Las labiadas (Lamiaceae) son la familia de las plantas aromáticas por excelencia: romero, tomillo, lavanda, salvia, orégano, mejorana, albahaca, menta, melisa y ajedrea pertenecen todas a ella. En España es, además, una de las familias que más define el paisaje, porque el matorral aromático mediterráneo (tomillares, romerales, cantuesares) está construido básicamente con labiadas.
Se reconoce en el campo sin necesidad de lupa. Pasa los dedos por el tallo: si es de sección claramente cuadrada, las hojas salen enfrentadas de dos en dos y al estrujarlas desprenden un olor fuerte, tienes delante una labiada con altísima probabilidad. Son tres caracteres que aciertan casi siempre.
Cómo se reconoce una labiada
El tallo cuadrangular es el rasgo más citado. Las hojas van opuestas y decusadas, es decir, cada par girado noventa grados respecto al anterior, lo que da a la planta ese aspecto ordenado en cuatro filas visto desde arriba.
La flor es la que da nombre a la familia: la corola está soldada en tubo y se abre en dos labios, uno superior a modo de casco y otro inferior a modo de pista de aterrizaje para el insecto. Ese diseño es un dispositivo de precisión: obliga al abejorro o a la abeja a entrar en una posición concreta, y los estambres le depositan el polen siempre en el mismo punto del cuerpo. En las salvias existe incluso un mecanismo de palanca que baja la antera sobre el lomo del visitante cuando este empuja el labio inferior.
El fruto son cuatro pequeñas nuececillas que quedan en el fondo del cáliz persistente. Ese cáliz seco, que se conserva mucho después de la floración, permite identificar tomillos y lavandas en invierno.
El aroma viene de tricomas glandulares, pelos microscópicos en la superficie de hojas y cálices que almacenan aceites esenciales. La planta los produce como defensa frente a herbívoros y como protección frente a la radiación y la desecación. Por eso las labiadas huelen mucho más en pleno sol de verano que en un día húmedo de marzo, y por eso el aroma se concentra en las plantas cultivadas en secano y suelo pobre.
Las labiadas del matorral y del jardín español
El romero (Salvia rosmarinus, antes Rosmarinus officinalis) fue transferido al género Salvia tras los estudios genéticos, aunque el nombre antiguo sigue siendo el que se usa en el comercio. Es un arbusto de hasta metro y medio, perenne, que florece en azul pálido casi todo el invierno en clima mediterráneo, cuando pocas cosas más lo hacen. Hay variedades erguidas y variedades postradas para cubrir taludes y muros.
El tomillo reúne muchas especies en España: Thymus vulgaris, Thymus zygis, Thymus mastichina (la mejorana silvestre), Thymus serpyllum y otras. Forman matas bajas, tapizantes o almohadilladas, y son de lo mejor que se puede plantar en un jardín de secano sobre suelo calizo.
Las lavandas merecen distinguirse porque no son intercambiables. Lavandula angustifolia, la lavanda fina, es de montaña y prefiere altitud y frío invernal. Lavandula latifolia, el espliego, es más rústica y de floración tardía. El lavandín (Lavandula × intermedia) es el híbrido entre ambas y es el que se cultiva en extensión en Guadalajara, Cuenca, Albacete y Teruel, con los campos morados que se han hecho conocidos en julio. Y Lavandula stoechas, el cantueso, es la lavanda de suelos ácidos y silíceos del oeste peninsular, la única que no quiere caliza. Más detalle en la ficha de la lavanda.
Otras labiadas ibéricas de interés en jardinería seca son Phlomis purpurea y Phlomis lychnitis (matagallos), Teucrium fruticans (olivilla, excelente para setos recortados en el sur), Salvia lavandulifolia (la salvia de España), Satureja montana (ajedrea) y los géneros Sideritis y Ballota.
Las aromáticas de cocina y su manejo
El orégano (Origanum vulgare) y la mejorana (Origanum majorana) son perennes de sol pleno; la mejorana es más sensible al frío y en el interior se comporta como anual. Se recolectan justo al inicio de la floración, que es cuando el contenido en aceites es máximo, y se secan a la sombra en manojos colgados.
