Sembrar dentro de casa sirve para una cosa concreta: adelantar la temporada. Un tomate, un pimiento o una berenjena necesitan varias semanas de plantel antes de poder salir al huerto, y en casi toda España no se pueden sembrar fuera hasta que ha pasado el riesgo de helada. El semillero de interior cubre ese hueco, y lo mismo vale para muchas flores de verano y para las aromáticas de vida corta como la albahaca.
Lo que casi nadie cuenta es en qué falla un semillero de interior, porque no falla en la germinación. Falla justo después. Las semillas nacen sin problema con calor y humedad, y luego las plántulas se estiran buscando una luz que dentro de casa no existe, salen con el tallo largo y fino como un hilo y se tumban. Ese es el error típico, y se evita dándoles mucha más luz de la que parece necesaria desde el primer día que asoman.
Qué se siembra dentro y qué no
Dentro tiene sentido lo que pide calor para germinar y una temporada larga: tomate, pimiento, berenjena, guindilla, y entre las ornamentales los tagetes, las zinnias, las petunias o los alhelíes. También la albahaca, que con frío no arranca.
Fuera, y a suelo definitivo, van las que no admiten trasplante porque tienen raíz pivotante o crecen demasiado rápido: zanahoria, rábano, nabo, guisante, haba, judía, acelga de siembra directa, y entre las flores la amapola, la capuchina o el girasol. Sembrar eso en un vaso para trasplantarlo luego da plantas peores que la siembra directa. Y los bulbos, evidentemente, no son semillas: van a tierra tal cual y en su época.
El sustrato y el recipiente
Usa un sustrato específico de semillero, fino y de textura suelta, no tierra del jardín. La tierra de exterior se compacta en un recipiente pequeño, retiene demasiada agua y trae esporas de hongos y semillas de malas hierbas. Los sustratos de semillero son pobres en nutrientes a propósito, porque la semilla lleva su propia reserva y solo necesita soporte, aire y humedad.
El recipiente puede ser una bandeja alveolada, macetitas pequeñas, vasos de yogur agujereados o cartones de huevos, con dos condiciones que no son negociables: que tengan drenaje y que estén limpios. Si reutilizas bandejas del año anterior, lávalas bien; ahí es donde sobrevive el hongo que te arruinó el semillero pasado. Una bandeja inferior para riego por abajo viene bien.
Profundidad, humedad y riego
La regla práctica de la profundidad es cubrir la semilla con una capa de sustrato del grosor de la propia semilla, poco más. Enterrar de más es la segunda causa de fallo: la semilla gasta su reserva antes de llegar a la superficie. Las semillas muy finas casi no se cubren, solo se presionan un poco contra el sustrato.
Humedece el sustrato antes de sembrar, hasta que esté como una esponja escurrida, y mantenlo así. Riega mejor por abajo, poniendo agua en la bandeja y dejando que el sustrato la absorba, porque el chorro de arriba descoloca las semillas y encharca la superficie. Un plástico o una tapa transparente ayuda los primeros días a conservar la humedad, pero se retira en cuanto germinan y se ventila a diario: dentro de esa campana el aire quieto y saturado es exactamente el ambiente que buscan los hongos.
Calor para germinar, luz desde el primer día
Para germinar, las hortalizas de verano quieren temperatura templada y estable, del orden de veinte a veinticinco grados, que en una casa habitada se consigue sin nada especial. Las de estación fría, como las lechugas o las espinacas, germinan mejor bastante más frescas y con calor excesivo se atascan.
La luz es otra historia. Una ventana orientada al sur en febrero da, dentro de la habitación, una fracción pequeña de la luz que hay en la calle, y encima llega de un solo lado. El resultado son plántulas ahiladas, inclinadas hacia el cristal y con los entrenudos largos. Si vas a hacer semillero de interior en serio, necesitas una lámpara de cultivo colocada bastante más cerca de las plántulas de lo que la intuición sugiere, encendida muchas horas al día, y subirla a medida que crecen. Si te limitas a la ventana, gira las bandejas todos los días, ponlas lo más pegadas al cristal que puedas y baja un poco la temperatura en cuanto hayan nacido, porque el calor con poca luz es justo lo que las estira.
