Begonia es uno de los géneros de plantas con flor más numerosos que existen: se han descrito más de mil ochocientas especies y la cifra sigue subiendo con las novedades del sudeste asiático. Está a la altura de gigantes como Euphorbia o Astragalus. Eso explica de golpe lo que desconcierta a mucha gente: que dos plantas etiquetadas como "begonia" no se parezcan en nada, y que un consejo de riego válido para una mate a la otra.
Este artículo va del género y de cómo está organizado, que es lo que hace falta saber antes de cualquier consejo de cultivo. Porque lo que en la tienda llaman "tipos de begonia" no son especies ni variedades botánicas: son grupos hortícolas, clases agrupadas por la forma de crecer y por el tipo de raíz. Y el grupo, no la especie, es lo que determina cómo se trata la planta.
De dónde son y de dónde viene el nombre
Las begonias son plantas de los trópicos y subtrópicos húmedos de América, África y Asia. No hay ninguna especie nativa de Europa ni de Australia. Su hábitat típico no es el parterre a pleno sol: es el sotobosque húmedo, la grieta de roca sombreada y, muy característicamente, el afloramiento de caliza del sudeste asiático, donde hay decenas de especies que viven cada una en un solo macizo y en ningún otro sitio del mundo. De ahí que muchísimas sean endemismos de área minúscula y estén amenazadas, y que en cultivo casi todas pidan lo mismo: luz abundante pero filtrada, humedad ambiental y nada de sol directo del mediodía.
El nombre lo puso el botánico francés Charles Plumier, un religioso mínimo que herborizó en las Antillas y lo publicó en 1700. Lo dedicó a Michel Bégon, administrador colonial francés, intendente de las Antillas y después de Rochefort, que patrocinó expediciones botánicas. No era una mujer, ni la planta se llama así por nada femenino: es un apellido, y la terminación en -ia es la que la nomenclatura latina da a los géneros dedicados a personas, igual que en Dahlia o Magnolia.
El rasgo que identifica una begonia: la hoja torcida
Si tienes que reconocer una begonia sin flor, mira la hoja de frente. La lámina es asimétrica: las dos mitades a los lados del nervio central tienen tamaño y forma distintos, y el pecíolo se inserta descentrado. Esa hoja oblicua es el carácter más constante del género, igual en una rex de hoja enorme que en una de jardinera. Dos pistas más: los tallos suculentos con los nudos engrosados, que se quiebran limpiamente al doblarlos, y las estípulas membranosas que envuelven el brote y quedan como escamitas pardas.
Flores separadas en la misma planta
Aquí hay un error que se repite mucho. La begonia no es una planta unisexual: es monoica con flores unisexuales. El mismo pie lleva flores masculinas y femeninas por separado, y ninguna flor tiene los dos sexos. Las masculinas llevan un manojo de estambres amarillos bien visible y nada detrás; son las que dan el espectáculo en las tuberosas dobles. Las femeninas tienen detrás un ovario con tres alas, un cuerpo triangular muy característico, y estigmas retorcidos en lugar de estambres.
Otro detalle de terminología: lo que parecen pétalos no lo son. El perianto está formado por tépalos, piezas no diferenciadas en sépalos y pétalos, y por eso una begonia no tiene cáliz verde por detrás. El fruto es una cápsula alada que al secarse se abre y suelta una cantidad enorme de semillas finísimas, casi polvo, dispersadas por el viento y el salpicar de la lluvia. Es el motivo de que la semilla de begonia no se entierre al sembrarla.
Los grupos hortícolas, que es lo que te venden
Esta clasificación no es botánica, es de cultivo, y la usan los viveros porque es la que funciona.
De tallo tipo caña. Tallos erectos y duros, con los nudos muy marcados, que recuerdan a una caña de bambú. Crecen hacia arriba y ramifican poco, así que se desnudan por abajo si no se despuntan. Hojas grandes y alargadas, a menudo con el revés rojizo y manchas plateadas, de ahí el apodo de alas de ángel. Son plantas de larga vida que alcanzan un porte considerable en maceta grande.
Begonia de tallo tipo caña: tallos erguidos con los nudos marcados, como una caña de bambú.
Arbustivas. Ramifican desde la base y forman mata. Dentro caben cosas muy diferentes, desde plantas de hoja diminuta hasta las de tallos y hojas cubiertos de pelo, las que se llaman de terciopelo o lanudas. Aquí entra en la práctica del comercio la begonia de flor de jardinera, la que se planta a miles en parterres y balcones, de hoja pequeña y brillante y flor continua.
Las arbustivas ramifican desde la base y forman mata, en lugar de subir en cañas.
Un apunte de nomenclatura que casi ningún vivero ha actualizado: esa begonia de jardinera se sigue vendiendo como Begonia semperflorens, pero el nombre correcto de la especie es Begonia cucullata. Semperflorens quedó como sinónimo y sobrevive en el nombre del grupo hortícola, Semperflorens-cultorum. Es sudamericana, y en climas suaves del litoral se comporta como perenne y se resiembra sola.
