Detrás de casi cualquier perfume floral hay un cultivo, una recolección a mano y un rendimiento ridículo: del orden de toneladas de flor para un kilo de esencia. Esa desproporción es la que explica el precio de las materias primas naturales, la geografía de la perfumería (Grasse, el valle de las Rosas en Bulgaria, Isparta en Turquía, Egipto, la India) y la razón de que la industria haya recurrido desde hace más de un siglo a moléculas de síntesis.

Aquí tienes las flores que sostienen de verdad la perfumería, qué parte de la planta se usa en cada caso, cómo se extrae el aroma y por qué hay flores muy olorosas de las que es imposible sacar nada. Sin marcas, sin modelos y sin listas de notas de catálogo, que es lo que sobra en internet.

Las dos flores pilares: rosa y jazmín

La perfumería clásica se construyó sobre dos flores, y sigue apoyada en ellas.

La rosa de perfumería no es cualquier rosa. Son dos: Rosa x damascena, la rosa de Damasco, base del aceite esencial y del agua de rosas, cultivada sobre todo en Bulgaria y en Turquía; y Rosa x centifolia, la rosa de mayo o rosa de Provenza, que se trabaja en Grasse y de la que se obtiene una absoluta más melosa. La flor se recoge de madrugada y a mano, antes de que el sol caliente el pétalo, porque al calentarse pierde volátiles. Se destila el mismo día.

El jazmín de perfumería es Jasminum grandiflorum, y tiene un problema técnico serio: su aroma no aguanta la destilación. El calor destruye los compuestos que lo definen. Esa es la razón histórica del enfleurage, el método de fijar el aroma de la flor en grasa fría a lo largo de días, sustituyendo las flores agotadas por frescas. Hoy no se hace, o se hace como demostración: la extracción se realiza con disolventes volátiles. La flor de jazmín, además, se abre y perfuma de noche, así que se recolecta antes del amanecer. España tuvo cultivo de jazmín para perfumería en el sureste, y hoy la producción mundial está sobre todo en Egipto y en la India.

Azahar, neroli y agua de azahar: la misma flor, tres cosas

La flor del naranjo amargo (Citrus x aurantium) es la materia prima española por excelencia y el mejor ejemplo de cómo el método de extracción define el producto. De una misma flor salen tres materiales distintos:

  • Neroli: el aceite esencial obtenido por destilación de la flor. Fresco, verde y algo metálico.
  • Agua de azahar: el agua que queda tras esa destilación, un hidrolato. Nació como subproducto y acabó teniendo su propio mercado en pastelería.
  • Absoluta de azahar: obtenida por disolventes en lugar de por calor. Más densa, más floral y mucho más cercana al olor de la flor en el árbol.

Del mismo árbol se saca además el petitgrain, destilado de hoja y ramillos, y de la cáscara del fruto el aceite de naranja amarga. Los naranjos amargos de las calles de Sevilla son de esta especie, y su flor es la que perfuma la ciudad en marzo.

El nardo, una de las materias primas más caras

El nardo (Polianthes tuberosa, que la clasificación actual sitúa en el género Agave) es un bulbo de origen mexicano, de flores blancas y cerosas, con uno de los olores más potentes y difíciles del repertorio: cremoso, lácteo, casi carnoso. Como el jazmín, no admite destilación y hay que trabajarlo por extracción. Su absoluta es una de las materias primas naturales más caras que existen, y por eso lo que llamamos nardo en un perfume comercial casi siempre está reconstruido con moléculas de síntesis.

El iris: años de espera y no se usa la flor

Este es el caso más contraintuitivo de la perfumería. El iris entra en los perfumes, pero no por su flor, sino por su rizoma, el tallo subterráneo engrosado. Las especies de perfumería son Iris pallida e Iris germanica, cultivadas sobre todo en la Toscana y en el norte de África.

El rizoma recién arrancado no huele a nada interesante. Hay que secarlo y dejarlo curar durante años, y en ese tiempo los compuestos grasos del tejido se degradan y aparecen las ironas, responsables del olor característico, entre violeta, madera y polvo de arroz. Solo después se muele y se destila, con un rendimiento mínimo. Ese ciclo, de la plantación a la materia prima terminada, es el más largo de la perfumería y explica el precio de la mantequilla de iris.

La mimosa, y un aviso que toca darlo

La mimosa de perfumería es Acacia dealbata, el árbol de los pompones amarillos que florece en invierno, y su absoluta aporta un olor polvoriento y miel. Se trabaja en Grasse y en el norte de África.

