Decir «begonia» es como decir «rosa» o «palmera»: se refiere a un género enorme, con más de 2.000 especies descritas, en el que caben desde una planta de temporada de 15 centímetros que se planta en un parterre municipal hasta un ejemplar de interior de un metro con hojas plateadas de aspecto casi artificial. Buena parte de los fracasos con begonias vienen de ahí: se aplican los mismos cuidados a plantas que necesitan cosas distintas.

La clave está en identificar de qué grupo es la tuya. Con eso resuelto, son plantas fáciles, agradecidas y de las pocas que dan color en interior durante meses.

Begonia en flor cultivada en maceta

Qué son las begonias

El género Begonia da nombre a la familia de las begoniáceas y se distribuye por las regiones tropicales y subtropicales húmedas de América, África y Asia. Ninguna especie es originaria de Europa. Eso explica dos cosas que condicionan todo su cultivo: no toleran las heladas y están adaptadas a la luz filtrada del sotobosque, no al sol directo del mediodía.

Hay tres rasgos que comparten casi todas y que conviene conocer:

Hojas asimétricas. La lámina es desigual respecto al nervio central, con un lado más desarrollado que el otro. Es el sello del género.

Flores unisexuales en la misma planta. Las masculinas suelen ser más vistosas y las femeninas llevan detrás un ovario alado de sección triangular. Por eso las flores caen en dos tandas y no todas duran lo mismo.

Tallos y hojas carnosos y quebradizos, con alto contenido en agua. De ahí que se pudran con facilidad si se riegan en exceso y que, en cambio, se multipliquen tan bien por esqueje de hoja.

Los grupos que necesitas distinguir

Botánicamente se clasifican por el tipo de raíz, y esa clasificación es también la más útil en la práctica.

Begonias de raíz fibrosa. Incluyen la Begonia semperflorens —la begonia de flor de toda la vida, de porte compacto y hoja verde o bronceada— y las llamadas begonias de caña o «alas de ángel», como Begonia maculata, con tallos erguidos y nudosos, hojas alargadas y motas plateadas. Florecen prácticamente todo el año en condiciones favorables y son las más tolerantes.

Begonias rizomatosas. Crecen a partir de un rizoma carnoso que repta sobre el sustrato. Aquí está la Begonia rex y sus innumerables cultivares, cultivadas exclusivamente por el follaje: hojas grandes, con dibujos en plata, granate, verde oscuro, rosa o violeta, a veces enrolladas en espiral como la variedad 'Escargot'. Sus flores son insignificantes. Son las más exigentes en humedad ambiental.

Begonias tuberosas. Forman un tubérculo subterráneo y tienen un periodo de reposo invernal obligatorio. Son las de flores grandes y dobles, parecidas a camelias, en rojo, naranja, amarillo y blanco, incluidas las variedades colgantes 'Pendula' para cestas. Florecen de junio a octubre y luego desaparecen. Este ciclo es normal y es donde más gente cree haber matado la planta.

Begonias Elatior (Begonia × hiemalis). Híbridos entre tuberosas y especies de Begonia socotrana, vendidos en floristería con la planta cubierta de flores dobles. Son las que se regalan y las que suelen morir en un mes. Están forzadas en invernadero y les cuesta readaptarse; con buena luz y riego prudente pueden durar bastante, pero no son plantas de larga vida en casa.

Luz: el factor que más decide

La regla general es mucha luz, nada de sol directo intenso. Una ventana orientada al este, con sol suave de primera hora, es la ubicación ideal en interior. Al norte funcionan bien las rizomatosas de hoja. Al sur o al oeste, hay que filtrar con un visillo.

Excepciones importantes:

La Begonia semperflorens, sobre todo las variedades de hoja bronceada, sí tolera sol directo en exterior salvo en el sur peninsular en pleno verano. Por eso se usa tanto en parterres públicos.

Las Begonia rex pierden el dibujo de las hojas con luz insuficiente: se vuelven verdes y apagadas. Pero con sol directo se queman en horas. Necesitan luz abundante e indirecta.

Un síntoma frecuente en interior son los tallos alargados y desnudos con hojas pequeñas: es falta de luz, no falta de abono. Acércala a la ventana antes de echarle fertilizante.

Temperatura y humedad

El rango cómodo va de 18 a 25 °C. Por debajo de 12-13 °C empiezan a sufrir y por debajo de 5 °C mueren. Ninguna begonia resiste heladas en España, ni siquiera en el litoral mediterráneo si hay noches bajo cero.

