El cortacésped de gasolina sigue siendo la máquina de los jardines grandes y de la hierba que se ha ido de altura: tiene par de sobra, no depende de un cable ni de una batería y siega durante horas. Lo que pide a cambio es mantenimiento de motor, y ahí se pierden la mayoría de estas máquinas, no por desgaste sino por descuido: gasolina vieja todo el invierno, aceite que nunca se cambió y una cuchilla sin afilar desde hace tres temporadas.

Aquí va todo eso: el motor de cuatro tiempos, el afilado y el equilibrado de la cuchilla, el cambio de aceite, el filtro y la bujía, y cómo se guarda en invierno para que en marzo arranque al segundo tirón. Nada depende de la marca, y el manual de tu máquina manda sobre cualquier recomendación general.

Cortacésped de gasolina en un jardín, con el recogedor retirado para vaciarlo

El recogedor se retira y se vacía con el motor parado, nunca en marcha.

Motor de cuatro tiempos: lo que hay que tener claro

Prácticamente todos los cortacéspedes de gasolina llevan motor de cuatro tiempos, y eso significa que la gasolina y el aceite van por separado: gasolina sin plomo en el depósito, aceite en el cárter. El error clásico y caro es echarle mezcla de dos tiempos porque es lo que había en la garrafa de la desbrozadora. Un cuatro tiempos con mezcla humea, se carboniza y acaba con la bujía y el escape hechos un cromo.

Dos rutinas antes de cada uso: comprobar el nivel de aceite con la varilla, en llano y con el motor frío, y mirar el depósito. Arrancar un cuatro tiempos con poco aceite es la forma más rápida de gripar el motor.

Y la gasolina, fresca. Se degrada en semanas: pierde las fracciones ligeras que hacen falta para arrancar y, con el etanol de las gasolinas actuales, absorbe humedad. Lo que queda en el vaso del carburador es un barniz gomoso que tapona los conductos. Es la avería número uno de las máquinas de jardín, y la causa es siempre la misma: gasolina de hace ocho meses.

La cuchilla: afilado y equilibrado

Un cortacésped rotativo no corta por tijera, corta por golpe: la cuchilla gira a gran velocidad y siega la hoja por impacto. Si el filo está mellado, el golpe desgarra en vez de cortar y deja la punta de la hoja deshilachada, que en dos o tres días se seca y pardea. Cuando un césped entero tiene un tono pardo mate después de segar, y no hay falta de agua ni hongos, es la cuchilla.

Para afilarla se desmonta y se trabaja con lima plana o piedra, respetando el ángulo del filo original y retirando poco material. No hay que buscar un filo de cuchillo de cocina: la cuchilla corta por velocidad, y un filo demasiado fino se mella en la primera pasada. Lo importante es retirar la misma cantidad de material en los dos extremos, porque una cuchilla asimétrica queda desequilibrada.

El equilibrado se comprueba sin herramientas: se cuelga la cuchilla por su agujero central de un clavo en horizontal y se mira si queda nivelada o si cae siempre del mismo lado. Si cae, ese lado pesa más y hay que rebajarlo. Una cuchilla desequilibrada genera una vibración que se lleva por delante el cojinete del cigüeñal y afloja la tornillería de toda la máquina.

Si la cuchilla ha golpeado una piedra, una raíz o un bordillo, se revisa con calma: una fisura, aunque sea pequeña, o un extremo doblado significan cuchilla nueva. No se endereza a martillazos ni se suelda, porque una cuchilla rota a esa velocidad sale disparada. Y se comprueba que el eje no haya quedado torcido.

Al montarla se pone en el sentido correcto, con las aletas del borde hacia el interior de la carcasa, que son las que generan la corriente de aire que empuja el corte al recogedor. Montada del revés siega mal y no llena el recogedor.

Antes de tocar la cuchilla

Esta es la parte que no admite atajos. Se para el motor, se espera a que la cuchilla se detenga por completo y se desconecta el cable de la bujía tirando del capuchón; si hay arranque eléctrico, se retira además la llave o la batería. Un motor caliente puede dar una vuelta al mover la cuchilla con la mano, y esa vuelta te cuesta los dedos. Guantes de corte, siempre.

Para inclinarla y acceder por debajo, se hace con el lado de la bujía y del filtro hacia arriba. Volcada del otro lado, el aceite y la gasolina pasan al filtro y al cilindro, y luego la máquina humea y no arranca. Si el depósito está lleno, vacíalo antes.

El cambio de aceite

El aceite se cambia según indique el manual: un primer cambio temprano en la máquina nueva y después una vez por temporada. Se hace con el motor templado, porque así fluye y arrastra los residuos en suspensión. Según el modelo se vacía por el tapón del cárter o se extrae por el tubo de llenado con una jeringa, que ensucia menos. Se rellena hasta la marca de la varilla y sin pasarse: un cárter sobrellenado echa aceite por el respiradero y ensucia el filtro de aire.

