La araña roja es de esas plagas que ya llevan semanas en la planta cuando te das cuenta. Mide menos de medio milímetro, vive en el envés de la hoja y lo primero que se ve no es el bicho: es un punteado clarito en el haz que uno tiende a achacar a la falta de riego o al sol.
Qué es exactamente
No es una araña ni suele ser roja. Es un ácaro, casi siempre Tetranychus urticae, que en la mayor parte de su ciclo es amarillo verdoso con dos manchas oscuras en el dorso. Se vuelve anaranjado cuando se prepara para pasar el invierno, y de ahí el nombre.
Se alimenta pinchando las células de la hoja y vaciándolas. Cada picadura deja un punto sin clorofila; miles de picaduras dejan la hoja moteada, luego bronceada, luego seca.
Cómo saber si es ella
Punteado fino y claro en el haz, como si alguien hubiera pulverizado la hoja con lejía muy diluida.
Puntitos móviles en el envés. Aquí está la confirmación. Da la vuelta a una hoja y míralo con una lupa, o con la cámara del móvil en modo macro.
Telaraña muy fina entre el peciolo y el tallo, o en las puntas de los brotes. Cuando ya se ve a simple vista, la infestación es alta.
El truco del papel: pon un folio blanco bajo una rama y sacúdela. Si aparecen motitas que caminan, ahí la tienes.
Por qué ha aparecido
Hay dos condiciones que la disparan, y las dos son evitables.
Calor y sequedad. Es su clima ideal. Por encima de 27 grados con ambiente seco completa una generación en menos de una semana, lo que explica que una planta pase de sana a devastada en quince días. En interior, la calefacción de invierno crea exactamente esas condiciones.
Exceso de nitrógeno. Una planta muy abonada saca tejido tierno y jugoso, que es justo lo que la favorece. Abonar de más es invitarla.
Qué hacer, por orden
1. Sube la humedad. Es lo primero y lo más eficaz, porque ataca la causa. Pulverizar el envés de las hojas con agua a diario le hace la vida imposible; a diferencia de casi cualquier otra plaga, aquí mojar la hoja va a favor. En interior, una bandeja con grava y agua bajo la maceta ayuda a mantener el ambiente.
2. Lava la planta. Con la ducha o la manguera, insistiendo en el envés. Arrastras mecánicamente una parte grande de la población y de sus huevos.
3. Jabón potásico. Es el tratamiento de referencia y no deja residuo. Pulveriza a última hora de la tarde, empapando bien el envés, que es donde vive. Repite cada cinco o siete días, al menos tres veces: el jabón no mata los huevos, así que hay que cazar cada generación al eclosionar.
4. Aceite de neem si va a más. Actúa además como regulador del crecimiento del ácaro. Se puede alternar con el jabón.
5. Azufre mojable en exterior, que es un acaricida clásico y barato. No lo apliques con más de 30 grados ni sobre cucurbitáceas sensibles, porque quema.
6. Retira y tira las hojas más dañadas. Las bronceadas ya no se recuperan y siguen siendo criadero. A la basura, no al compost.
Control biológico
Si tienes invernadero o un huerto de cierto tamaño, el ácaro depredador Phytoseiulus persimilis funciona muy bien y se compra en tiendas especializadas. Es más rentable de lo que parece y evita el problema de las resistencias.
Por qué a veces vuelve peor
Dos motivos, y conviene conocerlos.
Resistencias. Con generaciones tan rápidas, usar siempre el mismo producto selecciona los ácaros que lo aguantan. Alterna materias activas.
Insecticidas de amplio espectro. Un producto que mata todo también mata a los depredadores naturales que la tenían a raya. Es habitual que una fumigación indiscriminada provoque una explosión de araña roja dos semanas después.
Prevención
Mantén humedad ambiental en verano y con calefacción, no te pases con el nitrógeno, revisa el envés de las hojas cada semana en época cálida, y pon en cuarentena dos semanas cualquier planta nueva antes de juntarla con las demás. Casi todas las infestaciones entran así.
En resumen
Punteado claro en el haz, motitas en el envés y telaraña fina. Sube la humedad, lava la planta y trata con jabón potásico tres veces con una semana entre aplicaciones. Y no la dejes correr: con calor va muy rápido.