La albahaca (Ocimum basilicum) es la excepción de la familia: anual, tropical, muy sensible al frío y con necesidades de agua mucho más altas que el resto. Se siembra cuando ha pasado el riesgo de heladas, entre abril y mayo en la mayor parte de España, y se pinza el ápice con frecuencia para que ramifique y no espigue. En cuanto florece, la hoja pierde calidad.
Las mentas (Mentha spicata, la hierbabuena, y Mentha × piperita) piden lo contrario que un tomillo: suelo fresco, riego constante y media sombra en verano. Y traen un problema propio: son invasoras dentro del huerto. Sus estolones subterráneos recorren metros y colonizan bancales enteros. La solución práctica es plantarlas siempre confinadas, en maceta enterrada o en un contenedor separado.
La salvia de cocina (Salvia officinalis) y la melisa (Melissa officinalis) completan el cuadro habitual. La melisa, como las mentas, quiere frescura y también se extiende, aunque menos.
Cultivo en clima español: sol, drenaje y poda
La mayoría de labiadas mediterráneas comparten un perfil claro: sol pleno, suelo pobre y muy drenante, y poca agua. Los suelos calizos del este y el sur peninsular, que dan problemas a las plantas acidófilas, les van perfectos. Lo que no toleran es la humedad permanente en el cuello: en jardines de la cornisa cantábrica o en suelos arcillosos conviene plantarlas en caballón o en rocalla elevada.
Se abonan poco o nada. Un exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos y menos aromáticos, más sensibles al frío y a los hongos. Es de los pocos casos en jardinería donde el abono empeora el resultado.
La poda es lo que decide la vida útil de la mata, y aquí hay una regla que no se salta: no se corta sobre madera vieja sin hoja. Un romero, una lavanda o una santolina cortados por debajo de la zona verde no rebrotan y quedan con un hueco permanente. Lo correcto es un recorte ligero justo después de la floración, retirando las espigas secas y un tercio del crecimiento del año, todos los años. Una lavanda podada así dura ocho o diez años; una que se deja crecer libre se abre por el centro y se agota en cuatro o cinco.
La multiplicación por esqueje es muy sencilla. Se toman esquejes semileñosos de unos diez centímetros a finales de verano o principios de otoño, se les quitan las hojas inferiores y se plantan en sustrato arenoso a la sombra. Romero, lavanda, tomillo y salvia enraízan con facilidad y así se reproduce exactamente la variedad, cosa que la semilla no garantiza.
Labiadas de interior y labiadas suculentas
Aunque la familia se asocia al secano, tiene géneros claramente tropicales. Los Plectranthus incluyen plantas de sombra para colgar y también especies con hojas y tallos claramente suculentos, adaptadas a ambientes secos de África y Madagascar, junto a géneros menores como Dauphinea y Perrierastrum. El antiguo Solenostemon, el cóleo de hojas de colores que se cultiva como planta de temporada, también ha quedado integrado en Plectranthus. Todos ellos quieren luz clara sin sol directo, sustrato aireado y riego más generoso que una labiada mediterránea, pero sin encharcar.
Polinizadores: el mejor argumento para plantarlas
Las labiadas están entre las plantas más visitadas por abejas, abejorros y mariposas de todo el jardín, y su floración escalonada (romero en invierno, tomillos y salvias en primavera, lavandas y orégano en verano) cubre casi el año entero. Un rincón con tres o cuatro especies de esta familia hace más por los polinizadores que cualquier otra plantación de superficie equivalente.
Por eso mismo, si alguna vez hay que tratar una plaga cerca de ellas, la indicación que no depende del producto es clara: no se trata en floración ni en horas de vuelo.
En resumen
Las labiadas se identifican por el tallo cuadrado, las hojas opuestas, la corola en dos labios y el aroma de sus tricomas glandulares. Son la columna vertebral del matorral mediterráneo y, en el jardín, la mejor apuesta para un espacio de sol con poca agua y suelo calizo.
Su cultivo se resume en no mimarlas: sol, drenaje, riego escaso, abonado mínimo y un recorte anual ligero después de la floración que nunca entre en madera vieja. Las excepciones son la albahaca, anual y sedienta, y las mentas, que quieren frescura y hay que plantar confinadas para que no se coman el bancal.