En un vivero español encontrarás casi siempre las mismas diez o doce especies de cactus, muchas veces sin etiqueta o con un cartel genérico que pone "cactus mix". Esta es la guía para saber qué te estás llevando: cómo se reconoce cada una, qué tamaño alcanza de verdad en maceta, si florece dentro de casa y en qué se diferencia de la que tiene al lado en la bandeja.
Antes de la lista, un aviso que ahorra disgustos: dos de las plantas que más se venden en el pasillo de los cactus no son cactus (son euforbias, con látex irritante) y otras dos son especies de coleccionista que en un piso no llegan a ninguna parte. Están incluidas justamente para que sepas identificarlas y decidas con criterio.
Chumbera de orejas de conejo (Opuntia microdasys)
Se reconoce a la primera: palas planas y ovaladas, de un verde mate, salpicadas de puntitos regulares que parecen lunares de terciopelo. Esos puntos son penachos de gloquidios, pelillos barbados que se clavan a la mínima y no se ven una vez dentro de la piel. La forma de gloquidios blancos se vende como variedad albispina; hay otra de gloquidios dorados.
Crece formando palas nuevas encima de las viejas y con los años se vuelve un arbusto bajo y ancho, más ancho que alto. Quiere el sitio más soleado de la casa. Es fácil de multiplicar: una pala separada y dejada secar unos días enraíza sola. Guantes gruesos siempre, y lejos del sofá y de donde pase el gato.
Cola de rata (Disocactus flagelliformis)
Tallos cilíndricos y finos, de un par de centímetros de grueso, cubiertos de espinas cortas y blandas, que cuelgan hasta hacerse largos. Es epífito y mexicano, así que aguanta luz brillante pero no el sol duro de agosto contra el cristal. Aparece en catálogos antiguos como Aporocactus flagelliformis.
Se cultiva en cesto colgante o en una estantería alta, porque los tallos necesitan caer. Florece en primavera con flores de un magenta intenso repartidas a lo largo del tallo, y es de los pocos cactus a los que hay que regar con cierta regularidad en la temporada de crecimiento.
Cactus anciano (Mammillaria hahniana)
Cuerpo globoso cubierto de pelos blancos largos que le dan aspecto de peluca, del centro de México. Con el tiempo forma un grupo de cabezas apiñadas. Se distingue de otras mamilarias porque los tubérculos quedan casi escondidos bajo el pelo.
Cuando está bien iluminado saca un anillo de flores pequeñas de color rosa fuerte alrededor del ápice, como una corona. Es de los cactus de desierto que mejor se portan en una ventana muy soleada de piso. No le mojes el pelo al regar, porque se ensucia y se apelmaza: riega al sustrato, no por encima.
Astrophytum ornatum
Cuerpo en columna corta con costillas muy marcadas, espinas rectas y fuertes en las areolas, y el rasgo que lo identifica: bandas de motas blancas repartidas por la epidermis, que son tricomas y no una plaga ni un hongo. Es el Astrophytum más robusto y de crecimiento menos lento.
Ojo con los nombres comunes. Bonete o gorro de obispo se aplica sobre todo a Astrophytum myriostigma, que es un cuerpo de cuatro o cinco costillas anchas y sin espinas, y también hay quien llama así a este. Si vas buscando uno concreto, mira las espinas: ornatum las tiene, myriostigma no.
Cactus de Navidad (Schlumbergera)
No tiene espinas ni cuerpo carnoso: son cadenas de segmentos planos, con el borde dentado o con puntas, que cuelgan. Viene de la selva atlántica de Brasil, donde vive sobre ramas y rocas. Las flores, tubulares y asimétricas, salen en el extremo de los segmentos en rojo, rosa, blanco, naranja o lila.
Cómo distinguirlo del cactus de Pascua (Rhipsalidopsis): el de Navidad tiene el borde del segmento con dientes marcados y flores asimétricas, y florece a finales de otoño e invierno; el de Pascua tiene el borde liso o apenas ondulado, flores radiales en forma de estrella y florece en primavera. Ninguno de los dos se cuida como un cactus de desierto.
