La mayoría de los conjuntos de jardín que decepcionan no son malos: son grandes. En una tienda, una mesa de seis plazas con sus sillas parece razonable porque alrededor hay pasillo de sobra. En una terraza de tres metros de fondo, esa misma mesa deja a dos comensales pegados al muro y sin poder retirar la silla para levantarse. Antes de mirar catálogos, coge el metro: lo que decide la compra es el espacio que pide el conjunto con la gente sentada, no las medidas de la mesa.
La segunda decisión es el material, y ahí lo que manda es la exposición. Un conjunto que pasa el verano al sol del mediodía y el invierno a la lluvia no se comporta igual que uno bajo una pérgola. La madera se agrisa, el acero se oxida por las aristas, el plástico sin protección se vuelve quebradizo y los cojines se empapan y tardan días en secar. Con saber cómo envejece cada cosa se acierta casi siempre.
Mide antes de elegir
Cuenta con unos sesenta centímetros de frente de mesa por comensal, que es el espacio que ocupa un plato con su cubierto y los codos de alguien. Eso pone una mesa de cuatro en el entorno de metro veinte de largo y una de seis alrededor del metro ochenta, según sea rectangular o redonda.
Lo que casi nadie calcula es el pasillo. Para retirar la silla y sentarse hacen falta unos setenta u ochenta centímetros libres detrás del respaldo, y si además alguien tiene que pasar por detrás de un comensal sentado, se va al metro. Es decir, una mesa de metro ochenta necesita un hueco de algo más de cuatro metros en su dimensión larga para funcionar sin que nadie haga contorsiones. Marca el rectángulo en el suelo con cinta de pintor antes de comprar y verás enseguida si cabe.
Dos ajustes útiles cuando el sitio es justo. La mesa redonda aprovecha mejor un espacio cuadrado, reparte la conversación y no tiene esquinas contra las que darse en el muslo, aunque pierde plaza en cuanto se pone larga. Y un banco corrido en el lado que va pegado a la pared se mete del todo bajo la mesa y ahorra el pasillo de ese lado, a cambio de que quien se siente en el centro tenga que pedir paso.

Qué tipo de conjunto y para qué sirve
El comedor, mesa a altura normal con sillas, es el único que sirve de verdad para comer y para trabajar o jugar sobre la mesa. Si solo vas a tener un conjunto, que sea este.
El conjunto de estar, con sofá o sillones bajos y mesa de centro, es cómodo para una conversación o un café, pero engaña con el espacio: cada sillón ocupa mucho más que una silla y hay que dejar paso entre piezas. Cuenta con bastante más superficie de la que sugiere el número de plazas.
El conjunto de balcón, mesa pequeña de dos plazas y dos sillas plegables, resuelve un metro y medio de fondo. Y las tumbonas son otra cosa: piden un metro noventa o dos metros de largo extendidas más el hueco para pasar, así que no se colocan pegadas a un paso.
Sobre las plazas, la regla razonable es dimensionar para el uso habitual y no para la comida de Navidad. Una mesa extensible o un par de sillas plegables guardadas resuelven los días de más gente mejor que tener un conjunto sobredimensionado ocupando el jardín todo el año.
Dónde se coloca
Sigue la sombra de la tarde, que es la hora en la que se usa. Un rincón que está en sombra a las once puede estar al sol de pleno a las cinco, así que mira el sitio a la hora en la que vas a estar. Debajo de un árbol hay sombra gratis, pero también hojas, flores, frutos y melaza de pulgón, que deja la mesa pegajosa y mancha los cojines; algunas especies obligan a limpiar a diario en su temporada.
Comprueba que el pavimento esté nivelado, porque una silla con una pata en falso se balancea con cada movimiento y sobre gravilla suelta se hunde. Y valora la distancia a la puerta de la cocina: cada metro de más se paga en viajes con la bandeja.
