Cuando una flor de papel sale mal, la culpa casi nunca es de las manos ni del tutorial. Es del papel. Un folio de impresora no se curva sin romperse, el papel de seda se arruga pero no guarda la forma y el papel de regalo plastificado no admite un pliegue fino. El pétalo de una flor es una superficie de doble curvatura, es decir, abombada en dos direcciones a la vez, y eso solo lo consigue un papel que se estire.

Ese papel es el crepé, y por eso aparece en todas las manualidades de flores. Aquí no vas a encontrar otro paso a paso, sino lo de antes: qué tipos de papel hay, cuál sirve para qué flor y cuál vas a tirar a la basura después de intentarlo. Con eso, cualquier tutorial te sale mejor.

Rollos de papel crepé de colores

Por qué el crepé se estira

El papel crepé no es papel liso de color. Se fabrica arrugándolo de forma controlada durante el proceso, de manera que toda la hoja queda llena de microarrugas paralelas y muy juntas. Cuando tiras de él en la dirección perpendicular a esas arrugas, no lo estás alargando: estás desplegando pliegues que ya estaban ahí. Por eso cede sin desgarrarse y por eso, al ceder solo en el centro de la tira, se forma una copa.

De ahí salen las dos reglas que gobiernan el material. La primera es que el crepé tiene dirección: estira en un sentido y casi nada en el otro. Las plantillas se cortan siempre con las arrugas en paralelo al eje del pétalo, de la base a la punta, para poder abrir la parte ancha con los pulgares. Si cortas atravesado, el pétalo no ahueca.

La segunda es que la forma se da estirando, no doblando. Un pétalo se abomba abriendo el centro de la tira con los dos pulgares; el borde se ondula pasándolo entre la uña y el dedo o enroscándolo en un palillo; y la curva se fija sola, porque el pliegue desplegado no vuelve atrás. Nada de esto funciona en un papel liso.

El gramaje, que es lo que diferencia un crepé de otro

En la papelería hay al menos dos productos distintos con el mismo nombre y sirven para cosas distintas.

El crepé fino, el rollo barato de toda la vida, es muy ligero y de color intenso. Estira poco y se rompe pronto, así que va bien para pétalos pequeños, para pompones, para guirnaldas y para flores de muchas capas donde cada pieza no tiene que sostenerse sola.

El crepé grueso, que en las tiendas de manualidades suele venderse como crepé italiano o de alto gramaje, es notablemente más pesado y grueso al tacto y estira muchísimo más. Es el que permite pétalos grandes, de peonía o de rosa abierta, con borde ondulado y una curvatura que aguanta. Cuesta bastante más caro y merece la pena precisamente en las flores grandes, que son las que delatan al material malo.

Hay también crepés de dos caras, con un color por cada lado, que resuelven el reverso de los pétalos sin pegar dos piezas, y los llamados extrafinos, más flexibles para trabajos delicados. Si compras a ojo, el criterio rápido en la tienda es tirar de una esquina del rollo: si cede mucho y con suavidad, sirve para flores grandes.

Flores grandes hechas con papel crepé

Papel de seda, cartulina y los demás

El papel de seda (el que en muchos sitios se llama papel de china o tissue) es finísimo, translúcido y sin elasticidad. No da forma, pero tiene una virtud que el crepé no tiene: superpuesto deja pasar la luz y crea capas de color. Es el papel del pompón, de la flor de muchas capas plegadas en acordeón y de las guirnaldas de fiesta. Se rompe con nada, así que se trabaja en varias hojas a la vez.

La cartulina va al otro extremo: no estira, pero es rígida y se sostiene sola. Es el material de las flores grandes decorativas de pared y de los fondos para fotos, donde cada pétalo se corta suelto y se curva marcando un pliegue en la base o pasándolo por el canto de una regla. Con cartulina no se imita un pétalo blando; se hace una versión geométrica y estilizada, y queda bien si se asume eso.