El bola de colores injertado (Gymnocalycium mihanovichii)
Es esa bolita roja, naranja o amarilla encaramada sobre un tallo verde. No es una planta, son dos: la bola es un cultivar sin clorofila que no puede vivir por sí mismo y está injertado sobre otro cactus, casi siempre un Hylocereus, que es quien hace la fotosíntesis y lo alimenta.
Eso cambia el cuidado por completo: lo que hay que mantener vivo es el patrón verde de abajo, que es una planta tropical menos resistente al frío y al sol directo que un cactus de desierto. Cuando el patrón se agota o se pudre, la bola se va con él. Duran lo que duran, y no hay técnica doméstica que los eternice.
Parodia y los globosos sudamericanos
Bajo este género están muchos de los cactus pequeños y redondos con costillas regulares que se venden sin nombre, incluidos los que antes se llamaban Notocactus. Son sudamericanos, compactos, y de los que antes florecen en cultivo: flores grandes en relación al cuerpo, casi siempre amarillas o anaranjadas, en el ápice.
Son buena opción para empezar porque perdonan algo más de agua que una mamilaria y no necesitan muchísimo espacio. Aun así quieren sol y un invierno seco.
Viejo de México (Cephalocereus senilis)
Columna cubierta de pelos blancos largos, como una cabellera. Es de Hidalgo y Veracruz, crece muy despacio y en su tierra llega a ser un cactus alto, pero en maceta se queda en un ejemplar modesto durante años. La pega en interior es el pelo, que atrapa polvo y grasa de cocina y acaba gris.
Quiere el máximo sol posible y nada de humedad en el cuello. Si lo compras, ten en cuenta que tarda en hacer cuerpo y que un ejemplar bonito de vivero suele llevar ya bastantes años de cultivo.
Saguaro (Carnegiea gigantea) y biznagas (Ferocactus)
Los dos se venden en tamaño pequeño y los dos son malas plantas de interior. El saguaro viene del desierto de Sonora, necesita una luz que ninguna ventana reproduce y crece con una lentitud extraordinaria: puede pasar décadas antes de dar la primera rama. En una casa se afina y se desploma.
Las biznagas del género Ferocactus, los cactus de barril, forman las espinas largas y coloreadas que las hacen bonitas solo con sol muy intenso; dentro salen finas y descoloridas. Su sitio es una terraza o un patio al sur. Además, varias especies están protegidas en México por la presión de la recolección, así que compra siempre planta de cultivo con su factura.
La que no es un cactus: árbol de la leche africana (Euphorbia trigona)
Tallos verdes de sección triangular, con bordes ondulados, pinchos en pares y hojitas pequeñas que salen entre ellos y se caen con el tiempo. Se vende con los cactus y no lo es: es una euforbia africana. La pista definitiva son los pinchos en pareja sobre el borde, sin la almohadilla peluda (areola) que tienen todos los cactus.
Al romperla o podarla suelta un látex blanco irritante para la piel y los ojos y tóxico si se ingiere. Guantes, lavarse después, y si salpica un ojo, lavar con agua abundante e ir al médico. Es una planta fácil y bonita, pero no va al alcance de niños ni de animales.
En resumen
Si buscas un cactus para una ventana muy soleada, las apuestas seguras son Mammillaria hahniana, Astrophytum ornatum, las Parodia y la chumbera de orejas de conejo con su aviso de gloquidios. Si tu ventana da luz clara pero poco sol, cambia de grupo entero y vete a los epífitos: Schlumbergera, cola de rata o Rhipsalis.
Y deja fuera de la lista de la compra el saguaro y las biznagas, que no son plantas de piso, y ten claro que la bola de colores injertada dura lo que aguante su patrón. Con cuatro rasgos (areola o no, costillas o segmentos planos, espinas o gloquidios, y si suelta látex) se identifica casi todo lo que hay en una bandeja de vivero.