Esto significa que en la mayor parte de la Península se cultivan como plantas de interior o de temporada estival en exterior. En Canarias y en zonas costeras muy suaves pueden quedarse fuera todo el año en lugar resguardado.

La humedad ambiental es el otro punto crítico, especialmente para las rizomatosas y de caña. En casa con calefacción, el aire baja del 30 % y las hojas se secan por los bordes. La solución no es pulverizar las hojas: el agua sobre el follaje aterciopelado de las begonias favorece manchas y hongos. Lo eficaz es colocar la maceta sobre un plato con grava y agua, sin que la base toque el agua, o agrupar varias plantas juntas. Un humidificador es lo más efectivo si el problema es serio.

Sustrato

Necesitan un sustrato ligero, aireado, rico en materia orgánica y que drene rápido. Las raíces son superficiales y finas, y se asfixian en tierra compacta.

Una mezcla que funciona bien: 60 % de sustrato universal de calidad o turba, 20 % de perlita y 20 % de fibra de coco o compost tamizado. Para las rizomatosas conviene aumentar la perlita hasta el 30 %.

Prefieren pH ligeramente ácido, entre 5,5 y 6,5. En zonas de agua muy calcárea —gran parte del interior y del levante español— conviene regar con agua de lluvia o filtrada al menos parte del tiempo, porque el sustrato se alcaliniza y aparecen clorosis.

Un detalle práctico: las begonias florecen mejor algo estrechas de maceta. No las cambies a un tiesto enorme. Aumenta un solo número de diámetro cada vez.

Las rizomatosas, además, tienen raíces muy superficiales y agradecen macetas anchas y poco profundas antes que las clásicas macetas altas.

Riego

Es la causa número uno de mortalidad. Con tallos y hojas carnosos, una begonia aguanta bastante bien un olvido puntual y muy mal el exceso continuado.

El método correcto: riega cuando los dos o tres centímetros superficiales del sustrato estén secos al tacto, hazlo abundantemente hasta que salga agua por los agujeros de drenaje, y vacía el plato a los diez minutos. Nunca dejes la maceta con agua estancada debajo.

En verano y en interior con calor puede tocar cada tres o cuatro días; en invierno, cada diez o quince. No hay una pauta fija: depende del tamaño de la maceta, la temperatura y la luz.

Riega al pie, apartando el follaje. Las hojas mojadas de las begonias son puerta de entrada del oídio y de la botritis.

En las begonias tuberosas hay una regla adicional: en cuanto el follaje amarillea en otoño, corta el riego progresivamente hasta suspenderlo. Regar un tubérculo en reposo es pudrirlo.

Abonado

De marzo a septiembre, un abono líquido para plantas de flor cada quince días, a la mitad de la dosis que indique el envase. Las begonias son sensibles al exceso de sales y las raíces se queman con facilidad.

Para las variedades cultivadas por el follaje —Begonia rex y compañía— usa un abono con más nitrógeno, tipo plantas verdes, también quincenal y diluido.

En otoño e invierno, suspende el abonado por completo salvo que la planta esté en un interior cálido y siga floreciendo activamente, en cuyo caso reduce a una vez al mes.

Nunca abones el sustrato seco: riega primero con agua sola y aplica el abono después, o quemarás las raíces.

Multiplicación

Es uno de los géneros más fáciles de reproducir, y da mucha satisfacción.

Esqueje de hoja (el método clásico para las rizomatosas tipo rex). Corta una hoja sana con dos o tres centímetros de peciolo. Puedes clavarla en sustrato húmedo por el peciolo, o bien tumbarla sobre el sustrato con el envés hacia abajo, hacer cortes transversales en los nervios principales con una cuchilla limpia y sujetarla con piedrecitas o alambres para que los cortes contacten con la tierra. De cada corte brotará una plantita. Necesita ambiente húmedo —una bolsa transparente o un miniinvernadero— y unos 22 °C. Tarda entre cuatro y ocho semanas.

Esqueje de tallo (para las de caña y las semperflorens). Corta un trozo de 8-10 cm con dos o tres nudos, elimina las hojas inferiores y ponlo a enraizar en sustrato húmedo o directamente en agua. Enraíza en dos o tres semanas en primavera.

División de rizoma. En el trasplante de primavera, corta el rizoma en secciones de cuatro o cinco centímetros que tengan al menos una yema, deja secar los cortes unas horas y plántalas superficialmente.

Semilla. Posible pero laboriosa: la semilla es polvo, se siembra en superficie sobre sustrato fino y necesita calor constante y humedad. Es como se producen las semperflorens comerciales, pero en casa rara vez compensa.

