Si buscas cinco flores para el jardín, lo útil no es una lista de nombres bonitos, sino una de cada tipo: un tubérculo que dé flor todo el verano, una trepadora para cubrir una pared, un arbusto de flor para media sombra, una planta de temporada que perfume y un bulbo que florezca cuando ya no queda nada. Con esas cinco piezas un jardín tiene flor buena parte del año sin depender de una sola especie.

Las cinco de este artículo son la dalia, la clemátide, la camelia, el alhelí y la llamada belladona, que es donde empiezan los líos, porque con ese nombre se conocen dos plantas muy distintas y una de ellas es de las más tóxicas de la flora europea. Vamos con cada una, con lo que necesita de verdad y con los avisos que hacen falta si tienes perro, gato o niños pequeños.

Antes de elegir: sol, agua y suelo

El orden correcto es al revés de lo que se hace normalmente. Primero mira cuántas horas de sol directo recibe cada zona del jardín en verano, no en marzo. Después, de dónde va a salir el agua y quién va a regar en agosto. Y por último el suelo: en buena parte del este y del sur de España el suelo y el agua son calizos, con pH alto, y eso descarta de entrada las plantas acidófilas si no las cultivas en maceta con sustrato propio.

Con esas tres respuestas la elección casi se hace sola. De las cinco de aquí, dos piden sol pleno y verano regado, una quiere media sombra y suelo ácido, otra es planta de temporada fresca y la última aguanta la sequía del verano porque en verano está dormida.

Dalia (Dahlia), la flor larga del verano

La dalia no sale de un bulbo sino de un tubérculo, y eso explica su calendario. Se planta en primavera, cuando el suelo se ha templado y ha pasado el riesgo de helada, y florece desde el verano hasta que llegan los primeros fríos. Es de las plantas que más flor dan por metro cuadrado si no le falta agua ni sol.

Pide sol directo, suelo que drene y riego regular en floración. Las variedades altas necesitan tutor desde el principio, porque una vez cargadas de flor se tumban con una tormenta y ya no se levantan. Si cortas las flores pasadas, sigue produciendo; si dejas que grane, se para.

En invierno, en el interior con heladas fuertes, los tubérculos se sacan cuando la parte aérea se seca y se guardan en un sitio seco y fresco. En el litoral mediterráneo y en el sur suelen pasar el invierno en tierra sin problema, siempre que el suelo no se encharque, que es lo que de verdad los pudre.

Hay muchísimas variedades y grupos de forma (pompón, cactus, decorativa, de collar), y esa variedad es parte del atractivo. No te dejes impresionar por las cifras de miles de cultivares: lo que importa al comprar es la altura adulta y el tamaño de flor, porque de eso depende si necesita tutor y cuánto sitio ocupa. Los tubérculos son tóxicos por ingestión para perros y gatos, con molestias digestivas y dermatitis de contacto en algunos casos.

Clemátide (Clematis), la trepadora de flor grande

La clemátide es la trepadora que la gente pone en una pared, una pérgola o una barandilla de balcón para tapar sin tapar del todo. Trepa enrollando el pecíolo de la hoja, así que necesita algo fino donde agarrarse: una malla, unos alambres o el tallo de un arbusto. En un muro liso no sube sola.

La regla clásica de cultivo es sencilla y funciona: cabeza al sol y pies a la sombra. La base conviene que esté fresca, con un acolchado o con una planta baja delante que le dé sombra al suelo, mientras las guías buscan la luz. Riego regular en primavera y verano y suelo que no se encharque.

La poda es lo que más confunde, y depende del grupo. Las que florecen temprano sobre la madera del año anterior se podan justo después de florecer; las que florecen en verano sobre los brotes del año se podan a final de invierno. Si no sabes cuál tienes, espera un año y observa: apunta si la flor sale en los tallos viejos o en los nuevos, y ya lo sabrás para siempre.

Toda la planta contiene protoanemonina y es irritante: molesta en la boca y en la piel, y es tóxica por ingestión para perros y gatos. No es una planta para masticar, y conviene usar guantes si tienes piel sensible al podarla.

Camelia (Camellia japonica), para el norte y el suelo ácido

La camelia es un arbusto, no una flor de temporada, y es la que más condiciones pone de las cinco. Quiere suelo ácido, aire húmedo, media sombra y nada de sol de mediodía en verano. Por eso es la reina de los jardines de Galicia, Asturias, Cantabria y el norte de Portugal, y una frustración recurrente en Madrid, Zaragoza o Murcia.