Un ventilador suave un rato al día, o pasarles la mano por encima, engrosa el tallo y renueva el aire. Es un truco viejo y funciona.
El damping-off, lo que se lleva un semillero entero
Es el accidente clásico. Las plántulas aparecen sanas y de un día para otro se estrangulan justo a ras de sustrato, se tumban y se secan, a veces en corro y avanzando por la bandeja. No es falta de agua: son hongos de suelo que viven en el sustrato húmedo y atacan el cuello tierno de la plántula.
No se cura, se previene, y se previene con manejo más que con productos: sustrato nuevo y limpio, recipientes lavados, siembra no demasiado densa, drenaje que funcione, riego justo y sin encharcar, y ventilación desde el momento en que germinan. Retira enseguida la plántula caída y el sustrato de alrededor. En jardinería doméstica solo se pueden usar productos autorizados para ese uso, que figuran en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y las dosis son siempre las de la etiqueta del envase, no las que cuente ninguna web. El marco general es el Real Decreto 1311/2012, que pone la prevención y los medios físicos por delante del tratamiento químico. En un semillero de casa la prevención es casi todo lo que hay.
Aclarar y repicar
Las dos primeras hojas que salen no son hojas verdaderas, son los cotiledones, la reserva de la semilla. Cuando aparecen las hojas verdaderas, que ya tienen la forma de la planta adulta, toca decidir. Si sembraste varias semillas por alveolo, deja la plántula más fuerte y corta las otras a ras en vez de arrancarlas, para no mover la raíz de la que se queda.
Y si el recipiente era pequeño, repica a una maceta individual algo mayor, sujetando la plántula por un cotiledón y no por el tallo, que se magulla con nada. Los tomates admiten enterrarse un poco más profundos al repicar, porque echan raíces desde el tallo. Después de repicar, unos días con luz buena pero sin sol directo fuerte.
El endurecimiento antes de salir fuera
Una planta criada en casa no ha visto nunca viento, ni radiación solar directa, ni oscilación de temperatura entre el día y la noche. Si la plantas de golpe en el huerto se quema en dos tardes. El endurecimiento consiste en sacarla fuera de forma progresiva a lo largo de una o dos semanas: primero un rato a la sombra y al abrigo del viento, luego más horas, luego sol de mañana, y las últimas noches ya fuera si no hay riesgo de helada.
El calendario depende mucho de dónde vivas. En el litoral mediterráneo el plantel de verano puede salir en marzo o abril; en la meseta y en zonas de interior hay que esperar a que pase el riesgo de helada, que en algunos sitios se alarga hasta mayo; en el norte atlántico manda más la lluvia y la falta de calor que el frío. Cuenta hacia atrás desde la fecha en que podrás plantar fuera y siembra unas seis u ocho semanas antes. Sembrar en enero para plantar en mayo solo produce plantas grandes, ahiladas y con la raíz dando vueltas en el vaso.
Lo que este artículo no cuenta
Buena parte de lo que se encuentra en internet buscando cultivo de interior no habla de plantel de huerto, sino de cannabis, y eso queda fuera de aquí. Por dejarlo claro: el cáñamo industrial solo puede sembrarse con variedades inscritas en el catálogo común de la Unión Europea, con el contenido de THC por debajo del límite legal y con comunicación previa a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), y no es un cultivo doméstico libre. El autocultivo de cannabis está sujeto a la Ley Orgánica 4/2015 de protección de la seguridad ciudadana, que sanciona el cultivo en lugares visibles al público.
En resumen
Un semillero de interior es sustrato limpio, recipiente con drenaje, siembra superficial, humedad constante sin charco y ventilación. Con eso germina casi todo. Lo que decide si el plantel sirve para algo es la luz que reciba en cuanto asome, y dentro de casa siempre es menos de la que parece.
Lo demás es calendario y paciencia: sembrar seis u ocho semanas antes de la fecha real de plantación en tu zona, repicar cuando salgan las hojas verdaderas, endurecer las plantas una o dos semanas antes de sacarlas y no confiar en una ventana de invierno para hacer el trabajo de un mes de sol.