el segundo empujón de flor; y vigile la araña roja y el taladro del geranio, que son los dos enemigos que más composiciones estropean. Con eso, una cesta bien montada en abril llega en forma hasta octubre.


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