Tuberosas. Las de flor grande y doble, la begonia que más se parece a una rosa. Se agrupan como Begonia × tuberhybrida y son híbridos de jardín obtenidos en Europa en el siglo XIX a partir de especies andinas, entre ellas Begonia boliviensis: no existen en la naturaleza. Lo que las separa de todas las demás es que tienen un tubérculo y con él un ciclo anual obligado: brotan en primavera, florecen en verano, se secan en otoño y pasan el invierno en reposo, sin hoja. Quien las trata como planta de hoja perenne y sigue regándolas en invierno pierde el tubérculo por podredumbre.
Begonia tuberosa: flor grande y doble, y un tubérculo que obliga a un reposo invernal.
Rizomatosas y grupo Rex. Crecen de un rizoma rastrero que repta por la superficie del sustrato y va emitiendo hojas de pecíolo largo, con muy poco tallo aéreo. Se cultivan por la hoja, y aquí está lo más espectacular del género en dibujo y textura: hojas plateadas, anilladas, aterciopeladas, metalizadas. El subgrupo conocido es el Rex-cultorum, derivado de Begonia rex, especie del noreste de la India; casi ninguna planta vendida como begonia rex es la especie, son híbridos complejos. En este grupo la flor es discreta y lo normal es cortarla.
Las Rex se cultivan por la hoja: el interés está en el dibujo y no en la flor.
Colgantes y escandentes. Un grupo de conveniencia más que una categoría real: reúne begonias de tallos largos y flexibles que caen o se apoyan, y que se aprovechan en cesta o en maceta alta. Hay tuberosas de porte péndulo y especies de tallo apoyante. Conviene saber que ninguna begonia trepa de verdad: no tiene zarcillos, ni raíces de agarre, ni tallos volubles. Se apoya y se derrama, que es otra cosa.
Las de porte colgante se aprovechan en maceta alta o en cesta.
Toxicidad para perros y gatos
Las begonias contienen oxalatos solubles, más concentrados en el tubérculo y en las partes subterráneas que en la hoja, y están consideradas tóxicas para perros, gatos y caballos. La mordedura produce irritación y ardor en la boca, salivación abundante, rechazo del alimento y a veces vómito y dificultad para tragar.
Rara vez es grave con una hoja mordisqueada, pero el tubérculo es la parte que importa: un perro que lo desentierra y lo roe ingiere mucha más cantidad. Si tienes animales que cavan, guarda los tubérculos fuera de su alcance durante el reposo invernal, y ante una ingesta con síntomas, veterinario. Por el mismo motivo, aunque se lea que en algunas cocinas del sudeste asiático se usan hojas de begonia por su acidez, no tiene sentido reproducirlo aquí: esa acidez es el oxalato.
El significado atribuido a la begonia
Casi cualquier ficha de begonia trae un apartado de simbolismo, y merece la pena decir de dónde sale. Viene del lenguaje de las flores victoriano, una moda editorial del siglo XIX: en Inglaterra y en Francia se publicaron decenas de diccionarios que asignaban un significado a cada planta y se regalaban como libros de salón. No era una tradición heredada de la antigüedad, era un producto de su época.
Con la begonia hay un problema añadido: esos repertorios victorianos y las listas modernas no coinciden entre sí. En los diccionarios antiguos aparece con un sentido de advertencia o cautela; en las listas actuales de internet se le atribuye cordialidad, paciencia o armonía doméstica, y cada sitio reparte los colores de otra manera. Esa falta de acuerdo es el dato: no hay un símbolo heredado de la begonia, hay atribuciones editoriales sucesivas y bastante recientes. Contado así tiene interés cultural. Lo que no procede es presentarlo como si la planta tuviera un efecto sobre quien la tiene en casa.
En resumen
Begonia es un género enorme, de más de mil ochocientas especies descritas, propio del sotobosque húmedo y de las rocas sombreadas de los trópicos de América, África y Asia, con muchos endemismos de área mínima. Se reconoce por la hoja asimétrica, los nudos engrosados y el tallo jugoso; es monoica con flores unisexuales, sin pétalos verdaderos sino tépalos, y su fruto es una cápsula con tres alas llena de semilla finísima. El nombre lo dedicó Plumier a Michel Bégon, un administrador francés.
Lo que en el comercio se llama tipos de begonia son grupos hortícolas por forma de crecer: de caña, arbustivas (donde está la de jardinera, cuyo nombre correcto es Begonia cucullata y no semperflorens), tuberosas (híbridos de jardín con reposo invernal obligado), rizomatosas y Rex de hoja ornamental, y las de porte colgante. Saber en qué grupo cae tu planta es lo que decide su cultivo. Y dos avisos: las begonias son tóxicas para perros y gatos por oxalatos, sobre todo el tubérculo, y el simbolismo que se les atribuye es una convención editorial del siglo XIX que ni siquiera es coherente entre fuentes.