El papel de libro o de periódico se usa mucho por su estética vintage. Un aviso: son papeles ácidos, amarillean y se vuelven quebradizos con bastante rapidez, más si les da el sol. Para un centro de mesa de una tarde, perfecto; para algo que quieras guardar años, no.

Y los que no funcionan, para ahorrarte la prueba: el folio de impresora (no cede y se quiebra en la curva), el papel de regalo con acabado plastificado o metalizado (no coge el pliegue y el pegamento no agarra) y el cartón de embalar (demasiado grueso para el tamaño de un pétalo).

El color, el agua y el sol

Dos comportamientos del crepé que sorprenden a quien empieza.

El primero es que destiñe con el agua. Los tintes del crepé, sobre todo en los tonos fuertes, se sueltan en cuanto se mojan. Eso se aprovecha a propósito para degradar pétalos con un pincel húmedo o para teñir los bordes, pero también significa que una flor de crepé rojo mancha las manos si la coges con los dedos sudados, mancha un mantel blanco si se derrama agua y mancha la ropa. En un ramo de novia o en el pelo de una niña conviene tenerlo en cuenta.

El segundo es que el color se va con la luz. Los papeles de manualidades no están pensados para resistir la radiación solar, y una flor de papel en una ventana a sur pierde el tono en unos meses, sobre todo los rosas, los morados y los rojos. Si la decoración va en un sitio muy luminoso, tira de colores claros y de crema, que envejecen mejor porque tienen menos que perder.

Lo que sujeta la flor

El papel es la mitad del asunto; la otra mitad es cómo se monta. El tallo suele ser alambre, y para flores grandes alambre grueso o varilla, porque un pétalo de crepé pesado tiene peso de verdad. La unión del pétalo al tallo se forra con cinta de floristería, esa cinta ligeramente elástica que se pega al estirarla con los dedos y que además disimula el alambre.

De pegamentos, la cola blanca es la más limpia sobre papel pero tarda, y si te pasas de cantidad traspasa y deja el crepé transparente. La barra pega poco en papel grueso. La pistola de silicona es la rápida y la que usa casi todo el mundo en flores grandes, con el aviso obvio de que la punta y la cola están a temperatura alta y queman.

La flor de papel frente a la flor cortada

Para algunos usos, el papel gana a la flor natural y no es solo cuestión de precio. No necesita agua ni cambio de agua, no suelta polen, no huele, no se marchita a mitad de una celebración larga y aguanta un envío por correo. En una casa con alergia al polen, en una mesa donde se come o en una decoración que tiene que estar montada tres días antes, resuelve mejor.

Y tiene sus límites, que también conviene decir: no huele (y en una flor eso pesa), el color no resiste el sol, el papel se abolla si se comprime y se estropea con la humedad de un baño o de una cocina con vapor. En una boda al aire libre con posibilidad de lluvia, el papel es el material frágil.

Queda una confusión de nombre que merece la pena aclarar, porque manda a mucha gente al sitio equivocado: flor de papel también es el nombre de una planta. Se llama así a la siempreviva, cuyas brácteas son secas y crujientes al tacto ya en la planta viva y que se seca conservando color y forma, y en parte de Hispanoamérica el mismo nombre se usa para la buganvilla. Si lo que buscabas era la planta y no la manualidad, la tienes en la ficha de la flor de papel o siempreviva.

En resumen

Elige el papel antes que el modelo de flor. Crepé fino para pétalos pequeños, pompones y guirnaldas; crepé de alto gramaje para flores grandes con pétalo ahuecado; papel de seda para capas y transparencias; cartulina para flores decorativas rígidas de pared. Y corta siempre con las arrugas del crepé en el sentido del pétalo, porque es lo que te va a permitir dar la forma.

De ahí en adelante, dos cosas para que no te decepcione el resultado. El crepé destiñe en mojado, así que cuidado con la ropa y los manteles claros. Y el color se apaga con el sol directo, así que las flores de papel duran mucho más lejos de una ventana a mediodía que sobre ella.


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