El aceite usado es un residuo peligroso: se recoge en un envase cerrado y se lleva a un punto limpio o a un taller que lo gestione. No va al desagüe, ni a la basura, ni al suelo del jardín.

Filtro de aire y bujía

El filtro de aire es la pieza de mantenimiento más rentable y la más olvidada. Cuando se llena de polvo y de restos de hierba, el motor aspira con dificultad, la mezcla se enriquece, pierde potencia y ensucia la bujía. Los de espuma se lavan con agua y jabón, se estrujan sin torcerlos y se dejan secar del todo antes de montarlos (algunos modelos piden después unas gotas de aceite repartidas, y eso lo dice el manual). Los de papel plisado no se lavan ni se mojan en gasolina: se golpean suavemente para descargarlos y se cambian cuando están oscuros y saturados. Nunca con aire a presión, que rompe el plisado y deja pasar el polvo directo al cilindro.

La bujía se saca una vez por temporada y se mira: un depósito pardo claro y seco indica que el motor va bien; negro y aceitoso apunta a mezcla rica; blanco tiza, a mezcla pobre. La carbonilla se limpia con un cepillo de púas y la separación de electrodos se ajusta con una galga al valor del manual. Si el aislante está agrietado o el electrodo comido, se cambia, que es la pieza más barata de la máquina. Se aprieta a mano y se remata con la llave sin forzar, porque la rosca es de aluminio.

Si no arranca, el orden de revisión es siempre el mismo: nivel de aceite, gasolina fresca, bujía y su cable, filtro de aire, y solo al final el carburador.

Seguridad, que aquí es lo primero

  • Antes de tocar la cuchilla o desatascar el canal de expulsión, motor parado y capuchón de la bujía desconectado. Nunca con el motor en marcha, ni "solo un momento".
  • El recogedor no se vacía con el motor en marcha.
  • Calzado cerrado y resistente, nunca descalzo ni en chanclas, y pantalón largo. Protección auditiva: un motor de gasolina a medio metro de la cabeza durante una hora hace daño de verdad al oído.
  • En pendiente, siega en travesía y no de arriba abajo, y no siegues cuestas donde no puedas mantener el equilibrio. Si resbalas hacia abajo, la máquina va hacia ti.
  • Retira antes piedras, alambres, juguetes y mangueras: la cuchilla los lanza. Y nadie cerca mientras siegas.
  • El césped mojado ni se siega bien ni es seguro: el corte queda desigual, la hierba se pega y atasca el canal, y se resbala.
  • Repostar con el motor parado y frío, al aire libre, sin fumar y sin llenar hasta el borde, porque la gasolina se expande. Si se derrama, se limpia y se espera a que se evapore antes de arrancar.
  • El motor no se arranca ni se deja en marcha en un garaje, un trastero o un porche cerrado. Los gases de escape contienen monóxido de carbono, que no huele y mata.

El invernaje: cómo se guarda en invierno

Casi todos los problemas de arranque en primavera se fabrican en noviembre. Lo que hay que hacer al terminar la temporada:

  • Decidir qué hacer con el depósito, y hacerlo del todo. Dos formas correctas: dejarlo seco, vaciándolo y haciendo funcionar el motor hasta que se pare por falta de combustible para que el carburador quede sin gasolina; o llenarlo casi del todo con gasolina fresca y estabilizador, para que no quede aire húmedo dentro. Lo que no se debe hacer, y es lo que hace todo el mundo, es guardarlo medio lleno: el aire de arriba condensa agua y la gasolina se convierte en barniz.
  • Cambiar el aceite antes del reposo, no después. El aceite usado lleva residuos ácidos que pasan el invierno atacando el interior del motor.
  • Limpiar a fondo la carcasa por debajo, quitar toda la hierba seca pegada y dejarla seca. La hierba retiene humedad y oxida el chasis y la cuchilla.
  • Sacar la bujía, echar unas gotas de aceite en el cilindro y tirar un par de veces del arranque para repartirlo, de modo que las paredes no se oxiden.
  • Guardar la máquina bajo techo y en sitio seco. A la intemperie, el sol fragiliza los plásticos y la humedad hace el resto. Si tiene arranque eléctrico, la batería se guarda cargada.

En resumen

Un cortacésped de gasolina es un motor de cuatro tiempos con una cuchilla debajo, y se cuida como tal: nivel de aceite antes de cada uso, gasolina siempre fresca y nunca mezcla de dos tiempos, filtro de aire limpio, bujía revisada una vez al año y cambio de aceite por temporada. Con eso, la máquina dura décadas.

La cuchilla merece la misma atención: afilarla respetando el ángulo, retirar el mismo material en los dos extremos y comprobar el equilibrado colgándola de su agujero central. Y dos normas que no se negocian: no se toca la cuchilla sin desconectar el capuchón de la bujía, y el depósito no pasa el invierno medio lleno.


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