En julio llega el desengaño. La mata que se compró en flor a finales de primavera, y que aguantó un mes espectacular, es ya una maraña de tallos largos con cuatro flores en la punta. Casi todo el mundo ha tenido petunias alguna vez y casi nadie llega a verlas en su mejor versión. No es que la planta sea caprichosa: es que se cultiva con una idea equivocada de lo que necesita.

Hablamos de Petunia × atkinsiana (durante décadas citada como Petunia × hybrida), un híbrido de la familia de las solanáceas obtenido a partir de especies sudamericanas como Petunia axillaris y Petunia integrifolia. Que sea pariente del tomate y de la berenjena no es un dato anecdótico: explica su voracidad de nutrientes y buena parte de sus problemas.

Petunias en flor de varios colores

Sol, y sol de verdad

El error más repetido es colocarlas en semisombra pensando que el sol directo las quema. La petunia necesita un mínimo de seis horas de sol directo al día, y agradece ocho. Con menos luz alarga los entrenudos, se vuelve leñosa por la base y florece a rachas.

Lo que sí conviene matizar es el sol de agosto en el interior peninsular. Con máximas por encima de 35 °C la planta entra en parada: deja de abrir flores nuevas y las que abre duran un día. No es falta de riego ni de abono, es temperatura. En Madrid, Sevilla o Zaragoza tiene sentido darles sombra a partir de las cinco de la tarde en pleno verano, mientras que en la cornisa cantábrica o en zonas de montaña pueden estar a pleno sol todo el día sin problema.

Riego: frecuente, pero nunca encharcado

En maceta y en pleno julio, una petunia adulta puede necesitar riego diario, e incluso dos veces al día si está en un cesto colgante pequeño y expuesto. El sustrato debe secarse ligeramente en superficie entre riegos, pero no llegar nunca a desecarse del todo: una petunia que se marchita por sed pierde de golpe las flores abiertas y tarda una semana en recuperar el ritmo.

Dos precauciones concretas. La primera: riega a la base, no por encima. Las flores de petunia son de textura fina y con el agua se apelmazan, se pudren y son la puerta de entrada de Botrytis cinerea. La segunda: nada de platos con agua estancada. La raíz de petunia es superficial y fina, y tolera muy mal la asfixia.

El abono y el problema del hierro

Una petunia en plena floración es una máquina de gastar. Necesita abono líquido cada siete o diez días desde que empieza a crecer hasta que el frío la para, con una fórmula equilibrada o algo más rica en potasio del tipo 15-10-20 o 12-12-17. En maceta, los sustratos de turba se agotan en cuatro o seis semanas: si a partir de junio la planta va a menos y hace flores pequeñas, la causa casi siempre es nutricional.

Aquí conviene desmontar una creencia extendida: cuando las hojas nuevas de una petunia se ponen amarillas con los nervios verdes, no le falta abono, le falta hierro asimilable. Las petunias, como las calibrachoas, son plantas "hierro-eficientes" que exigen un sustrato ácido, con pH entre 5,5 y 6,2. Buena parte del agua del grifo peninsular es dura y calcárea, y en pocas semanas sube el pH de la maceta hasta valores en los que el hierro, aunque esté presente, la planta no puede absorberlo. La solución es quelato de hierro EDDHA disuelto en el agua de riego cada tres o cuatro semanas, y regar con agua de lluvia siempre que se pueda. Añadir más abono nitrogenado en ese momento solo empeora el aspecto de la planta.

Pinzado y limpieza de flores

El pinzado no es opcional si quieres una mata compacta. Cuando la planta joven tiene cuatro o cinco pares de hojas, corta la punta de cada tallo por encima de un nudo. Perderás dos semanas de floración y ganarás el doble de ramas. Con las variedades colgantes tipo Surfinia conviene repetir el pinzado a mediados de julio, recortando un tercio de los tallos más largos: rebrotan en diez o quince días y salvan la segunda mitad del verano.

En cuanto a la limpieza, no basta con arrancar el pétalo marchito. Hay que retirar también el ovario engrosado que queda detrás, porque si la planta cuaja semilla reduce drásticamente la floración. Las variedades multiflora y grandiflora clásicas lo agradecen mucho; las series modernas de propagación vegetativa tienden a autolimpiarse y no lo necesitan tanto.

Cuándo plantarlas y qué esperar del invierno

En el litoral mediterráneo y en Andalucía se plantan desde marzo; en la meseta y el norte, es más prudente esperar a que pase el riesgo de heladas, hacia finales de abril o principios de mayo. Si prefieres sembrar, hazlo en semillero protegido en enero o febrero: la semilla es diminuta, necesita luz para germinar y no debe cubrirse con sustrato, solo presionarse contra la superficie. A 20-24 °C brota en una o dos semanas.

La petunia es técnicamente una vivaz de clima suave, no una anual. Con heladas suaves rebrota desde la base, y en la costa mediterránea o en Canarias pueden pasar el invierno. Dicho esto, la segunda temporada casi nunca iguala a la primera: la planta llega leñosa y desnuda por abajo. Merece la pena tratarla como anual y renovar la plantación cada año.

Plagas y problemas frecuentes

Los pulgones aparecen en primavera en los brotes tiernos y se controlan bien con jabón potásico. Más molesta es la oruga que perfora los capullos y los deja agujereados por dentro sin que se vea el culpable: se combate con Bacillus thuringiensis, que es específico y no afecta a los polinizadores. La araña roja aparece en calor y sequedad ambiental. Y si el sitio es húmedo y poco ventilado, el moho gris arruina flores y tallos: menos riego por encima y más espacio entre plantas resuelven casi siempre el problema.

En resumen

Sol abundante, riego constante en la base sin encharcar, abono líquido semanal desde que arranca el crecimiento, quelato de hierro cuando el agua es dura, y pinzado en junio y en julio para que no se desmelene. Con esos cinco puntos una petunia florece de mayo a octubre sin interrupciones, que es exactamente lo que promete y muy pocas veces cumple.


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