Materiales: cómo envejece cada uno a la intemperie
Madera. La teca aguanta bien la intemperie por sus aceites naturales y, si no la tratas, pasa a un gris plata que es superficial y no afecta a la resistencia. Con aceite específico una o dos veces al año conserva el tono miel. Maderas como el eucalipto o la acacia cuestan menos y piden ese tratamiento con más constancia. El pino tratado en autoclave es otra cosa: el tratamiento consiste en meter un protector dentro de la madera a presión en un autoclave, no en pintarla por fuera, y es lo que permite que un elemento de madera aguante en contacto con la humedad. Sirve muy bien para estructuras y patas, no tanto para un tablero de mesa en el que apoyas la comida.
Aluminio y acero. El aluminio no se oxida porque forma en su superficie una capa de óxido propio, fina y adherente, que protege el metal de debajo; por eso un conjunto de aluminio pasa años a la intemperie sin pintar. El acero es lo contrario: su óxido es poroso y se va desprendiendo, así que depende por completo del galvanizado o de la pintura, y en cuanto un golpe deja una arista al aire empieza el punto de herrumbre. Cerca del mar, con aire salino, la diferencia se nota muy rápido. Mira también la tornillería: un conjunto bueno con tornillos corrientes deja regueros de óxido en la madera al segundo invierno.
Resina y plástico. Es ligero, barato y no le afecta la lluvia, pero el enemigo es el sol: la radiación ultravioleta rompe las cadenas del polímero y el plástico pasa de flexible a quebradizo, pierde color y se vuelve tizoso al tacto. Ahí está la diferencia entre una pieza con protección UV y una que no la lleva, y explica esas sillas que aguantan cuatro veranos y luego rompen la pata con alguien sentado. En los conjuntos de fibra tejida (el llamado ratán sintético), lo que importa es lo que hay debajo: una estructura de aluminio dura mucho más que una de acero pintado, aunque la fibra sea la misma.
Textiles y cristal. Los tejidos tipo malla tensada se mojan y se secan en una hora, y por eso son los más prácticos en exterior. Los cojines de espuma tardan días y acaban con olor a humedad: guárdalos dentro o busca espuma de celda abierta con funda que drene. El tablero de cristal debe ser templado, que rompe en fragmentos pequeños y no en cuchillas, y sigue siendo la pieza más delicada de cualquier conjunto.

El viento, que es lo que rompe los conjuntos ligeros
Un conjunto ligero con un tablero grande hace de vela. Las sillas de plástico o de aluminio delgado vuelcan, y un tablero de cristal levantado por una racha se rompe al caer. Si tu terraza está expuesta, elige piezas con peso, apila o pliega las sillas cuando no estén en uso y no dejes el parasol abierto sin vigilancia: el pie tiene que ser proporcional al vuelo de la tela, y el parasol se cierra en cuanto se levanta aire, no cuando ya empuja.
Lo que se estropea antes
Por este orden: los cojines, la tornillería, las articulaciones de las piezas plegables y las tumbonas, y las aristas pintadas. Nada de eso se arregla con el conjunto ya comprado, pero sí se tiene en cuenta al elegir. Y dos hábitos que alargan la vida de cualquiera: guardar los cojines bajo techo y no dejar las patas en contacto permanente con agua estancada, porque es ahí, en el apoyo, donde empieza a fallar tanto la madera como el metal. Si usas funda en invierno, que sea transpirable y no un plástico cerrado, porque el plástico condensa por dentro y hace más daño que la lluvia.
En resumen
Mide primero y compra después. Sesenta centímetros de mesa por comensal, setenta u ochenta libres detrás de cada silla para poder levantarse y un metro si alguien ha de pasar por detrás. Dibuja el rectángulo completo en el suelo con cinta y comprueba que queda paso. Dimensiona para el uso normal y resuelve los días de más gente con una mesa extensible o sillas plegables.
En material, decide por exposición. Aluminio o madera tipo teca si va a estar a la intemperie todo el año; acero solo si está protegido y con la pintura sana; resina con protección UV y, en fibra tejida, comprobando la estructura interior. Tejidos que se secan rápido, cristal templado y tornillería inoxidable. Cojines dentro, patas fuera del agua y las sillas plegadas cuando se levanta viento.