Conviene decir lo que no dirá una ficha de perfume: Acacia dealbata figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013. En Galicia y en la cornisa cantábrica ha colonizado laderas enteras, rebrota con fuerza tras el fuego y desplaza a la vegetación autóctona. Su comercio, posesión y plantación están prohibidos con las excepciones que el propio real decreto establece. Que sea una materia prima de perfumería no la convierte en una planta para el jardín de aquí.

Lavanda y lavandín, que no son lo mismo

La lavanda verdadera (Lavandula angustifolia) da un aceite fino, floral, y es la de las altitudes de Provenza. El lavandín es un híbrido de esa especie con Lavandula latifolia, más vigoroso, mucho más productivo y de aceite más alcanforado. La mayor parte del volumen mundial es lavandín, y el aroma que asocias a un jabón o a un detergente es casi siempre él.

Esto tiene contexto español directo: buena parte de la producción europea de lavandín sale de la Alcarria, en Guadalajara, donde los campos en flor de julio se han convertido además en atracción turística. También se destila Lavandula latifolia, el espliego, tradicional de la península. Aquí el aroma no está en el pétalo sino en tricomas glandulares repartidos por la flor y la hoja, y se extrae por destilación con arrastre de vapor.

Absoluta, aceite esencial, concreto e hidrolato

Los cuatro términos que aparecen en cualquier texto de perfumería y que casi nadie distingue:

MaterialCómo se obtieneCuándo se usa
Aceite esencialDestilación por arrastre de vapor de aguaFlores y hojas que aguantan el calor: lavanda, azahar, romero
ConcretoExtracción con disolvente volátil; queda una pasta con cerasPaso intermedio para flores delicadas
AbsolutaLavado del concreto con alcohol y eliminación de las cerasJazmín, nardo, mimosa, azahar
HidrolatoEl agua que queda de la destilaciónAgua de rosas, agua de azahar

Antiguamente se usaba también el enfleurage en grasa, y para los cítricos se emplea la expresión en frío de la cáscara, que no es destilación sino prensado.

Las flores de las que no se puede extraer nada

Hay flores intensamente olorosas que no dan materia prima. El muguete o lirio de los valles, la lila, la gardenia, el clavel, la madreselva, el jacinto o la violeta en flor no rinden ni por destilación ni por extracción en cantidad utilizable. Su olor en un perfume está reconstruido, es decir, compuesto molécula a molécula hasta imitarlo.

El caso de la violeta es didáctico: la industria trabaja la hoja de Viola odorata, que sí da una absoluta verde y terrosa, y el olor de la flor se construye con iononas de síntesis. Y hay un motivo curioso por el que la violeta huele a ráfagas: sus compuestos saturan de forma temporal los receptores del olfato, así que el olor parece desaparecer y volver.

La síntesis no es un truco de perfumería barata. Llegó a finales del siglo XIX y ensanchó la paleta con olores que ninguna planta da: la cumarina, los aldehídos, los almizcles. También sustituyó materias primas que hoy serían inaceptables, como las de origen animal.

Dos avisos reales sobre los aceites esenciales

Un aceite esencial es una mezcla concentrada de compuestos volátiles, y ese concentrado no es inocuo:

  • Son tóxicos por ingestión. Unos pocos mililitros de algunos aceites esenciales han causado intoxicaciones graves, especialmente en niños. Se guardan fuera de su alcance y no se toman.
  • Varios son tóxicos para perros y para gatos, por ingestión y por contacto, entre ellos el de árbol de té y los de cítricos. Los gatos son particularmente sensibles porque metabolizan mal ciertos compuestos. Ni difusores intensos en habitaciones cerradas con animales ni aplicación sobre su piel.

Añade un tercero, menos conocido: los aceites de cítricos obtenidos por expresión contienen furocumarinas fototóxicas, que aplicadas sobre la piel y seguidas de sol pueden producir quemaduras y manchas. La perfumería usa versiones tratadas para eliminarlas, cosa que no ocurre con un aceite sin más.

En resumen

La perfumería floral se apoya en muy pocas especies trabajadas con métodos distintos: la rosa de Damasco y la rosa de mayo por destilación y por absoluta, el jazmín de grandes flores solo por extracción porque el calor lo destruye, la flor del naranjo amargo que da a la vez neroli, absoluta e hidrolato, el nardo de olor cremoso y precio prohibitivo, y el iris, que no aporta la flor sino el rizoma curado durante años hasta que aparecen las ironas.

Lo demás son consecuencias de esa química. Muchas flores célebres por su olor, del muguete a la gardenia, no rinden materia prima y se reconstruyen con moléculas de síntesis, que desde hace más de un siglo son parte legítima del oficio. Y dos cosas que conviene no perder de vista si el tema te lleva a comprar aceites esenciales: son concentrados tóxicos por ingestión y varios son peligrosos para los gatos y los perros de casa.


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