Tubérculos. Los de las tuberosas se levantan en otoño, se limpian, se dejan secar y se guardan en un lugar seco, oscuro y fresco (entre 8 y 12 °C), en turba seca o serrín. En marzo se replantan con la parte cóncava hacia arriba, apenas cubiertos.

Época de plantación y trasplante

El momento para trasplantar es la primavera, cuando arranca el crecimiento, entre marzo y mayo. No trasplantes una begonia en flor si puedes evitarlo, ni en pleno invierno.

Con las de interior, cambia de maceta cada dos años o cuando veas raíces asomando por los agujeros. Renueva los primeros centímetros de sustrato cada primavera aunque no cambies el tiesto.

Las tuberosas se plantan en marzo, primero en interior o invernadero frío, y se sacan al exterior cuando ya no hay riesgo de heladas: en el litoral mediterráneo desde mediados de abril; en el interior de la meseta, no antes de mediados de mayo.

Las semperflorens de temporada se plantan en el jardín en abril o mayo, a 20-25 cm entre plantas, y se retiran cuando lleguen los primeros fríos, salvo que se entren a cubierto.

Plagas

Mosca blanca. La más habitual en interior y en invernadero. Aparecen nubes de mosquitos blancos al mover la planta y las hojas quedan pegajosas. Trampas cromáticas amarillas, jabón potásico repetido cada cinco días y limpieza del envés.

Pulgón. En brotes tiernos y botones florales, sobre todo en primavera y en exterior. Jabón potásico.

Trips. Provocan hojas plateadas y deformación de las flores. Difíciles de ver a simple vista. Trampas azules y tratamientos repetidos.

Ácaros y araña roja. Aparecen cuando el aire está muy seco: punteado amarillento y telarañas finas. Se combaten sobre todo subiendo la humedad ambiental.

Caracoles y babosas en exterior, que devoran las hojas carnosas en una noche. Retirada manual y barreras.

Begonia rex Escargot con hojas enrolladas en espiral

Enfermedades

Casi todas son consecuencia de un exceso de agua o de mojar el follaje.

Oídio. Polvo blanco harinoso sobre hojas y tallos. Es la enfermedad clásica de la begonia. Aparece con humedad alta y mala circulación de aire. Retira las hojas afectadas, separa las plantas y trata con azufre mojable o bicarbonato potásico. No pulverices las hojas.

Botritis. Moho gris sobre flores marchitas y tejidos blandos, típico de ambientes cerrados y fríos. Retira siempre las flores y hojas muertas: es una planta que necesita limpieza constante.

Podredumbre de raíz y cuello (Pythium, Rhizoctonia). El tallo se ablanda a ras de sustrato y la planta se derrumba. Cuando se manifiesta suele ser tarde. La prevención es el drenaje y no dejar agua en el plato.

Bacteriosis (Xanthomonas). Manchas acuosas translúcidas en las hojas que luego se vuelven marrones, con halo amarillento. No tiene tratamiento eficaz en casa: elimina la planta o al menos las hojas afectadas y desinfecta las tijeras.

Errores frecuentes

Pulverizar el follaje para subir la humedad. En la mayoría de las plantas es discutible; en begonias es directamente contraproducente.

Tirar la begonia tuberosa en octubre. Que pierda las hojas no es que se haya muerto: está entrando en reposo. Guarda el tubérculo.

Cambiarla a una maceta mucho mayor. Sustrato de sobra que se mantiene húmedo alrededor de raíces finas es la receta de la podredumbre.

Dejarla al sol directo del mediodía en verano porque «florece más con sol». Se quema.

Regar con calendario fijo. Comprueba el sustrato con el dedo cada vez.

En resumen

Las begonias no son una sola planta sino cuatro grupos con necesidades distintas: fibrosas, rizomatosas, tuberosas y Elatior. Todas comparten un mismo esquema básico: luz abundante pero indirecta, entre 18 y 25 °C sin nada de helada, sustrato ligero y ácido en maceta ajustada, riego solo cuando los primeros centímetros están secos y sin mojar las hojas, y abono quincenal diluido de primavera a otoño. Multiplícalas por esqueje de hoja o de tallo en primavera, y si son tuberosas respeta su reposo invernal guardando el tubérculo en seco. Con eso ya tienes resuelto el 90 % del cultivo; lo demás es elegir la variedad que te guste, que en un género de más de dos mil especies es lo verdaderamente difícil.


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