«Margarita» no designa una planta, sino al menos cinco géneros botánicos distintos, y cada uno tiene su calendario. Por eso la pregunta de cuándo plantarlas no admite una fecha única: la misma semana que es perfecta para una mata de Leucanthemum puede matar un ejemplar de margarita canaria recién comprado. Antes de coger la azada conviene saber qué hay dentro de la maceta.

Margaritas blancas de pétalos radiados con el centro amarillo

Primero, identifica tu margarita

Todas comparten la misma arquitectura floral —un disco central de flores diminutas rodeado de lígulas radiadas— porque todas pertenecen a las asteráceas. Ahí se acaba el parecido. Estas son las que realmente se venden y se cultivan en España:

Chiribita o margarita de prado (Bellis perennis). La pequeña, de 10 a 15 cm, la que sale sola en el césped y la que se vende en bandejas de alveolos para bordes y jardineras. Es vivaz de vida corta y se comporta casi como bienal: se planta en otoño y florece de finales de invierno a mayo.

Margarita mayor o de San Juan (Leucanthemum vulgare) y la margarita gigante (Leucanthemum × superbum, la llamada Shasta). Vivaces herbáceas, rústicas de verdad, que aguantan sin problema los −15 °C de la meseta. Florecen de mayo a agosto y rebrotan cada año de la misma cepa.

Margarita canaria o de París (Argyranthemum frutescens). No es una herbácea, es un pequeño arbusto leñoso. Aguanta heladas muy ligeras y pasa apuros por debajo de −2 o −3 °C. Es la que más se malvende como si fuera rústica.

Dimorfoteca (Osteospermum spp.), la de flores malvas, blancas o anaranjadas que cierran de noche, y la gerbera (Gerbera jamesonii), sudafricana y sensible al frío, que en el interior peninsular funciona más como planta de maceta que de exterior.

El calendario real, especie por especie

Con esa clasificación delante, las fechas se ordenan solas.

Bellis perennis: plantel de septiembre a noviembre. Si vas a sembrarla tú, el semillero se hace en junio o julio, a la sombra, y las plantitas se llevan al sitio definitivo en otoño. Comprarla en flor en marzo es tirar el dinero a medias: te dará seis u ocho semanas y se agostará con el primer calor de junio.

Leucanthemum: dos ventanas. La mejor es octubre y noviembre en la mitad sur y el litoral, y de finales de febrero a abril en zonas con heladas fuertes o suelos que se encharcan en invierno. La siembra en semillero se hace en marzo-abril o bien en agosto-septiembre; la semilla necesita luz para germinar, así que se deja en superficie o se cubre con un velo de arena de menos de 3 mm, a 15-20 °C.

Argyranthemum: abril, cuando ya no hay riesgo de helada. En la costa mediterránea y en el sur puede plantarse también en octubre, y ahí sí agradece el otoño, porque llega al verano con raíz hecha. En Burgos o en Teruel, plantarla en otoño es dejarla morir.

Osteospermum: marzo-abril en el interior; septiembre-octubre en la costa, donde florece de febrero a junio.

Gerbera: primavera avanzada, con las mínimas nocturnas ya por encima de 12 °C.

Por qué el otoño gana casi siempre a la primavera

La idea de que las flores se plantan en primavera está tan asentada que los viveros venden lo que la gente espera comprar, no lo que conviene plantar. Con las margaritas vivaces y rústicas, el otoño es mejor por tres motivos concretos.

El suelo en octubre conserva 16 o 18 °C mientras el aire ya ha bajado: la parte aérea deja de crecer, pero la raíz sigue trabajando durante semanas. Además, las lluvias de otoño hacen gratis el riego de arraigo. Y sobre todo, una mata plantada en noviembre llega a mayo con un sistema radicular de varios meses, mientras que la plantada en abril entra en el verano con la raíz aún dentro del cepellón de vivero. Esa diferencia se nota en la primera ola de calor.

El matiz importante: esto vale para Leucanthemum, Bellis y, en clima suave, Osteospermum. Para Argyranthemum y gerbera, no. Y no vale tampoco en suelos arcillosos que se quedan empapados todo el invierno, donde el frío húmedo pudre el cuello: ahí es preferible esperar a febrero y corregir el drenaje con arena gruesa o grava al hacer el hoyo.