En suelo calizo amarillea entre nervios y se queda parada. Si vives en zona de agua dura y aun así la quieres, va en maceta grande con sustrato para acidófilas y, si puedes, con agua de lluvia. Florece entre el final del invierno y la primavera según la variedad, lo que la hace valiosa justo cuando el jardín está vacío.

Un aviso sobre el original de este tema, que circula mucho: no es cierto que la camelia de jardín se cultive por el aceite de sus semillas. El aceite se obtiene de otras especies del género en cultivo industrial asiático, y en cualquier caso aquí no tiene ningún sentido plantarla para eso ni atribuirle efectos sobre la piel. Se planta por la flor y por la hoja, que es perenne, brillante y aguanta bien la poda de formación.

Alhelí (Matthiola incana), el que perfuma al atardecer

El alhelí es planta de temporada fresca: se siembra o se planta en otoño y florece a final de invierno y en primavera, con un perfume denso que se nota más al caer la tarde. Por eso se pone cerca de una puerta, de un banco o de una ventana que se abra, y no al fondo del jardín, donde se desperdicia.

Quiere sol, suelo suelto y riego moderado, sin mojar el cuello de la planta. Aguanta mal el calor: cuando llegan los primeros días de verano de verdad se agota y toca sustituirlo. Hay variedades de flor sencilla y doble, y las blancas y malvas son las más habituales en vivero.

Ojo con el nombre, que se usa para más de una planta. El alhelí de jardín es Matthiola incana, pero al alhelí amarillo o perpetuo se le llama igual y es Erysimum cheiri, que es más leñoso y vive más años. No son la misma planta ni tienen el mismo ciclo, aunque ambas sean crucíferas y las dos perfumen.

La belladona: dos plantas con el mismo nombre

Aquí hay que ser explícito porque el error es peligroso. Cuando en un jardín se habla de belladona, casi siempre se habla de Amaryllis belladonna, un bulbo sudafricano conocido también como azucena de otoño o lirio de otoño. Saca las hojas en invierno, las pierde en primavera, pasa el verano dormido bajo tierra y florece a final de verano o en otoño con un tallo desnudo y flores rosadas. Es una planta ideal para clima mediterráneo, precisamente porque su parón coincide con la sequía: se planta a poca profundidad, a pleno sol, y una vez establecida no se toca.

La otra belladona es Atropa belladonna, una solanácea de flor acampanada y baya negra brillante. No es una planta de jardín y no debe tratarse como tal: es muy tóxica, por su contenido en alcaloides tropánicos, y unas pocas bayas pueden ser graves en un niño. Si en algún texto lees que la belladona se usa con fines medicinales, ahí está la confusión de origen: sus alcaloides se emplean en medicamentos fabricados y dosificados en la industria, no en la planta que alguien tenga en el patio, y de eso no se deduce ningún uso doméstico.

El bulbo de Amaryllis belladonna también es tóxico por ingestión, para personas y para perros y gatos, como el de casi todas las amarilidáceas. Plántalo donde no lo desentierre un perro y no lo confundas con una cebolla.

Cómo quedan las cinco juntas

Las cinco no compiten porque ocupan sitios y momentos distintos. La camelia hace de fondo perenne en la zona de media sombra. La clemátide sube por la pared o por la pérgola y aprovecha el vertical, que es el metro cuadrado que casi nadie usa. La dalia ocupa el macizo de sol con la flor del verano. El alhelí rellena los huecos del invierno y la primavera en el borde, cerca del paso. Y la belladona de otoño aparece en agosto o septiembre en una zona que ya no se riega, entre gravas o al pie de un muro caliente.

Si tienes que renunciar a algo, renuncia a la camelia cuando el agua sea dura, y no al revés. Forzarla con correctores de hierro año tras año es trabajo perpetuo, y hay arbustos de flor que en suelo calizo se dan sin pelear.

En resumen

Cinco flores para un jardín funcionan mejor si cada una hace un trabajo distinto: dalia para el verano a pleno sol, clemátide para cubrir vertical, camelia para media sombra y suelo ácido, alhelí para perfumar el final del invierno y Amaryllis belladonna para la flor de otoño en la zona seca. Antes de comprar, mira sol, agua y pH, que es lo que decide si una planta vive o solo sobrevive.

Y con los nombres comunes, desconfía. Belladona designa a la vez a un bulbo de jardín y a una solanácea muy tóxica, y alhelí a dos géneros distintos. Cuando compres, mira el nombre científico de la etiqueta, y si tienes perro, gato o niños pequeños, ten presente que los tubérculos de dalia, la clemátide entera y los bulbos de amarilidácea son tóxicos por ingestión.


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