Pocas plantas de temporada llaman tanto la atención como la cresta de gallo. Su inflorescencia parece de terciopelo, tiene un aspecto ondulado y compacto que recuerda de verdad a la cresta de un gallo, y aguanta semanas sin marchitarse. No es una flor rara ni difícil, pero sí es una planta a la que se le suele exigir lo que no puede dar, y ahí empiezan casi todos los problemas.
Hablamos de Celosia argentea var. cristata, de la familia Amaranthaceae, originaria de las zonas cálidas de África y Asia. En España se cultiva como planta anual de verano, tanto en jardín como en maceta de terraza o de interior luminoso.
Qué es realmente esa cresta
La forma tan peculiar de esta planta no es una flor gigante, sino una fasciación: el ápice de la inflorescencia, en lugar de crecer en un solo punto, se ensancha en una línea y produce cientos de flores diminutas apretadas a lo largo de una cresta aplanada y plegada. Es una anomalía del crecimiento que se fijó por selección hace siglos y que hoy se hereda de forma estable.
Dentro de Celosia argentea conviene distinguir tres grupos que se venden mezclados y se cuidan igual, pero que no se parecen en nada:
Grupo Cristata. La cresta de gallo propiamente dicha, con la inflorescencia aplanada y cerebriforme, en rojo intenso, granate, rosa, naranja o amarillo.
Grupo Plumosa. Inflorescencias en pluma o penacho, ligeras y erguidas. Son las más habituales en jardineras y en macizos de verano.
Grupo Spicata. Espigas estrechas y alargadas, tipo Celosia «trigo». Más natural y menos vistosa, muy usada en ramos.
Los tres tienen las mismas exigencias, así que lo que sigue vale para cualquiera de ellos.
Luz y temperatura: el punto crítico
La cresta de gallo es una planta de calor. Quiere sol directo, cuanto más mejor, y temperaturas por encima de 18 °C para crecer con ganas. Por debajo de 15 °C se para; por debajo de 10 °C sufre daños, y con la primera helada muere sin remedio.
Aquí está el error más caro y menos conocido: si la planta joven pasa frío, florece antes de tiempo y ya no crece más. Un ejemplar que reciba varios días por debajo de 12-15 °C en las primeras semanas de vida emite su cresta siendo un enano de diez centímetros y se queda así toda la temporada. Por eso muchas crestas de gallo compradas en primavera temprana parecen bonsáis: no es falta de abono, es un frío que recibieron antes de llegar a tus manos. Compra las plantas cuando el tiempo ya esté estable, a partir de mayo, y elígelas con la cresta pequeña y mucha hoja verde, nunca las que van cargadísimas de flor y con dos hojas raquíticas.
En interior necesita el sitio más luminoso de la casa, junto a una ventana orientada al sur o al este. Con poca luz se estira, pierde color y las hojas amarillean desde abajo.
Riego y sustrato
Quiere un sustrato fértil y con buen drenaje. Una mezcla de sustrato universal de calidad con un 20-30 % de perlita funciona perfectamente en maceta. En el jardín agradece tierra suelta enriquecida con compost bien hecho.
El riego debe ser regular, sin encharcar y sin dejar que se seque del todo. Es una planta con hoja blanda que se desmaya en cuanto le falta agua; se recupera si se riega enseguida, pero cada desmayo le cuesta flores. En pleno julio, una maceta al sol puede pedir agua a diario.
Dos advertencias concretas. La primera: riega al pie, nunca por encima. La cresta es una masa densa y esponjosa que retiene agua durante días; si se moja, se pudre por dentro y aparecen manchas marrones que ya no se van. La segunda: nada de plato con agua estancada bajo la maceta, porque el hongo de la podredumbre de raíz la mata en cuestión de días.
Abonado
Al ser una planta de ciclo corto y floración larga, agradece el abono, pero con cabeza. Un fertilizante líquido para plantas de flor cada 15 días durante el verano, a la dosis que indique el envase, es suficiente.
Evita el exceso de nitrógeno: produce plantas altas, blandas, con mucha hoja y crestas pequeñas o descoloridas, además de hacerlas más apetecibles para el pulgón. Si tienes que elegir, mejor un abono equilibrado o con más potasio que uno de crecimiento.
Cómo obtenerla de semilla
Es de las plantas de temporada más agradecidas de sembrar, y sale infinitamente más barata que comprada.
Siembra de marzo a mayo, en semillero protegido o directamente en maceta cuando el tiempo sea cálido. La semilla es negra y diminuta: se esparce sobre el sustrato y se cubre apenas, con un par de milímetros o nada, porque necesita luz para germinar. Mantén el sustrato húmedo y a 20-25 °C y germinará en una o dos semanas.
El detalle que marca la diferencia es el trasplante. La cresta de gallo tolera muy mal que le toquen las raíces. Siembra en alveolos o en macetitas individuales de turba y pásala a su sitio definitivo cuando aún sea pequeña, sin deshacer el cepellón. Una planta trasplantada tarde y con las raíces revueltas se queda parada y florece prematuramente, con el mismo resultado que el golpe de frío.
Plagas y problemas frecuentes
Araña roja. La plaga número uno en verano y en interior con calefacción. Aparece con calor seco y produce un punteado amarillento en el envés. Aumentar la humedad ambiental alrededor de la planta (sin mojar las flores) y tratar con acaricida o jabón potásico a primera hora de la mañana.
Pulgón. En brotes tiernos, sobre todo si se ha abonado en exceso. Jabón potásico repetido a los cinco días.
Damping-off. En semillero, las plántulas se estrangulan por la base y caen. Se previene con sustrato limpio, siembra clara y riego moderado, nunca por aspersión continua.
Podredumbre de la inflorescencia. Manchas marrones y blandas dentro de la cresta tras lluvias o riegos por encima. No tiene arreglo en la flor afectada; se corta y se cuida el riego.
Una creencia que conviene desmontar
Mucha gente compra una cresta de gallo en flor, la trata como planta de interior permanente y se frustra cuando en otoño se estropea. No hay nada que hacer: en nuestro clima es una anual. Florece, produce semilla y muere, y ese es su ciclo completo. No rebrota, no se poda para el año siguiente y no hay cuidado que lo evite.
La forma inteligente de tenerla siempre es guardar semilla. Cuando las crestas se sequen y se vuelvan pardas, sacúdelas sobre un papel: soltarán cientos de semillas negras y brillantes que se conservan perfectamente en un sobre, en sitio seco y oscuro, durante tres o cuatro años. Ten en cuenta que las variedades híbridas no darán plantas idénticas a la madre, pero sí crestas perfectamente decorativas.
Para flor seca
Es una de las mejores flores secas que existen, porque mantiene el color con muy poca pérdida. Corta los tallos cuando la cresta esté totalmente desarrollada pero antes de que empiece a soltar semilla, quita todas las hojas y cuélgalos boca abajo en un lugar oscuro, seco y ventilado durante dos o tres semanas. La oscuridad es lo que evita que el rojo se apague.
En resumen
La cresta de gallo es una anual de verano que pide sol pleno, calor, sustrato drenante y riego regular al pie, y que se estropea con el frío, con el encharcamiento y con el agua sobre la flor. Cómprala ya entrado el buen tiempo o siémbrala tú de marzo a mayo cubriendo apenas la semilla y respetando el cepellón al trasplantar. Abona quincenalmente sin pasarte de nitrógeno, vigila la araña roja en los meses secos y asume que al final del otoño se despide. Guarda unas semillas y el año siguiente la vuelves a tener por cero euros.