Las rosas no tienen espinas. Lo que pincha en el tallo de un rosal son aguijones, y en botánica esa distinción no es un capricho terminológico: describe estructuras de origen distinto. Un aguijón es una excrecencia de las capas superficiales del tallo, sin conexión con el sistema conductor de la planta, y por eso se arranca de un tirón dejando una cicatriz limpia.
Una espina de verdad, en cambio, es un órgano transformado con tejido vascular dentro. En el endrino o en el espino albar la espina es una rama modificada; en un cactus o en un agracejo, una hoja modificada. En los dos casos está integrada en la estructura de la planta y no se separa sin desgarrarla. Prueba a arrancar un aguijón de rosal con la uña y luego intenta lo mismo con la espina de un endrino: la diferencia es inmediata.
Espina, aguijón y acúleo
Para tenerlo ordenado, la terminología funciona así:
- Espina. Órgano transformado (tallo, hoja o estípula) con tejido vascular. Rígida, difícil de arrancar, deja herida al hacerlo.
- Aguijón o acúleo. Excrecencia de la epidermis y el córtex, sin tejido vascular. Se desprende con facilidad. Es lo que tienen las rosas, y también las zarzas.
- Acícula. El aguijón muy fino y pequeño, casi como una cerda. Algunos rosales silvestres los tienen mezclados con los aguijones grandes.
Que el aguijón no tenga tejido vascular tiene una consecuencia práctica: las variedades sin aguijones no están renunciando a nada estructural. Un rosal inerme no es más débil que otro por serlo.
Para qué le sirven al rosal
La función más evidente es defensiva, mantener alejados a los herbívoros de los tallos tiernos. Pero hay una segunda que explica mucho mejor la forma de los aguijones en algunos grupos.
En los rosales sarmentosos y trepadores, los aguijones son marcadamente curvos y ganchudos, y apuntan hacia abajo. Funcionan como un arpeo: la planta lanza brotes largos y flexibles que se enganchan en la vegetación circundante y trepan sobre ella. Un rosal silvestre no se sujeta con zarcillos ni con raíces adventicias como una hiedra; se sujeta con los ganchos. Por eso los sarmentosos más agresivos son también los que peor se manejan.
El aguijón varía además con el vigor de la rama. Un brote fuerte y bien alimentado sale con más aguijones y más grandes que una rama fina del interior del arbusto. Es normal y no indica nada raro.
La variedad de formas
Los aguijones son un carácter que los botánicos usan para identificar especies, porque su forma, tamaño, color y densidad son bastante constantes dentro de cada una. Los hay rectos como agujas, aplanados y anchos en la base, curvados en hoz, ganchudos, y en algunos rosales silvestres el tallo aparece cubierto de una mezcla de aguijones grandes y cerdas glandulares finas, como ocurre en Rosa rugosa.
El caso más espectacular es el de Rosa sericea subsp. omeiensis f. pteracantha, un rosal asiático cuyos aguijones jóvenes son grandes, aplanados como alas y de un rojo translúcido que se enciende a contraluz. Se cultiva precisamente por eso, y se poda fuerte cada año para forzar brotes nuevos, que es donde aparece el color.
En cuanto al nombre de Rosa canina, la rosa silvestre más común en España, circulan varias explicaciones. La tradicional se remonta a los autores clásicos y relaciona el epíteto con el uso de su raíz frente a las mordeduras de perro. No es un dato que pueda darse por seguro, así que conviene tomarlo como lo que es, una tradición etimológica.
Rosales sin aguijones
Se llaman inermes, y existen tanto entre especies silvestres como entre variedades de jardín. Entre las silvestres europeas, Rosa pendulina, propia de sotobosques y zonas de montaña, es prácticamente inerme, y ha sido usada en el mejoramiento precisamente por ese carácter.
Rosa Banksiae, rosal sin espinas
Entre las que se encuentran en vivero, estas son las más conocidas:
- Rosa banksiae. Trepadora vigorosa de floración muy temprana y ramas prácticamente lisas. En el sur y el levante peninsular es magnífica, y cubre pérgolas enteras.
- 'Zéphirine Drouhin'. La trepadora sin aguijones más difundida, de flor rosa y muy perfumada, con floración repetida. Tiene un pero conocido: es sensible a la mancha negra, así que necesita una ubicación aireada y soleada.
- 'Kathleen Harrop'. Muy próxima a la anterior, de flor más pálida, con el mismo carácter inerme y las mismas precauciones.
- 'Veilchenblau', 'Tausendschön', 'Goldfinch', 'Blue Magenta', 'Lykkefund'. Rosales sarmentosos de una floración abundante, prácticamente sin aguijones, ideales para pérgolas y arcos por donde se pasa a diario.
- 'Mme Plantier' y 'Mme Legras de St. Germain'. Antiguas de flor blanca y aroma marcado, con tallos casi lisos.
Fíjate en que buena parte de la lista son sarmentosos y rosales antiguos de una sola floración. Eso condiciona la poda: no se podan en invierno, sino después de florecer, porque florecen sobre madera del año anterior.
Dónde compensa plantar un rosal inerme
No hace falta desterrar los aguijones del jardín, pero hay sitios donde molestan de verdad y donde una variedad inerme cambia el uso del espacio.
- Junto a un paso estrecho, un sendero o una escalera, donde inevitablemente vas a rozarlos.
- En un arco o una pérgola por debajo de la cual se pasa.
- En una terraza o balcón, donde todo queda al alcance de la mano.
- Donde hay niños pequeños o perros que corretean.
- Contra una fachada que hay que pintar o revisar cada cierto tiempo.
En el resto del jardín, la variedad se elige por la flor, el aroma y la sanidad del follaje, y los aguijones son un asunto de guantes. También hay una opción intermedia muy práctica: rosales de aguijones escasos y pequeños, que no llegan a ser inermes pero se manejan sin problema.
Manejarlos sin sustos
Para podar o recoger restos hacen falta guantes de cuero con manguito largo que cubra el antebrazo. Los guantes finos de jardinería no sirven: los aguijones los atraviesan. La mayoría de los arañazos serios al podar no se producen en la mano, sino en el brazo, al meterlo dentro del arbusto.
Conviene además tomarse en serio los pinchazos profundos. Una herida punzante hecha con un aguijón sucio de tierra puede infectarse, y existe una infección conocida asociada precisamente a este tipo de heridas en jardinería. Si un pinchazo se inflama, supura o no evoluciona bien, hay que acudir al médico, y menciónale que fue con un rosal, porque orienta el diagnóstico.
En resumen
Lo que pincha en un rosal son aguijones o acúleos, excrecencias superficiales sin tejido vascular que se desprenden con facilidad, no espinas verdaderas. Sirven de defensa y, en los trepadores y sarmentosos, de sistema de anclaje para trepar sobre la vegetación vecina.
Hay rosales inermes tanto silvestres, como Rosa pendulina, como de jardín: Rosa banksiae, 'Zéphirine Drouhin', 'Kathleen Harrop', 'Veilchenblau' o 'Mme Plantier', entre otros. Compensan en pasos estrechos, arcos, terrazas y jardines con niños. En el resto de sitios, lo que hace falta no es cambiar de variedad, sino unos guantes de cuero de manguito largo.