Cómo se planta, paso a paso

Elige pleno sol. Con menos de cinco o seis horas de sol directo, la mata se ahíla, los tallos se doblan y la floración se reduce a la mitad. Solo en Andalucía y en zonas de veranos muy duros compensa una sombra ligera durante las horas centrales de julio y agosto.

El hoyo, del doble de ancho que el cepellón y de la misma profundidad, ni un dedo más. El cuello de la planta debe quedar exactamente a ras de suelo; enterrado es una invitación a Sclerotinia y a la podredumbre basal. Deshaz suavemente la parte exterior del cepellón si las raíces dan vueltas en espiral, o seguirán girando dentro del hoyo durante años.

Marco de plantación: 30-40 cm entre plantas para Leucanthemum × superbum, 25-30 cm para la margarita mayor, 15-20 cm para Bellis, y 50-60 cm para Argyranthemum, que forma matas anchas. Apretarlas es el atajo hacia el oídio.

Riega abundantemente el día de la plantación —cinco litros por planta, aunque llueva— para asentar la tierra contra las raíces y eliminar las bolsas de aire. Después, riegos espaciados: prefieren secarse un poco entre uno y otro. El suelo ideal es franco, con pH entre 6 y 7,5, y sin estiércol fresco.

Planta de margaritas cultivada en jardín

Sembrar, dividir o comprar plantel

La siembra sale barata y permite superficies grandes, pero tiene una trampa: una Leucanthemum sembrada en abril rara vez florece bien ese mismo año. Hace roseta en verano, pasa el invierno y da su primera floración seria la primavera siguiente. Si quieres flor este año, compra plantel.

La división de mata es el método más rentable y además es necesaria por sí misma. A los tres o cuatro años, la cepa de Leucanthemum se ahueca por el centro: la parte vieja muere y solo florece el anillo exterior. Se levanta la mata en octubre o a finales de febrero, se descarta el corazón leñoso, se separan porciones de la periferia con tres o cuatro brotes cada una y se replantan de inmediato. De una mata vieja salen cinco o seis plantas nuevas.

Los esquejes son la vía para Argyranthemum: trozos de tallo no florido de 8-10 cm, tomados en septiembre, enraízan en tres semanas en perlita húmeda y te aseguran repuesto por si el invierno se lleva la planta madre.

Errores frecuentes que acortan la vida de la mata

Abonar con exceso de nitrógeno. Un abonado rico en N da mata frondosa y poca flor, con tallos blandos que se tumban a la primera tormenta. Mejor un fertilizante equilibrado o con más potasio, aplicado una vez a la salida del invierno.

No quitar las flores marchitas. Cortar la flor pasada por debajo del capítulo, semanalmente, alarga la floración varias semanas porque la planta no dedica recursos a formar semilla. En Leucanthemum, un corte general a un palmo del suelo en cuanto decae la primera oleada suele provocar un rebrote con flor en septiembre.

Regar por aspersión. Mojar el follaje al atardecer favorece el oídio y la Botrytis. Riega a pie de planta o por goteo, y a primera hora.

Dejar la Bellis esperando otro año. No es una vivaz longeva: agota su ciclo y se despuebla. Se replanta cada otoño, o se deja resembrar sola donde no moleste.

Confiar en que la margarita canaria pase el invierno a la intemperie. Fuera del litoral, o la metes en un porche protegido, o la tratas como planta de temporada.

En resumen

Si tienes margarita vivaz rústica —Leucanthemum o Bellis—, planta en octubre y noviembre; llegará a la primavera con la raíz hecha y florecerá antes y más. Si es una Argyranthemum, una gerbera o cualquier margarita de origen subtropical, espera a abril, cuando el riesgo de helada haya pasado. En suelos pesados que se encharcan, retrasa cualquier plantación a finales de invierno y arregla el drenaje. Pleno sol, cuello a ras de suelo, marco holgado y división de la mata cada tres años: con eso, la misma cepa te da flor durante una década.


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